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Las elecciones en Estados Unidos: una guerra de culturas

Escrito por Luis Javier Mejía
Luis Javier Mejía

La campaña de Trump se ha basado en el racismo y en el integrismo, mientras que Biden defiende los valores liberales. Pero esta guerra cultural es también una manera de mantener intacto el poder de las elites: ¿cuáles, de veras, son entonces las opciones?

Luis Javier Mejía*

Una “guerra de culturas”

En menos de un mes, los estadounidenses deberán decidir si reeligen a Donald Trump, actual presidente y candidato del Partido Republicano, o si escogen a Joe Bien, del Partido Demócrata.

En el fondo, estas elecciones representan una “guerra de culturas”, es decir, un conflicto entre las ideas “conservadores” de un candidato y las ideas “liberales” del otro. Estos son algunas de las preguntas que están dominando el discurso político:

  • ¿Qué tanto debe limitarse la inmigración?
  • ¿Quién debe financiar la educación pública y cuál debe ser su contenido?
  • ¿Hasta dónde llega la libertad religiosa?
  • ¿El Estado debería adoptar medidas contra el sesgo ideológico de los medios?
  • ¿Debe darse prevalencia a un tipo de familia en particular?
  • ¿Cuáles son los derechos de la comunidad LGBTIQ+ y qué protección merecen?

Derecha dura e izquierda moderada

La elección de Trump hace cuatro años demuestra que una parte importante de la población estadounidense prefiere al candidato que ofrezca las respuestas más conservadoras a estas preguntas. Estos electores no quieren aceptar nuevas costumbres, comunidades u opiniones que vienen naturalmente con el paso del tiempo.

Una rama de la clase política se ha dado cuenta de las ventajas de exagerar y radicalizar las opiniones de los votantes. Por eso, el Partido Republicano ha adoptado el discurso de los valores “conservadores” y lo ha convertido en una cruzada para defender el cristianismo y “la patria”.

Mientras tanto, los votantes “liberales” tienden a apoyar al Partido Demócrata porque no hay otra opción. El Partido Demócrata es relativamente más tolerante con el libre pensamiento, la ciencia no politizada, los movimientos progresistas y las ideas innovadoras.

Los seis pilares de Trump

En esta campaña electoral, el presidente Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence representan la “causa conservadora”, que está soportada en los siguientes pilares:
Supremacía blanca
Trump lanzó su campaña presidencial de 2016 con un ataque a los inmigrantes latinos. Durante su gobierno, las deportaciones han aumentado y el gobierno se ha negado a condenar la violencia racial. En sus discursos, es común que Trump use estereotipos negativos para referirse a las comunidades musulmanas y a los países en desarrollo.

Antifeminismo
El presidente no esconde su machismo. Por ejemplo, para desviar las preguntas incómodas que le hacen las periodistas las llama “menstruantes”. Además, se refiere a las víctimas de acoso sexual como feas, no atractivas o mentirosas; y dice que las activistas políticas opositoras son desagradables, ignorantes, apátridas o extremistas de izquierda.

Politización del cristianismo
Trump ataca la separación de la Iglesia y el Estado y afirma que es una limitación de la libertad religiosa. Ha dicho que sus opositores quieren eliminar las celebraciones navideñas y ha usado a líderes religiosos como Jerry Falwell Jr. para proclamarse elegido de Dios.

Hegemonía de Estados Unidos
Trump ha ordenado la construcción de un muro en la frontera con México, ha abandonado los tratados internacionales de seguridad y comercio, y ha amenazado con romper alianzas que le parecen desfavorables. Además, ha impuesto costosas condiciones de ayuda a otros países y ha roto relaciones con organismos internacionales que en su opinión no respetan los intereses nacionales de Estados Unidos.

Ataque a los medios independientes
Trump mira con suspicacia a los medios que no sesgan las noticias a favor de su causa, los llama “enemigos del pueblo” y creadores de noticias falsas.

Ataques a la ciencia
Trump ha tratado de poner la ciencia, o al menos a los científicos estadounidenses, al servicio de su causa. Ha nombrado funcionarios no cualificados para manejar los fondos de investigación y desarrollo científico. También ha tomado decisiones en materia de salud pública y manejo del ambiente sin respaldo de expertos. Un buen ejemplo es su posición con respecto a la COVID-19.

Foto: Flickr El discurso supremacista blanco y antifeminista de Trump, ha motivado los radicalismos de distintos sectores.

Patán y mentiroso

Además, aunque sorprenda a algunos, el presidente Trump se ha vuelto cada vez más popular por su falta de modales.

Por ejemplo, en el debate de candidatos presidenciales del 29 de septiembre, Trump interrumpió a Joe Biden 128 veces en 90 minutos. Además, justificó las interrupciones así: “tuve que ser grosero porque él estaba mintiendo”.

Con el fin de analizar la veracidad de lo que dijeron los candidatos, el New York Times examinó 21 afirmaciones de Trump y de Biden, y encontró que seis de las afirmaciones de Trump y apenas una de Biden fueron falsas. Según el Washington Post, en 1. 267 días, Trump ha dicho 20 655 mentiras.
En materia de religión, Eric Trump, hijo del presidente, ha dicho contra cualquier evidencia que “el partido demócrata, la extrema izquierda, se ha convertido en el partido de los ateos; ellos quieren atacar al cristianismo, cerrar iglesias y se siente muy bien manteniendo los expendios de licor abiertos” (Biden es un católico practicante que invoca a Dios a menudo en sus discursos).

La otra cara
En contraste, los candidatos del Partido Demócrata, Joe Biden y Kamala Harris, han puesto énfasis en algunos valores liberales como:

  • el respeto a la libertad de cultos y la separación de la Iglesia y el Estado,
  • la igualdad entre razas y grupos étnicos,
  • el respeto a la ciencia y a la opinión de expertos,
  • las relaciones balanceadas con los aliados y los rivales,
  • la protección de la independencia de los medios.

En sus intervenciones, Biden y Harris usan un lenguaje moderado y una gentileza de trato que contrastan con la grosería de Trump.

Detrás de la campaña

Sin embargo, la guerra de culturas en Estados Unidos es más que un enfrentamiento entre liberales y conservadores. También puede verse como una estrategia de las élites para eliminar la participación popular en las decisiones de mayor importancia.

Aunque las decisiones políticas son importantes en la vida diaria de los estadounidenses, a la hora de votar pesa más el código moral implícito en esas decisiones.

Mientras las élites deciden lo que de verdad importa, las masas están entretenidas en la guerra de culturas. Los activistas conservadores –más que los liberales– preparan un paquete de memes, propagandas, caricaturas e imágenes emocionales que reducen temas complejos a frases simples fácilmente asimilables.

Este conjunto de material publicitario está destinado a la población votante que no se informa y que no tiene tiempo para investigar. Aunque se trata de una minoría, este segmento de la población debilita la capacidad negociadora de los sectores liberales.

Foto: Tecno science Esperamos que la agresiva reacción conservadora liderada por Trump sea el último coletazo en una guerra perdida.

Lo que está en juego

En todo caso, la elección de uno u otro candidato tiene implicaciones importantes para Estados Unidos y el mundo:

    • La política internacional puede dar prioridad a la hegemonía estadounidense o a la colaboración pacífica con otros Estados y con los organismos internacionales.
    • Estados Unidos puede optar por gastar en sus fuerzas militares y rescatar grandes compañías, o invertir para estimular las pequeñas empresas, y mejorar la vivienda, la educación, la salud y la calidad de vida.
    • El presidente puede preferir las ganancias inmediatas frente a la explotación de recursos naturales o la protección del ambiente.
    • Las políticas fiscales y de impuestos pueden estimular o tolerar la concentración de riqueza en pocas manos, como ha venido sucediendo, o remediar las disparidades económicas y aliviar la pobreza de distintos grupos sociales.

Al final conviene recordar que, a pesar de las dificultades en las dos últimas generaciones, Estados Unidos ha adoptado algunos valores liberales. Esperemos que la agresiva reacción conservadora liderada por Trump sea el último coletazo en una guerra perdida.

En estas elecciones hay mucho más en juego de lo que se piensa. Confiemos en que los votantes tomen la decisión correcta.

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1 Comentario

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Eduardo Sáenz Rovner octubre 14, 2020 - 5:27 pm

Y millones de narcolombianos están con Trump así los desprecie por ser «de color» y provenir de un «shit hole country».

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