El debate público de hoy: la victoria de las vísceras sobre la razón - Razón Pública
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El debate público de hoy: la victoria de las vísceras sobre la razón

Escrito por Juan David Cárdenas
Fake news.

Fake news.

Juan David CardenasTrump, Bolsonaro…y la lista va en camino de aumentar.  ¿Cómo es posible que tantos votantes estén eligiendo propuestas de gobierno que no soportan un análisis racional?  

Juan David Cárdenas*

Tiempos de mentira en línea

Uno de los pilares de la democracia es el libre acceso a la información para poder tomar decisiones racionales. Y esto es especialmente cierto cuando los ciudadanos nos vemos abocados a elegir a las personas que regirán nuestro destino durante varios años.

Durante mucho tiempo los medios de comunicación tradicionales cumplieron la labor de difundir la información política. Estos medios se encargaban de establecer las agendas para el debate nacional, de construir los marcos para interpretar la realidad, de asegurar el equilibrio informativo, de hacer visibles a los actores políticos y de cumplir el papel “funcional” de ser guardianes y a la vez promotores de los valores democráticos.

Pero este equilibrio o este modelo de deliberación ciudadana comenzó a romperse con la aparición de la Internet y, posteriormente, con la masificación de las redes sociales. Y ahora observamos, cada vez con mayor preocupación, el ascenso de discursos radicalizados y la normalización de prácticas e ideas que otrora no habrían sido aceptadas por grandes sectores de la sociedad, como se vio en las recientes elecciones de Brasil.

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El ecosistema mediático contemporáneo tiene dos características preocupantes que han puesto sobre la mesa la discusión sobre la calidad de la opinión pública que se está construyendo:

  • La primera de ellas consiste en la aparición y consolidación de redes sociales que, para bien y para mal, les han dado voz a muchas personas que—de manera individual u organizadas como un medio de comunicación alternativo—han entrado a competir con los medios tradicionales en la producción informativa. Las redes les han dado entrada a actores nuevos a la puja por la definición e interpretación de la realidad.
Las redes les han dado entrada a actores nuevos a la puja por la definición e interpretación de la realidad. 
  • La segunda característica es la pérdida de espacio y, sobre todo, de credibilidad de los medios de comunicación tradicionales, los cuales tienen cada vez menos legitimidad ante los ojos de la ciudadanía. En la actualidad buena parte de la población se ha desplazado hacia medios alternativos, que no en todos los casos son fuentes rigurosas de información política.

Estas transformaciones del ecosistema mediático han sido acompañadas por estudios profundos de mercadeo político y por el diseño de estrategias electorales cada vez más más manipulativas.

Y esos dos instrumentos—las redes y las técnicas electorales—se adaptan de manera especial a los discursos o a los candidatos que dan prioridad a la persuasión emocional sobre la convicción racional.

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Esto se ha visto en todas partes del mundo, y en América Latina se ha reflejado en las agendas temáticas de los últimos procesos electorales, donde se dejan de lado los problemas histórico-estructurales y se han impuesto consignas o asuntos de carácter emotivo o coyuntural.

Las campañas electorales en América Latina cada vez más típicamente son encabezadas por líderes carismáticos que utilizan discursos religiosos y difunden el miedo ante la pérdida presunta de valores tradicionales como la religión, la familia, la economía de mercado y el sistema político democrático. Esta estrategia se consolida en un entorno donde las nuevas tecnologías sirven como armas eficaces de desinformación y manipulación de los votantes.

La política visceral

Redes sociales.
Redes sociales.
Foto: Pixnio

Pero no se trata apenas del crecimiento de las redes o su también creciente utilidad como vehículos de comunicación y persuasión política.

En un mundo cada vez más movido, política y socialmente, por las emociones, la principal perdedora es la razón, que le ha cedido el puesto a los sentimientos y a las emociones ancladas en el corazón (valores) y en el hígado (miedos y odios).

La movilización política que en otras épocas se daba en torno a grandes discursos ideológicos ha dado paso a micro narraciones que adquieren sentido con hechos puntuales como escándalos de corrupción, los migrantes extranjeros, los asesinatos de menores, las luchas de género o la disputa por la minería y los recursos naturales.

Estos temas despiertan pasiones y movilizan a la ciudadanía, algunas veces haciéndole olvidar los valores democráticos y éticos, y la llevan a que tome decisiones, en muchos casos de manera inconsciente, que van en contra de sus propios intereses con tal de buscar las certezas que la política tradicional dejó de brindarle.

Este escenario es el caldo de cultivo para la proliferación de noticias falsas, cadenas de contenidos que buscan manipular a los electores, y de mensajes incendiarios que pretenden mantener vigentes las disputas que permiten que las ideas radicales tengan sentido para los ciudadanos.

De esta manera los electores son llevados a un punto donde pueden prescindir de la racionalidad y donde solo importan la supervivencia y los intereses próximos, hasta perder el sentido de interés colectivo y bien común.

La posverdad criolla

Cadenas falsas de Whatsapp.
Cadenas falsas de Whatsapp.
Foto: Alcaldía de Sincelejo

En el caso colombiano, desde el plebiscito de 2016 hemos visto cómo las redes sociales, especialmente Twitter y Facebook, y la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp, se han convertido en difusores de contenidos falsos que acaban siendo reproducidos no solo en Colombia sino fuera del país.

Aunque este parece a veces un fenómeno jocoso, que algunos asocian con el uso que hacen las “tías” del WhatsApp, lo cierto es que los contenidos que se difunden a través de estas plataformas tienen objetivos políticos muy claros que se basan en el “efecto epidemia” que estos puedan tener.

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La credibilidad de un contenido ya no está en su verdad intrínseca sino en quién lo origina o por quién es recibido. Para muchos ciudadanos ver un contenido publicado en una red social es motivo suficiente para atribuirle credibilidad.  A veces basta con poner a rodar una idea, establecer una ruta estratégica de difusión y lograr que esta llegue a millones de personas que pueden acabar creyéndola o difundiéndola sin ningún sentido crítico.

La construcción de opinión pública en Colombia está atravesando una profunda crisis por la ausencia de un verdadero periodismo de investigación, la mínima credibilidad de los medios tradicionales y la desconfianza ciudadana frente a las instituciones políticas.

Para muchos ciudadanos ver un contenido publicado en una red social es motivo suficiente para atribuirle credibilidad..

El debate público, que debería basarse en la pluralidad, el rigor, la deliberación y la interacción social, es acaparado hoy por actores políticos que se valen del ecosistema mediático y de las herramientas tecnológicas para movilizar emocionalmente a los ciudadanos y posicionar sus agendas temáticas. En este nuevo contexto empiezan entonces a sobresalir líderes de opinión que en otras circunstancias no gozarían de la atención pública y que acaban por degradar la calidad de la democracia.

Las redes sociales deberían acercarnos, entretenernos y mantenernos conectados con el mundo, pero se han convertido en espacios de distorsión de la democracia y han dejado expuesta la poca cultura política y la pérdida de la razón que hoy se vive en grandes sectores de la población.

Todos los días vemos videos en Facebook incitando al odio, agitando valores nacionalistas o reivindicando violentamente axiomas religiosos. Por ejemplo, la semana pasada, debido a una cadena de información falsa en WhatsApp, fueron linchadas tres personas en la localidad bogotana de Ciudad Bolívar (un hecho que analiza Iván Mojica en esta misma entrega de Razón Pública). 

Debemos preguntarnos si la culpa de esto es exclusiva de la tecnología y del cambio en las comunicaciones, o si es un reflejo más de la degradación de nuestra cultura en sociedades sectarias, individualistas y excluyentes, donde gobierna el miedo. La degradación del debate racional y de la opinión pública parecen muestras fehacientes de un preocupante proceso en el que los seres humanos estamos dejando que el corazón y las vísceras le ganen la batalla a la razón.

* Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en opinión pública y marketing político de la universidad Javeriana, Magister en estudios Políticos del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia. Docente-investigador de la facultad de Comunicación de la Universidad de la Sabana. Investigador del Observatorio de Medios de la Universidad de la Sábana.

 

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