Justicia transicional: ¿qué es y para qué sirve? - Razón Pública
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Justicia transicional: ¿qué es y para qué sirve?

Escrito por Gustavo Salazar
El actual Presidente de Rwanda, Paul Kagame.

El actual Presidente de Rwanda, Paul Kagame.

Gustavo Salazar

La experiencia de Argentina y la de Ruanda sirven para aclarar qué no es, qué sí es, y de cuáles maneras contribuye a la paz esta figura tan mencionada pero tan mal entendida por parte de muchos colombianos.    

Gustavo Salazar Arbeláez*

Ejemplos y preguntas

1. En octubre de 1989 el entonces presidente de Argentina Carlos Menem promulgó una ley de indulto, como respuesta a la inestabilidad institucional que produjo el ataque a las instalaciones militares de La Tablada por parte de integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en enero del mismo año.

La Tablada se sumaba a las rebeliones de un grupo de militares, los “Cara Pintada”, que en meses anteriores se habían negado a cumplir las 450 órdenes de captura expedidas por tribunales civiles contra militares a raíz de sus crímenes cometidos bajo la dictadura de 1976 a 1983.  

El gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989) había estado asfixiado por la tensión entre el temor a una nueva dictadura, la exigencia de respeto a la amnistía que él mismo había  promulgado en 1986 y los reclamos de  justicia por parte de las víctimas.

Menem, como presidente entrante, concedió el indulto a todos quienes habían sido condenados o estaban siendo juzgados por actos de terrorismo subversivo o estatal, por mal comportamiento durante la guerra, o por rebelarse contra las instituciones democráticas. Los beneficios se extendieron incluso a los principales oficiales responsables de  organizar  la maquinaria del terror, con el propósito de “reconciliar a diferentes sectores de la ´familia Argentina´”. Las víctimas se consideraron burladas.

2. Armados de machetes y de porras, entre abril y julio de 1994 decenas de miles de Hutu se arrojaron sobre sus vecinos Tutsis y Hutus moderados en Ruanda. Un millón de cuerpos fue el resultado de este frenesí asesino que terminó solo cuando el Frente Patriótico Ruandés, bajo la jefatura de Paul Kagame, tomó el poder y puso en huida a las milicias Hutu (paramilitares conocidos como el Interahamwe).  

Entre 1994 y 2004 el gobierno de Ruanda centró sus esfuerzos en capturar y condenar a los responsables, hasta llegar a recluir en las cárceles a 130.000 sospechosos. Para 2009 el listado de implicados en el genocidio ascendía a 761.000, pero tan solo cerca de 10.000 sentencias habían sido proferidas. El hacinamiento en las cárceles impedía un trato digno a los victimarios, miles de los cuales habían muerto en reclusión.

El dolor, el miedo y el odio de las víctimas no se desvanecían. El gobierno tomó decisiones radicales:

  • Ante la imposibilidad y sinsentido de juzgar y condenar a todos los sindicados en tribunales formales, dio fuerza a los Tribunales comunitarios (los Gacaca tribunals), para lo cual creo cuatro grados de responsabilidad que permitieron procedimientos más expeditos y respuestas comunitarias. El programa operó entre el 2002 y el 2012 y procesó 2 millones de casos.
  • Sin embargo, la decisión más osada fue empezar a liberar a miles de sindicados a partir del 2002. Para el 2006, más de 50.000 presuntos responsables de genocidio habían sido puestos en libertad e incorporados a programas de reconciliación.

Estas dos situaciones ilustran los alcances de la justicia transicional, sugieren las preguntas que plantea y muestra por qué ellas no tienen una respuesta única: ¿Cómo debe entenderse esta justicia?, ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Sirve para  construir la paz? ¿Cuál es el lugar de las víctimas? ¿Qué tanta justicia? ¿Qué lugar tiene el perdón?

En este breve texto intento una aproximación a las respuestas, con la única intención de  mostrar la complejidad del tema y la imposibilidad de reducir la discusión a la respuesta penal y al falso dilema entre impunidad y paz.

El abogado y co-fundador del Centro para la Justicia Transicional, Paul Van Zyl.
El abogado y co-fundador del Centro para la Justicia Transicional, Paul Van Zyl.
Foto: Kris Krüg

La justicia transicional y sus objetivos

Son muchas las alusiones y propuestas equívocas que suelen hacerse en nombre de la “justicia transicional”. Por eso hay que aclarar primero lo que no es:

1. La justicia transicional no significa ni puede significar perdón y olvido, aunque implique dosis de perdón y de olvido.

El olvido, invocado a menudo por los victimarios, debe resultar de la decisión de las víctimas,  y de sus necesidades como parte del proceso de reconstrucción de una sociedad. Toda memoria implica olvido, pero su definición debe ser un proceso social, no una imposición.

Por su parte el perdón, aunque facilite la reconciliación y permita que las víctimas sanen con más facilidad, no les es exigible y pertenece al fuero interno y privadísimo de éstas.

2.  La justicia transicional no puede equipararse a la impunidad, y por tanto a amnistías o perdones recíprocos totales. Pero dado el propósito de reconciliación, aquí se aceptan las amnistías parciales y una menor provisión de justicia punitiva.

La imposibilidad de amnistiar los crímenes internacionales (genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad) no impide que, en aras del bien supremo de la paz y la reconciliación, el Estado pueda disminuir penas, establecer mecanismos de reparación, señalar penas alternativas o definir formas y centros de reclusión.

La Corte Interamericana de Derecho Humanos, en la sentencia Masacre de El Mozote vs El Salvador, señaló que en el contexto de resolución de un conflicto armado se da “la aplicación de la justicia penal desarrollada en un marco de ponderación” combinada con provisión de verdad, reparaciones, reformas institucionales y mecanismos de atención.

3. La justicia transicional no constituye un escenario privilegiado para la venganza contra  los victimarios, si bien implica rendición de cuentas por los hechos atroces y exige que los perpetradores admitan sus responsabilidades por los crímenes cometidos, sin excusas ni mitigaciones.

Si las víctimas deben asumir “pérdidas irreparables, dolor y rabia, el victimario debe asumir el costo de la vergüenza, vulnerabilidad y la necesidad de compensar sus actos” (Walker, 2006, p.6)

¿Para qué entonces, la justicia transicional?

Esta justicia busca reconstruir una sociedad fracturada por la violencia y a la cual deben ser incorporados, con sus derechos y deberes, tanto las víctimas, de manera prioritaria, como los victimarios. Los enjuiciamientos promueven la confianza cívica “en la medida en que reafirman la importancia de las normas que los perpetradores han violado” De Greiff Pablo.  

El proceso debe permitir a las víctimas, como sujetos de derechos, ganar lo que han perdido: “autorespeto, evitar la culpa y, sobre todo, restablecer el equilibrio moral, recuperar la confianza, la esperanza y la posibilidad de vivir sin terror, sintiéndose a salvo de aquellos que le hicieron daño. Por último, perdonar, si así lo eligen” (Walker, 2006, p. 19).

La justicia transicional es justicia en sentido lato, lo cual implica que sus cuatro componentes -verdad, justicia, reparación y reformas institucionales- deben servir para consolidar la existencia de ciudadanos con derechos iguales y efectivos, y para reconocer un lugar prioritario a las víctimas en el espacio público.

130 indígenas Embera Katío víctimas de desplazamiento forzado, retornan al Carmen del Atrato en Chocó.
130 indígenas Embera Katío víctimas de desplazamiento forzado, retornan al Carmen
del Atrato en Chocó.
Foto: Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas

¿Sirve para la paz?

Naciones Unidas define justicia transicional como la respuesta a “los problemas derivados de un pasado de abusos a gran escala… a fin de servir a la justicia y lograr la reconciliación”. Es decir, la reconciliación es propósito esencial y punto de llegada de la justicia transicional.

Paul Van Zyl ratifica la idea anterior al precisar que la justicia transicional debe entenderse “como el esfuerzo por construir paz sostenible tras un período de conflicto, violencia masiva o violación sistemática de los derechos humanos”, en la medida en que “el desarrollo de una estrategia de construcción de la paz postconflicto debe estar basado en un riguroso examen de las causas, la naturaleza y los efectos del conflicto previo”. Por eso los Estados  “tienen que equilibrar las necesidades individuales de justicia con las exigencias de carácter colectivo relacionadas con la pacificación y la reconciliación de una sociedad” Zalaquett.

El camino no es fácil. Como declaro en su momento una víctima sobreviviente en Ruanda Jean Paul Samputu: “El dolor fue tan grande que comencé a beber y a consumir drogas para olvidar. Quería cobrar venganza. Quería matar a Vincent. Pero como no podía encontrarlo, entonces empecé a matarme a mí mismo”.

Uno de los doce sobrevivientes de la masacre de Murambi en Ruanda, que cobró la vida de 3.000 personas, vio como regresaban a su casa, tras salir de prisión, los responsables de aquel crimen. Estaba aterrorizado. Cuando el presidente Paul Kagame le preguntó, “¿cómo lo manejaste? él respondió: “lo pude manejar porque estaba convencido de que esas decisiones imposibles nos estaban llevando a un lugar mejor”. Ruanda escogió lo imposible: permanecer unida y pensar en grande.
 

*Profesor Facultad Ciencia Política Universidad Javeriana. Abogado UNIANDES; Magister Ciencia Política UNIANDES; Master Europeo Conflicto, Migraciones, Cohesión social Universidad DEUSTO; Magister Historia UNIANDES. PHD Candidato estudios Interculturales Universidad DEUSTO. 

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