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Renovación urbana mediante el mejoramiento de vivienda

Escrito por Lucía del Pilar Bohórquez
Lucia Bohorquez

Lucia BohorquezEl progreso puede encontrar atajos si descubre la dimensión positiva oculta en medio de la inercia institucional y la apatía ciudadana. Estimular el mejoramiento de vivienda a gran escala en una estrategia de renovación urbana coherente y posible en esta coyuntura. Gustavo Petro tiene la palabra.

Lucia del Pilar Bohórquez *

BOGOTA

Renovación urbana es desarrollo, no lujo

Una secuencia dinámica o un conjunto de procesos coincidentes en el tiempo se convierte en oportunidad única para que la nueva administración defina y comience a ejecutar proyectos estratégicos en las zonas de mejoramiento integral, bajo el concepto de renovación sin exclusión, y contando con la organización de la demanda:

  1. El Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional abrió el debate sobre la necesidad de superar la idea de que la renovación urbana es sólo para estratos altos [1]. Para esto se precisa de un actor con fuerte voluntad política, capaz de adelantar la selección, planeación y ejecución de proyectos de vivienda donde prevalezca la función pública del urbanismo y se optimice el uso de los recursos. Esto es posible por la existencia del suelo urbanizado, de redes de servicios públicos y de infraestructura ya provistas.
  2. Por otra parte el Distrito ha venido en un proceso de evaluación institucional sobre el déficit cualitativo de vivienda, que subraya la necesidad de optimizar el uso del suelo y producir mejores condiciones de hábitat para los ciudadanos. Esto implica reestructurar el modelo de gestión de mejoramiento de vivienda y transitar del proceso predio a predio – utilizado hasta la fecha – a uno de mejoramiento de vivienda por manzana. Este cambio plantea la vinculación del propietario del suelo como agente activo en el esquema financiero.
  3. Al mismo tiempo en la Comisión Hábitat – espacio abierto por el Distrito y la Sociedad Colombiana de Arquitectos – se han venido discutiendo los retos de gestión que implica asumir el mejoramiento de vivienda como un instrumento de desarrollo urbano.
  4. En forma paralela se analiza la pertinencia de plantear el ajuste conceptual o articulación de ciertos tratamientos en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para cerrar la brecha entre las distintas áreas de la ciudad, adoptando medidas comprensivas que ayuden a reducir los desequilibrios en el territorio.

Ciudad para todos

Se trata de una oportunidad de negocio para la gestión del hábitat (vivienda, espacio público, economía popular, servicios públicos, ambiente) mediante transformaciones referentes a la redensificación, la ciudad compacta, la vivienda digna y la movilidad. Dicho de otra manera: estamos frente a la congruencia de factores que permitirían avanzar hacia una ciudad para todos.

En efecto, el mejoramiento de vivienda per se debería tener un límite en el tiempo, pero para esto sería fundamental fortalecer técnica y financieramente las políticas de control urbano, el rol de las alcaldías locales, los procesos de formación y capacitación para la autoconstrucción y las curadurías en su acción local.

En todo caso, dado el enorme déficit cualitativo y cuantitativo de vivienda actual, la renovación en las zonas de mejoramiento permitiría mitigar efectivamente dicho déficit y empezar a reducirlo en forma sostenida. Lo anterior requiere entender que la ciudad informal – 25 por ciento de Bogotá – supone un riesgo real para la supervivencia de quienes la conforman.

La experiencia demuestra que sin el liderazgo del Estado y el trabajo de la comunidad, es imposible transitar paulatinamente hacia la formalidad o al acceso a derechos fundamentales y mejores condiciones de vida para la población.

Es más, tanto la Nación como Bogotá han adquirido compromisos vinculantes para alcanzar los Objetivos del Desarrollo del Milenio. El mejoramiento de vivienda, desde una perspectiva de renovación, viene a ser un instrumento muy útil para acercarse a cumplir tales metas.

Mensaje para Petro

El reto ahora consiste en establecer la relación específica entre el déficit de vivienda y la apuesta política del nuevo gobierno, que se materialice en el plan de desarrollo y en los proyectos de inversión, no sólo de una entidad o de un sector, sino de la administración en su conjunto. Para esto habrían de definirse prontamente el tamaño, presupuesto, prioridad y diseño del esfuerzo.

Desde su creación, la Secretaria de Hábitat ha avanzado en elaborar instrumentos para “focalizar” y señalar áreas de intervención prioritaria, y en trabajo integrado para caracterizar y diseñar proyectos arquitectónicos y de ingeniería por manzanas. Este trabajo ha dado pie a alianzas con universidades, con organizaciones de la sociedad civil y con el sector privado.

Un enjambre de estrategias convergentes

No se trata de una sola estrategia, son muchas. La capacidad institucional debe adaptarse y conseguir aquellos recursos y competencias que se encuentran ocultos – como diría Hirschman [2] – diseminados o mal utilizados para propósitos del desarrollo.

En este caso los recursos ocultos son los siguientes: el suelo urbanizado, el presupuesto de la ciudad, las competencias institucionales y una mejor articulación con la sociedad civil (ONG, academia, asociaciones gremiales, entre otros actores).

La organización de la demanda ciudadana frente a sus necesidades y la articulación del sector público frente a mayores exigencias de los ciudadanos son, sin duda, nuevos espacios para buscar solución a problemas tan serios como la escasez aparente de suelo urbanizado. Hoy por hoy existen herramientas para trazar una ruta realista y que además incluya la participación y corresponsabilidad de los beneficiarios. Las metas en materia de vivienda deben ser buscadas mediante modelos de gestión sistémicos y proactivos, que coordinen la acción de los diversos actores públicos, privados y comunitarios.

Las oportunidades están ahí. Hay avances importantes en la participación de las organizaciones sociales, la nueva mirada del sector privado a través de la responsabilidad social empresarial, el compromiso más intenso de los ciudadanos con su propio desarrollo.

Es decir, el camino recorrido se cruza con la nueva administración en el punto preciso para promover la ejecución de obras a pequeña, mediana y gran escala y acercarnos así a que seamos razonables: ¡busquemos lo imposible! — retomando la frase de Cohn-Bendit, vocero de los indignados de mayo de 1968 en París —.

Economista, magister en economía, especialista en gestión municipal y experta en temas de hábitat.
 

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