La Tercera Ola - Razón Pública

La Tercera Ola

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La Tercera Ola (The Third Wave)
Ensayo-relato de Ron Jones
1972

Reseña escrita por Víctor Manuel Robledo

La Ola (The Wave)
Basada en un relato breve de Ron Jones
Dirección: Alex Grasshoff
Teleplay: Johnny Dawkins
Estados Unidos, 1981
  
La Ola (Die Welle)
Dirección: Dennis Gansel
Alemania, 2008
Guión: Dennis Gansel y Peter Thorwart, basado en el relato de Ron Jones y en el guión de Johnny Dawkins

Lunes, 10 de mayo de 2010

 Dennis Gansel, el director de La Ola, ya había hecho otra película sobre el nazismo, Napola (2004), también con protagonistas jóvenes que convierten su adhesión o rechazo a la ola del nacional-socialismo en una cuestión existencial, intensamente vivida y con un fin trágico para el joven que decide oponerse, en la medida de sus posibilidades.

Esta nueva película, La Ola, se basa en un hecho real, ocurrido en una escuela secundaria de Palo Alto, California, en 1967. Gansel traslada la anécdota a una escuela alemana y a una época posterior, más cercana al espectador actual, en un ambiente cultural que ya no es el de los sesenta con su convulsionada atmósfera política, sus movimientos de rebeldía estudiantil, la lucha por los derechos civiles, la nueva izquierda y demás. En la película de Gansel se muestra un entorno estudiantil más conformista, más escéptico y menos interesado en aventuras políticas o de agitación cultural. Incluso los productores tuvieron muy claro desde el principio que la acción iba a desarrollarse en un ambiente protegido, en el que la gente viviera con comodidad y los estudiantes no estuvieran sometidos a presiones económicas. Pero la anécdota sigue los lineamientos generales que ya había trazado el protagonista del hecho real, el profesor Ron Jones, en un texto escrito en 1972, titulado The Third Wave, y una primera película, The Wave, realizada en 1981 por Alex Grasshoff, adaptación para la televisión del relato de Jones.

El marco temporal del relato, reducido a una semana y segmentado en seis partes que corresponden a cada día de la semana, ya está diseñado en el recuento de Jones y es respetado tanto en la película de Grasshoff como en la de Gansel. Lo que sucede en ese corto lapso es un proceso pedagógico en forma de experimento, éste como resultado de una pregunta que surge en la clase con motivo de una exposición sobre el nazismo: "¿cómo pudo ignorar la gente común la existencia de los campos de concentración y el holocausto?", "¿podría esto suceder en los Estados Unidos?". En la película alemana, la pregunta es: "¿podría ese episodio de la historia repetirse en la Alemania de hoy?". El profesor decide dedicar una semana a responder la pregunta. Y no a resolverla con explicaciones sobre el pasado sino a convertirla, mediante un juego de simulación, en una experiencia personal de cada alumno.

El lunes, según el relato de Jones, la clase estuvo dedicada a una de las experiencias básicas de la Alemania nazi: la disciplina. El profesor enseña que la disciplina es bella y lo acompaña de una serie de normas que van desde cómo sentarse hasta cómo responder una pregunta, de la manera más breve, dos o tres palabras, precedidas siempre por la fórmula de respeto a la autoridad: "Señor Jones". Lo admirable está en la manera como los estudiantes aceptan rápidamente y sin resistencia la imposición de las nuevas reglas de conducta, lo cual lleva al profesor a preguntarse hasta qué límite podrían ser conducidos de esa manera. La obediencia hace parte de las reglas de un juego momentáneo, pero Jones entra en duda: tal vez hay en el fondo, un deseo de disciplina y uniformidad que podría entenderse como una necesidad natural o un instinto social oculto pero que se manifiesta al asomo de la menor oportunidad.  

El martes, al entrar a clase, el profesor encuentra a sus alumnos sentados en silencio, con un orden y una compostura inusuales en ellos. Ni risas ni miradas de complicidad. Entonces escribe en el tablero la primera consigna: "FUERZA A TRAVÉS DE LA DISCIPLINA". Y debajo, la segunda: "FUERZA A TRAVÉS DE LA COMUNIDAD". Jones confiesa que en un momento tan temprano del experimento, ya había comenzado a pensar si debía terminarlo de una vez. Pero había aún demasiado por entender y aclarar. ¿Por qué los estudiantes aceptaban tan fácilmente su autoridad? ¿Sólo porque se trataba de una simulación? La comunidad, les dice, es la cohesión entre personas que trabajan y luchan unidas por la misma causa. Es el sentimiento de que eres parte, más allá de ti mismo, de un movimiento, de una causa, de un partido, de un equipo. Para entender la comunidad, igual que la disciplina, había que experimentarla. Aquí el profesor les pide que se pongan de pie y reciten al unísono las dos consignas. Las repiten, cada vez en un volumen más alto, y cada vez se sienten más unidos; comienzan a experimentar el poder que da pertenecer a un conjunto que es más fuerte que cada individuo. Por primera vez están haciendo algo juntos, no compitiendo. En este momento, escribe Jones, "me sentí parte del experimento". Lo disfruta, siente también él el placer de la acción disciplinada y de la identidad comunitaria. El fascismo comenzaba a ser una experiencia vivida para todos. Surge, ahí mismo, la iniciativa de un saludo que sea sólo de los miembros del grupo y la necesidad de un nombre. El saludo oficial se convierte en otra norma y una seña de identidad con la cual pueden excluir a los que no pertenecen. Muchos estudiantes de otras clases piden su admisión en el movimiento que ahora se llama "La tercera ola".

En la película de Gansel aparece un elemento que no se encuentra en el texto de Jones ni en la película de 1981: la necesidad de un enemigo común que aumente la cohesión del grupo. Ese enemigo, en el caso concreto de esta clase, está representado por los del salón de abajo, que reciben un aburrido curso de anarquismo. Uno de los ejercicios de disciplina es la imitación de una marcha militar nazi, con un ruido tal que provoca la protesta del profesor, no de los alumnos. El profesor de anarquismo es, en esta película, una encarnación del autoritarismo, mientras el profesor de autocracia, por contraste, muestra fuertes simpatías por el anarquismo. Más adelante, ocurren escaramuzas entre "La ola" y un grupo de anarquistas de fuera de la escuela, cuando "La ola" ya se ha convertido en un fenómeno que atrae la atención más allá de las aulas de clase. Para entonces, los miembros del movimiento ostentan como uniforme una camisa blanca que los identifica frente a los de fuera. Los aspectos positivos del experimento se dejan ver: unión, apoyo mutuo en lugar de competencia, igualdad entre los miembros. La hostilidad se ha desplazado hacia afuera, hacia los no incluidos. Otra diferencia interesante de esta película con respecto a la de Grasshoff y al relato de Jones: el profesor aquí no da cátedra magistral sobre el fascismo. El curso se desarrolla con base en las preguntas del profesor y las respuestas de los alumnos. Por lo demás, el profesor se convierte en un dictador, como parte previsible del juego.

El miércoles aparecen los carnets que identifican a los miembros del grupo. Algunos de los carnets están marcados con una X, señal con la cual se asigna una tarea especial de vigilancia sobre los otros. Con esto se inaugura la policía secreta del movimiento, un sistema de espionaje que se extiende hasta la vida privada de los miembros sospechosos de no cumplir las reglas. Se convierte en un deber de cada miembro espiar e informar a la autoridad sobre la conducta de los otros. Ahora el líder explica que no basta la fuerza de la disciplina y de la comunidad si esto no se traduce en acción. Comienza a sospechar que los estudiantes estarían dispuestos a hacer cualquier cosa que él les ordene. Al mismo tiempo, se inicia una tímida disidencia: dos mujeres que, en la película de Ganse, adquieren cierto protagonismo hacia el final del relato, piensan que el experimento ha ido demasiado lejos y puede terminar mal. Una de ellas es novia de un entusiasta de "La ola", y por esta causa sobreviene el rompimiento de la relación. Son las dos sobresalientes del curso, pero ahora la capacidad intelectual de razonar y cuestionar ha sido sustituida por la cohesión social y la actitud marcial. Robert, el excluido del curso por su escasa habilidad académica, ha logrado un lugar visible, consigue un arma y pide ser el guardaespaldas del líder.

El jueves, dice el escrito de Jones, el profesor ya ha olvidado el sentido del experimento, su finalidad pedagógica racional. Ahora siente que está actuando instintivamente como un dictador. Se pregunta cuál sería el efecto que tendría sobre sus alumnos el anuncio de que ha decidido poner fin a "La ola". Pero toma la decisión contraria: anuncia que "La ola" no es sólo un experimento didáctico sino algo mucho más importante que eso. Es un programa que se está llevando a cabo a lo largo de todo el país para luchar por un cambio político, la construcción de una sociedad mejor por medio de la disciplina, la comunidad, el orgullo nacional y la acción. Cambiar el destino de la nación es la meta. Invita a todos los militantes a una reunión que tendrá lugar al día siguiente, viernes, con una conferencia de prensa y la alocución de un líder nacional.

El viernes, día final del experimento, reunidos en el auditorio, se oyen las voces que corean las conocidas consignas sobre disciplina, comunidad y acción. Hay una pantalla de televisión donde debe aparecer el líder anunciado. Todas las miradas están fijas en ella, pero el rostro del candidato político del movimiento no aparece. El profesor se dirige a los alumnos y los sorprende con estas palabras: "Escuchen. No hay líder ni juventud nacional organizada llamada "La tercera ola". Han sido manipulados. Ustedes no son mejores ni peores que los nazis alemanes que hemos estado estudiando". Luego aparece en el televisor la figura de Hitler y se oye su voz. "Ése es el líder", les dice. "Hemos comprobado que el fascismo no es algo que otros han hecho. Está aquí, en este salón, en nuestros hábitos personales y nuestra forma de vida. Raspamos la superficie y aparece. Es algo que está dentro de nosotros. Lo llevamos como una enfermedad". El escrito de Jones, igual que la película de Grasshoff, termina aquí, con algunos sollozos de los alumnos y un desfile silencioso hacia la puerta de salida.

La película de Dennis Gansel tiene un final distinto. El último día no es el viernes sino el sábado y el profesor da inicio a la reunión con un discurso demagógico y provocador en el que anuncia que "La ola" sigue y arrasará a Alemania y a todo el que se oponga. Luego pone de chivo espiatorio a un estudiante que a última hora se ha convertido en opositor, ordena que lo arrastren ante él y simula que está consultando a la asamblea cuál es el castigo que merece. La reacción del grupo es unánime y parece apoyar lo que el líder ordene. Cuando ha logrado llevar el fanatismo de los asistentes hasta un punto límite, les da el golpe final: "esto es la autocracia", les dice. Lo que queríamos averiguar: si todavía es posible una dictadura, ya tiene una respuesta. No habla de nazismo ni aparece Hitler. Anuncia simplemente que "La ola" ha llegado a su fin. Ganse, sin embargo, quiere ir más allá, y mostrar consecuencias que eran posibles en el experimento real de Jones, pero no se dieron. Tim, el mismo Robert del relato de Jones, saca su revólver, dispara sobre uno de los compañeros y luego se suicida delante de todos. El dramatismo extremo de la escena contrasta con el final, relativamente apacible de la otra película y del relato de Jones, quien cuenta que cuando, por casualidad, se ha encontrado con alumnos que participaron en el experimento, pueden bromear un poco al respecto. El profesor de Ganse, por el contrario, termina en la cárcel, después de haber destrozado su matrimonio.

La película de Grasshoff es una adaptación fiel del escrito de Jones. Mantiene un tono didáctico y la intención de llevar al espectador un mensaje político contra el fascismo, si bien particularmente vívido, por su carácter experimental. Casi todo lo que ocurre en ella se circunscribe al aula, al proyecto pedagógico. En la película de Ganse, el proceso sale del aula y tiene repercusiones no sólo en las familias de los estudiantes sino en el resto de la sociedad. Por eso, es más verosímil que todo ocurra durante cinco días en la cinta de Grasshoff que en seis en la de Ganse: hay demasiado contenido y los cambios en los personajes son demasiado profundos para tan corta duración. Además, Ganse omite casi por completo los discursos ideológicos y traslada toda la atención a las preguntas y las conductas de los alumnos. Entre éstos, hay algunos pocos que tienen vida propia en la película, lo cual implica que sus amores o sus conflictos familiares reclaman un tratamiento, si bien escueto, individualizado. La película alemana no quiere ser una más sobre el nazismo: éste se menciona sólo una vez, en la primera discusión en la clase, cuando un estudiante dice que ya es suficiente con ese tema y que eso jamás volverá a ocurrir. Pero la película se refiere tácitamente al fantasma del nazismo que todavía ronda y se oculta en cada uno bajo ciertas formas de la vida cotidiana de hoy. Ganse proclama con todo el patetismo de las escenas finales que sí puede volver a ocurrir.

NOTA: El texto de Ron Jones, The Third Wave, puede leerse, en inglés, en la página web thewave.tk. La película de Alex Grasshoff, The Wave, puede verse completa, en YouTube.

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Víctor Robledo
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