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Lecciones electorales de Chile

Escrito por Mauricio Cabrera Galvis
Presidente electo, Sebastián Piñera.

Mauricio CabreraAunque son la minoría, los partidos de derecha controlarán el Congreso y un empresario conservador volvió a ganar la Presidencia de Chile. Las razones que explican esta victoria se repiten en Colombia. ¿Será que gana la derecha?

Mauricio Cabrera Galvis*

El panorama electoral de Chile

Desde la caída de Pinochet, en Chile se conformaron dos grandes bloques políticos:

  • El mayoritario que gobernó durante 24 de los últimos 28 años, integrado por los partidos de izquierda y de centro-izquierda que se opusieron a la dictadura, y
  • El minoritario, de los partidos de derecha que solo gobernó 4 años pero volvió a ganar la presidencia el pasado 17 de diciembre

El primer elemento para destacar en el mapa político chileno es la gran cantidad de partidos: en las últimas parlamentarias se inscribieron listas por 26 partidos y movimientos, de los cuales 17 ganaron curules, incluyendo un candidato independiente.

Chile no es la excepción a la tendencia de la izquierda a dividirse por razones secundarias: de los 26 partidos políticos, 19 son de centro-izquierda. De hecho, la alianza que derrotó a la dictadura (la “Concertación”) se formó con 14 partidos, encabezados por el partido Socialista, la Democracia Cristiana y el partido Radical.

La alianza de partidos progresistas subsistió con cambios menores hasta el segundo gobierno de Bachelet, cuando un grupo de 7 partidos y 8 movimientos inconformes con la falta de reformas sociales decidió separarse y crear el “Frente Amplio” en 2016. Este Frente lanzó candidatos propios para Congreso y presidencia y propuso reformas más radicales para Chile.

La derecha siempre ha sido más pragmática y menos ideológica, por lo que sus divisiones son mucho menores

La derecha siempre ha sido más pragmática y por esos sus divisiones son mucho menores. La primera alianza que apoyó la dictadura constaba apenas de dos partidos (Unión Democrática Independiente y Renovación Nacional) y a ella se sumaron transitoriamente uno o dos partidos pequeños. Ahora bajo el nombre de “Chile vamos” la derecha llegó al poder.

Otro rasgo notorio de la política chilena es el desinterés creciente de la ciudadanía que se traduce en más abstención electoral: en la primera elección posterior a Pinochet (1989) participó el 87 por ciento de los votantes potenciales, pero la tasa fue disminuyendo hasta un mínimo de 43 por ciento en 2013. En diciembre pasado hubo un leve repunte a 47 por ciento.

Los elegidos al Congreso

En las parlamentaras del 19 de noviembre de 2017 se presentaron las tendencias señaladas, pero con un elemento adicional: los partidos de derecha con una minoría del voto popular lograron la mayoría relativa en la Cámara de diputados. El Cuadro siguiente muestra los resultados:

 Igual que ocurre en Colombia, la elevada abstención puede deberse en mucho al desprestigio de la clase política y el Congreso. Solo votó el 41, 8 por ciento de los 14,3 millones de habilitados.

También son evidentes la multiplicidad de partidos progresistas y la conformación de coaliciones. Los candidatos al Congreso fueron inscritos por una coalición de la derecha, cinco coaliciones de centro-izquierda y una lista independiente. Cuatro de las cinco coaliciones progresistas respaldaban al gobierno de Bachelet, mientras que el Frente Amplio, la Unión Patriótica y el PRT se declararon en oposición al gobierno.

La menor fragmentación de los votos de derecha le produjo muy buenos resultados: “Chile Vamos” obtuvo apenas el 38,6 por ciento del voto popular, pero eligió 72 diputados, el 46,4 por ciento del total. Le faltan solo ocho diputados para la mayoría absoluta que requiere la aprobación de sus proyectos, diputados que obtendría mediante alianzas limitadas con algún partido de oposición.

Presidente de derecha por la división de la izquierda

Presidenta de Chile, Michelle Bachelet
Presidenta de Chile, Michelle Bachelet
Foto: Gobierno de Chile

En Chile existen las elecciones primarias dentro de los partidos o coaliciones, y las presidenciales se cumplen en dos vuelta:. la primera es simultánea con las parlamentarias, y la segunda se realiza un mes después.

Aunque inicialmente se presentaron 24 precandidatos, a la primera vuelta se inscribieron ocho candidatos. Dos de la derecha y seis de centro-izquierda.

  • Por la derecha estaban Piñera -con el apoyo de los cinco partidos de “Chile Vamos”- y la ultraderecha del José Antonio Kast, seguidor de Pinochet.
  • Desde el lado progresista tres candidatos (Beatriz Sánchez, A. Navarro y E. Artes) hicieron campaña como oposición de izquierda al gobierno de Bachelet, mientras que los otros tres (Guiller, Goic y Enríquez) eran parte de la coalición gobernante que no pudo ponerse de acuerdo para presentar una candidatura de unidad.

En la primera vuelta se confirmó la mayoría de los partidos de centro izquierda que obtuvieron el 55,4 por ciento de los votos. Unidos alrededor del puntero, Alejandro Guiller, habría podido ganar en la segunda vuelta.

Sin embargo en la izquierda el todo es menos que la suma de las partes, y el Frente Amplio, con el 20 por ciento de los votos, tomó la decisión de no apoyar a Guiller por ser poco radical en sus propuestas, y no le hicieron campaña aunque algunos de sus dirigentes le expresaron su apoyo personal. De este modo la izquierda tuvo 500 mil votos menos en la segunda vuelta de los que había logrado en la primera.

La enorme abstención, como en Colombia, puede estar relacionada con el desprestigio de la clase política y el Congreso

Con la derecha sucede todo lo contrario: el ansia de poder puede más que los principios. El ultraderechista Kast, después de haber criticado a Piñera, se unió y salió a hacer campaña con él por todo el país. Así aumentaron su votación un 28 por ciento, atrayendo a algunos de los abstencionistas y votantes del Frente Amplio.

Lecciones para Colombia

La importancia de las coaliciones en Colombia.
La importancia de las coaliciones en Colombia.
Foto: Twitter Sergio Fajardo

Los parecidos con Colombia son varios:

  • Elección del presidente en una carrera de tres etapas: Primarias o consultas interpartidistas para escoger candidatos de las coaliciones, y elecciones presidenciales en dos vueltas.
  • Proliferación de partidos y movimientos: allá 27 partidos, y unos 8 pre-candidatos independientes que no lograron los requisitos para inscribirse; acá más de 40 aspirantes, la mayoría recolectando firmas por fuera de los partidos.
  • Los actores políticos: en ambos países un expresidente derechista que quiere volver al poder – aunque acá en cuerpo ajeno- con promesas de cambio que son un retorno al pasado; una extrema derecha agresiva, que allá quisiera volver a los tiempos de Pinochet, y acá añora la quema de libros como método pedagógico.
  • Candidatos oficialistas con el lastre de un gobierno desgastado por la mala situación económica, e impopular no obstante logros significativos en materia social y el fin del conflicto en Colombia.
  • Una oposición radical que desde el centro izquierda rechaza la continuidad: allá porque quiere reformas más profundas, acá enarbolando la bandera de la anti- corrupción. En ambos países, sin importarles el gran favor que le están haciendo a la derecha al dividir las fuerzas progresistas.

Por lo tanto el riesgo de que se repita en Colombia la historia de las elecciones chilenas, y la división del centro izquierda permita el triunfo de la derecha, no solo es muy grande sino que tendría repercusiones más graves: aquí están en juego la continuidad de un proceso de paz tras una guerra de medio siglo y la posibilidad de realizar las reformas sociales y económicas aplazadas durante muchas décadas -como la reforma rural integral-

El riesgo de que se repita en Colombia la historia de las elecciones chilenas, y la división del centro izquierda permita el triunfo de la derecha, no solo es muy grande sino que tendría repercusiones más graves

La primera lección de Chile a los partidos progresistas de Colombia es la necesidad de comprometerse desde ya a realizar unidos la campaña para segunda vuelta. No bastan los tímidos apoyos personales como el que dio Beatriz Sánchez a Guiller; se necesita una decisión colectiva y explicita que se traduzca en una participación activa en la campaña.

Esta alianza debe construirse desde ahora porque es muy corto el tiempo entre las dos vueltas. ¿Quién más autorizado para decirlo que Antanas Mockus, quien hace poco reconoció la equivocación de la Ola Verde cuando se enfrentó a Santos: “En el 2010 cometimos el error de no haber hecho o no haber preparado las alianzas para la segunda vuelta”.

Sin embargo, a diferencia de Chile, no basta comprometerse a una coalición en la segunda vuelta por la sencilla razón de que no está garantizado que un candidato progresista pase a esa segunda vuelta sino que es posible un escenario donde dos candidatos de la derecha se disputen la presidencia.

En efecto, si De la Calle, Fajardo, Clara López, Petro y Piedad Córdoba mantienen su decisión de participar en la primera vuelta, es posible que sumados logren, por ejemplo como en Chile, el 55 por ciento de los votos, pero que ninguno obtenga más del 20 por ciento. Si por la derecha solo se presentan Vargas y el de la alianza entre Uribe y Pastrana, y estos consiguen el 21 por ciento y 24 por ciento de la votación, la presidencia sería para uno de ellos dos.

Los partidos que se la han jugado por la paz y buscan construir una Colombia más justa no pueden arriesgarse a que por no hacer la coalición progresista nos pase lo mismo que en Chile, y entonces se frene el proceso de paz y se aplacen los cambios económicos y sociales que necesita el país.

*Economista y Filósofo. Director Programático de la campaña del Partido Liberal y consultor independiente, es autor de varios libros y columnista de diarios colombianos.

 

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