
Miradas presidenciales a la desigualdad
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Reconocer la desigualdad es el primer paso para proponer soluciones a ella. Y parece que existe consenso entre candidatos sobre la necesidad de abordarla. La desigualdad es el resultado de decisiones políticas y económicas. Y por eso, puede transformarse a partir de decisiones políticas y económicas.
Colombia ocupa el deshonroso lugar de ser uno de los países más desiguales del mundo. ¿Qué hará él o la próxima presidente al respecto? Esta es una pregunta relevante, pues más allá de los discursos o las afinidades ideológicas, la desigualdad es una realidad que afecta la economía, la seguridad y el día a día de las personas en Colombia. De ahí la importancia de analizar cómo entienden las y los candidatos la desigualdad, y, sobre todo, qué proponen para reducirla.
Con esta idea en mente, hace unas semanas organizamos un debate presidencial sobre la desigualdad. El llamado lo hicimos desde Reimaginemos, la Universidad de Los Andes, la Universidad Nacional, Dejusticia, El Espectador y Oxfam Colombia. Luego de insistir durante dos meses, logramos contar con la participación de algunos candidatos: Paloma Valencia, Claudia López, Roy Barreras y Luis Gilberto Murillo. Los candidatos Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella no acudieron al llamado.
El debate dejó entrever coincidencias, retos, matices y divergencias. En esta columna, resumo las principales y agrego una reflexión sobre las visiones de Cepeda y de la Espriella, a la luz de sus programas de gobierno (y sus respectivas 13 vs. 433 pgs).
La igualdad, un tema de las agendas, pero con soluciones diferentes
La primera, y quizás más importante, conclusión es que la desigualdad está en la agenda, pero las soluciones a esta se plantean de manera muy diferente. Para Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, la desigualdad se desdibuja como un asunto secundario que se soluciona con apuestas tradicionales que apuntan al crecimiento más que a la redistribución, o a cambiar las “reglas del juego”.
Por ejemplo, a la pregunta sobre cómo reducir las brechas territoriales entre el centro y la periferia en Colombia, Valencia apunta a apuestas como aumentar el acceso al crédito y reducir las barreras a la comercialización. Cuando le preguntamos por las desigualdades en el mercado laboral, apuesta por la formalidad mediante la reducción de trámites. Y cuando indagamos por las desigualdades de género, la candidata señala la importancia de facilitar el acceso a energía y estufas, para liberar el tiempo que las mujeres emplean en labores de cuidado. Algo muy similar se refleja en las propuestas de De la Espriella, que, en materia de género, apunta a la formalización de emprendimientos femeninos y a la formación de cuidadoras. O en temas de empleo e ingresos, con sus apuestas para reducir las cargas al sector empresarial, los costos de energía, eliminar trámites y formar a jóvenes en emprendimiento.
Si bien todas estas propuestas son necesarias, no transforman las estructuras sociales, económicas y políticas que han generado y sostenido las desigualdades en nuestro país. Como lo señala Leopoldo Fergusson, profesor de economía de Los Andes: “Se evidencia que Paloma tiene un talante más conservador, hablando de cambios a políticas, pero no a los arreglos institucionales”. Lo mismo aplica para De la Espriella.

Las apuestas por cambiar las “reglas de juego”
Las apuestas por cambiar los arreglos institucionales, o las “reglas del juego”, sí se ven en algunas propuestas de otros candidatos. Por ejemplo, Claudia habla sobre descentralizar el DNP, y Cepeda apunta a grandes transformaciones: una “redistribución estructural de la riqueza”, una “revolución agraria”, aumentar el salario mínimo hasta alcanzar un salario vital (un concepto que apenas está llegando a Colombia) y que las mujeres “ocupen espacios decisorios en la vida política y económica”.
Por su parte, Luis Gilberto Murillo habla de profundizar la descentralización y reducir el racismo que perdura en el Estado, y Roy Barreras apunta a profundizar la reforma rural integral. Lo cual contrasta con la visión de De la Espriella, quien propone “acabar la falsa reforma agraria y volver propietario al campesino”.
El punto relevante acá es que la desigualdad resulta de unas reglas de juego desiguales y, por tanto, necesita ser abordada por medio de apuestas específicas que apunten no solo a generar crecimiento económico o a dar oportunidades a los más pobres. Si comprendemos la desigualdad como la coexistencia de privilegios y exclusiones extremos e injustos, se hace claro que necesitamos propuestas concretas no sólo para crecer o reducir la pobreza, sino también para repensar los privilegios excesivos y encontrar maneras concretas de redistribuir.
La herramienta más importante con la que cuenta un gobierno para hacer esto es el sistema tributario. En esta materia, lo más urgente es cómo volver los impuestos más progresivos, es decir, que quienes tienen más, aporten más. Como señala Jairo Villabona, profesor de economía de la Universidad Nacional: “Los sistemas tributarios corrigen la desigualdad”. Cuando se compara el coeficiente de Gini antes y después de impuestos en los países de la OCDE, este disminuye. Pero en Colombia permanece igual. Esto indica que el sistema tributario colombiano no es eficaz para redistribuir el ingreso. Es decir, no sirve”.
Ante esta realidad, resulta preocupante la propuesta de Paloma Valencia de eliminar el impuesto al patrimonio (uno de los pocos impuestos focalizados específicamente en las personas más ricas). Sobre todo, si no se plantea cómo se va a reemplazar este recaudo con otras fuentes que también graven a quienes más tienen.
Y más preocupante aún resulta el “programa de ajuste fiscal” que propone De La Espriella para “reducir el tamaño del Estado hasta en una cuarta parte”. Esto significa reducir el gasto social, que brinda educación, salud y apoyo al ingreso a 16 millones de colombianos que viven en pobreza, precisamente como resultado de decisiones políticas y económicas. En una orilla tenemos a un candidato que quiere reducir el Estado, y en la otra orilla, un candidato (Cepeda) que habla de “consolidar una verdadera renta básica para atender a la población que vive en la peor miseria y pobreza en esta sociedad”.
Al pensar en cómo reducir la desigualdad, también es clave preguntarnos si los candidatos están apostando por estrategias pedagógicas y culturales para transformar imaginarios, discursos y comportamientos. Como señala Diana Guzmán, directora de Dejusticia, “la desigualdad no es sólo resultado de decisiones económicas, sino también de dispositivos culturales que favorecen percepciones sociales que la reproducen”. En las propuestas de Cepeda se habla de algunas de estas narrativas, por ejemplo, de “el desprecio por los pobres, el sometimiento de las mujeres y la persecución de los pueblos ancestrales”.
Con sus más de cuatrocientas páginas, el programa de Gobierno de Cepeda deja ver una agenda claramente redistributiva que da prioridad a la justicia social. Aunque ahonda en detalles y propuestas, cabe preguntarse qué tan factible es realizar una reforma tan profunda del Estado y de la economía. Puede ser loable querer transformar las estructuras de nuestro país, pero sin la capacidad de implementar, de generar consensos y de gobernar para todos, las transformaciones se quedarán en el papel.
En todo caso, reconocer la desigualdad es el primer paso para proponer soluciones a ella. Y parece que existe cierto consenso entre candidatos sobre la necesidad de abordarla. No olvidemos que la desigualdad no surge de la nada. La desigualdad es el resultado de decisiones políticas y económicas. Y por eso mismo, puede transformarse a partir de decisiones políticas y económicas.
¿Está listo él o la próxima presidente de Colombia para tomar las decisiones que necesitamos para salir del top de los países más desiguales?
Amanecerá y veremos.
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Acerca del autor
Allison Benson
*Economista, PhD en desarrollo. Directora del proyecto Reimaginemos y del Centro de Investigación Acción Pública.
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