
Y la pluralidad os hará independientes: La importancia de la diversidad de ideas en la banca central
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Se espera que la llegada al Banco de la República de nuevas miradas sobre el tema de política monetaria ayude a que en Colombia la discusión económica salga de un solo marco de pensamiento y reconozca que la economía no es una disciplina objetiva y que no existe una verdad o modelo absoluto sobre ningún tema.
Durante la segunda semana de enero de 2025 se dieron a conocer los nombres de los nuevos codirectores del Banco de la República nombrados por el presidente Gustavo Petro. Esta vez los nombramientos de Laura Moisá y César Giraldo, con formación académica en economía de doctorados de alta calidad con visiones pluralistas, fueron acertados ya que traen otros enfoques a las discusiones que lleva a cabo esta institución, cuya junta se ha caracterizado por una monogamia en la formación teórica y experiencias laborales y educativas, como ya lo mencionaron otros autores en este medio (ver Frasser).
Gracias a la formación doctoral en enfoques no ortodoxos, los nuevos codirectores cuentan con un marco de análisis sobre el funcionamiento de una economía monetaria de producción donde el dinero es una relación social, los bancos comerciales no son simples intermediarios y la política monetaria tiene un impacto en la distribución no solo de la riqueza sino del ingreso. Algo que ha sido reconocido en la literatura de economía heterodoxa desde 1940 y que la economía convencional redescubrió después de la crisis financiera de 2007-2008; sin embargo, algunos de los actuales codirectores lo minimizan a través de artículos de difusión.
Por otro lado, la importancia de la presencia de estos nuevos codirectores, además de su enfoque, radica en sus experticias. El doctor Giraldo ha sido un estudioso del tema de las economías populares y el desarrollo económico, lo cual ofrece una nueva luz para entender cómo la política de tasa de interés impacta la distribución del ingreso. Por otro lado, la doctora Moisá es una experta en temas de desarrollo rural y laboral.
Por lo tanto, es fundamental contradecir los argumentos, de por sí alarmantes, presentados por un exfuncionario del Gobierno (ver González) que considera que la solidez del banco central depende de que codirectores, incluso aquellos con enfoques heterodoxos, terminen adoptando el pensamiento convencional que se ha impuesto en la junta. Según esta línea argumental, los análisis heterodoxos estarían basados en la ignorancia y sus recomendaciones no serían sensatas. Entonces, al acceder a mayor información, los nuevos codirectores cambiarán su marco teórico y por ello tomarán decisiones “prudentes”, sin aclarar qué es una decisión prudente y por qué acceder a mayor información los hará cambiar su marco de análisis.
Este tipo de perspectivas resulta preocupante, sobre todo la falta de pluralidad en la banca central ha sido señalada en la literatura como uno de los factores que han contribuido a generar problemas sociales significativos más allá de la llamada “tasa de sacrificio”. En este contexto, lo que deberíamos esperar es que la junta del Banco de la República deje de ser un grupo monolítico en temas de análisis económico y que se empiecen a discutir los problemas desde otras perspectivas.
Independencia y políticas del banco central
Uno de los temas más discutidos sobre los bancos centrales, y en particular el Banco de la República, es la independencia de este organismo. En este punto es importante aclarar que, como lo explican varios autores (ver Fields et al.), los bancos centrales son independientes en el tipo de operaciones, pero no son totalmente independientes del Ejecutivo. Lo anterior se entiende mejor al estudiar la coordinación de políticas necesaria entre el Tesoro (Ejecutivo) y el Banco Central para que este último logre sus metas de tasa de interés. Las políticas monetaria y fiscal van de la mano y es muy ingenuo pensar que son independientes, como algunos comentaristas piensan. Sin embargo, algo que diferencia al Banco de la República de un banco central como la Reserva Federal de los Estados Unidos de América es que este último es una criatura del Congreso y responde a los requerimientos que el Congreso le haga. En Colombia, el banco central no responde al Congreso, y se alega que esto genera real independencia. Sin embargo, cabe preguntar si en realidad es “independiente” (ver Velásquez) cuando varios de los codirectores han venido y terminan trabajando en instituciones financieras que se ven afectadas por las políticas dictadas por la junta. Es importante discutir de nuevo este punto ya que es central para entender problemas que aquejan a Colombia y otros países, como es la alta desigualdad. Como lo plantean varios autores, entre ellos algunos del Banco Mundial, existe una fuerte relación entre el aumento de los niveles de desigualdad y la independencia del banco central, dadas las restricciones que se deben implementar para cumplir las metas de los bancos centrales independientes (ver Aklin et al.).
Por otra parte, es importante discutir varios aspectos sobre el banco central que se dan por verdades innegables, pero que bajo un análisis de economía política se puede ver que en realidad cuentan con pocos fundamentos teóricos y hacen parte de una fe ciega en ciertas ideologías. Por ejemplo, la política de inflación objetivo, que la fija en 3 % (en un rango de 2 % y 4 %) para anclar las expectativas inflacionarias y que requiere mantener un nivel de (des)empleo que no genere presiones inflacionarias. Pero, cabe preguntar por qué del 3 % y no el 4 % o el 5 %; es entonces importante recordar que desde sus inicios la política de inflación objetivo no parte de un análisis empírico sino una cifra impuesta (ver Subramanian y Rochon) y que las expectativas no juegan un papel tan importante como algunos comentaristas sugieren (ver Rudd). Además, la política monetaria restrictiva que se ha mantenido en los últimos años, para controlar la inflación causada por el choque de oferta generado por las políticas implementadas para contener pandemia del COVID-19, crea un contexto muy restrictivo para las políticas gubernamentales y aumenta la presión fiscal del país, ya que altas tasas de interés aumentan la deuda pública, lo que lleva a políticas de austeridad que terminan por generar más desigualdad.
Un panorama oscuro
Si bien los economistas no podemos predecir el futuro como Casandra, es posible tener una idea general del panorama económico mundial con la asunción de Donald Trump como presidente número 47 de Estados Unidos debido a las políticas de tipo colonialista que el nuevo mandatario buscar reforzar en su administración. Es posible prever que el sistema financiero mundial se verá afectado dada la obsesión de esta administración, sus seguidores y mayores patrocinadores (los llamados tech-bro) en el desarrollo de criptoactivos, los cuales se caracterizan por ser altamente especulativos y desvían recursos financieros hacia una actividad que no genera recursos reales a la sociedad. Aquí el papel del Banco de la República y sus nuevos codirectores debe ser el de conducir la discusión sobre esta nueva realidad que la financiarización ha generado en el mundo y recordar la real razón de ser de los bancos centrales, que consiste en promover la estabilidad del sistema financiero, no solo enfocarse en la estabilidad de precios.
Asimismo, es también posible prever que con la nueva administración Trump habrá un mayor incremento en los factores que alimentan el cambio climático. Este tipo de políticas lideradas por una de las potencias económicas mundiales tiene repercusiones en la economía, dado que los efectos del cambio climático afectan la producción de alimentos y la consecuente soberanía alimentaria, pero también problemas energéticos como consecuencia de las sequías. Esto entonces impacta cualquier proyecto productivo que frente a estos nuevos cambios y la incertidumbre se hacen más costosos. El papel de los bancos centrales en este aspecto es importantísimo ya que pueden influir en la ejecución y rentabilidad de proyectos verdes de transición energética (ver Kedward et al.)

El banco central, el cambio climático y el desarrollo
Como dije arriba, el cambio climático es un problema que afecta al mundo y tiene repercusiones económicas. Es necesario que los nuevos codirectores lideren las discusiones sobre el papel del banco central en promover proyectos verdes y ayudar a la transición energética, ya que en países con soberanía monetaria (quienes emiten su propia moneda) como es el caso de Colombia, el banco central puede comprar la deuda en su propia moneda enfocada en proyectos verdes y de transición energética (ver Gabor). Igualmente, el banco central puede generar incentivos para la inversión en proyectos verdes a través de ajustes a la reglamentación financiera sobre colaterales para este tipo de activos, entre otros. Sin embargo, para esto no basta con el banco central, también se necesita eliminar restricciones autoimpuestas sin fundamento alguno en la teoría económica (otra de las ideologías que se dan como verdad única en Colombia) como la política de la regla fiscal (cuyo comité en Colombia se puede argumentar que es antidemocrático) y buscar otras formas de promover el gasto productivo y evadir el gasto fiscal en ciclos políticos.
También la junta del Banco de la República y sus nuevos codirectores deberían prestar atención a lo que James Galbraith nos dice sobre el papel que jugó la Reserva Federal en la época dorada de la economía estadounidense (ver Galbraith). Es necesario replantear el papel del Banco de la República, entendido no como una única institución sino como una red de instituciones que ayudan a generar estabilidad macroeconómica y financiera, cuya razón de existencia en la historia mundial consistió en ayudar a generar desarrollo industrial a través de apoyo financiero (ver Knodell); esta es una de las discusiones que los nuevos codirectores deberían impulsar en la junta, así como en las investigaciones que desarrollan en dicha institución.
En conclusión, la llegada de nuevas miradas sobre el tema de política monetaria ayudará a que en Colombia la discusión económica salga del estancamiento en un solo marco de pensamiento y reconozca primero que la economía no es una disciplina objetiva sino que está permeada por valores e intereses políticos de quienes participamos en ella y además que no existe una verdad o modelo absoluto sobre ningún tema y, por tanto, es una disciplina en la que varias posiciones teóricas existen y la pluralidad en las discusiones de política pública beneficia a la comunidad y las instituciones que las llevan a cabo.
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Acerca del autor
Iván D. Velásquez
* Ph.D en economía, Visiting Assistant Professor en Bucknell University, Pennsylvania, EE.UU.
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