
La memoria del conflicto, la reconciliación y la elección presidencial
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Andreas Huyssen, estudioso alemán de la memoria, de visita en Colombia en febrero de 2020, en entrevista con El Espectador (Dávila, “Sin pasados establecidos y bien comprendidos, no puede haber un futuro exitoso”, febrero 23, pp.14-15), respondió así a la pregunta de Beatriz Dávila ¿Por qué es tan importante un proceso de construcción de memoria colectiva en sociedades que han vivido historias nacionales de trauma y violencia?:
“Una piedra angular de los debates sobre historia y memoria ha sido que la memoria colectiva es necesaria para que haya cohesión social y para establecer legados comunes que puedan orientar la experiencia y la acción de las naciones. Sin pasados establecidos y bien comprendidos, no puede haber un futuro exitoso”.
Para Colombia esto significa que una sociedad con 10 millones de víctimas (casi la cuarta parte de su población), con 120.000 desaparecidos, que sufrió el exterminio de todo un partido político, un partidicidio, en el caso de la Unión Patriótica, más de 6.400 “falsos positivos” o ejecuciones extrajudiciales de jóvenes pobres de las barriadas por parte del ejército para hacerlos pasar como guerrilleros dados de baja en combate, 200.000 víctimas directas del secuestro guerrillero (Una sociedad secuestrada, CNMH, pp.103-119), presenta una fuerte demanda de esclarecimiento de lo que pasó, de identificación de los perpetradores y de establecimiento de responsabilidades políticas y éticas.
Huyssen ha subrayado igualmente que los temas de la memoria de los autoritarismos o de las sociedades como Colombia que han vivido graves quiebres de los derechos humanos son crecientemente temas de interés global y de una cultura internacional de los derechos humanos.
El estudioso alemán destaca así mismo el especial papel que la literatura y las artes desempeñan en la recreación y divulgación de la memoria en una perspectiva global, idea con la que coincidimos plenamente si pensamos por ejemplo en las novelas El hombre que amaba los perros de Leonardo Padura o en Vida y Destino de Vasili Grossman y su potencia para recrear la memoria del estalinismo. O en películas como Ainda estou aquí (Aún estoy aquí), de Walter Salles (premio Oscar en 2024) y El agente secreto, dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Wagner Moura, en cartelera en Bogotá y otras ciudades. Estas dos películas seguramente han hecho más por el conocimiento de la historia y la memoria de la dictadura brasileña entre 1964 y 1985 que la propia Comisión de la Verdad, cuyos resultados no tuvieron un mayor impacto y divulgación social. Además, hay que tener en cuenta que en Brasil, de manera similar a como se había hecho desde la enseñanza escolar de la historia bajo el franquismo en España, se impulsó en las escuelas durante la dictadura, la versión de que el gobierno militar se había establecido para conjurar la amenaza de toma del poder por el comunismo.
Volviendo a Colombia, hay que decir que en los últimos 15 años, estimulado por el proceso de paz con las Farc y por el trabajo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), sobre todo en su momento de consolidación bajo la dirección del historiador Gonzalo Sánchez, se ha creado un fuerte movimiento de memorialización en diferentes regiones del país, agenciado en muchas ocasiones por mujeres valientes y decididas que son madres, esposas, abuelas, hermanas, hijas o sobrinas de las víctimas, que no están dispuestas a quedarse calladas o a deponer las búsquedas de sus seres queridos y sus demandas de verdad acerca de lo que pasó con ellos. Me atrevo a decir que es un movimiento bastante autónomo frente a los gobiernos de turno, aunque puede favorecerse de la presencia en el poder de presidentes y funcionarios más afines a las necesidades y perspectivas de las víctimas.
Aunque puede haber entre las víctimas actitudes de odio o retaliación (como diría María Emma Wills en su libro de 2022, Memorias para la Paz o Memorias para la Guerra), me impresiona la generosidad de la inmensa mayoría de las víctimas que he conocido y con las que he tratado. Recientemente hemos visto en la televisión, a un militar compareciente ante la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) por un caso de ejecución extrajudicial de un joven, solicitar y recibir el perdón de parte de la madre y la hermana de la víctima, en medio de un abrazo entre los tres.
Como lo ha subrayado la estudiosa de la memoria del franquismo y de la guerra civil española Paloma Aguilar, las políticas de la memoria pueden constituir un importante apoyo a las políticas de derechos humanos y de reparación de las víctimas propias de la justicia transicional, “por un lado, hacer frente a las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen anterior y, por otro, reparar a las víctimas de la represión (Aguilar, Políticas de la Memoria y Memorias de la Política, Alianza Editorial, Madrid, 2008: p.52)”.
Subordinada a la política negacionista del conflicto armado de Uribe Vélez, a su no reconocimiento del proceso de paz de Santos con las Farc y de las instituciones de la Justicia transicional, la candidata Paloma Valencia, de llegar a la Presidencia de la República, encontraría probablemente una alta hostilidad no solo de parte de la oposición de izquierda y de sectores democráticos de la justicia, sino también de la sociedad que mucho ha cambiado de 2010 a hoy. La JEP, que Iván Duque y el uribismo intentaron destruir presentándola falsamente como “una justicia a la medida de las Farc”, ha aceptado a más de 5.000 militares que igual que los ex guerrilleros acogidos a esa justicia restaurativa, obtendrán penas mucho menos severas que los 20 o más años de prisión que recibirían por sus delitos en la justicia ordinaria. Un triunfo del pa´lomismo, constituiría un retroceso mayúsculo para las políticas de paz y justicia transicional en Colombia.
Acerca del autor

Fabio López de la Roche
Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.
3 comentarios





Excelente e importante articulo mi amigo, en especial en un instante de la historia global donde parece que el derecho internacional y los derechos humanos han sido abandonados a favor de un Estado de Naturaleza donde lo único que cuenta, lo único que vale, es el poder. Estoy muy de acuerdo que la literatura, el cine y los otros artes son esenciales para darle vida a la historia y hacerla resonar en nuestras almas, nuestras almas donde los cambios reales se han de lograr. ¡Muchas felicitaciones!
Muy interesante el planteamiento de Fabio, la importancia de la memoria para la conciencia de un pasado no muy lejano del ex en presidente Valencia.
Apreciado Fabio, Importantísima y muy oportuna reflexión, especialmente en un país sometido al terror y la violación de derechos humanos por políticos corruptos que, incluso, han prohibido la cátedra de historia por decreto (Resolución César Gaviria de 1994).