“Tantas almas”, una película que habla hondo de Colombia - Razón Pública
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“Tantas almas”, una película que habla hondo de Colombia

Escrito por Andres Ernesto Jimenez Suarez
Andrés-Ernesto-Jiménez-Suárez

La película es el relato casi mítico de un padre que busca los cuerpos de sus hijos en el Magdalena. Un personaje trágico con voz propia, como rara vez se ha visto en el cine colombiano.

Andrés  Jiménez*

Los símbolos que compartimos

A lo largo de nuestra vida juntos, mi padre me ha enseñado su amor no solo a través de sus palabras sino también de algunas canciones interpretadas por José Luis Perales, Raúl Vásquez, Diomedes Díaz y Luz Casal.  Gracias a él, que me las ha ido señalando, he podido recolectar algunas imágenes musicales del lazo que nos une y hoy puedo ver cómo hizo nuestras esas melodías y esas letras para que, eventualmente, nos sirvieran de suvenir cuando la distancia —o la muerte— nos separe.

Este texto es sobre Tantas almas, la primera película de ficción del director Nicolás Rincón Gille, estrenada en Colombia el pasado 16 de septiembre. Pero empiezo hablando de esto porque, al oír la letra de Mi muchacho, cantada a capella en una de las escenas, no pude evitar abstraer su verdadero significado y reconocí un gesto. José, el pescador, recorre las orillas del río Magdalena al sur del Bolívar, en busca de los cuerpos de sus dos hijos, Dionisio y Rafael, raptados una noche de su casa por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) —mencionadas aquí sin ninguna ambigüedad—. Mientras rema y ve el rostro apagado de uno de ellos, que ha rescatado de la corriente del río, el hombre canta en voz baja los versos que, en vida y aun después de la muerte, lo unen a él: Ese muchacho que yo quiero tanto / Ese que yo regaño a cada rato / Me hizo acordar ayer… Los mismos que a mí me unen a mi padre.

Así como podemos reconocer nuestros símbolos afectivos personales en un plano más amplio, creo que esta película también insiste en la idea de reconocer como colectivos el dolor y la gran pérdida de este héroe, así como todas las tragedias que ha producido el conflicto armado.

Omnipresencia de la palabra

A diferencia de cierta tradición cinematográfica colombiana de ficción que se ha interesado por representar la violencia y se ha caracterizado por el mutismo de sus personajes, Rincón Gille ha comprendido que en las distintas formas de la oralidad hay un medio de supervivencia para las víctimas y la posibilidad de reconstruir un relato justo y necesario. De allí que el título de su trilogía documental —Campo hablado— aluda a la omnipresencia de la palabra y que, en esta película, José la use como un arma de protección, un medio para su búsqueda y una forma de comunicarse con las almas de sus muertos.

Lejos del costumbrismo condescendiente y trivial, en la filmografía de Rincón Gille es evidente la capacidad para oír e integrar en sus imágenes una cultura oral y popular que nos interpela y nos contiene a todos como individuos y como país.

En su libro La poética de la infancia (Luna libros, 2016), Yolanda Reyes afirma que al insertarnos en la lengua descubrimos la posibilidad de conversar con nuestro espíritu, exploramos las fuerzas de nuestra vida íntima e intentamos nombrar una dimensión emocional y material que no es visible. ¿Por qué el cine de ficción ha despojado a personajes como este de la palabra? ¿Por qué ha evitado oír sus voces? ¿Por qué no ha querido observar la imagen de su mundo interior?

Películas como esta nos revelan dicha imagen y esa voz. En Tantas almas las palabras de José no son gratuitas: su deseo, sus necesidades y su afecto son la causa y el fin. Ante el ruido incesante de la música y las vociferaciones de los paramilitares, la palabra de José puede ser contundente, dulce y precisa.

El relato mítico

Es inevitable señalar la relación de  esta película con la tragicomedia El río de las tumbas (1964), de Julio Luzardo, la cual representó por primera vez esta realidad desde la perspectiva de los habitantes de un pequeño pueblo sin ninguna implicación afectiva con los muertos que emergían del río, a los que reducían a meros cuerpos sin identidad ni historia.

No creo que la respuesta de Rincón Gille ante la sátira de Luzardo sea una propuesta completamente realista. En cambio, la construcción narrativa y formal parece echar mano de un distanciamiento que eleva el relato a una condición mítica. La hija de José invoca la protección del Justo Juez antes de permitirle a su padre embarcarse en su misión; además, el tiempo de la búsqueda transcurre de forma indefinida y, por lo tanto, es absoluto, se ha suspendido en el marco de la ficción. Los cuerpos que arriban a las orillas del río no exhiben ninguna huella de la violencia ejercida sobre ellos, quizás, también, con el fin de no reproducir las imágenes que han adormecido nuestra capacidad de empatía y conmiseración. Y el narrador le ha concedido a José la suerte y la astucia de los grandes héroes.

Sin embargo, José es un hombre común. Un hombre que, como Antígona, tras rebelarse obstinada pero legítimamente contra la ley que le prohíbe enterrar los cuerpos de sus hijos —o siquiera buscarlos—, también puede fallar y no cumplir enteramente con su empresa.

Un padre en un país de madres

En ese sentido, llama la atención la decisión de crear este personaje masculino en un país donde las mujeres han sido las figuras visibles de la resistencia a esa  ley del olvido que ha instaurado el terror, algo que incluso esta misma película demuestra. Son ellas quienes han luchado incansablemente por encontrar a sus hijos desaparecidos y así poder cerrar el círculo temporal al que la guerra las ha condenado.

Sobre este punto Rincón Gille decía, en una entrevista que aún no ha sido publicada: “aunque en mis trabajos documentales casi todos los personajes son femeninos, en muchas ocasiones intenté acercarme a los hombres, pero o no querían o no podían. Por un lado, no podían hilvanar su relato porque había mucho dolor o se sentían incapaces de gestionarlo y, por el otro, no querían mostrarse frágiles. Y lo entiendo.

En la guerra, mostrar fragilidad o dolor se ve como algo femenino y es convertirse en alguien susceptible de ser violentado, pero en realidad estos hombres están mintiendo.”

Y añadía: “por eso me parece que necesitamos este tipo de figuras y estos cambios en la figura del padre. Y este interés viene de que entre las madres de Soacha no había un padre y, sin embargo, había muchos padres que participaban de estos esfuerzos. Esta es una historia que me contaron en el Magdalena Medio, que al oírla fue una puerta que se abre, como si por fin encontrara una figura masculina en la que podía ver todas estas cosas.”

Tras recibir la Estrella de Oro a Mejor Película en el Festival de Cine de Marruecos —por decisión de un jurado presidido por la actriz escocesa Tilda Swinton— y su exitoso paso por festivales internacionales como Busán, Roma y Rotterdam, Tantas almas fue elegid por la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a Colombia en los Premios Goya 2022. Durante los últimos cuatro años el cine nacional ha conseguido tres nominaciones consecutivas en estos premios (Anna, Amazona y Monos) y, más recientemente, una estatuilla (El olvido que seremos) en la categoría Mejor Película Iberoamericana.

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