Casa Grande Caribe: una lectura obligada en tiempo de elecciones
Foto: Wikimedia Commons: Felipe Ortega Grijalba

Casa Grande Caribe: una lectura obligada en tiempo de elecciones

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Un compendio de estudios que prioriza las inversiones necesarias en los departamentos del Caribe colombiano serviría de insumo programático para las propuestas de los actuales candidatos presidenciales en materia de superación del atraso en la región.

Foto: Portadas del estudio del Banco Mundial y el libro del economista británico Paul Collier, que ilustran la situación de atraso de la región

En el provocador ensayo titulado “La civilización del espectáculo”, Mario Vargas Llosa advirtió sobre la creciente banalidad de los tiempos que corren, en los que priman el entretenimiento y el espectáculo por encima de lo que antes considerábamos cultura.

El espectáculo ha invadido, ciertamente, todas las actividades sociales. Con él se busca divertir antes que cualquier otra cosa, disfrutar antes que instruir, gozar antes que enriquecer el espíritu. Y la diversión, casi por antonomasia, es pasajera: produce un placer efímero que —ni más faltaba— tiene sus encantos e incluso puede resultar saludable. Por esa razón, el espectáculo está dirigido a las grandes audiencias, a las multitudes. Por el contrario, todo aquello que exija tiempo para contemplar, analizar, degustar o reflexionar queda condenado, casi que inevitablemente, al marginamiento.

El espectáculo, qué duda cabe, ha invadido también —y de qué manera— la política. ¡Ni qué decir en estos tiempos electorales! Las redes sociales se inundan a diario con toda clase de trinos, videos, denuncias, fake news, encuestas y rumores, hasta convertirse en una verdadera algarabía. Ya casi nadie parece tener el tiempo ni el sosiego para leer o escuchar contenidos distintos de los que circulan vertiginosamente por esas plataformas. Y, sin embargo, hay mucho por leer y debatir para comprender los temas políticos más relevantes que a todos nos competen, en particular aquellos relacionados con nuestra región Caribe: asuntos que deberían ser objeto de un debate público serio y sereno.

Hay varios botones de muestra. Por ejemplo, el Banco Mundial publicó en diciembre del año pasado un estudio titulado Colombia: Disparidades Regionales y el camino hacia la integración, en el que registra, con cifras apabullantes, la dura realidad del rezago estructural que padece nuestra región Caribe en relación con el resto del país. Y hablamos de cifras porque retratan, con frialdad, lo que vemos a diario en el calor de nuestras ciudades y pueblos: una pobreza que no da señales de menguar y, por ende, de acercarse al nivel de vida de la región central, la de mejores indicadores sociales.

Un solo dato, al rompe, ilustra esa realidad. El estudio analiza cifras del Dane, entre otras fuentes, sobre el porcentaje de hogares que se consideran pobres: en el Atlántico, el 57 % (10 puntos por encima del promedio nacional); en Bolívar, Cesar, Magdalena y Sucre, el 66 %; y en Córdoba y La Guajira, ¡entre el 70 % y el 80 %! Y como ese dato, el estudio abunda en otros que no hacen sino reiterar lo que hace décadas sabemos: seguimos rezagados en el camino al desarrollo y al progreso.

Justamente Rezagados: una nueva economía para lugares olvidados es el título de un libro reciente de Paul Collier, profesor de economía y políticas públicas en la Universidad de Oxford, director del Centro de Crecimiento Internacional y exdirector del Grupo de Investigación sobre Desarrollo del Banco Mundial. Difícil encontrar alguien con mejores credenciales para abordar estos temas.

Y da la casualidad de que el profesor Paul Collier trae como uno de los ejemplos ilustrativos, a nivel mundial, de regiones rezagadas, ¡a nuestra flamante región Caribe! Aunque su análisis resulta algo simplista —pues atribuye ese rezago a la incapacidad de Barranquilla para resolver, en su momento, la navegabilidad del río en su tramo final—, la realidad es innegable: la región no logra despegar en la senda del desarrollo y del progreso.

Para ahondar en el tema, el pasado 20 de abril, María Claudia Lacouture, ex ministra de comercio exterior y ex directora de ProColombia, publicó en el diario La República un muy lúcido artículo titulado “Y mientras tanto… la Costa sigue mal leída”.

Su primer párrafo es contundente: “Mientras el país discute modelos económicos, polarización ideológica y liderazgos presidenciales como si la elección fuera un debate nacional homogéneo, en la Costa Caribe la conversación está en otra escala: soluciones en servicios públicos, orden urbano, empleo precario, seguridad cotidiana, obras, cumplimiento y empatía social. No es que a la Costa le importen menos las grandes ideas; es que las filtra a través de urgencias más inmediatas. Por eso no se puede asumir que existe un solo idioma electoral para todo el país, cuando en esa región no están procesando esta elección con las mismas prioridades”.

Para ilustrar sus planteamientos, la exministra samaria expone nuevas cifras sobre nuestro endémico atraso: mientras Colombia registró en 2025 una pobreza multidimensional del 9.9 %, la región Caribe alcanzó el 17.9 %, más del doble que la región Oriental (7.4 %) y muy por encima de la Central (9.3 %). Por otro lado, mientras Bogotá redujo la pobreza en 3.2 puntos, y las regiones Pacífica y Amazonía-Orinoquía en 2.1, el Caribe apenas logró disminuirla en 0.6 puntos. Su conclusión es obvia, pero justamente por ello frustrante: “El promedio nacional mejora; la Costa sigue cargando una parte desproporcionada del rezago”.

El panorama en otras materias, como la laboral y la educativa, no es muy diferente: seguimos muy por encima de los promedios nacionales. Resulta increíble, por ejemplo, que, a estas alturas de la historia, el promedio nacional de analfabetismo en la población mayor de diez años sea del 4 %, mientras que en nuestra región alcanza ¡el 12,8 %! Y en las pruebas Saber 11 de 2024, que evaluaron la calidad de la educación básica y media en competencias como matemáticas, lectura crítica, ciencias naturales, sociales y ciudadanas e inglés, la región Caribe obtuvo un puntaje promedio de 242.7: ¡el penúltimo entre todas las regiones del país, superando únicamente a la Amazonía!

Ahora bien, nadie sensato puede negar las mejoras registradas en algunos indicadores sociales, que evidencian avances puntuales en el bienestar y la calidad de vida de nuestros coterráneos —casi siempre concentrados en uno o dos departamentos—. Sin embargo, la realidad sigue siendo tozuda: no hemos logrado romper el círculo vicioso de la pobreza y, por ende, del atraso.

Lo más lamentable y desconcertante de esa realidad, por decir lo menos, es que desde hace varios años contamos con los diagnósticos más completos sobre las causas estructurales de nuestro atraso (2019) y, sobre todo, con un inventario detallado —departamento por departamento— de las inversiones requeridas para empezar a superarlas (2024). Más aún: conocemos el costo exacto de esas inversiones, su priorización, y las fuentes de su financiación. Un costo que está al alcance de la región, con el concurso, por supuesto —porque seguimos siendo parte de Colombia—, del Gobierno Central.

Esos rigurosos estudios, agrupados bajo el título Casa Grande Caribe, los realizaron durante varios años, con participación ciudadana, los principales centros de estudios regionales: el Centro de Estudios Económicos Regionales (Ceer) del Banco de la República, la Fundación para el Desarrollo del Caribe (Fundesarrollo), La Universidad Tecnológica del Caribe (UTB) y la Universidad del Norte.

La última versión sobre la infraestructura que necesita la región fue publicada por Editorial Uninorte en 2024. En estos tiempos, cuando ya fueron elegidos los congresistas para el período legislativo 2026–2030, sería muy conveniente que quienes van a representar los intereses de la región se tomaran el tiempo y el sosiego de leerla detenidamente. Y, si no ellos, al menos quienes integrarán sus respectivas Unidades de Trabajo Legislativo (UTL).

Lo ideal sería que también los candidatos presidenciales le dieran una leída, aunque resulta poco probable dadas las apretadas agendas que deben atender por estos días. Pero ahí están sus asesores —quienes eventualmente conformarían sus equipos de gobierno, de resultar elegidos— y ellos sí deberían sacar el tiempo para leerlo. Ah, y tampoco sería mucho pedirles a los electores que dejaran a un lado, así sea por un momento, las redes sociales y se animaran también a su lectura.

Ojalá, como lo escribió en varios de sus artículos el columnista de El Heraldo, Ricardo Plata Cepeda, le llegara la buena hora a la Casa Grande Caribe.

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*Una versión de este texto se publicó en Contexo Media el 13 de mayo de 2026.

Acerca del autor

Gustavo Bell Lemus
gbell@razonpublica.org | + posts

*Historiador, abogado y político barranquillero. Se ha desempeñado en su carrera pública como Gobernador del Atlántico,Vicepresidente de Colombia y Embajador en Cuba durante los diálogos de paz con las FARC en La Habana.

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*Historiador, abogado y político barranquillero. Se ha desempeñado en su carrera pública como Gobernador del Atlántico,Vicepresidente de Colombia y Embajador en Cuba durante los diálogos de paz con las FARC en La Habana.

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