Resiliencia, inteligencia y pragmatismo
Foto: Fotografía Oficial de la Presidencia de Colombia

Resiliencia, inteligencia y pragmatismo

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Inteligencia, resiliencia y pragmatismo parecen conformar el coctel esencial de buenas prácticas para construir relaciones internacionales acordes con los nuevos tiempos y adaptarse a las distintas circunstancias.

Aquel mundo de ideologías empantanado en la Guerra Fría o el de los sistemas económicos abiertos o cerrados, incluso el de alianzas regionales (sensibles a la política), ha dado un salto cualitativo y profundo; se reconfigura en un entorno de cierta incertidumbre que ha llevado a los países a analizar y replantear sus estrategias para aprovechar los escenarios más propicios para la estabilidad, la prosperidad y el bienestar de la nación.

Inteligencia, resiliencia y pragmatismo parecen conformar el coctel esencial de buenas prácticas para construir relaciones internacionales acordes con los nuevos tiempos y adaptarse a las distintas circunstancias. Para el caso colombiano, tan cerca del epicentro del cambio propulsado por la primera potencia mundial, Estados Unidos, cada paso resulta determinante, dada su dependencia, pero sobre todo por la magnitud de sus posibilidades.

El último año ha sido particularmente dinámico en lo político y en lo económico; tensiones, aranceles y medidas de alto impacto nos recuerdan lo voluble y sensible de nuestros sistemas de desarrollo, y aunque hemos tensado la cuerda al máximo, parece que encontramos un camino más sensato y pragmático para administrar el momento histórico que vivimos. 

Desafíos para Colombia ante el nuevo panorama comercial con Estados Unidos

Tras el reciente discurso del Estado de la Unión y la entrada en vigor de un arancel general del 10% impuesto por la administración de Donald Trump, Colombia se enfrenta a un nuevo escenario en su relación comercial con Estados Unidos. Aunque la medida puede cambiar en cualquier momento, obliga a revisar los riesgos, los canales de transmisión y las opciones de respuesta tanto para el Gobierno como para empresas y productores colombianos.

El arancel general del 10% (que el presidente Trump dejó entrever que puede subir al 15 %) aplicado por Estados Unidos grava de forma amplia las importaciones, y su carácter general lo convierte en una medida de impacto transversal: desde alimentos procesados, textiles y confecciones hasta partes industriales, productos químicos y bienes de consumo.

Para un país exportador como Colombia, el arancel tiene efectos tanto directos como indirectos. Directos cuando los productos colombianos ingresan al mercado estadounidense y ven reducido su margen de competitividad por el incremento del precio final al consumidor o por la presión sobre la cadena de valor; indirectos cuando el arancel altera las rutas de comercio, encarece insumos importados usados por las industrias nacionales o provoca cambios en los precios relativos y en la demanda internacional.

El fallo reduce la incertidumbre sobre el uso de IEEPA como fundamento para aranceles generales, pero el escenario se reconfigura con un instrumento diferente y temporal (Sección 122). El efecto material dependerá de qué parte de la oferta exportable quede efectivamente excluida por los anexos y de cómo se declare la mercancía en Estados Unidos en términos de clasificación HTSUS.

Foto: VUCE

Qué tanto se afectan las exportaciones colombianas

Según un análisis inicial de AmCham Colombia, el 67,8% de la canasta exportadora podría estar exento del recargo por corresponder a provisiones del ANNEX II (4,2% exento confirmado y 63,6% condicionado a la validación del HTSUS exacto declarado ante CBP). El 32,2% restante estaría, en principio, sujeto al 10% por no estar listado en el ANNEX II (salvo otra exclusión aplicable).

En términos económicos, el efecto sobre la competitividad relativa no es automático: dependerá de si los competidores tendrán el mismo recargo (o aranceles base más altos), de la posibilidad de trasladar el precio y de la estructura contractual/logística de cada operación. En lo operativo, el impacto tampoco se limita a la tasa: la aplicación efectiva dependerá de la clasificación HTSUS declarada en el entry, de posibles limitaciones (“Ex”/“Aircraft”), del tratamiento de la mercancía en tránsito y de la implementación de CBP, lo que eleva los riesgos de ajustes y costos administrativos (reliquidaciones, reclamos y documentación).

La Casa Blanca señaló, además, que Estados Unidos continuará honrando sus “Agreements on Reciprocal Trade” y espera el mismo compromiso de sus socios; sin embargo, precisó que las bases legales domésticas para futuros aranceles cambiarán. En consecuencia, tras el período inicial de 150 días, el marco puede evolucionar hacia ajustes conforme a la Sección 122, la expiración del recargo (o una eventual extensión por el Congreso) y/o el tránsito a medidas más estructurales por parte de otras autoridades (232/301/201).

En paralelo, el fallo no reduce los mecanismos estadounidenses de evaluación de la cooperación en narcotráfico y terrorismo —comúnmente asociados al lenguaje de “certificación/descertificación”—, que operan bajo marcos legales distintos al IEEPA. La implicación práctica es que, aunque el Ejecutivo pierde la opción de “convertir” de forma rápida una emergencia en aranceles generales vía IEEPA, mantiene herramientas de presión relevantes (condicionalidades de cooperación y asistencia, medidas financieras y transaccionales focalizadas y estatutos específicos con consecuencias comerciales), lo que refuerza la necesidad de monitorear tanto el frente arancelario como el de seguridad nacional.

Y crea una doble realidad para Colombia: un riesgo real de pérdida de competitividad en sectores intensivos en precio y, simultáneamente, una invitación a acelerar procesos de diversificación, reconversión y mejora de la competitividad estructural. En principio, el impacto sería desigual y tendería a presionar márgenes y volumen de exportaciones en sectores vulnerables. En el mediano plazo, la respuesta política y empresarial determinará si Colombia solo sufre un shock transitorio o aprovecha la situación para transformar su oferta exportable hacia actividades de mayor valor agregado y mercados alternativos.

Cuál debería ser la estrategia de Colombia 

La clave estará en una acción coordinada: que el Gobierno ofrezca redes de apoyo, instrumentos financieros y promoción internacional; que las empresas se adapten con innovación y diversificación, y una estrategia diplomática que busque mitigar efectos y explorar oportunidades. Sin intervenciones, el arancel es una amenaza para empleos y exportaciones; con medidas oportunas, puede ser el catalizador para una modernización productiva que mejore la resiliencia del país frente a choques externos.

En el corto plazo, se recomienda: (i) no asumir cambios automáticos hasta contar con guías formales de CBP tanto para el retiro del componente IEEPA como para la implementación del recargo bajo la Sección 122; (ii) realizar, con el importador/broker en Estados unidos, un diagnóstico de clasificación HTSUS para confirmar si el producto cae en líneas excluidas y cuál es el tratamiento aplicable; (iii) revisar contratos y logística (cláusulas de ajuste por aranceles, precios/incoterms y manejo de mercancía en tránsito), y (iv) mantener seguimiento continuo a publicaciones oficiales (Casa Blanca/Federal Register / CBP) ante posibles ajustes de tasa, anexos o exclusiones.

Le recomendamos: Más que guerra comercial: la tropicalización de los aranceles coercitivos

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María Claudia Lacouture
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*Exministra de Comercio, Industria y Turismo; experta en comercio exterior, relación Colombia-Estados Unidos y turismo

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*Exministra de Comercio, Industria y Turismo; experta en comercio exterior, relación Colombia-Estados Unidos y turismo

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