El fallo de La Boquilla es un atentado contra sus habitantes - Razón Pública
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El fallo de La Boquilla es un atentado contra sus habitantes

Escrito por Andreiza Anaya
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La decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar representa un retroceso en la defensa de la diversidad y la lucha por la equidad.

Andreiza Anaya*

Una decisión injusta

Recientemente, el Tribunal Administrativo de Bolívar decidió anular el título colectivo del Consejo Comunitario La Boquilla ubicado en la zona rural de Cartagena. Desde que me enteré de esta noticia, me pregunto varias cosas: ¿quién define lo que entendemos como ‘ruralidad’?, ¿quién garantiza los derechos de los territorios marginados y de sus habitantes?, ¿a quiénes les sirve que La Boquilla sea urbana?

Esta decisión desconoce la diversidad, revictimiza a los habitantes de La Boquilla, enaltece la gentrificación y entorpece el desarrollo social con enfoque diferencial. Un apartado del fallo justifica todo esto alegando que se trata simplemente de “un pequeño grupo de residentes”. Al parecer, la Ley 70 de 1993 no es suficiente para garantizar la dignidad y la vida de las y los pobladores afrocolombianos, negros, raizales y palenqueros.

Un llamado a la unidad

Este fallo es histórico para La Boquilla y para todos los territorios afrocolombianos ubicados en El Caribe y en el Pacífico. En vez de amedrentarnos, los afrocolombianos debemos unirnos para darle visibilidad a las injusticias que experimentamos en pleno siglo XXI y para obtener los derechos y el reconocimiento que merecemos.

Los intereses que encubre el fallo no son un secreto para nadie: los territorios étnicos poseen una gran biodiversidad y una posición geográfica estratégica codiciada por las constructoras hoteleras y las industrias extractivas propias del capitalismo. Unas y otras buscan saciar sus propios intereses económicos, no fomentar el desarrollo de los pobladores afro.

La Boquilla es la única zona con mar y playa de Cartagena en la que la comunidad afro sigue participando del sector turístico pese a que constantemente es hostigada para vender su territorio. Proponer que se convierta en un territorio urbano implica desconocer es un asentamiento histórico de pobladores afrocolombianos que realizan prácticas culturales comunitarias como la pesca artesanal y el turismo sostenible. La decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar desconoce los tambores que resuenan en La Boquilla y las narrativas de sus habitantes.

Liderazgos locales, conexiones globales

Sin embargo, el Consejo Comunitario no se ha resignado, y ya anunció que apelará la decisión. Sus habitantes han demostrado su talante inquebrantable en varias ocasiones: protestaron en los hoteles cercanos que colgaron avisos advirtiéndoles a los huéspedes que tuvieran “cuidado con los nativos”; protestaron por los manglares que fueron destruidos para construir el viaducto del gran manglar, y hoy por la urbanización forzada de su territorio.

Los liderazgos con agendas locales y conexiones globales son fundamentales para defender a La Boquilla, una de las comunidades que tiene más significado político porque fue el propio Barack Obama quien entregó la titulación colectiva a sus habitantes durante la Cumbre de las Américas de 2012.

Por fortuna, La Boquilla cuenta con muchos proyectos y líderes ejemplares: El Museo del Pescador liderado por Rodrigo, la Corporación Batámbora gestionada por Joel, Wuaidis y Deivis y el Colectivo de Comunicaciones Boquilla TV son tan solo algunos ejemplos de los jóvenes que trabajan todos los días por su comunidad.

Tristemente, la ceguera del Estado colombiano ante los derechos conquistados en el artículo 55 de la Constitución de 1991, parece sugerir que para defender nuestros derechos es necesario articular nuestras luchas con las de grupos de otros países. ¿Acaso tendremos que aliarnos —una vez más— con el Black Caucus de Estados Unidos para que nos respeten? ¿No son suficientes las voces álgidas, capacitas y conscientes de Colombia exigiendo respeto y haciendo caminos propios para defender y demostrar sus derechos?

Foto: Coronavirus Cartagena - ¿La Boquilla para quién?

Los grandes perdedores

Hace 14 años, cuando visité La Boquilla por primera vez, reconocí en esas tierras la ancestralidad de la negritú de mi tío Lucho y mi abuela Culiza en Berrugas, el olor a tierra y a estiércol de vaca en el caserío materno Los Bellos en María La Baja, y la dignidad de mi abuelita Estabana en las matronas que viven allí. Reconocí todo esto en otros lugares negros de Colombia: Quibdó, San Andrés Timbiquí y Palenque albergan nuestra cultura y nuestras luchas milenarias.

Siento los flagelos de La Boquilla como si fueran propios porque he visto con mis propios ojos que el abandono estatal conduce a muchos jóvenes a caer en las drogas, a embarazos adolescentes, al pandillismo, a la desescolariazación y obliga a muchas mujeres a arriesgar su vida viajando en moto o en lancha a la cabecera municipal para dar a luz.

La decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar reafirma el abandono estatal —tal como lo muestra el silencio del Ministerio público en el fallo— y pone en riesgo la conservación de las tradiciones afro, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo integral de las nuevas generaciones. Al exponerlas a la gentrificación y a la pérdida del territorio, este fallo perjudica especialmente a los niños, niñas y jóvenes afro. Son ellos los grandes perdedores, pues sin territorio no hay sostenibilidad, derechos ni identidad.

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