El debate Harris vs Trump: la carrera por la Casa Blanca
Foto: Brookings

El debate Harris vs Trump: la carrera por la Casa Blanca

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El 10 de septiembre se dio uno de los debates más esperados en la contienda por la presidencia de los Estados Unidos. Kamala Harris se enfrentó a Donald Trump y las nuevas encuestas muestran los efectos del evento. ¿Qué ocurrió?

Cristian Rojas*

¿Qué pasó el 10 de septiembre?

Al momento de escribir este artículo, la candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Kamala Harris, repunta en las encuestas. El martes 10 de septiembre, día del debate, la situación era muy distinta: Harris empataba con el expresidente Donald Trump con apenas un punto de diferencia a favor del republicano, según The New York Times y Siena College, o a favor de la vicepresidenta, según el Wall Street Journal. 

¿Qué pasó el martes en Pensilvania para que las encuestas más recientes le den entre 3 y 5 puntos de ventaja a Harris? El desempeño de la candidata fue superior al de Trump y era una situación previsible, no porque ella sea reconocida por su capacidad para debatir, sino porque, como informaron ampliamente los medios de comunicación, tuvo semanas de intensa preparación. Por el contrario, desde la campaña de Trump el mensaje que se transmitió es que él no necesitaba prepararse porque es experto en esos escenarios y ella era quién debía hacer su mejor esfuerzo. 

Ese fue el primer problema de Trump: su habitual arrogancia. Que el exmandatario haya llegado a la Casa Blanca por su capacidad retórica, no implica que sea un genio de la argumentación. 

Su ventaja frente a Biden, en un desastroso debate que acabó con la posibilidad de la reelección del actual presidente, no se debió a las virtudes del republicano sino a las carencias de su contrincante. Una confianza infundada hizo que el 10 de septiembre la falta de preparación tuviera un costo alto. 

Foto: Facebook: Donald Trump

Los errores de Trump 

Trump no estaba preparado para hablar de aspectos tan importantes como la salud, por eso tuvo que decir que tenía nociones sobre un plan para ese tema tan sensible, pero no un plan concreto. Su posición en asuntos internacionales, como la invasión de Rusia a Ucrania, se basó solo en la vaga idea de que, si él fuera presidente, la guerra no habría empezado. Las propuestas estuvieron ausentes y su recurso más frecuente fue cuestionar a la administración Biden, pero, con más verborrea que datos.

La estrategia se enfocó en la exageración sobre una Kamala Harris marxista, un Biden que es “el peor presidente de la historia” o el rumor sobre inmigrantes haitianos devorando mascotas en Ohio. En cambio, perdió la oportunidad para señalar, con información precisa, los problemas que ha tenido en estos años el impopular gobierno federal.

Donald Trump parece haberse quedado en 2016, cuando su estridente figura de outsider fue suficiente para llegar a la Casa Blanca. Hoy, los votantes esperan algo distinto de un expresidente que debería aparecer en el debate como un estadista. Aunque insistió en hablar de costo de vida e inmigración -los dos temas que más preocupan a los estadounidenses según los sondeos- no logró articular un discurso programático.

Otros problemas anunciados no se materializaron. A diferencia de Biden, Trump no se vio débil por su avanzada edad, como esperaban algunos de sus detractores. Tampoco se salió de sus casillas, ni se vio desbordado por las emociones, gracias, entre otras razones, al acuerdo sobre el cierre de los micrófonos tras las intervenciones. 

Sin embargo, Harris logró ponerlo a la defensiva, a pesar de ser ella la candidata del oficialismo que debe responder por la situación del país. Para muchos trumpistas, esa posición incómoda para su líder se debió también a la actitud sesgada de los moderados de ABC News y afirmaron que se trató de una contienda de tres contra uno. Ese rol de los presentadores merece un comentario aparte.

Fue evidente que Linsey Davis y David Muir no tenían simpatía por Donald Trump, pero, si bien es cierto que eso no es suficiente para explicar la ventaja de Harris, también es verdad que no fueron simplemente “fact checkers”. Por ejemplo, cuando Muir corrigió a Trump tras afirmar que usó expresiones sarcásticas en 2020, al decir que no detectó tal sarcasmo, no estaba corroborando un dato, sino controvirtiendo al candidato a partir de sus impresiones subjetivas. 

Lo mismo puede decirse de Davis cuando, tras la intervención de Trump sobre el aborto, quiso aclarar que en ningún estado de la Unión se asesina a bebés nacidos, algo que él expresidente no afirmó cuando se refirió a unas polémicas declaraciones del ex gobernador de Virginia, Ralph Northam. 

No fue el mejor papel el de los periodistas, pero atribuir a ellos el fracaso de Trump es un falso consuelo para los republicanos, que ya abdicaron a la posibilidad de un segundo round.

Foto: X: Kamala Harris Su éxito estuvo en el primer aspecto, pero se quedó corta en la exposición de sus planes y programas.

¿Fue una noche estelar para Harris?

Las expectativas sobre Kamala Harris se centraban en dos aspectos: su capacidad para debatir y la presentación de sus propuestas en temas relevantes. Su éxito estuvo en el primer aspecto, pero quedó corta en el segundo.

Apuntó acertadamente a la clase media con una reducción de impuestos para pequeños negocios, algo que comunicó en más de una ocasión, pero no desarrolló sus ideas en otros temas por dedicar el tiempo a atacar a Trump. Mediciones como las del New York Times dejaron en claro que los dardos a su rival fueron más constantes que los que recibió de un Trump conocido por su agresividad.

Aunque le quedó debiendo a los estadounidenses más claridad sobre lo que quiere para el futuro del país, se anotó una victoria al lograr presentarse como una candidata moderada.  Evitó verse como anti-empresa, enemiga de cualquier forma de combustible fósil, pro-inmigración o cercana a la izquierda internacional. Esto pudo decepcionar al ala más radical de su partido, pero la acerca al votante independiente que aún puede decidir o cambiar su voto.

Pero no se deben exagerar las consecuencias del debate. Quedan cincuenta días hasta la elección y el 10 de septiembre -con Harris como ganadora y la adhesión de Taylor Swift- irá quedando atrás, como ocurrió con la debacle de Biden o el entusiasmo de la convención demócrata. 

La última palabra la tienen los battlegrounds, esos siete estados que definen el balance de los votos electorales y en los que todas las encuestas muestran un empate técnico. Un margen estrecho en Arizona, Nevada, Georgia, Wisconsin, Pensilvania, Michigan y Carolina del Norte puede resolverse con el trascurrir de la campaña y sus variadas estrategias, más allá de lo que haya ocurrido en ABC News.

Acerca del autor

Cristian Rojas González
crojas@razonpublica.com.co | + posts

*Jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana. Politólogo de la Universidad del Rosario. Magíster en Filosofía Aplicada de la Universidad de los Andes (Chile). Candidato a Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

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Cristian Rojas González

*Jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana. Politólogo de la Universidad del Rosario. Magíster en Filosofía Aplicada de la Universidad de los Andes (Chile). Candidato a Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

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