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Elecciones en Brasil: ¿qué esperar de las urnas sin Lula?

Escrito por Mario Luis Grangeia
Ex presidentes brasileños, Dilma Rousseff y Lula da Silva.

Ex presidentes brasileños, Dilma Rousseff y Lula da Silva.

Mario Luis GranjeiaLa ratificación de la condena por corrupción de Lula da Silva cambia radicalmente el panorama electoral en Brasil. El Partido de los Trabajadores no parece capaz de encontrarle un reemplazo adecuado y por eso se augura su derrota. ¿Qué sigue ahora?

Mario Luis Grangeia*

La condena

Ni los que apoyan ni los que rechazan al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva pueden negar que  fue el líder político más influyente en Brasil desde el fin de la dictadura en 1985.

Fernando Henrique Cardoso, quien fue presidente entre 1995 y 2002, no ha conseguido desde entonces elegir a sus candidatos. Mientras tanto Lula sigue encabezando la intención de voto, después de haber sido candidato presidencial cinco veces (con tres pérdidas),  presidente entre 2003 y 2010 y un factor decisivo en la elección de Dilma Rousseff en 2011.

Desde que Lula figura en las encuestas de opinión, el segundo con mayor intención de voto ha sido Jair Bolsonaro, un militar con un discurso conservador sin moderación.

La reciente ratificación de su condena por corrupción es crucial no sólo para él sino para el sistema político brasileño. Los últimos acontecimientos dan lugar a tres preguntas:

  • ¿Qué significado político tiene esa condena?
  • ¿Es definitivo el freno a su campaña política?
  • ¿Por qué fue condenado Lula y no otros políticos corruptos?

¿Qué significa la condena?

Corrupción en Brasil.
Corrupción en Brasil.  
Foto: Justiça e Segurança Pública

Condenado a doce años de prisión y favorito en las encuestas electorales, el presidente honorario  del Partido de los Trabajadores (PT) no tiene una tarea fácil. Además de haber apelado y estar en espera de una decisión, Lula debe planear el futuro de su partido, uno de los tres más grandes del país.

Su condena tiene significados distintos para cada grupo político. Quiero destacar aquí algunos de los más significativos, más allá de las tradicionales etiquetas de izquierda, derecha y sus gradaciones:

1. Los más liberales en materia económica apoyan el presidente Michel Temer y secundan algunos de sus proyectos más polémicos, como la reforma al sistema de seguridad social, que aumentó la edad de jubilación y provocó una huelga general en el país. Para ellos, la ausencia de Lula en las urnas es una garantía de tranquilidad, pues no parece haber otro oponente fuerte con un perfil más intervencionista.

Pese a que la administración Lula concedió un sinnúmero de beneficios al sector financiero e industrial, mucho más que su sucesora Dilma Rousseff —lo que sin duda favoreció su destitución, como lo dije en esta misma revista—, la condena del expresidente representa casi una “victoria” segura para los liberales.

2. Para las fuerzas más partidarias de reducir la desigualdad social, que en el pasado han apoyado a los gobiernos del PT, la condena exige renovar el nombre de su candidato.

Cuando los seguidores de Lula insisten en declararlo como su único candidato, pierden oportunidades para este año y para las próximas contiendas. Sin embargo, la gran presencia del PT en la Cámara Baja le asegura un mayor tiempo para formar coaliciones y divulgar una campaña en los medios electrónicos de comunicación. Todavía queda tiempo para esto.

3. Para los más conservadores, que hoy apoyan las medidas del presidente Temer aunque no parecen ser sus aliados a mediano plazo, no disputar las elecciones con Lula representa la pérdida de un contrapunto que los favorecía.

Desde que el nombre de Lula figura en las encuestas de opinión, el segundo candidato en intención de voto ha sido Jair Bolsonaro, un militar de reserva con un discurso conservador sin moderación. Con poco tiempo de divulgación en radio y televisión y una escasa penetración en los niveles municipal y provincial, Bolsonaro no será ya el oponente ideológico de Lula, lo que le quita visibilidad entre muchos electores. Para ese grupo, Lula era un adversario bienvenido.

Pero ante todo, para todos los actores políticos, la condena de Lula por corrupción es una señal de que ese crimen ha cambiado su relación de costo-beneficio en Brasil (sin olvidar que otros políticos sospechosos permanecen sin responder en sus procesos, lo que puede cambiar con el posible fin del llamado popularmente “foro privilegiado”).

Antes, los políticos tenían la impunidad casi asegurada. Hoy, el costo de ser corrupto puede ser mayor que el beneficio económico o político obtenido. Ese hecho tiene un valor enorme.

¿Hay salidas para Lula?

Incluso condenado, Lula podría inscribirse como candidato si en los próximos meses la Justicia Electoral lo autoriza, dejando de aplicar la Ley de Ficha Limpia, que prohíbe la candidatura de personas condenadas.

La probabilidad de que eso suceda es pequeña, no porque la ley hubiera sido una iniciativa popular que movilizó a multitud de brasileños, sino porque la presión de las fuerzas políticas y económicas contra Lula sería considerable. En todo caso, lo más importante es que los jueces y ciudadanos comprendan que las leyes deben ser efectivas, sin excepciones.

Incluso condenado, Lula podría inscribirse como candidato si en los próximos meses la Justicia Electoral lo autoriza.

Lo más probable es que el nombre de Lula no esté en las urnas electrónicas de votación, lo que representa un gran reto para sus partidarios. Como en toda elección mayoritaria, el carisma es un factor decisivo y difícilmente se conseguirá una victoria sin un candidato con una imagen popular altamente favorable y duradera. Un buen ejemplo es la misma Dilma Rousseff, que no tenía experiencia en disputas electorales antes de 2010 y salió vencedora. Ahora, el PT y sus aliados tendrían poco tiempo para crear una candidatura competitiva a nivel nacional. Nombres alternativos como Jacques Wagner (ex-gobernador de Bahía) y Fernando Haddad (ex-prefecto de São Paulo) están lejos de tener competitividad real para la presidencia.

También es verdad que Lula no tiene ya la misma capacidad de transferir votos. La reciente condena judicial es una mancha que, aunque las actuales encuestas no lo muestren, cambiará completamente su influencia en el juego por la presidencia.

Lo más probable es que al final, el PT concurra con un nombre sin posibilidades reales de éxito, más por interés de tener un sucesor ideológico de Lula que por disputar seriamente la presidencia.  No se puede ignorar que, con un tamaño continental, Brasil tiene provincias de dimensiones considerables y poblaciones equiparables a muchos países. Ocupar más gobiernos provinciales sería una estrategia más realista.

¿Por qué Lula y no otros?

Ex Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
Ex Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.  
Foto: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información

Está claro que Lula no es el primer corrupto. Otros ex-presidentes brasileños y políticos de toda clase e ideología en el mundo han dejado que los vicios más detestables contaminen su llegada al poder y su período de permanencia.

No ha sido diferente con el presidente Michel Temer, acusado dos veces por corrupción y por otros crímenes. Temer tendrá que responder por esos procesos cuando salga del palacio presidencial.

Lo más probable es que al final, el Partido de los Trabajadores concurra con un nombre sin chances reales de éxito, más por interés de tener un sucesor ideológico de Lula.

Entonces, si las conductas cuestionables en los gobiernos Lula (y en su vida privada) no han sido diferentes de las de gobiernos pasados, ¿qué ha cambiado para que él sea condenado, y no los demás políticos? Una de las respuestas es ciertamente el perfeccionamiento de sectores importantes de la Fiscalía, la Policía Federal y del Judiciario. Irónicamente, parte de esos perfeccionamientos muy bien acogidos por la sociedad civil se deben a cambios introducidos por el mismo Lula.

En Curitiba, por ejemplo, en donde se ha tramitado la acción contra Lula, la integración institucional entre los fiscales, policías y el juez Sérgio Moro fue una novedad en la lucha anti corrupción —no hay señales de que lo mismo ocurra en São Paulo, por ejemplo—.

Espero que la integración y otras mejoras en el sistema judicial no se interrumpan en los próximos años y que todos los políticos de cualquier partido que hayan cometido crímenes respondan por ellos. Lula no puede ser solo un chivo expiatorio.

* Doctor en Sociología de la Universidad Federal do Rio de Janeiro, Brasil y especialista en Sociología Política y Cultura.

 

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