Pá | Columna | Laura León

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La columna de hoy no hablará de política ni de educación. Análisis políticos sobran en TikTok, en los medios tradicionales y en mil publicaciones de cualquier red social. No hay mucho más que yo pueda decir. 

La columna de hoy va dedicada a mi papá.

Han pasado 11 años -un poco más- desde nuestro último abrazo. Mi memoria, que se caracteriza por tatuar con mayor nitidez los recuerdos tristes, tiene presente bien dónde, cómo y cuándo fue. Nos despedimos a muy pocos días de que te fueras. Yo del lado de la cama que era de mi mamá -que para que te rías nunca durmió ni del otro lado, ni en el medio de la cama; como respetando tu espacio- y tú de tu lado, adormecido, medio inconsciente, sosteniéndome las manos y aferrándonos ambos a la poca vida que nos quedaba por compartir. 

Sentí ganas de escribirte esto y hacerlo público porque me di cuenta que en el placer de escribir olvidé lo que es hacerlo sobre lo que siento. Atravesar las emociones con las letras. Mis textos se volvieron coyunturalmente aburridos. Pero a veces escribir sobre lo que carga el corazón se vuelve una forma de crear puentes, especialmente en la tristeza, con lo que ya no está. 

Decidí escribirte a ti porque hay un universo de cosas que me gustaría contarte y otro mucho más grande donde necesitas aconsejarme. He pasado mi vida preguntándome si la persona en la que me he convertido te haría sentir orgulloso. Lo descubrí hace poco, en una terapia, donde sin darme cuenta terminé llorando y diciéndole a Alba que, lo que me pasa es que a veces tomo decisiones sola, pero esperando una validación que busco en otras personas pensando en ti. Te daría risa y rabia muchas de mis actitudes. Mi mala cara. Mi extrema honestidad que a veces parece cruel. Mi impaciencia. Mi terquedad. Me corregirías aun sabiendo que todo eso lo aprendí de ti. Yo tan aries y tú tan piscis, pero el esqueleto de mi personalidad es una copia idéntica de la tuya. De la misma forma que se ve en mis ojos, mis ojeras, todos mis rasgos y mi fisionomía tan bien heredada de ti. 

No sé que pensarías de que me separé. Sé lo mucho que querías a Felipe, pero no salió bien. Tampoco te gustarían las razones por las que terminó pasando, probablemente pensarías que fue una locura innecesaria. No sé si supieras que terminé dedicándome a la política sería algo que contarías en las reuniones, cuando hablabas con el pecho hinchado y un whisky en la mano, orgulloso de tus hijas. También tuve un restaurante, de sushi. Odiabas el sushi, pero hubieras estado ahí. Me gradué. Hice una maestría. Doy clases en la Nacional. Hago ejercicio para no perder la cabeza. Te pienso mucho. 

Mientras escribo esta columna (¿?) tengo de fondo Abrázame. Una canción de Felipe Botello y Ángela Aguilar. Es una canción de amor que me hace pensar en ti: 

“Me he preguntado
Dónde le puedo encontrar
Atento aguardo
Buscando alguna señal

 

Mi sufrimiento ha acabado
Desde que veo tu mirar
Tanto que anduve penando
Y hoy me calma la ansiedad


Cómo me alegra tu tacto
Abrázame, abrázame fuerte

 No me dejes, por favor
No me dejes, por favor”

La escuché hoy en el carro mientras tenía a Franco en las piernas y pensaba en ti imaginando como lo mirarías a los ojos. Como serías abuelo. Como verías a Cris siendo mamá. Mientras la escuchaba me di cuenta que hace años no me siento así de segura. Que llevo años atenta aguardando y buscando alguna señal. La idea de escribir esto aquí tal vez exponiéndole a mis cuatro lectores el sufrimiento silencioso que no me permito expresar, es volver a teclear, con una luz tenue, con música de fondo, con el gato que no conociste que me mira con sus ojos verdes preguntándome porque lloro mientras escribo. Conectarme contigo. Permitirme sentirte, pero, sobre todo, extrañarte. Sentir esa señal.

Quiero que una parte de mi logre volver a enraizarse con la niña que escribía cuentos y poesías. Al menos para permitirme desde este lugar pedir la ayuda que necesito, sentir menos miedo, abandonar la profunda idea de nunca poder volver a amar y mucho menos ser amada. Tal vez te excediste en las lecciones de independencia que me han hecho creer que es mejor ser dura envuelta en un caparazón. Últimamente he recordado un consejo que me diste en la puerta de la casa: iba yo con los ojos encharcados porque me habían roto y solo me dijiste “cuida bien a quien le muestras el corazón porque la gente se asusta y no todos quieren cuidarte”. Nunca olvidaré esa frase. He fallado haciéndote caso. 

Dejé de escribir no supe bien porqué. Pensándolo creo que se volvió demasiado doloroso. Pero esta carta va dirigida a ti. A honrar tu amor y tu memoria. A todas las noches que te sentaste conmigo a verme estudiar y llevarme café. A los vodkas con jugo de naranja que nos tomábamos los viernes cuando llegaba de la universidad. A los juegos de yatzee. A los cereales a las 5:30 a.m. A los regaños cuando me estabas enseñando a manejar. También a las quimios y esas mañanas dolorosas y largas pero que nos obligaron a tener charlas profundas y sentidas. A tus ataques de risa que te hacían oír como Pulgoso y que también heredé. 

Brindo sentidamente por todo lo que no has visto de mí. Me he vuelto a enamorar y me han vuelto a romper el corazón. Me he equivocado en el trabajo. He fallado a veces con mamá. He llorado durante meses y me he levantado con la única idea de volver a ser feliz. He estado llena de errores y también de algunos aciertos. Y me sirvo hoy un vodka con jugo de naranja para escribirte que, si el universo nunca me permite volver a abrazarte fuerte y decirte que no me dejes por favor, quiero que sepas por medio de este regreso a las letras sentidas, que cada parte de ti vive en mí. Todos los días, busco escucharte en cualquier cosa, aun cuando tu voz se hace cada vez un recuerdo más difuso. Estás trazado en mí hoy y siempre. Te amo, feliz día del padre adelantado, Pá.

Acerca del autor

Laura León
lleon@razonpublica.org |  + posts

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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Laura León

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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