
El populismo del M-19, el neopopulismo de Gustavo Petro, sus contradicciones y su deriva en un eventual gobierno de Iván Cepeda
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El discurso público del presidente Petro ha reivindicado la figura del pueblo y sus luchas, en un país como Colombia, donde a diferencia de la Argentina de Juan Domingo Perón y Evita, del México de Lázaro Cárdenas y del Brasil de Getulio Vargas, en los que el populismo tuvo un papel clave en el reconocimiento simbólico de los sectores populares y en la mejora de su situación económica, se mantuvo durante el siglo XX un sistema oligárquico de dominación.
Colombia representa, además, la frustración populista, por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, el golpe militar contra Gustavo Rojas Pinilla en 1957 y el fraude del 19 de abril de 1970 que impuso a Misael Pastrana sobre el candidato Rojas Pinilla, siendo Carlos Lleras Restrepo presidente.
El M-19 nace como respuesta a ese fraude que traicionó la voluntad popular, articulando militantes desencantados de la izquierda comunista y de las Farc, con militantes de la Anapo socialista, herederos del ideario social y nacional-populista del rojismo. El pensador socialista colombianista, crítico del comunismo soviético y estudioso de las reformas agrarias en América Latina, el maestro Antonio García Nossa, hijo de Villapinzón, Cundinamarca, alimentó también las perspectivas de la naciente organización.
El M-19 tomó también elementos de la tradición montonera y tupamara argentina y uruguaya. Los operativos de robo y repartición de pollos y botellas de leche en barrios populares, copiaban acciones similares de esas guerrillas. El robo de la espada de Bolívar como acción político-simbólica, emulaba también el secuestro de la bandera de José Gervasio Artigas, el héroe nacional uruguayo, por los tupamaros.
Pero no todo fue heroísmo en esos “préstamos” de la izquierda armada populista conosureña. Episodios como el secuestro del líder sindical José Raquel Mercado en 1976, ejecutado por “traición a la clase obrera”, luego de un juicio populista donde supuestamente “las paredes hablaron” y lo sentenciaron a muerte; o el secuestro de Hugo Ferreira Neira, gerente de Indupalma, en1977, para presionar una solución favorable a los trabajadores en una convención colectiva de trabajo, muy probablemente eran también versiones colombianas de la condena y ejecución montonera del líder sindical Augusto Vandor en Argentina en 1969 y de presiones político-militares parecidas para obtener decisiones favorables a los trabajadores en negociaciones de convenciones colectivas de trabajo (ver Luis Alberto Romero, Breve historia de la Argentina 1910-2010).
El mérito del M-19 no estuvo solamente en la copia de la política cultural de las organizaciones armadas del Cono Sur. En una historia y una sociedad como la colombiana donde se ha diagnosticado la ausencia de relatos compartidos de Nación, Jaime Bateman propuso la idea del “sancocho nacional”, partiendo de la existencia de recetas distintas para preparar ese plato en cada una de nuestras regiones, como una metáfora de la nación plural y diversa que teníamos que construir en un país de territorios diferentes y multicolores.
Como vemos, el M-19 tuvo indudables elementos de creatividad en su simbología política, que dejaron una huella perdurable en la memoria urbana. Como observador y fotógrafo de diversas movilizaciones sociales he registrado la presencia de motivos del M-19 (banderas, imágenes de Jaime Bateman, de Carlos Pizarro y de la espada de Bolívar), desde la última década del siglo XX y lo que va del siglo XXI. Es importante recordarlo, dado que un sector de la derecha pretende en los últimos años, equiparar al M-19, desde memes y mensajes en las redes digitales, con trayectorias autoritarias y militaristas de las guerrillas marxistas [ver video adjunto]. O argumentar que esa presencia de símbolos M-19 en las marchas del petrismo es una creación del presidente, ligada a un supuesto intento de revivir la organización armada.
Yendo ahora al populismo de Petro en el poder, no al histórico del M-19 en la oposición que hemos presentado arriba, hay que anotar que el presidente, luego de un breve intento de gobierno con los partidos tradicionales, decidió romper la coalición y radicalizar su discurso en un tono populista y confrontacional, de pueblo contra oligarquía y pobres contra ricos. Si bien ese discurso le posibilita cohesionar sus bases más incondicionales y obtener el respaldo de un 30-35 % de los colombianos en las encuestas, no le permite ganarse al grueso de la opinión pública.
Preso de esa pulsión populista polarizante, el presidente ha oscilado entre breves períodos de llamamiento a un Acuerdo Nacional, al cual han respondido positivamente los empresarios y el propio Sistema de Medios Públicos de RTVC, dándole visibilidad a esos empresarios dispuestos a colaborar con el gobierno, y otros momentos, donde el mismo mandatario borra de un plumazo la posibilidad de acuerdos, recurriendo a descalificaciones generalizantes de los empresarios y otros sectores no alineados con el gobierno. En algunas ocasiones, Laura Sarabia como escudera del presidente, salió a matizar sus declaraciones o a explicar qué era lo que él verdaderamente quería decir. El ministro del Interior Luis Fernando Velasco, también trató de justificar la propensión de Petro a la confrontación, con el argumento de que “el presidente ha sido un gran luchador”, y que a él “le es muy difícil dejar de luchar”.
Considero que ese genuino luchador por los pobres que es Gustavo Petro, que se emociona y emociona con sus discursos de plaza pública a los humildes, pudo haber tenido más conciencia que él es el gobernante de todos los colombianos, de los pobres y marginados, pero también de las clases medias y altas, incluidos los empresarios. No hay que olvidar en este punto que una de las innovaciones en la ideología del M-19 fue el reconocimiento y la visión positiva de las clases medias, miradas tradicionalmente de manera despectiva por las izquierdas marxistas como “compañeros de viaje” de la revolución proletaria, que tarde o temprano iban a defeccionar.
Esa polarización, aupada por el líder carismático de la izquierda, tampoco favorece la conformación de una cultura política de izquierda democrática, pluralista, no caudillista, no conspirativa, negociadora, con capacidad de seducir y atraer a otros sectores ciudadanos hacia su propuesta y lograr un reconocimiento amplio de esa izquierda democrática en el sistema político y en la sociedad.
El candidato Iván Cepeda proviene de otra tradición, más ligada a las izquierdas marxistas, pero enriquecida con una experiencia de vida y estudio en la Bulgaria socialista, con las implicaciones críticas que tal experiencia y el posterior derrumbe del campo socialista en Rusia y en Europa del Este durante los 90, tienen, en la valoración de los modelos de los países del socialismo real.
Cuenta también Iván Cepeda con una experiencia de trabajo con las víctimas del conflicto armado interno, que no necesariamente implica mirar sectariamente hacia el pasado traumático con pesimismo y actitud revanchista. Las propias víctimas están siendo en su mayoría, en su experiencia personal y grupal de memorialización, sujetos de procesos de superación del trauma (resiliencia) y de perdón, y por ello mismo, de construcción de un futuro colectivo nacional de reconciliación, con verdad, pero sin odio.
Acerca del autor

Fabio López de la Roche
Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.
3 comentarios




Excelente artículo, es real la diferencia entre candidatos, y la confrontación de ricos y pobres desde el gobierno, Cepeda hereda esa confrontación, aunque su formación marxista lo conducirá a radicalizar su gobierno .
Es una Concesion a los trasdeescena corporativos de Razón Publica aludir solamente como opinologo honorario a un inexistente Estado Pacto Histórico desconociendo el Estado como forma de dominación que ha existido en Colombia a lo largo de su historia institucional hierocratica. Le recomendamos releer a Weber con Bourdieu, Holloway, Laclau, Segato y Fraser para reconocer la revolución simbólica en curso Petro a Cepeda
No comprendí la relación del artículo, con buzos de análisis serio y el video de los violadores que, pudiendo decir algo cierto, se queda en los calificativos sugerentes. El tema fel artículo no se amplia ni relaciona con el tema del vídeo