Una subestación militar en la Isla Gorgona acabará con años de progreso
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Una subestación militar en la Isla Gorgona acabará con años de progreso

Escrito por Yolima Vargas

Con el apoyo de Estados Unidos, la Armada colombiana busca una nueva casa y su mejor opción parece ser la isla de Gorgona. Pero ¿qué tan bueno sería esto para la “Isla Ciencia” o “Isla Verde” de Colombia?

Yolima Vargas*

Un proyecto muy grande

Se cumplen 12 años del conflicto ambiental por el proyecto de construcción en la Isla Gorgona de, por ahora, una subestación de la Armada colombiana, en reemplazo de la actual estación de guardacostas, que incluye una cantidad considerable de nueva infraestructura: un muelle, una torre con radar de vigilancia, un tanque de 7000 galones para almacenar combustible fósil y tres edificios robustos para alojar 28 oficiales y suboficiales, entre otros.

El proyecto es financiado por la Oficina Internacional de Asuntos Antinarcóticos y Procuración de Justicia de Estados Unidos,  así que se presume su interés y proyección para una futura  y más grande base militar estadounidense.

Argumentos en favor del proyecto

En el 2010 se planteó para Gorgona el proyecto de “ser un área de importancia para la seguridad y defensa de Colombia”, principalmente en la lucha contra el narcotráfico. Pero tras la ferviente resistencia de expertos y ambientalistas, se han sumado nuevos argumentos a favor del proyecto, que analizo a continuación.

Esta cercanía de Gorgona a la costa es argumento adicional para pedir que la subestación se construya en otro punto más adecuado, de menor riqueza natural y menos vulnerable.

  1. No se trata de una gran base, sino apenas una “pequeña subestación”. Pero esta “pequeña subestación” es probablemente una intervención excesiva que pone en peligro ecosistemas marinos y terrestres, que aún se encuentran en proceso de restauración.
  2. Un atentado de las FARC en 2014 a la estación de Guardacostas de la Isla muestra la necesidad de una estación más robusta. Pero también valdría decir que ese ataque demuestra que la presencia de infraestructura militar pone a la Isla Gorgona en la mira de atentados. Peor aún si a esto se suman los hechos de que  su misión principal será el control a actividades de narcotráfico y que contará con un tanque de 7000 litros de combustible fósil.
Foto: Parques Nacionales Naturales - En la actualidad, los ecosistemas de la Isla Gorgona se encuentran en un proceso de recuperación, que podría ser interrumpido por la construcción de la base militar.
  1. Existe infraestructura similar y radares en otras islas del pacífico, en países de la región. Aunque hay similitudes en los ecosistemas de las islas que se encuentran a lo largo del Pacífico, también hay grandes diferencias y particularidades, que hacen que esta comparación sea burda.

La Isla Coco de Costa Rica, por ejemplo, tiene un radar para control de narcotráfico y pesca ilegal desde 2010, pero mientras ésta se ubica a 532 kilómetros de la costa y el viaje hasta allí dura cerca de 31 horas, Gorgona se encuentra a 28 Kilómetros de la costa y a 1,5 horas de distancia en lancha.

Esta cercanía de Gorgona a la costa es argumento adicional para pedir que la subestación se construya en otro punto más adecuado, de menor riqueza natural y menos vulnerable.

  1. La subestación militar podrá garantizar la vigilancia ambiental de la Isla Gorgona, en especial sobre la pesca ilegal. En efecto, la pesca ilegal y otros delitos ambientales son un flagelo para la región Pacífica y su control es una de las misiones de la Armada.

Pero es dudoso que, para ejercer esta autoridad ambiental, sea indispensable construir una subestación robusta en Gorgona. Según las cifras que ofrece la propia Armada, el control de la pesca ilegal para nada necesita una subestación más robusta.

Argumentos en contra del proyecto

El comité técnico científico del Parque Natural Nacional (PNN) Gorgona es el principal opositor del proyecto. Este está conformado por al menos 31 expertos, entre ellos representantes de instituciones estatales, fundaciones y ONG, así como de universidades públicas y privadas. Los argumentos del Comité se resumen así:

  1. Las actividades de una subestación de la armada o base estadounidense son legalmente incompatibles con el PNN declarado sobre la Isla Gorgona, cuyos fines deben ser la conservación, educación, investigación y el ecoturismo controlado.
  2. El permiso otorgado por la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) en el 2015, y expedido en menos de 30 días, es irregular, insuficiente, no incluyó las recomendaciones del Comité y subestima los efectos ambientales (Ver: Cartas comité de expertos).
  3. Más del 80 % de los ecosistemas terrestres, y parte de los marinos, de la Isla están en proceso de restauración, lo cual los hace más vulnerables a futuras intervenciones y aumento del tráfico marítimo y terrestre.
  4. El proyecto pone la isla en riesgo de explosiones y derrames de combustibles fósiles, como consecuencia del sistema generador de electricidad y tanque de 7.000 galones; además de la actividad de barcos de mayor envergadura.
  5. La primera fase del proyecto, una torre de vigilancia y sendero que la une al centro poblado, ya muestra efectos ambientales, como consecuencia del tránsito constante de infantes que cargan combustible fósil para alimentar el sistema.

La historia de Gorgona

Para comprender el valor y peso de la oposición a este proyecto es importante conocer la fascinante historia de rescate, restauración y conservación de la Isla. Hoy se sabe que Gorgona “posee 155 especies de aves, 35 de reptiles, 7 de anfibios y 17 de mamíferos; 430 tipos de plantas con flores, 4 % endémicas, 74 helechos, 89 briófitos y cinco formaciones selváticas y boscosas”.

La defensa de la identidad de Gorgona como Isla Ciencia, o Isla Verde recuperada, es lo que está en juego en este conflicto ambiental, que involucra a un peso pesado: el gobierno de Estados Unidos, cuyo interés probable es el control territorial del Pacífico y para quien quizá esta pequeña isla no tiene ningún valor.

Pero la isla no siempre fue un PNN en buen estado de conservación. De hecho, Castaño (1984) y Dupuy (2014) registran muestras arqueológicas de asentamientos precolombinos y que la oferta de agua dulce de la isla la hizo atractiva para grupos indígenas navegantes y conquistadores.

Después de varios siglos de ocupación, en 1960 se nacionalizó la Isla y se construyó la llamada “Alcatraz colombiana”: una cárcel que albergó a más de mil presos, causando graves afecciones que además nos mostraron una baja capacidad de carga ambiental.  El académico Rangel explica, por ejemplo, que la intromisión de especies domésticas en esta época diezmó las poblaciones de aves, de pequeños y medianos roedores, así como de serpientes y lagartos. Por otro lado, la deforestación afectó a más del 80 % de la selva húmeda y las fuentes de agua en varias partes de la Isla.

Incluso antes de que la cárcel fuera clausurada, la interesante historia y características naturales de Gorgona la pusieron en la lupa de muchos académicos, científicos y amantes de la naturaleza, que lograron: primero, su declaratoria como PNN en 1977 y después, en 1984, el cierre de la cárcel. Algunos de ellos, como Alegría Fonseca y Manuel Rodríguez Becerra, lideran hoy la resistencia a construir la subestación militar.

“La isla ciencia”

Ya son más de 40 años de presenciar cómo la biodiversidad se abre paso en lo que antes estaba tan afectado, tras un fascinante proceso de restauración natural que ha permitido que la Isla se convierta en un laboratorio viviente en buen estado de conservación, merecedora del apodo “La Isla Ciencia” y del título “Isla Verde” por parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Este proceso de recuperación, estudio e investigación de la Isla también muestra que, así como valiosa, la naturaleza en Gorgona es vulnerable a nuevas intervenciones, pues el 87 % de sus ecosistemas continúan en proceso de recuperación.

La defensa de la identidad de Gorgona como Isla Ciencia, o Isla Verde recuperada, es lo que está en juego en este conflicto ambiental, que involucra a un peso pesado: el gobierno de Estados Unidos, cuyo interés probable es el control territorial del Pacífico y para quien quizá esta pequeña isla no tiene ningún valor.

Pero así muchos en Colombia no hayan tenido la oportunidad de visitar Gorgona, su valor está escrito en nuestro ADN. Es la herencia que este grupo de científicos y ambientalistas le dejan al país y a sus generaciones futuras. Es nuestro deber ser sus guardianes y cuidadores, in situ o a distancia.

Bien es sabido que “¡el que paga manda!”, y por eso surge la desconfianza de la financiación e intervención del gobierno de Estados Unidos para garantizar la construcción de esta subestación a toda costa, logrando, por ejemplo, dudosas y posiblemente ilegales licencias ambientales exprés.

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