Edgar Negret Dueñas: Popayán 1920 – Bogotá 2012 - Razón Pública
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Edgar Negret Dueñas: Popayán 1920 – Bogotá 2012

Escrito por Keko
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Metal, color y vida traducidos en portentosa belleza escultórica: equilibrio inestable entre la forma y el sentimiento. Un gran artista y un gran maestro, tal vez más reconocido en el exterior que en Colombia.

Keko María *

En el centro del arte

Al igual que Picasso, Negret caminó por estos caminos durante noventa y dos años, antes de despegar hacia el espacio sideral en alguno de sus Mágicos Aparatos en busca de sus brujos contemporáneos o de sus chamanes precolombinos.

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Igual que Picasso, quien dejó su Málaga natal e hizo breves paradas en La Coruña, Madrid y Barcelona para aterrizar definitivamente en Paris–Paris, Negret salió de Popayán, pasó por Bellas Artes en Cali y luego New York– New York.

Estos dos grandes artistas buscaron alimentarse, confrontar y crecer en los dos principales centros culturales del mundo hasta convertirse en demiurgos del arte del siglo XX. Pero dejemos a Pablo Ruiz Picasso en Montmartre y acompañemos al maestro payanés por el Uptown – Downtown de Nueva York.

Aparatos Mágicos

El choque cultural que experimenta al salir de la calle 5ª No 10 – 23 de Popayán a la Quinta Avenida de Nueva York, lo permea de una manera positiva: todo le sorprende, hasta un semáforo para él es mágico por la capacidad que tiene de ordenar el tráfico. En Popayán solo conocían la palabra, no existía ninguno.

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Aquí empieza su comunión con la máquina. Nacen los Aparatos Mágicos: los sentimientos que suscitan en él las máquinas, como símbolos de esta época, y que los traduce en obras con materiales de este tiempo.

Aparecen el hierro y el aluminio, las láminas metálicas que se doblan, las curvas abiertas y cerradas que interactúan en el espacio, los tornillos y las tuercas que entran a formar parte de los elementos plásticos y técnicos, fundamento de su obra.

Dar más, imposible

Después de Nueva York, el turno es para Paris. Allá descubre la magia de las misas cantadas y de los conciertos de música sacra y sale a flote su profunda espiritualidad. En “Secretos de un Itinerario” le cuenta a José Hernández: “De niño, una de mis máximas aspiraciones era ser santo…Mi actitud ante la vida ha sido muy parecida a lo que preconiza la religión cristiana: mi trabajo no es otra cosa que un volcamiento hacia los demás de lo mejor que tengo. En mi obra no ha habido engaño. En mí dar más, es imposible…Creo que en mi obra he buscado a Dios siempre y por todas partes”.

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Continúa su periplo por Barcelona, por Mallorca y por Madrid. En Barcelona, descubre lo portentoso de la obra arquitectónica de Antonio Gaudí, que lo va a seducir e influenciar profundamente. El misticismo del gótico que lo ha sorprendido en la catedral de Chartres, con Gaudí se amplía y la admiración por su obra se traduce en un Homenaje a Gaudí, de 1952.

En Mallorca, Negret, descubre una nueva dinámica: la del puerto. Grandes embarcaciones, las señales para su tránsito, los periscopios, las veletas y…aparece por primera vez el color, seguramente imbuido de la luz mediterránea que lo rodeaba y de la luz del trópico, que llevaba en su interior. Los artesanos mallorquines le aportan su técnica con el metal.

Metal, color y vida: esencia de la obra negretiana.

Con todo este arsenal de elementos y conocimientos plásticos y espirituales, Negret regresa a Nueva York. Becado por la UNESCO estudia la cultura de los indios Navajo: su diseño, la arquitectura precolombina de Mesa Verde, construida sobre acantilados. Las primeras obras con alma precolombina provienen de estas experiencias.

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En 1963 la Universidad de los Andes lo invita a crear y dirigir el Departamento de Escultura. Vuelve a su país a aportar sus conocimientos y a redescubrirlo bajo otra mirada. La academia se reinventa en estos años con Negret, ya que él no iba a repetir sus experiencias como lo comentaba en Bellas Artes de Cali: “Se enseñaba un poco de “recetas” para hacer arte y al final uno descubre que eso no sirve absolutamente para nada. Es como aprender a escribir a máquina para escribir una novela”.

La consagración

En los sesenta, Negret ya pertenece al concierto internacional de escultores: es invitado a participar en el Museo de Arte Moderno de New York, el célebre MOMA, junto a grandes artistas de diferentes países.

En 1968 se le invita a participar en la documenta de Kassel en Alemania, uno de los eventos más importantes del arte contemporáneo: será el único artista colombiano invitado a esta muestra cuatrienal (ahora quinquenal) durante todo el siglo XX.

En Colombia será pionero de la escultura: con sus obras marcará la diferencia entre estatuas y esculturas. Las primeras por lo general son representativas o conmemorativas, mientras las segundas provienen de una expresión muy particular que tiene el artista por la simbiosis del universo que lo rodea con su mundo interior.

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La incorporación de nuevos materiales como el hierro y el aluminio, la utilización de piezas modulares, elementos que se repiten y se ensamblan llenándose de movimiento, buscando un nuevo orden y un nuevo lenguaje, llegan a oxigenar el caduco panorama plástico colombiano.

Negret deja un legado de esculturas–máquinas lúdicas y sensuales, cargadas de poesía visual, con un componente de tiempos actuales y pasados aunado a la esencia de la naturaleza y a la tecnología lograda por el hombre.

El color en ellas calienta y condensa emociones. Las piezas metálicas articuladas generan tensiones y dinámicas que despiertan la sensibilidad del espectador. Los dobleces abren vacíos fundamentales en la integralidad de la obra, tal como el silencio fue utilizado como sonido no intencionado por el músico–compositor John Cage en sus composiciones.

Edgar Negret Dueñas — observador profundo de la naturaleza y de su época — siempre dijo que cada una de sus obras era una aventura. Su vida fue una gran aventura. Seguramente la cosmogonía andina será su paraíso y su obra crecerá y crecerá con el correr de los tiempos.

* (Luis Fernando Benavides), maestría en Artes Plásticas de la Universidad de Nariño, posgrado en Crítica de Arte de la Universidad del Rosario, Bogotá.

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