Sin debates de los candidatos, los indecisos votarán por quien lidera las encuestas
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Sin debates de los candidatos, los indecisos votarán por quien lidera las encuestas

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La ausencia de debates y las restricciones a la publicación de encuestas han empobrecido el debate electoral. En este vacío informativo, el voto de los indecisos se ha visto condicionado por el efecto bandwagon, convirtiendo a los punteros en la opción predeterminada ante la falta de alternativas.

Este ciclo electoral ha sido inusualmente pobre en información para los votantes. Los debates presidenciales brillaron por su ausencia. Dos de los tres candidatos punteros para la jornada de ayer en las encuestas afirmaron que no había garantías suficientes y decidieron no participar —un mensaje profundamente antidemocrático, con un sutil tinte de superioridad, que preocupa en un mundo donde los comportamientos que erosionan la cultura democrática avanzan. Los debates que sí se llevaron a cabo no lograron poner sistemáticamente en contrapeso los programas de los candidatos más opcionados. En su lugar, proliferaron las entrevistas individuales, formatos que profundizan en el carácter y la biografía del candidato más que en la posibilidad de contrastar posiciones sobre política pública.

A esto se sumó la Ley 2494 de 2025. Con la loable intención de regularizar la publicación de encuestas para que los estudios preelectorales fueran más rigurosos y representativos, terminó reduciendo drásticamente la información disponible sobre la intención de voto. El director de Cifras & Conceptos, César Caballero, ha señalado que esto creó una brecha de información: muchas encuestas se siguen realizando, pero no se publican, y el acceso a esa información queda restringido a quienes tienen el dinero para contratar los estudios. El resultado práctico fue el opuesto al buscado: en lugar de mejorar la información, el electorado terminó con menos información sobre las preferencias de sus conciudadanos. Y al final, con las redes sociales como canal dominante de comunicación política, los votantes están expuestos a burbujas donde el contraste y la discusión crítica de ideas son aún más escasos.

Las consecuencias de un debate democrático sin información

En este contexto de escasez informativa, las encuestas publicadas revelan un dato que merece atención: el 20% de los votantes llegaron a estas elecciones sin haber decidido su voto. Según el análisis de microdatos de La Silla Vacía —construido a partir de 18 encuestas de las firmas GAD3, AtlasIntel, Invamer y CNC—, los indecisos son mayoritariamente mujeres, se concentran en los estratos más bajos y están principalmente en las regiones de mayor densidad poblacional. Este porcentaje es probablemente el número más importante de esta campaña: la diferencia entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia es menor que ese 20% de ciudadanos que todavía están buscando una razón para decidir. Los indecisos sí pueden definir quién llega a la Casa de Nariño.

Y aquí aparece una paradoja. En un estudio experimental en seis países, Roy, Singh y Fournier (2021) demuestran que las encuestas tienen un impacto significativo en el comportamiento de los votantes sin apego partidario. A diferencia de los electores con una identidad política fuerte —que filtran la información a través de sus lealtades políticas—, los indecisos carecen de ese ancla. Cuando no tienen otra información disponible, la señal de quién va ganando se convierte en un atajo cognitivo para decidir el voto. A esto se le llama el efecto bandwagon: la tendencia a inclinarse por el candidato percibido como favorito. El mismo estudio encontró que, entre los votantes sin identificación partidaria, la exposición a información de encuestas sobre intención de voto aumenta la probabilidad de votar por el candidato puntero en aproximadamente 4 puntos porcentuales, mientras que entre los votante con fuerte identificación política el efecto es esencialmente nulo.

Si un votante tiene poca información sobre las propuestas de los candidatos, saber que una mayoría se inclina por uno de ellos es, al menos, información sobre lo que otros ciudadanos han concluido. Es una heurística —imperfecta, pero funcional cuando no hay más. El problema surge cuando ese atajo cognitivo se convierte en el único insumo disponible para tomar una decisión en una democracia.

Foto: X: Registraduría Nacional del Estado Civil

La paradoja de restringir las encuestas

Aquí se revela la ironía central de la carrera presidencial. La Ley 2494 fue diseñada, entre otras razones, para reducir el peso de las encuestas sobre el comportamiento del electorado. No deja de ser significativo que entre sus promotoras esté Paloma Valencia, hoy candidata presidencial. La restricción, en vez de nivelar el campo o proteger al votante, puede estar operando en su contra: en una campaña caracterizada por tan poca información programática, las pocas encuestas que circulan podrían estar inclinando precisamente a ese 20% de indecisos hacia los candidatos que ya lideran las mediciones.

La evidencia empírica es clara en este punto: las encuestas influyen más cuando hay menos información con la que contrastarlas. Un votante que ha escuchado debates, leído planes de gobierno y consultado análisis independientes puede tomar una encuesta como un dato más dentro de un panorama amplio. Un votante que no tuvo acceso a ninguno de esos insumos la toma como el mapa completo. Así, la reforma no redujo el efecto de los sondeos. Lo amplificó. Y las encuestas que circulan de manera informal en redes sociales —sin metodología publicada, sin margen de error, sin representatividad verificable— llenan el vacío que dejaron las encuestas formales, con aun menos posibilidad de escrutinio.

¿Qué nos dicen estas elecciones sobre nuestra democracia?

Una democracia robusta propicia las condiciones para que el votante pueda deliberar: debates que confrontan propuestas, encuestas que mapean con rigor las tendencias del electorado, medios que profundizan en los programas de gobierno. Cuando esas condiciones fallan, no desaparece la necesidad de decidir. Solo se empobrecen los insumos con los que se decide.

Si los hallazgos de la investigación sobre encuestas y comportamiento electoral son aplicables al contexto colombiano, es posible que hoy tengamos en segunda vuelta a los dos candidatos que menos información programática ofrecieron durante la campaña —no a pesar del vacío informativo, sino en parte gracias a él. Ya veremos con calma qué nos dicen los resultados de ayer. Pero, independientemente de quién gane, la pregunta que esta campaña deja pendiente no es sobre los candidatos: es sobre el ecosistema de información que dificulta al ciudadano de a pie ejercer con libertad real su derecho a votar.

Le recomendamos: Compliance electoral: transparencia exigida, opacidad practicada

Acerca del autor

Juan Diego Duque
jduque@razonpublica.org | + posts

*Investigador post-doctoral del Departamento de Investigaciones de Conflicto y Paz, Universidad de Uppsala, Suecia.

1 comentarios

Juan Diego Duque

Escrito por:

Juan Diego Duque

*Investigador post-doctoral del Departamento de Investigaciones de Conflicto y Paz, Universidad de Uppsala, Suecia.

Comentarios de “Sin debates de los candidatos, los indecisos votarán por quien lidera las encuestas”

  1. Excelente análisis ,recomendaciones y precisiones felicitaciones Juan Diego estás poniéndonos en conocimiento de muchas cosas que ignorábamos . Muchas gracias

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