Un pedestal para Débora Arango - Razón Pública
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Un pedestal para Débora Arango

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Luis_Alejandro_Rincon.jpg Con ocasión de la gran exposición “Sociales: Débora Arango llega hoy” en el Museo Nacional, es apenas justo reconocer en esta artista su visión anticipada de los valores que hoy predominan en la estética contemporánea. Pero sobrevivir en Medellín entre los años 20 y 60 del siglo pasado fue una auténtica proeza…

Keko *

¨Más que el cuerpo, 
he querido pintar el alma¨

Débora Arango

 


Año grande para la pintura moderna

1907: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, crea en su estudio del Bateau–Lavoir en Montmartre, un icono del arte moderno del siglo XX: Las Señoritas de Aviñón.

1907: Nace en Coyoacán, un pueblo de la periferia de Ciudad de México, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, esposa del pintor y muralista del mexicano Diego Rivera. Frida Kahlo es una abanderada de la lucha social del pueblo mexicano y que con el paso del tiempo se convertiría tanto ella como su trabajo pictórico en icono del arte Latinoamericano.

1907: Nace en Medellín, María Débora Elisa Arango Pérez, la primera pintora colombiana, capaz de sacudir los cimientos de una sociedad timorata y conservadora con sus dibujos y pinturas.

Mientras Frida y Débora lanzaban su primera protesta al mundo durante este año, Picasso se rebelaba contra las formas establecidas plasmando estas cinco señoritas — posiblemente una evocación de prostitutas de la calle de Aviñón en Barcelona — dando así inicio al cubismo y afirmando los cimientos del arte moderno.

Esta obra fue incomprendida en sus primeros años, por la forma y no por el contenido, nunca recibió críticas desde la moral, sino desde la estética, inclusive de parte de los artistas cercanos a Picasso.

Vidas paralelas

La vida resquebrajó desde muy niñas a Frida y a Débora: a los seis y siete años, respectivamente, la primera sufre poliomielitis que le deja secuelas en su pierna derecha y la segunda contrae paludismo, enfermedad que la atrasa en sus estudios.

A Frida y a Débora la vida les abrirá puerta similares para que pudieran desplegar su expresión plástica: la una cuando ve con admiración a Diego Rivera pintar un mural llamado la Creación. Años después Rivera se convertiría en su esposo, camarada y verdugo.

La otra, cuando observa los frescos que pinta Pedro Nel Gómez en el Palacio Municipal de Medellín y le solicita poder recibir clases con su grupo de alumnas. Efectivamente, el gran artista paisa se convertiría en su maestro por espacio de tres años aproximadamente.

Un medio sociocultural estrecho

Una familia muy tradicional, muy paisa: doce hermanos y unos padres que siempre la cuidaron en su infancia debido a la enfermedad y le dieron apoyo incondicional cuando empezó a dibujar y a pintar en el colegio.

En cuanto a la sociedad: muy pequeña, católica, conservadora, de doble moral, llena de prejuicios e hipocresías y como decía alguien de la época que: ¨era la región de Colombia que daba más monjas y más mujeres de vida alegre¨.

Pero en el colegio, una monja italiana llamada María Rabaccia descubre su talento y la nombra su monitora de pintura. Este es un gran impulso que la motivará posteriormente a continuar estudios de arte.

En la década de 20 al 30 imperan los periódicos conservadores; aparecía María Cano como luchadora por los derechos civiles y en la estación de tren de Ciénaga, son asesinados un número indeterminado pero grande de huelguistas de la United Fruit Company bajo una feroz represión militar. Este fue el espacio social donde Débora Arango desarrolló su trabajo artístico, como

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Los primeros pasos y los primeros tropiezos

Llegan los años treinta con la elección del liberal Enrique Olaya Herrera como presidente de la República. Débora empieza a dar clases de pintura a sus compañeras. A su vez, toma clases con Eladio Vélez, artista académico, quien había regresado de Europa. Posteriormente lo haría con Pedro Nel Gómez.

El año 39 fue crucial en la vida de esta artista: a nivel personal muere su madre, que siempre la apoyó, y a nivel profesional gana el primer salón de artistas profesionales en el Club Unión de Medellín y desata su primera controversia por la exposición de sus desnudos. De aquí en adelante su expresión plástica siempre estará en el ojo del huracán 

La iglesia católica con arzobispos, obispos, prelados y demás siempre la tildaron de inmoral y la conminaron a retirar sus obras de las exposiciones en las que participaba so pena de excomunión.

El grueso del público calificaba su obra de vulgar, impúdica, lujuriosa, grotesca, desvergonzada, sórdida, corruptora, escabrosa y pornográfica. Sus antiguos maestros y sus colegas entraron también a descalificarla, porque en el fondo sabían que los estaba superando y algo que pesaba mucho en sus prejuicios: era mujer. Los políticos conservadores como Laureano Gómez hicieron cerrar sus exposiciones. En Madrid, el régimen del General Francisco Franco clausuró una exposición.

Jorge Eliecer Gaitán — el entonces ministro de educación — sí creyó en su talento y la invitó a participar en el primer Salón de Artistas en 1940, en el foyer del Teatro Colón de Bogotá. El asesinato del caudillo liberal en 1948 la afectó profundamente y la llevó a pintar varias obras sobre este magnicidio y las consecuencias que desató para nuestro país.

Débora Arango frente a su obra 

Dejemos que sea ella quien hable:

¨Un desnudo no es sino la naturaleza sin disfraces… La vida, con toda sus fuerza admirable, no puede apreciarse jamás entre la hipocresía y el ocultamiento entre las altas capas sociales; por eso mis temas son duros, acres, casi bárbaros; por eso desconciertan a las personas que quieren hacer de la vida y de la naturaleza lo que en realidad no son¨.

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Su pintura se cubrió de conciencia social y política: pintó obras sobre temas fundamentales como los derechos de la mujer, la trata de blancas y el secuestro, entre otros.

Pintó temas, personajes, objetos y naturalezas que le tocaran el alma. Fue honesta consigo misma y por ende con su sociedad. A pesar de tanta controversia que suscitó su obra y tanto ataque personal que recibió, siempre se hizo a un lado y continuó fiel a su pensamiento y a su estilo. Rechazó consejos y sugerencias, como los de Marta Traba, para que adoptara otro estilo, como el de Alejandro Obregón.

Arango siempre hurgó bajo la piel de esta sociedad para sacar a flote sus injusticias, sus prejuicios y sus verdades. Nos dejó una gran lección de honestidad, de dedicación y de tenacidad frente a los obstáculos que a cada paso le pusieron el clero, los políticos y la alta sociedad.

Débora corrobora una cierta parábola vital: los artistas realmente innovadores, por lo general, son incomprendidos y vituperados durante buena parte de su propia vida. Pero el tiempo y la historia los eleva a su verdadero pedestal.

* (Luis Fernando Benavides). Maestría en Artes Plásticas Universidad de Nariño. Posgrado en Critica de Arte Universidad del Rosario, Bogotá. Diversos seminarios de estética en universidades y museos.

 

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