¿Llegó la paz a la península coreana? - Razón Pública
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¿Llegó la paz a la península coreana?

Escrito por Pío García
Diálogos entre los presidentes Donald Trump y Kim Jong-Un.

Pio garciaEn qué consistiría la negociación, cómo podría llegarse un acuerdo y qué tanto se ha avanzado en el diálogo entre Estados Unidos, Corea del Norte y Corea del Sur.

Pío García*

Un giro inesperado

Después de meses de intercambiar insultos, el 9 de junio los mandatarios de Corea del Norte y Estados Unidos se encontraron en Singapur, dialogaron y emitieron un comunicado conjunto.

Ambas partes se comprometieron a:

  • Crear el ambiente propicio para una paz segura y duradera;
  • Promover el desarrollo económico, y
  • Terminar de ubicar y repatriar a los soldados estadounidenses muertos o perdidos en la Guerra de Corea (1950-1953).

Nunca antes los jefes de gobierno de estos dos países habían accedido a encontrarse. Apenas en enero pasado el empresario-presidente Donald Trump amenazaba con fiereza a Kim Jong-un, el “pequeño hombre cohete”, mientras este prometía responder con bombardeos a las ciudades de Estados Unidos.

¿A qué se debe este giro inusitado hacia el entendimiento y la cooperación? ¿Qué tan probable es desactivar la amenaza nuclear norcoreana?

Lea en RP: Kim Jong-Un, el imprudente mariscal.

Negociaciones en la península

Marcha en Corea del Norte.
Marcha en Corea del Norte.
Foto: Wikimedia Commons

El diálogo reciente entre Corea del Norte y Estados Unidos se suma a las anteriores iniciativas de paz entre las dos partes de la península coreana.

  1. El primer intento serio llegó con el fin de la Guerra Fría.

En 1994, Kim Jong-il –padre del joven Jong-un– creó, con una coalición de países, la Organización para el Desarrollo de la Energía en la Península de Corea (KEDO por sus siglas en inglés). El propósito de esta organización era construir en la ciudad de Kuhmo una planta de energía atómica de uso civil con reactores de agua ligera y desmontar los ahora obsoletos reactores Magnox de investigación atómica militar que estaban en la ciudad de Yongbyon.

Para atender las necesidades energéticas norcoreanas, se previó un plan a diez años para que Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y la Agencia Atómica Europea proveyeran petróleo, tecnología, soporte financiero y asistencia técnica a Corea del Norte. Sin embargo primó la desconfianza mutua, la ayuda externa nunca fue efectiva y la carrera nuclear de Pyongyang siguió su marcha.

El encuentro de Singapur colmó el deseo de protagonismo de los dos mandatarios y el afán de espectacularidad de los medios masivos de comunicación.
  1. Entre 2003 y 2007, a instancias de China, se produjo una ronda de negociaciones que involucró a seis países –las dos Coreas, China, Japón, Rusia y Estados Unidos– en un intento mucho más fiable de poner fin al conflicto.

Hacia el final del proceso los ensayos en Yongbyon se paralizaron y parecía inminente el éxito diplomático. No obstante, la continuidad de las operaciones militares conjuntas de Corea del Sur y Estados Unidos y la remilitarización de Japón sirvieron de argumento a Corea del Norte para nuevos ensayos de misiles y pruebas atómicas avanzadas.

El conflicto persistió hasta llegar al escenario de ultrajes mutuos entre Kim Jong-un y Trump que crispó los nervios de todo el mundo en 2017. En enero de 2018 el ataque de Estados Unidos a Corea del Norte parecía inminente.

Le recomendamos: ¿Quién puede -y quiere- parar a Corea del Norte?

La pieza faltante

El encuentro de Singapur colmó el deseo de protagonismo de los dos mandatarios y el afán de espectacularidad de los medios masivos de comunicación.

El hecho de que dos enemigos declarados se encuentren y dialoguen es por supuesto un buen mensaje para el mundo. Pero no hubo avances efectivos y la construcción de la paz en la península es una tarea dispendiosa que tomará un buen tiempo para concretarse.

Gran parte de las condiciones favorables están dadas:

  • El desespero económico norcoreano;
  • La firme voluntad de pacificación y unificación de la península por parte de Corea del Sur;
  • El respaldo de China, y
  • El respaldo de Estados Unidos (aparentemente).

Pero falta una pieza fundamental: la instancia supervisora, que no puede ser otra que la Agencia Internacional de Energía Atómica, entidad de Naciones Unidas especializada en la materia. Gracias a esta Agencia en 2015 fue posible el acuerdo con Irán; el mismo que Trump quiso hundir al retirar a su país.

Tanto KEDO como la ronda de seis fracasaron precisamente por la ausencia de un facilitador que mediara en las discusiones y garantizara el cumplimiento de los acuerdos. A falta de instrumentos de este tipo en Asia –como sí existen en Europa y en América–, la organización más efectiva para la labor es la ONU. Así la comunidad mundial podría acompañar y sostener este proceso dispendioso y costoso.

Las condiciones de negociación

Presidente surcoreano Moon Jae-In.
Presidente surcoreano Moon Jae-In.
Foto: Wikimedia Commons

Los intereses geopolíticos son la gran piedra en el zapato de las negociaciones.

En buena medida, el diálogo entre Kim Jong-un y Trump responde a la pretensión norcoreana de negociar de manera bilateral con Estados Unidos. Este interés se debe a que la presencia militar de este país en Corea del Sur ha sido la justificación norcoreana para dotarse de armamento atómico, pues la considera una amenaza a su seguridad. En consecuencia, ha solicitado siempre la suspensión de los ensayos militares conjuntos de Corea del Sur y Estados Unidos, así como el retiro de las bases de este último en suelo coreano.

La semana siguiente al encuentro de Singapur, Estados Unidos y Corea del Sur expresaron su disposición de suspender los ejercicios militares. Sin embargo, Washington no manifiesta la más mínima voluntad de levantar las bases, la mayor de las cuales se encuentra en el corazón de Seúl.

Todo indica que, por ahora, ni Trump ni los republicanos del Congreso están dispuestos a recortar el paraguas estratégico que tienen alrededor de China y del borde ruso en Asia, y que cuenta con cincuenta mil soldados, equipo bélico de última generación y más de veinte instalaciones operativas propias en Corea y Japón.

El componente económico también es vital.

Los intereses geopolíticos son la gran piedra en el zapato de las negociaciones.

Corea del Norte se encuentra en una crisis profunda. Ha sido golpeada por una serie de eventos naturales, como la sequía y las inundaciones posteriores cuando cambió el ciclo climático. Además, enfrenta las sanciones que le ha impuesto el Consejo de Seguridad de la ONU y los terribles efectos de estas sobre la producción y el bienestar de la población.

La última de ellas (Resolución 2371 de 2017) privó al país de insumos esenciales –carbón, hierro y mineral de hierro– como castigo por el ensayo de misiles intercontinentales. Resoluciones previas habían prohibido exportar a Corea del Norte petróleo, equipos electrónicos y hasta alimentos. Un paquete recio de ayuda económica y financiera será, por lo tanto, una de las condiciones que pondrá Kim en la mesa de negociaciones.

Pasos a seguir

Para el análisis de la situación presente y de sus perspectivas es indispensable reconocer que el facilitador del cambio intempestivo de la situación coreana –y de su posible desenlace favorable– es el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-In. Este hombre llegó al poder en mayo de 2017 para cumplir su objetivo de toda la vida: la reunificación de la península. Hasta ahora, su estrategia ha rendido los primeros frutos y es probable que durante los próximos tres años logre mantener el impulso de la reconciliación.

La primera meta es acordar con las partes la ayuda a Corea del Norte a cambio de que abandone su capacidad atómica para dedicarse a la producción de energía eléctrica mediante un plan supervisado por Naciones Unidas. Este paso estaría acompañado de la firma de un tratado de paz entre las dos partes de la dividida península.

Después vendría el programa para la reunificación con unidad económica, pero con diferencia administrativa, ya que Corea del Norte mantendría su gobierno por un tiempo prudencial.

Finalmente, para lograr el retiro militar de Estados Unidos es probable que las dos coreas tengan que declararse neutrales en la contienda geopolítica y mermar su capacidad de defensa.

* Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

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