La salud perdió el juicio
Foto: Pixabay

La salud perdió el juicio

Compartir:

El gobierno convirtió la salud en su bandera principal, pero los servicios empeoraron y aumentó el gasto de bolsillo de los pacientes. Un experimento imaginario ayuda a juzgar si el sistema avanzó o retrocedió.

La salud detrás del ruido

Uno corre el riesgo de habituarse a ver filas de pacientes; multitudes que madrugan tras la suerte de un turno, madres que ruegan por un tratamiento que no llega. 

Todo pasa rápido, empujado por un dedo sobre la pantalla del teléfono: al cierre de un servicio de salud le sigue un video en los Alpes, un juego matemático, Egan en el Giro, Petro en una plaza, Cepeda, Paloma, el tigre. Los políticos de moda repiten que “la salud es un derecho, no un negocio”; sus adversarios les recuerdan quién gobierna el sistema. Llegamos a la noche convencidos de estar informados y, sobre todo, convencidos de tener la razón.

En silencio, un algoritmo, una serie de instrucciones escritas en código, nos conduce por un salón lleno de espejos. La instrucción es sencilla: haga que no suelte el celular, que se entretenga, que se indigne, que exclame cada tanto: “¿sí lo ven?… ¡yo les dije!”.

¡Un momento! Es hora de hablar de la salud. 

Un derecho fundamental autónomo, declarado como tal en un largo tiempo extra. Diecisiete años transcurrieron hasta que, en 2008, la Corte le dio su bendición. Ahora que este gobierno va concluyendo, después de escoger esta como su primera y más grande batalla —más que la laboral, más que la pensional—, es hora de hacer balances.

La tarea no es fácil en tiempos de redes sociales: cámaras donde rebota el eco de nuestras creencias y prejuicios. Conviene darnos vuelta y salir de estas modernas cuevas de sombras que aparentan realidad. Nos urge buscar evidencia confiable y escarbar en nuestra mente los criterios más adecuados para separar lo que está bien de lo que está mal.

Hagamos un experimento.

Un jurado estelar

Imaginemos que se ha creado un jurado para evaluar la bondad del sistema de salud. En él participan un tal Jeremy Bentham y un señor llamado John Stuart Mill. Un murmullo recorre la sala: los asistentes saben que estos dos connotados utilitaristas juzgan la bondad o maldad de una acción de gobierno por sus consecuencias.

Un profesor que se encuentra en la sala le dice a su compañera de banca: 

—Este par es capaz de absolver al sumo sacerdote Caifás, quien proclamó: “Nos conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca”.

Ella sonríe ante la exageración y responde: 

—Pero acertarán si consideran que una acción de gobierno debe maximizar el bienestar común y disminuir el sufrimiento de las mayorías.

Nuestros contertulios, distraídos, apenas han oído el segundo comentario cuando voltean a preguntar qué ha pasado.

—Han anunciado dos miembros más del jurado —les contesta una señora que sigue atenta la audiencia—. Un tal Immanuel Kant y otro de nombre John Rawls.

—Se puso bueno esto —comenta el profesor—. Ellos sí saben que la dignidad humana tiene valor intrínseco; que la salud no tiene precio; que el gobierno debe distribuir recursos a favor de los más vulnerables.

—Déjame oír —responde su compañera.

—Ya vienen los dos últimos nombres del jurado —insiste sin perder de vista al alguacil.

—El señor Amartya Sen y la señora Martha Nussbaum —anuncia este mientras cierra una bolsa de tela donde estaban los nombres de los seleccionados.

Una estudiante deja escapar un aplauso de júbilo mientras sostiene en su regazo dos libros: Desarrollo y libertad y Crear capacidades: propuesta para el desarrollo humano.

—¡Silencio en la sala! —ordena el alguacil.

Ruborizada, la estudiante comenta a un vecino:

—De ellos aprendí que la desigualdad en las capacidades impide ser libre; que el deterioro de la salud de los más pobres les impide realizar aquello que valoran.

El alguacil informa a la audiencia que ellos, y todos los lectores de esta historia, también harán parte del jurado y emitirán su veredicto.

Los hechos y la deliberación

Para ofrecer evidencia y elementos de juicio al jurado, la corte presenta el informe Gasto de bolsillo y barreras de atención en salud (2019-2025). Un estudio que analiza las cifras de la Encuesta de Calidad de Vida del DANE sobre una muestra de 250 mil personas —lee pesadamente el alguacil.

En una gran pantalla comienzan a aparecer barras de colores, porcentajes y flechas que suben y bajan.

La presentación parece comenzar por el final. A manera de síntesis, se informa al jurado, a la audiencia y a los lectores que entre 2022 y 2025 el gasto de bolsillo en salud aumentó 57,3 %.

Un hombre trajeado, llamado por la corte a exponer el estudio, explica que los hogares han experimentado más obstáculos para resolver sus problemas de salud dentro del sistema. Aumenta la preocupación por la demora en las citas, los pacientes desisten de acudir a su EPS cuando se enferman y cada vez más personas se quedan esperando los medicamentos que antes recibían.

Para confirmar esta tendencia, el experto informa que, según la encuesta del DANE, entre 2022 y 2025 se duplicó la proporción de pacientes que se autorrecetan. Esto coincide con un dato llamativo: para ese mismo año, 60 de cada 100 personas de menores ingresos se quedaron esperando sus medicamentos después de ser diagnosticadas.

Todo esto golpea el bolsillo de los hogares, afirma. Tiempos perdidos, costos de transporte, compra de medicinas que antes recibían y contratación de servicios privados. Por eso, de cada 100 pesos que los pacientes gastaban en 2022, el año pasado gastaron 157.

Mientras esto ocurría, las quejas presentadas ante la Superintendencia pasaron de un millón ciento cuarenta y nueve mil a dos millones sesenta y un mil.

Bentham y Mill se miran con gesto adusto, asienten el uno al otro y anotan en sus libretas. El alguacil, vencido por la curiosidad, alcanza a leer de reojo:

—Suficiente ilustración: 80 % más de quejas y semejante aumento en el gasto de los hogares son prueba irrefutable de una pérdida de bienestar social.

Ambos cierran sus cuadernos. Uno de ellos abre una revista y se distrae. Nuestro profesor, que no ha perdido detalle, comenta:

—Estarán llorando los más ricos, ahora que por fin redistribuimos.

—Calla, que el informe sigue —responde ella.

—El mayor gasto de bolsillo ha afectado más a los hogares rurales que a los urbanos —continúa el experto mientras señala dos barras de colores—. Mientras los pacientes urbanos sufrieron un aumento de 26,4 %, el aumento rural fue de 61,7 %.

Hace una pausa y añade:

—Cuando dividimos los hogares por niveles de ingreso, encontramos que en 2024, el año posterior a la gran ola de intervenciones de EPS, los hogares de menores ingresos sufrieron un aumento de 63,4% en su gasto de bolsillo. Los hogares de mayores ingresos registraron un aumento de 15,3 %.

El profesor afloja discretamente el cuello de su camisa. Kant se inclina hacia Rawls y comenta en voz baja:

—¿Quiere decir que el sistema está trasladando sus ineficiencias a los pacientes? Eso viola el imperativo de tratar a las personas como fines y no como medios.

—Y lo hace golpeando a los más alejados y a los más pobres —responde Rawls—. Exactamente lo contrario de lo que debe hacer una política orientada por la justicia.

El murmullo crece en la sala.

—¡Orden! ¡Orden en la sala! —grita el alguacil.

Foto: Alcaldía de Medellín

El veredicto

El experto, que ha aprovechado el desorden para tomar agua, muestra su último gráfico.

—La encuesta también nos permite observar a los pacientes según su estado de salud. Entre 2022 y 2025, el aumento del gasto de bolsillo fue especialmente severo para quienes declararon encontrarse en muy mal estado de salud. Ellos enfrentaron un aumento de 32,7 %, mientras que quienes reportaron un estado de salud muy bueno lograron reducir ese gasto en 36,5 %.

Amartya Sen levanta la mirada.

—Es evidente que el resultado ha sido una lotería de inequidad: han sufrido más los pobres, los distantes y los enfermos.

Nussbaum asiente.

—¿Cómo puede ser libre alguien que no puede ejercer un derecho tan básico?

A estas alturas el alguacil nada puede hacer. El público comenta, discute y se señala. Un lector se rasca la cabeza mientras pasa al siguiente contenido en su teléfono. Sin embargo, la pregunta sigue ahí, esperando respuesta.

Si Bentham y Mill juzgan por las consecuencias, el aumento de las quejas, de las barreras de acceso y del gasto de bolsillo parece difícil de defender.

Si Kant y Rawls juzgan por la dignidad y la justicia, tampoco resulta fácil explicar por qué el deterioro golpeó más a los pobres, a los rurales y a los pacientes más enfermos.

Y si Sen y Nussbaum juzgan por las capacidades reales de las personas para vivir la vida que valoran, el resultado tampoco parece alentador.

Tal vez por eso el jurado guarda silencio.

Porque antes de discutir quién tiene la culpa, o quién ganó la batalla política, conviene responder una pregunta más sencilla: ¿están hoy mejor los pacientes que hace tres años?

Ese, al fin y al cabo, era el asunto sometido a juicio. Y ese es el único veredicto que importa.

Le recomendamos: Reglas ciertas para resultados inciertos (La maratón electoral-IV)

Acerca del autor

Ricardo Valencia Ramirez
rvalencia@razonpublica.org | + posts

*Cofundador y CEO de Algebra Labs. @algebra_labs

4 comentarios

Ricardo Valencia Ramirez

Escrito por:

Ricardo Valencia Ramirez

*Cofundador y CEO de Algebra Labs. @algebra_labs

4 comentarios de “La salud perdió el juicio”

  1. Hasta el momento la batalla no la ha ganado nadie, pero si hemos perdido los ciudadanos que solo tienen EPS, los que viven lejos, los pobres y vulnerables, también los que hasta l fecha hemos pagado salud privada, que las aseguradoras han decidido pelotearnos de una clínica a otra para después de un tiempo remitirnos a las EPS.

  2. La crisis es resultado de la improvisación, un nuevo sistema no se puede poner en marcha mediante prueba y error. Antes que acabar con lo que está operando desde hace años hay que evaluar si lo nuevo está bien concebido. Luego de estos cuatro años de improvisación y habiendo vivido las tragedias de los que mueren sin que se les preste la atención médica urgente requerida, se les haga el procedimiento del que depende su vida o se les suministre el medicamento esencial, que lo antiguo no era tan malo

  3. La crisis es resultado de la improvisación, un nuevo sistema no se puede poner en marcha mediante prueba y error. Antes que acabar con lo que está operando desde hace años hay que evaluar si lo nuevo está bien concebido. Luego de estos cuatro años de improvisación y habiendo vivido las tragedias de los que mueren sin que se les preste la atención médica urgente requerida, se les haga el procedimiento del que depende su vida o se les suministre el medicamento esencial, se puede concluir que lo antiguo no era tan malo

  4. Los antecedentes muestran que no hay modelo perfecto..me quedo con la tesis que antes de cambiarlo debe establecerse qué funciona bien o mal..y prever un cambio planeado y no impuesto

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

Política y Gobierno

Voto Pardo Liberal

Maria_Fernanda_Gonzalez_RazonPublica
Política y Gobierno

Uribismo versus Santismo: rivalidad, ruptura e imitación

Política y Gobierno

El ABC de la Jurisdicción Agraria y Rural

Política y Gobierno

Nuevo procurador, ¿nueva Procuraduría?

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!