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Por la puerta de atrás

Escrito por Jorge Mantilla

El profesor Ismael Peña debe irse de la rectoría de la Universidad Nacional de igual forma en la que llegó, por la puerta de atrás. Casi que, a escondidas, el profesor designado en el marco de una cuestionada sesión del Consejo Superior Universitario (CSU), usurpó una investidura que ni la comunidad universitaria, ni la ministra de educación le han otorgado.

Ante un notario y de manera irregular, el profesor Peña selló el talante de lo que será su rectoría, si el gobierno nacional no toma cartas en el asunto. Una rectoría de espaldas a la comunidad universitaria, carente de cualquier viso de legitimidad, y que llevará a la universidad más importante del país a una crisis de gobernabilidad en donde no habrá ganadores.

La decisión de llegar a la rectoría por la puerta de atrás demuestra de manera elocuente que Peña no está a la altura de la Institución que pretende dirigir. Si él y sus amigos, que lo llevaron a ganar una votación irregular donde se violó el principio de mayoría, creen que pueden resolver la situación a punta de notarios y policías para imponerle un rector a la Universidad Nacional están muy equivocados.

Los mensajes alusivos a la defensa de la institucionalidad que el profesor Peña ha difundido a través de los canales oficiales de la Universidad contrastan con la manera en la que él y sus amigos rompieron la institucionalidad que dicen defender. Su afán es tanto y su grandeza tan poca que ahora piden una intervención militar desconociendo el principio de autonomía universitaria.

La crisis que hoy vive la universidad es producto del desconocimiento de la voluntad y del irrespeto a los estamentos universitarios y a la naturaleza de la educación pública: deliberante y democrática. También de la falta de transparencia que no solamente rodea la elección del nuevo rector, sino actuaciones de la administración saliente como por ejemplo la presunta malversación de casi 50 mil millones de pesos para la construcción de la sede Tumaco, según información recopilada por la revista Cambio.

Un hecho elocuente son los comunicados de diferentes cuerpos colegiados de la Universidad, como el consejo de la Facultad de Ciencias Humanas, en el que desconoce la posesión del nuevo rector. Es probable que en los días siguientes se repliquen más pronunciamientos en este sentido. La Universidad son sus facultades, sus estamentos, sus escuelas y centros de investigación.

Además de elegirse y posesionarse como rector de manera ilegal, y de solicitar una intervención militar de la universidad por la puerta de atrás, dice mucho del profesor Peña su obstinación por usurpar un cargo de esta manera. Con sus actos, Peña ha llevado el irrespeto a la comunidad universitaria, y la indignidad de la Universidad a un punto de no retorno. Del anonimato, ha pasado a ser el protagonista y un directo responsable de la crisis de la universidad.

Sin embargo, el gobierno y propio presidente Petro tiene muchas velas en este entierro. No solamente le asiste la responsabilidad de haber dejado pasar las artimañas que llevaron a la elección irregular de Peña en la del CSU llevada a cabo el 21 de marzo. La impericia de sus representantes ante el Consejo, y la falta de rigor de la ministra de educación fueron evidentes.  Ahora, ante un paro que lleva más de un mes, el gobierno debe tomar decisiones que determinarán el futuro de su relación con el movimiento estudiantil durante los próximos dos años.

Dejar que el profesor Peña se imponga como rector de la Universidad, sería una bofetada difícil de superar para un sector que se ha declarado en desobediencia civil y que se rehúsa a semejante arbitrariedad. Si el presidente quiere darle lecciones al país sobre la importancia del poder constituyente, debería empezar por apoyar la constituyente universitaria y designar un rector encargado que brinde las garantías para que este proceso se lleve a cabo.

Para que esto sea posible es necesario que la violencia salga- también por la puerta de atrás- de la ecuación del movimiento estudiantil. Las tomas de edificios, los tropeles y los ataques contra trabajadores de la universidad, desvían la atención del verdadero centro del problema: la necesidad de un nuevo modelo de gobernanza universitaria para la educación superior pública en Colombia. Al repetir los errores y la ceguera de las antiguas generaciones, el uso de la violencia en el marco de las actuales movilizaciones estudiantiles favorece sólo a quienes han pretendido usurpar la rectoría de la universidad y lesionan la legitimidad de la constituyente universitaria.

El profesor Peña debería tener algo del decoro que el ex rector de la Universidad del Rosario, Alejandro Cheyne no tuvo. Solo los intereses personales y económicos explicarían la decisión de aferrarse a la que sin duda será la rectoría más vergonzosa de la historia de la Universidad Nacional.

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1 Comentario

Eduardo Sáenz Rovner mayo 6, 2024 - 2:59 pm

Conociendo desde hace muchos años a todos los protagonistas de esta historia lo que tenemos es una pelea implacable por el poder entre dos roscas a quienes les tiene sin cuidado el futuro de la Universidad Nacional: Peña/Montoya/Mantilla vs. Múnera/Moncayo. Eduardo Sáenz Rovner, Profesor Emérito, UN.

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