Inicio TemasArte y Cultura Dos sistemas de valores que se enfrentan en Colombia

Dos sistemas de valores que se enfrentan en Colombia

Escrito por Angélica Zambrano

Tras esta controversia entre una artista y un dirigente político se esconde el debate de fondo sobre la religión como base de un sistema de valores conservadores que contradice los valores liberales.

Jean Paul Sarrazin*

El trino de la bestia

El tan mentado performance dirigido por Analú Laferal que lleva el título “La Peregrinación de la Bestia” era una de las trece presentaciones auspiciadas por el Museo de Antioquia como parte del proyecto institucional “Acciones abiertas: experiencias de artes vivas en el espacio público” que busca llenar de arte el centro de Medellín.

En el mundo artístico los performances vienen desde los años noventa, y son entendidos en el campo de las artes vivas y la estética relacional como la oportunidad de incitar el diálogo a través de la acción planificada.

¿Por qué este performance, a diferencia de los muchos otros que tienen lugar en Colombia, ha tenido tanta visibilidad en los medios? Todo empezó con el trino de José Félix Lafaurie donde lo calificaba de “ritual satánico” y lo relacionaba con el día de protestas programadas para el 21 de noviembre. A raíz de este trino, se produjeron una viva controversia y un intenso intercambio de mensajes, muchos de ellos contrarios a las afirmaciones de Lafaurie.

Según el lenguaje cristiano, la rebeldía es satánica.

Se señalaron, por ejemplo, las imprecisiones del trino de Lafaurie, porque “en realidad” se trataba de un performance y no de un rito satánico. Además, muchos han insistido en que no se debe satanizar la protesta en general.

Es evidente que el partido de gobierno en Colombia pasa por una crisis, y que las instituciones en América Latina temen una oleada de manifestaciones sociales que podrían desestabilizar las configuraciones políticas. Por eso, para los integrantes del partido de gobierno puede ser conveniente apelar a la religión como una estrategia para llamar al orden y disimular la debilidad de su gobierno.

Lea en Razón Pública: ¿Se debe excluir la religión de la vida política?

¿Satánico?

Aunque Lafaurie se retractó, nos parece interesante, como grupo que estudia los fenómenos religiosos, analizar este lenguaje y las reacciones frente a él.

Comencemos por indicar que una “peregrinación” puede ser considerada como un rito, y que “la bestia”, en el lenguaje cristiano, es Satán o Satanás.

Que un cristiano utilice el adjetivo “satánico” para calificar algo significa que lo considera por fuera de la norma cristiana y del orden que para él es divino. Satán o la Bestia es, en la ideología cristiana, un “ángel caído” que se rebeló contra la ley de Dios.

Por eso también se entiende que los actos de protesta —que son una forma de rebelarse— sean asociados con Satán, el ángel rebelde. Según el lenguaje cristiano, la rebeldía es satánica.

Semejante afirmación no debería escandalizarnos. En el último análisis, se trata casi de una tautología. Es evidente que quien lo afirma está diciendo que rebelarse contra un orden establecido es malo.

Pero, desde otro punto de vista, desde otra moralidad si se quiere, rebelarse puede ser algo bueno. En este caso se elogia a “La Bestia” para expiar los cuerpos y hacer pública la lucha por la libertad del individuo. Es como si se dijera abiertamente: “somos la bestia” o “somos satánicos, y estamos orgullosos de serlo, porque queremos rebelarnos, no estamos de acuerdo con aquel orden o con aquella norma”.

El cuerpo es uno de los lugares donde se expresa la confrontación entre esos dos sistemas de creencias. En él se plasman materialmente algunos recursos que sirven como argumentos a las dos posiciones ideológicas enfrentadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De un lado, se apela a la exhibición del cuerpo como la manifestación de la falta, de lo pecaminoso, de lo “satánico”. Del otro lado, la semidesnudez sirve como mecanismo de reivindicación, de resistencia, y apunta a la búsqueda de la autonomía y a la afirmación de la individualidad.

De esta manera, el performance pretende expresar el desacuerdo frente a una norma según la cual ser transgénero, homosexual o lesbiana es ponerse del lado de la bestia. Igualmente, una protesta contra un gobierno o un orden que eterniza la corrupción (entre otras cosas) puede ser considerada satánica según este tipo de lenguaje. Quienes queremos que ese orden corrupto y desigual cambie encarnamos la bestia, y así lo reivindicamos.

Seguramente, quienes nos tildan de “satánicos” lo hacen porque queremos modificar el orden que ellos defienden y que les conviene, pues les permite mantener su posición privilegiada: hacer parte del partido del gobierno, poseer miles de hectáreas de tierras o ser quienes toman las decisiones en entidades inmensamente ricas.

Ese orden lo relacionan con la religión, con Dios. Alterarlo, por lo tanto, se asocia con Satanás, el contradictor de Dios. Así, la religión se convierte en un catalizador que potencia los intercambios explosivos entre un bando y el otro, y se vuelve el símbolo sobresaliente en un conflicto entre sectores sociales con lenguajes y valores diferentes.

Para ambos bandos, la religión se asocia con un orden instituido. Contradecir la religión, resignificar sus ídolos, profanar sus templos es, para unos, algo malo, porque altera el orden tradicional del sistema. Pero, justamente por eso, para los del otro bando es bueno atacar la religión, porque lo que se busca es cambiar el orden con el cual está asociada.

Puede leer: Despatologización trans: una tarea más allá de la nomenclatura

Cristianismo vs. Liberalismo

Quienes están en contra de la religión suelen considerar que la espiritualidad es algo bueno. Laferal valora la espiritualidad y dice que su performance podría ser considerado como un ritual de sanación. Quienes están en contra de la normatividad establecida están proponiendo un cambio, pero esto también lo hacen de acuerdo con ciertas normas, las suyas.

¿Cuáles son estos valores? No es fácil definirlos o categorizarlos, pero si hay una categoría que podríamos usar sería la de valores liberales. Quienes se consideran espirituales, pero no religiosos, son personas que rechazan la pertenencia a una religión institucionalizada y abogan por un credo libre, ecléctico y personalizado, sin ataduras comunitarias ni organizaciones jerárquicas.

Esta espiritualidad es rebelde (“satánica”, se podría decir, según lo explicado arriba) porque se levanta contra el orden instituido por la religión dominante, y es liberal porque está basada en el principio de la libertad individual para escoger y para ser.

El liberalismo es como una religión en la que el individuo y su libertad se han sacralizado.

No es extraño que esa espiritualidad sea cercana al arte contemporáneo, el cual reivindica la libertad individual de expresión y rechaza las imposiciones de moldes tradicionales.

La directora del performance en cuestión afirma que este es un ritual de sanación del dolor para aquellos que han sido violentados por la tradición católica y, diríamos nosotros, por un orden tradicionalmente dominante. Quienes están del lado de Lafaurie afirman que esa performance violenta lo que es sagrado para ellos.

Cada bando se acusa de promover un orden injusto. Para los liberales, el individuo y su libertad son sagrados, por eso, en el momento en que otros sectores sociales pretenden limitar la libertad individual, reaccionan con fuerza y condenan las acciones de los sectores “conservadores”.

Una de las manifestaciones de esa libertad individual es la posibilidad de rebelarse frente a lo establecido. Por eso tiene sentido que la libertad de ser transgénero y la libertad de manifestarse en contra del gobierno estén asociadas.

Finalmente, lo que tenemos son dos sistemas de valores contrapuestos; dos nociones de lo sagrado. Por lo tanto, podemos afirmar que son dos religiosidades las que se confrontan una vez más.

Le recomendamos: Política, cristianos y diversidad religiosa en Colombia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sociólogo Émile Durkheim argumentó hace ya más de un siglo que el liberalismo es como una religión en la que el individuo y su libertad se han sacralizado. Se trata entonces de dos “religiones” o de dos expresiones de la religiosidad: la católica del lado de lo establecido tradicionalmente, y la otra de tipo liberal.

Sería conveniente que cada “religión” reconociera que las otras, como señala Jürgen Habermas, tienen lenguajes diferentes que no necesariamente entendemos y que no podemos juzgar a la ligera. Y sería conveniente que cada “religión” se reconociera como una expresión cultural particular que no es la única correcta.

Los adeptos de una de ellas quieren legitimar su posición diciendo que están del lado de Dios. Los otros procuran hacer lo mismo aduciendo que están del lado de la Razón. Pero ambas son construcciones sociales que nada tienen de naturales o de sobrenaturales y que, tal vez, deberían abandonar sus pretensiones universalistas.

*Coordinador del grupo de investigación ‘Religión, Cultura y Sociedad’ (Universidad de Antioquia). Este texto fue hecho con los integrantes del semillero del mismo grupo: Mariana Mira Sarmiento, Yuliana Sánchez Loaiza, Paola Vargas Rodríguez, Nataly García García, Cristian Beltrán Hernández, Reinel Sánchez Galeano.

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad