Inicio TemasEconomía y Sociedad Un venezolano asesinado: ¿justicia o xenofobia?

Un venezolano asesinado: ¿justicia o xenofobia?

Escrito por Iván Mojica
Xenofobia

Xenofobia

Ivan MojicaA través de las redes sociales se informó del secuestro de un menor, y los vecinos lincharon a un venezolano que no era el responsable. ¿Cómo entender estos casos? 

Iván Mojica*

Ojo por ojo, ¿diente por diente?

El pasado 26 de octubre se reportó un linchamiento en Ciudad Bolívar, una de las 20 localidades de Bogotá, al sur de la ciudad. La causa fue una falsa cadena de WhatsApp que acusaba a unos hombres del supuesto secuestro de un menor de edad.

Según la información preliminar, un grupo de tres hombres, entre ellos un venezolano, fueron capturados por la policía por otro delito. La multitud creyó que ellos eran los secuestradores y procedió a lincharlos sin más averiguaciones. El joven venezolano falleció a consecuencia de los muchísimos golpes que recibió.

Sin embargo, indagaciones posteriores de la policía muestran que, al parecer, no hubo tal confusión, sino un ataque xenófobo explicito contra un ciudadano venezolano.

Tres de cada diez colombianos prefiere la venganza por cuenta propia a la justicia.

La información no es del todo clara pero, sin importar a cuál versión se incline cada quien, hay algo que sí queda muy claro: algo muy preocupante estaba ya ocurriendo entre los colombianos, y es algo que se agrava a raíz de la entrada masiva de venezolanos expulsados por la crisis humanitaria que su país de origen está atravesando.  

Las cifras al respecto hablan por sí solas: según un estudio realizado en la Universidad Libre, tres de cada diez colombianos prefiere la venganza por cuenta propia a la justicia que corresponde impartir al Estado —un Estado que además no establece la pena de muerte—.  Entre 2014 y 2017, murieron cerca de 300 personas a causa de linchamientos.

Puede leer: Justicia por mano propia: ¿cómo entenderla y cómo erradicarla?

El nuevo cáncer

Migración venezolana.
Migración venezolana.
Foto: Yolombó

Si a lo anterior sumamos la posible xenofobia de la población, el panorama que tenemos es desolador.

Según datos de Migración Colombia, para agosto de 2018 se habían registrado 935,593 venezolanos en el país. No obstante, en lo corrido del año, 593,000 venezolanos han salido hacia otros destinos, más que por falta de hospitalidad, porque Colombia ha sido un país de paso.

Recordemos que según datos preliminares del último censo, Colombia se acerca a los 43 millones de habitantes. Por eso, incluso si todos los venezolanos que ingresan se quedaran, no llegarían siquiera a representar el 5 por ciento de nuestra población.

Pese a que los venezolanos no son por tanto una amenaza objetiva para nadie, parece que los malos argumentos han logrado que la xenofobia aumente mucho en Colombia. El linchamiento del 26 de octubre no es un caso aislado.

Hay dos afirmaciones que en especial parecen alimentar la xenofobia y sin embargo son fácilmente rebatibles:

  1. Los extranjeros, en este caso venezolanos, vienen a Colombia a delinquir.

Pues bien: aunque es probable que lleguen algunos delincuentes, se trataría apenas de una pequeña minoría en relación con el enorme flujo total de inmigrantes. La delincuencia no aumentará exponencialmente por la llegada de venezolanos. Es una gran falsedad decir que todos vienen a delinquir solo porque unos pocos lo hacen.

  1. Por culpa de los extranjeros, los nacionales perderán su empleo.

Se trata de un miedo de los colombianos, en especial de aquellos que trabajan en el sector informal.

Ese trabajo “informal” según el DANE representa el 48 por ciento de los empleos. Por lo tanto culpar al extranjero por esta precariedad laboral es ocultar el sol con una mano: la informalidad se debe simplemente a nuestras propias prácticas de explotación laboral. Son muchos los empleadores que prefieren contratar mano de obra barata en condiciones infrahumanas, en vez de los contratos formales con condiciones de trabajo dignas.

Como se puede inferir del análisis de Alexandra Castro en esta misma revista, el venezolano es una víctima más del empleador explotador y simplemente se convierte en un chivo expiatorio que libra de responsabilidad a los culpables y se convierte en receptáculo del odio de aquellos otros afectados por la explotación.

Las cadenas: la nueva desinformación

La xenofobia aprovecha estas afirmaciones falaces y las magnifica mediante el miedo difundido a través de cadenas y mensajes de odio en las redes sociales. Estas cadenas distorsionan o exageran cualquier cosa hasta sacarla mucho más allá de sus reales proporciones.

Le recomendamos: El debate público de hoy: la victoria de las vísceras sobre la razón

El peligro de caer en el juego de los xenófobos quedó demostrado por el linchamiento del 26 de octubre —ya sea que se haya producido por la cadena de WhatsApp o por pura xenofobia—.  

Debemos saber enfocar esa ira en medidas constructivas, en lugar de seguirle el juego a la xenofobia. 

Ambos factores fueron de la mano en este caso concreto: la difusión de cadenas y de información falsa sobre la situación de los venezolanos en Colombia produce xenofobia.

Los xenófobos aprovechan el malestar que produce la ola migratoria para dar rienda suelta a su odio y llegar inclusive al linchamiento, con la complicidad de las personas que, aún sin ser xenófobas, caen en las mentiras difundidas en las redes.

Si mezclamos las afirmaciones falaces y xenófobas con la tendencia social a tomar justicia por mano propia, tenemos un coctel muy explosivo entre nosotros.

Por ejemplo, una de las explicaciones que da el estudio de la Universidad Libre a los linchamientos es la ineficacia, real o percibida, del sistema judicial. Si creemos la mentira xenófoba según la cual todos los venezolanos vienen a delinquir y, además, sentimos que el aparato judicial es ineficiente, no tardarán en aparecer más casos de inocentes muertos a manos de turbas iracundas que se guían por el miedo irracional y el odio.

El linchamiento y la xenofobia no solucionan nada. Por el contrario, destruyen el tejido social y la confianza dentro de la comunidad, pues cualquiera, nacional o extranjero, puede ser culpado sin necesidad de pruebas.

Estamos abriendo la puerta para que los xenófobos difundan mentiras que les permitan utilizar la ira de la multitud como instrumento de su odio. Los linchamientos son, básicamente, evento donde un rumor, con o sin sustento, se esparce entre una multitud, que acaba actuando sobre la base de información que no sabe si es completamente cierta.

El peligro de los rumores consiste en que todos podemos ser víctimas de ellos: una situación común y corriente puede ser interpretada por otro como una agresión; si nos basamos en esas percepciones subjetivas, o en mentiras flagrantes, como en el caso de las cadenas en redes, acabaremos matándonos entre nosotros mismos.

Es importante preguntarnos: ¿me gustaría que la “ley” del linchamiento se aplicara a todo el mundo, incluso a mí mismo, basándonos en lo que dice la muchedumbre, sin mediación de un juicio justo? Si su respuesta es no, piénselo dos veces antes de incitar un linchamiento o de participar en uno.

Piense, igualmente, en qué puede estar detrás del rumor que incita el hecho, pues es posible que solo lo estén usando para saldar un asunto personal, o que estén aprovechando su rabia y su frustración para cometer un crimen basado en revanchas o en xenofobia.

¿Cómo desarmar el xenófobo?

“Bogotá, libre de xenofobia”
“Bogotá, libre de xenofobia”  
Foto: Participación Bogotá

En un artículo titulado “Transitional anger”, Martha Nussbaum plantea el concepto de “ira transicional”. Este concepto consiste, grosso modo, en usar la ira que nos causan las situaciones injustas, o aquellas en las que nos transgreden o violentan, para proponer medidas constructivas que lleven a que esos hechos que nos afectaron no vuelvan a presentarse.

El punto en ese repensarnos como sociedad no es dejar de sentir ira ante injusticias como los actos delincuenciales o la pérdida injustificada de un empleo. El punto es este: debemos saber enfocar esa ira en medidas constructivas, en lugar de querer eliminar al chivo expiatorio y seguirle el juego a la xenofobia.

Debemos repensar esa rabia y frustración que sentimos como sociedad para poder enfocarla constructivamente. Sería iluso y poco productivo pedir que no nos enojemos ante las graves y evidentes injusticias que se cometen diariamente en Colombia, pero es igualmente iluso, nada productivo y muy peligroso creer que esas injusticias desaparecerán linchando a los demás.

Nuestros hermanos venezolanos también están sufriendo en carne propia una serie de injusticias, ¿por qué habríamos de pensar que una respuesta justa a su situación sería odiarlos y violentarlos? ¿Por qué habríamos de pensar que linchar a un ser humano va a detener la delincuencia en un país tan desigual y con tantos problemas sociales como el nuestro? ¿Por qué pensar que odiar y lastimar a un ser humano hará que me devuelvan mi empleo en un país con un 48 por ciento de informalidad?

Si en lugar de enfocar esa rabia y frustración en cometer crímenes como un linchamiento, la enfocamos en buscar soluciones —como por ejemplo dignificar el trabajo y defender los derechos laborales de todos o fortalecer el sistema judicial —la situación mejorará para todas, nacionales y extranjeras.

El Estado tiene un papel fundamental en estas soluciones, pero nosotros, como ciudadanos, podemos elegir entre usar nuestra rabia para presionar por esas mejoras, o malgastarla creando más caos, crimen y degradación social.

           

*Filósofo de la Universidad Nacional, magíster en filosofía de la Universidad de Los Andes y profesor de cátedra de la Universidad de Los Andes.

 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies