Salarios y productividad: a propósito de la concertación del salario mínimo - Razón Pública

Salarios y productividad: a propósito de la concertación del salario mínimo

Compartir:

Miguel Montoya

​Además de compensar la inflación, el reajuste salarial debe reconocer los cambios en la productividad. Sin embargo durante los últimos 10 años se ha acumulado un rezago que frena el crecimiento económico y agrava la desigualdad. Conviene corregirlo. 

Miguel Montoya*

Las cuentas de cada año

Como es usual en esta época del año, avanzan las negociaciones para el reajuste del salario mínimo que debe regir en el 2014.

Para este proceso de concertación, el Banco de la República estima una inflación entre el 2,4 y el 2,5 por ciento para 2013 y un crecimiento económico del 4,2 por ciento. La inflación para 2014, según el Emisor, debería estar alrededor del 3 por ciento. El crecimiento del empleo, esperando que se reactive durante el segundo semestre, estaría en torno del 3 por ciento, y el aumento de la productividad laboral (producción sobre población ocupada), estaría cerca del 1 por ciento (valor cercano a la productividad multifactorial del 0,8 por ciento que calcula el Departamento Nacional de Planeación). 

El crecimiento de la productividad es un factor determinante de la evolución de la calidad de vida de un país, así como un referente clave para la competitividad.

De acuerdo con la fórmula para reajustar el salario mínimo (promedio entre las inflaciones esperada y actual, más la productividad) esta se fijaría alrededor del 3,5 por ciento para el 2014 (inflación del 2,7 por ciento más 0,8 por ciento de productividad).

El viernes anterior, en la quinta reunión de la comisión de concertación, los gremios elevaron su oferta de 3,51 a 3,8 por ciento, mientras las centrales obreras redujeron su petición de aumento del 8 al 6 por ciento.  

Con este contexto de concertación en mente, vale la pena discutir dos aspectos propios de la fijación de salarios: el concepto de productividad y cuál ha sido su relación con el salario real, es decir el salario descontando la inflación, con lo cual se mide efectivamente la capacidad de compra de los trabajadores.


Sector industrial
Foto: Colombia Travel

La productividad laboral y la multifactorial

El crecimiento de la productividad es un factor determinante de la evolución de la calidad de vida de un país, así como un referente clave para la competitividad. Para su medición existen indicadores como la productividad laboral, que es la producción por número de ocupados o por horas-hombre, y la productividad multifactorial (o productividad total de los factores). Esta última está asociada con la eficiencia en el uso conjunto del capital y el trabajo (principales insumos para la producción).

La productividad multifactorial está determinada esencialmente por los cambios tecnológicos (nuevos diseños y calidades de la maquinaria y el equipo), e incorpora el resultado de la investigación y el desarrollo, así como la evolución del conocimiento.  También incorpora cambios en el uso de la capacidad instalada, las economías de escala, los efectos de la competencia imperfecta y los errores en la medición de la productividad del trabajo y el capital.

Ahora bien, la productividad laboral y la productividad multifactorial están estrechamente relacionadas. La mayor producción de la fuerza de trabajo puede lograrse con el uso de más capital en la producción (más maquinaria, equipo, o la aplicación de software) o mediante la mejora de la eficiencia global derivada del uso del trabajo y capital juntos, es decir, del crecimiento de la productividad multifactorial.

De lo anterior se deduce que –independientemente  de cuál medida de productividad se elija para fijar el salario mínimo (y los salarios en general) – aquella depende no solo de las destrezas de la fuerza de trabajo, sino además de factores asociados con el nivel de desarrollo económico y tecnológico de un país. El desarrollo tecnológico por supuesto depende de la inversión en ciencia y tecnología, de la capacidad de innovación, de la inversión en infraestructura, y no menos importante, de una adecuada planificación del desarrollo.

Esto último implica un papel más activo del Estado en estimular la producción de bienes y servicios con mayor valor agregado e incorporación de conocimientos. Es preciso diseñar, y en esto ha insistido la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), una política que estimule aquellos sectores con alta productividad, capacidad para generar empleo, y con una estrecha relación con otras actividades productivas para propagar las mejoras de productividad. Esto repercutiría en mayores ingresos de los trabajadores en todas las ramas de la producción, y por ende, en menor desigualdad.


Es importante asegurar y vigilar la evolución de los
salarios respecto a la productividad.
Foto: Yassef Briceño García

Los salarios y la productividad

Tomando como medida la productividad laboral, esto es, la producción por ocupado, se aprecia un aumento sostenido de dicha variable desde principios de la década anterior, exceptuando 2008 y 2009 (Gráfica 1). Esto fue un fenómeno generalizado en Latinoamérica, aunque el crecimiento de la productividad en Colombia fue menor que en conjunto tanto de Suramérica como de Centroamérica.

Adoptando el salario mínimo y el salario real de la industria como una medida de la retribución al trabajo en el sector formal, se aprecia que el crecimiento del salario real en la última década fue inferior a la productividad, siendo más notorio la brecha entre el 2005 y el 2008 (Gráfica 1).  Si bien esta diferencia se moderó a partir de 2009, es evidente que se mantuvo y ocasionó  un rezago acumulativo de la remuneración del trabajo frente a su productividad.

Gráfica 1

Indices de salario

 Fuente: Dane, Banco de la República y cálculos propios

 

Esto tiene algunas implicaciones negativas, pues no aumentar los salarios al ritmo de la productividad genera menos demanda efectiva y por ende menos producción. Si bien para una empresa individual sería beneficioso apropiarse de las ganancias de productividad, si todas las empresas hacen lo mismo, el resultado es menos consumo, menos ventas y un menor nivel de empleo.  

No aumentar los salarios al ritmo de la productividad genera menos demanda efectiva y por ende menos producción.

Ahora bien, el rezago del salario frente a la productividad está estrechamente relacionado con la participación del trabajo en el ingreso nacional, deteriorando lo que se conoce como la distribución funcional, es decir, la distribución nacional del ingreso entre trabajo y capital.

Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) resume la abundante evidencia en el sentido de que la participación del trabajo en el ingreso nacional se redujo en muchos países desarrollados y economías emergentes en décadas recientes, y de que esto tuvo indujo efectos negativos en el consumo y en la inversión.

Claro está, aclara el informe, no solo la relación salarios reales-productividad explica la reducción de la participación laboral, sino que este fenómeno está asociado a otros factores como la tecnología, la competitividad global vía menores costos laborales, el sesgo de los mercados financieros hacia sectores diferentes del sector real, el débil poder de negociación de trabajadores y las fallas en las instituciones del mercado de trabajo.

Si bien estos factores pueden ser importantes para evaluar el caso colombiano, por ahora se plantea aquí que la reducción de la participación de los salarios en el ingreso ha estado vinculada con el rezago del salario frente a la productividad (Gráfica 2). Cabe señalar que este fenómeno también se presentó en Latinoamérica, pero se revirtió en la región a partir de 2005, exceptuando Colombia, Perú, Bolivia y Paraguay. La contrapartida a la reducción de la remuneración de los trabajadores en Colombia fue un aumento de la participación del capital en el ingreso nacional a lo largo de la década pasada, una tendencia que se acentuó desde el 2010 (Gráfica 2).

Gráfica 2

Remuneración del trabajo    

Fuente: Dane, cálculos propios

Cómo resolver el desequilibrio

En conclusión, la evolución de la productividad laboral depende de no solo de la gestión de los trabajadores sino del grado de intensidad del capital y de un amplio conjunto de factores que son de responsabilidad de las empresas y del Estado.

La evolución de la productividad laboral depende de no solo de la gestión de los trabajadores sino del grado de intensidad del capital y de un amplio conjunto de factores que son de responsabilidad de las empresas y del Estado.

Si bien los salarios son un componente de los costos y por ende uno de los factores de la competitividad, debe tenerse en cuenta que también es uno de los principales determinantes de la demanda, y que un aumento salarial eleva los ingresos de los hogares y del consumo, lo cual aumenta el gasto en bienes y servicios en la economía.

Por supuesto que la productividad multifactorial tiene un impacto sobre la productividad laboral, ejerciendo un efecto positivo en el crecimiento económico de largo plazo. No obstante, no elevar el salario real al ritmo de la productividad laboral, constriñe la demanda para alcanzar dicho crecimiento. Es más, para algunos economistas, la reducción de los salarios frente a la productividad, estuvo asociado con el endeudamiento de los hogares que detonó la crisis financiera en los países desarrollados en 2008.

Por tanto, es importante asegurar y vigilar la evolución de los salarios reales con respecto a la productividad. Durante más de una década el aumento de los salarios en Colombia ha sido inferior al aumento de la productividad, lo cual ha incidido de manera desfavorable sobre la  demanda agregada, el empleo y la distribución del ingreso.

Se requiere, como sostienen CEPAL y la OIT, de un fortalecimiento institucional que logre en el marco de la fijación de los salarios (entre ellos el salario mínimo) un equilibrio entre la remuneración del trabajo y los ingresos de capital, que apoye y facilite la negociación colectiva y vigile la relación salarios-productividad, estableciéndose una “regla de oro” sobre su ajuste y los mecanismos de compensación en caso de desbalances negativos, como ha sido el caso de Colombia.

 

*Economista y magister en Economía de la Universidad Nacional

 

Acerca del autor

Miguel Montoya
miguelmontoya@razonpublica.org.co | + posts

*Politólogo, magister en Seguridad y Defensa Nacionales, doctor en Filosofía, asesor del presidente del Concejo de Bogotá Carlos Fernando Galán, exdirector de la Agencia de Educación Superior de la Alcaldía de Medellín y profesor universitario.

0 comentarios

Miguel Montoya

Escrito por:

Miguel Montoya

*Politólogo, magister en Seguridad y Defensa Nacionales, doctor en Filosofía, asesor del presidente del Concejo de Bogotá Carlos Fernando Galán, exdirector de la Agencia de Educación Superior de la Alcaldía de Medellín y profesor universitario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

Detector de humo: Contra el desorden informativo, Economía y Sociedad

Detector de humo: Contra el desorden informativo (22): Tres navajas para cortar el ruido

Ivan Montenegro
Economía y Sociedad

Transferencia tecnológica e innovación: para no seguir inventando la rueda

¿Por qué seguimos invirtiendo tan poco en educación y por qué los maestros siguen haciendo paros?
Economía y Sociedad

Los paros de FECODE: ¿algún día encontraremos la solución?

La Renta básica en Colombia
Economía y Sociedad

La renta básica en Colombia es posible y necesaria

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!