
Lo personal es político. La responsabilidad por el cuidado mutuo también lo es
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Es un momento histórico en el que experimentamos la soledad en medio de las masas, la virtualidad y algunos modos de interacción social crean la idea de estar conectados y pertenecer a una red, sin embargo cabe la pregunta por la fuerza de tal red para acompañar los procesos vitales de las personas y, en especial, para sostener conjuntamente la responsabilidad por los fenómenos que afectan el desarrollo pleno.
Sostener conjuntamente los cuidados de la vida implica la reflexividad sobre aquello que se expresa en la esfera de lo individual, pero en realidad es una proyección de las construcciones sociales, culturales y, por ende, la carga de la resolución debe ser igualmente colectiva. Como un ejemplo, el sobreesfuerzo mental, físico y económico de las mujeres en los ambientes familiares y laborales que deriva en alteraciones de su salud, se origina en la socialización de género que delega en la mujer el cuidado y la gestión del mismo y se nutre de la arista capitalista que ha precarizado y explotado la labor de la mujer al NO asignar valor ni cuantificación a las labores de cuidado.
“Cuando comprendemos que lo personal es político, estamos entendiendo que las discriminaciones, exclusiones y violencia que sufrimos las mujeres no son un problema individual que solo concierne a las agredidas, discriminadas o excluidas, sino que la vivencia individual de la desigualdad es parte de un sistema que deshumaniza a todas las mujeres. Se trata, entonces, de un problema político”[1]
El histórico eslogan –o mantra– lo personal es político acuñado desde finales de los años 60s en EEUU por el entonces naciente movimiento feminista llamado Women´s Liberation Movement, tiene hoy más vigencia que nunca. En el tema de la distribución equitativa de los cuidados no ha habido mayores avances, la deuda y costo histórico sigue recayendo en los hombros de las mujeres al interior de sus hogares. Mirar lo privado con la lupa de lo político, nos acerca a la recordación de que la vida y el espacio de interdependencia en el que cohabitamos llamado sociedad es un tejido de individualidades afectadas por los sistemas de opresión; por lo que es miope pensar en la pobreza, la enfermedad, el deterioro de la salud mental y los entornos físicos como asuntos de elección individual.
Aquello que acontece en la esfera de lo individual está determinado por el tejido social encuadrado en las características de lo territorial y lo cultural. Al mismo tiempo como fractal, el microcosmos de lo personal determina lo colectivo y con ello el contexto.

Fuente: El capitalismo depende del trabajo doméstico | Fuente: https://magis.iteso.mx/
Disponible en : https://revistaplaneo.cl/2021/07/05/economia-feminista-desafios-propuestas-y-alianzas-solidaridad-cuidado-y-ecologia/
La reivindicación por la distribución equitativa de los cuidados nos exhorta además a poner los cuidados en el centro de las interacciones humanas, ofrendando la escucha como parte de una responsabilidad moral enriquecedora con los demás que genera un recurso interno necesario en términos sociales, revisando las formas de violencia internalizadas, entrenando la percepción de la diversidad como riqueza, propiciando espacios de disertación sobre la huella de las opresiones en la cotidianidad, gestando un contenedor seguro para la vulnerabilidad. Para ello existe el reto de encarnar la otredad sin limitación de género, color o condición socioeconómica.
Seyla Benhabib dibuja una vía para alentar actitudes morales en donde todos y todas quepan, no en un sentido consensual sino desde la aceptación de las luchas de seres concretos en la búsqueda de su autonomía. Así afirma: “El universalismo sustitucionista [neutro universal] desconoce al otro concreto detrás de una fachada de identidad definicional de todos como seres racionales, mientras que el universalismo interactivo reconoce que cualquier otro generalizado es también otro concreto.”[2]
La propuesta de Benhabib, difiere profundamente de la afirmación de un sujeto moral neutro, históricamente visto como el hombre blanco heterosexual, profesional y propietario, tal planteamiento de neutralidad desconoce y/o naturaliza la existencia de un sistema patriarcal que se ha valido de la opresión y la explotación de las mujeres. Pretender que la humanidad es igual es ser miope ante la construcción sociohistórica del patriarcado.
Revisar y resistir las opresiones de género, además de ampliar la mirada como lo hemos descrito requiere pensar en la moral que opera como sustrato en la sociedad para analizar el papel de las instituciones en ella, y de este modo, construir soluciones políticas con la participación de individuos y comunidades. Las soluciones implican un cambio profundo en la concepción de responsabilidad del cuidado mutuo, que involucra la transformación del sistema político- jurídico para la garantía de derechos a través de leyes y programas sociales. Los gobiernos deben tener la tutela y garantía de proponer y prolongar esas iniciativas.
[1] Facio, Alda. “¿Por qué lo personal es político?”. Reflexiones a partir de un debate. JASS Asociadas por lo justo. (cita de página 7) Disponible en: https://justassociates.org/wp-content/uploads/2022/02/dv_3_-_porq_lo_personal_es_politico.pdf
[2] Benhabib, S. (2006). El ser y el otro en la ética contemporánea. Feminismo, comunitarismo y posmodernismo. Barcelona: Gedisa Editorial. (cita de página 189).
Acerca del autor
Mary Luz Alzate Zuluaga - Diana Carolina Velez
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