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La higiene menstrual: un asunto público

Escrito por Liany Ruiz - Jorge Martin
Liany-Ruiz
Jorge Martín Rodríguez

Con el lanzamiento del subsidio menstrual de Comfama, vuelve el debate sobre los derechos menstruales. Estos son los avances y los retos para garantizar la higiene menstrual en Colombia.

Liany Katerine Ariza* y Jorge Martin Rodriguez**

El primer subsidio menstrual

En octubre la caja de compensación antioqueña Comfama lanzó el primer subsidio menstrual en Colombia.

Con este subsidio personas entre los 12 a los 18 años afiliadas a Comfama podrán recibir un subsidio para acceder a insumos como la copa menstrual, calzones absorbentes o toallas higiénicas reutilizables.

Aunque para algunos es una noticia de poca importancia, esta es una iniciativa que pone sobre la mesa la existencia de la menstruación y la necesidad de regular su manejo.

Estos temas en el mundo y en Colombia han sido poco o nada expuestos, pues sobre ellos existen múltiples tabúes y estigmas que dan lugar a inequidades para las mujeres.

Por ello, la UNICEF empezó a investigar sobre las condiciones que hacen posible o no el Manejo de la Higiene Menstrual (MHM) en niñas y adolescentes de países en desarrollo. De esta manera se proponen avanzar en la concertación de estrategias que mejoren la gestión de la higiene menstrual en poblaciones vulnerables.

Menstruación e inequidad de género

En este marco, con UNICEF y el Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana, llevamos a cabo una investigación sobre el manejo de la higiene menstrual en escuelas rurales del pacifico colombiano.

Esta investigación mostró las maneras diferentes como los colombianos perciben la relación entre la menstruación y la inequidad frente a las mujeres:

Los trabajadores encuestados de Entes Territoriales de Salud, del Ministerio y las secretarías municipales de educación, los rectores y profesores coincidieron en creer que la menstruación no afecta la vida y equidad de género de las niñas y adolescentes.  Inclusive una alta directiva nacional comentó que la menstruación no era un tema prioritario, ya que existían asuntos más importantes asociados con la igualdad de género.

Varias participantes manifestaron que cuando menstrúan dejan de asistir a clases.

Por el contrario, cuando hablamos con las niñas, adolescentes, madres, profesoras y otras mujeres en los territorios, todas tuvieron una historia que compartir sobre la menstruación. Algunas contaron que vivieron su menarquia sin información y creyeron que se habían golpeado, reventado por dentro o que estaban muriendo.

Otras manifestaron vergüenza por menstruar, el temor que sentían a mancharse o a tener algún olor que delatara que estaban menstruando. Temían los señalamientos y burlas que recibían cuando eran “descubiertas”.

Narraron las dificultades de menstruar y estudiar por las cargas negativas asociadas con la menstruación, pero también por los cólicos; la falta de baños con puertas, agua, papel y jabón; la imposibilidad de cambiarse los materiales absorbentes, lavar sus uniformes en caso de haberlos manchado o para descargar el agua después de asistir al sanitario.

Ante las dificultades de las instituciones educativas para acceder a los elementos mínimos, varias participantes manifestaron que cuando menstrúan dejan de asistir a clases. Cuando asisten lo hacen apenas a una parte de la jornada que corresponde al tiempo que dura la toalla higiénica o el tampón.

Foto: Alcaldía de Bogotá - Trabajar para que las mujeres puedan vivir digna y tranquilamente su menstruación, es un aporte fundamental para avanzar en la equidad de género en Colombia.

Sí. Las mujeres menstrúan

Estos son ejemplos de cómo la inatención a la higiene menstrual aumenta la inequidad para las mujeres.

¿Por qué razón una mujer tiene que sentir vergüenza de la menstruación?, ¿por qué las jóvenes no pueden acceder a un baño para cambiarse la toalla higiénica u otro material?, ¿por qué deben perder horas y días de clase debido a la precariedad de espacios e insumos?

Si bien no hay ninguna razón legítima para que estas cosas ocurran, muchas mujeres pasan por esto día a día, Es más, estas situaciones suceden a los ojos de todos, pero el poder del tabú sobre la menstruación hace que nadie lo considere un problema.

Por esta razón, la menstruación no es un tema central de la política ni de las preocupaciones sociales. Más bien, se configura como un asunto que deben resolver las mujeres por sí solas.

Así, la menstruación se convierte en un mecanismo por medio del cual se instituyen dispositivos de inequidad y desigualdad como los anteriormente mencionados.

Menstruación y pobreza

En contextos de alta informalidad laboral y bajos ingresos, tan extendidos en Colombia, hay que sumar las dificultades de acceso y compra de insumos suficientes para manejar la menstruación.

Una mujer con un sangrado promedio puede usar entre 8 y 10 toallas higiénicas durante su periodo menstrual, mientras que las mujeres con un sangrado abundante pueden necesitar el doble de estos materiales. El costo promedio de un paquete de toallas higiénicas de 8 a 10 unidades puede oscilar entre cinco y diez mil pesos. Como este valor varía según la marca y el territorio, en los lugares más alejados el precio de las toallas higiénicas es mayor.

Es un hecho: las mujeres necesitan insumos para manejar la sangre del periodo menstrual; estos insumos son indispensables y costosos, y no todas pueden acceder a ellos por las condiciones sociales de Colombia.

De acuerdo con la investigación, en las zonas rurales del pacifico colombiano varias participantes “ahorran” las toallas higiénicas de forma insalubre. Usan las toallas durante más tiempo —así estén llenas— para que les queden para el siguiente periodo, pues sus madres y padres no siempre cuentan con el dinero para comprar estos insumos.

Este ahorro implica mayor riesgo de manchado para las niñas y adolescentes, así como quemaduras por el contacto con la humedad. Incluso, en algunas instituciones educativas estudiantes no tenían con que comprar las toallas higiénicas y usaban trapos. Las profesoras u otras mujeres les regalaban estos materiales.

Es un hecho: las mujeres necesitan insumos para manejar la sangre del periodo menstrual; estos insumos son indispensables y costosos, y no todas pueden acceder a ellos por las condiciones sociales de Colombia.

Más allá del subsidio menstrual

Por tanto, el subsidio a la menstruación no es un tema menor ni una nota curiosa. Es una acción que permite a las jóvenes entre 12 y 18 años acceder a los materiales que necesitan para manejar su menstruación a menor costo.

Además, los elementos que subsidian para el manejo de la menstruación son reutilizables, de modo que ganan las mujeres, pero también el planeta por la disminución de residuos.

No obstante, el subsidio de Comfama solo beneficiará a las personas afiliadas a la caja de compensación, es decir, familiares de trabajadores formales o independientes.

Este subsidio aún no llega a los hogares de personas que no tienen trabajo o lo hacen de manera informal. Por tanto, no llega a las mujeres que probablemente tienen una mayor dificultad de acceso a los insumos para el manejo de la menstruación.

Si bien lo propuesto por Comfama es un avance, aún son necesarias acciones públicas que permita el acceso a una buena higiene menstrual, tanto nacional como regionalmente.

No debemos olvidar que el acceso a estos materiales es apenas uno de los puntos para trabajar desde la política y lo social, pues es necesario transformar los tabúes asociados con la menstruación.

Debemos trabajar por una sociedad más solidaria con las mujeres durante su menstruación: que el dolor y el malestar por los cólicos no sea motivo de burla o indiferencia; que cuando una mujer se manche no sean señaladas, y que obtengan información de calidad antes de la menarquia.

Así mismo debemos realizar acciones directas en los territorios y en las escuelas que garanticen que ninguna niña, adolescente o joven se vea obligada a perder horas de clase o no asistir al colegio por estar menstruando. La educación favorece la libertad y la autonomía de las mujeres y al mismo tiempo amplía el campo de oportunidades para ellas.

Trabajar para que las mujeres puedan vivir digna y tranquilamente su menstruación, definitivamente es un aporte fundamental para avanzar en la equidad de género en Colombia.

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