
Las inversiones de la República Popular China en América Latina
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Hace varias décadas el enorme aparato publicitario de Mao nos hacía llegar la revista China Reconstruye. Hoy el gigante asiático reconstruye América Latina. Se presenta aquí un examen de sus inversiones en megaobras chinas en la región.
Un anuncio sobre Colombia
El pasado 11 de junio del presente año el periódico El Tiempo informó que la empresa pública China Three Gorges Latam reveló su propósito de convertirse a largo plazo en una de las más grandes empresas de energías renovables de Colombia a largo plazo. Constituida septiembre de 2020 “con el objetivo de invertir, desarrollar, construir y administrar la distribución de energía limpia en América Latina (con excepción de Brasil)”-; es un capítulo de el propósito del gobierno chino de inyectar más recursos en el país. En la nota se añade que actualmente se llevan a cabo tres proyectos: Baranoa I, que se encuentra en operación comercial desde abril, además de dos parques solares en construcción en el Atlántico, de los cuales, sus inversiones sumaron aproximadamente 50 millones de dólares.
Es en América Latina y el Caribe
Desde hace algunos años se ha vuelto notable en países latinoamericanos la presencia de empresas chinas -predominantemente públicas- que llevan a cabo grandes proyectos en infraestructura, energía eléctrica y minería con millonarias inversiones en la región. Según lo informó para finales del año pasado el periódico La República los proyectos de infraestructura financiados por China “están presentes prácticamente en todos los países del continente” (2024).
Entre las megaobras de infraestructura con mayor renombre están la construcción del Aeropuerto Internacional Eloy Alfaro de Manta, Ecuador; el Metro de Bogotá, en Colombia; la línea de tren que conectará a Ciudad Panamá con David, Panamá; la segunda fase de la Planta Solar Puerto Peñasco y las líneas de metro y tren en Monterrey, México.
En proyectos minero energéticos destacan “la mina de cobre Las Bambas en Perú, minas de litio en Chile, proyectos hidroeléctricos en Brasil o la planta solar Cauchari en Argentina.”.
Perú: un proyecto que ya ha tenido repercusiones geopolíticas
Un proyecto a gran escala que desató múltiples comentarios por sus alcances e implicaciones es el megapuerto Chancay que China construye en Perú. Será el mayor puerto comercial en Sudamérica. Además de convertir a Perú en una potencia comercial busca transformar las relaciones comerciales entre el país andíno, los demás países de América Latina y Asia. Según se informó en BBC News Mundo el proyecto liderado por la empresa estatal Cosco Shipping Company, tiene previsto una inversión total de US$3.400 millones para su desarrollo.
La Iniciativa de la Franca y la Ruta
Todas estas megaobras comparten un origen: la Iniciativa de la Franja y la Ruta -popularmente conocida como Ruta de la Seda– propuesta por el presidente chino Xi Jinping en 2013 para impulsar el comercio y la conectividad en Asia, Europa y África, que a la larga le permitiría al país asiático ampliar su influencia global financiando países de ingresos medios y bajos.
Después de una década, China ha logrado acuerdos con más de 150 países en el mundo, entre ellos 22 de los 33 países de América Latina y el Caribe siendo Colombia uno de los últimos países en adherirse en mayo del presente año, en un momento de gran tensión diplomática y arancelaria con Estados Unidos.
La vinculación fue anunciada por el propio presidente Gustavo Petro en medio de la visita que realizó a la República Popular China. Según se indicó desde la Presidencia de la República este plan de cooperación busca articular acciones conjuntas en ámbitos económicos, de ciencia, tecnología, medio ambiente, entre otros, basados en principios de beneficio mutuo y respeto a la soberanía nacional, por lo que se acordó sostener relaciones horizontales sin condiciones políticas ni imposiciones económicas. Se trataría entonces de un “marco flexible y no vinculante”
Las consecuencias
No se pone en duda la relevancia de los intercambios comerciales entre China y los países de la región. China se ha convertido en el mercado más importante para las exportaciones de Brasil, Chile, Perú, Cuba y Uruguaý; el segundo más importante para Costa Rica y el tercero más importante para Argentina y Colombia. Cabe preguntarse cómo estos proyectos a gran escala crean una forma de dependencia.
La avanzada china no se puede analizar solo en términos económicos sino también políticos y estratégicos. Su presencia en el continente le ha permitido reforzar relaciones diplomáticas, incluso con países que históricamente se han caracterizado por tener una estrecha y sólida relación con Estados Unidos, y Colombia es un ejemplo de ello.
Lo anterior adquiere mayor significancia desde la perspectiva del «soft power» en las relaciones entre países, es decir, la habilidad de un Estado para “atraer y persuadir a otros a través de su cultura, valores políticos y políticas exteriores, fomentando un sentimiento de admiración y objetivos compartidos.”
En una vía contraria, en efecto la dominación histórica de Estados Unidos -sin olvidar el impacto cultural- ha sido predominantemente por medio del “hard power”, esto es, buscando modificar el comportamiento de los países latinoamericanos con “tácticas coercitivas, utilizando la fuerza militar o incentivos y sanciones económicas.”. Ejemplos son la invasión de Panamá en 1989; de Granada en 1983; el apoyo militar y económico a golpes de Estado como en Chile en 1973; las sanciones económicas a Venezuela y Cuba, así como por medio de la descertificación -que busca evitar Colombia actualmente – la cual consiste en que, si se considera que un país no está cumpliendo con sus compromisos en la lucha contra el narcotráfico, enfrenta una serie de restricciones, entre ellas, suspensión de asistencia exterior, y oposición a préstamos con organismos internacionales.
La presencia de China en la región en sectores claves como la infraestructura, energías, telecomunicaciones es un gran reto para la hegemonía tradicional que ha detentado EEUU sobre América Latina. Por medio de estas megaobras China gana puertos, redes de transporte, acceso a recursos estratégicos y apoyo político, a su vez que desplaza inversiones y contratos que antes eran monopolizados por empresas estadounidenses. El país asiático ha logrado posicionarse en la región bajo la imagen de ser un aliado comercial con pocos condicionantes, contrario a lo que por medio de entidades bajo control estadounidense, que ofrece préstamos e inversiones siempre y cuando se desarrollen políticas socioeconómicas afines a su idea de mundo. Como se expone en (France 24; 2024)¹ “la dificultad que requieren los países de ingresos medios y bajos para obtener un crédito por parte de las organizaciones internacionales financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional ha llevado a cada vez más países a aceptar estas líneas de crédito.”
Según Dialogue Earth, China Development Bank (CDB) y Export-Import Bank of China (CHEXIM) han sido dos de los tres bancos públicos chinos, propiedad del Consejo de Estado, que han liderado los préstamos y ofertas a la región dirigidos principalmente a apoyar la infraestructura de los sectores extractivos de materias primas, gasoductos y oleoductos, energía eléctrica y manufacturas posicionando al país asiatico como un desarrollador y constructor líder. Sin embargo, el informe añade algo de gran importancia: recientemente los sectores priorizados para las inversiones chinas se han diversificado. Específicamente Margaret Myers, lo nombra como la “Nueva infraestructura” refiriéndose al hecho de que los proyectos de infraestructura a gran escala, que una vez caracterizaron la Iniciativa de la Franja y la Ruta, están siendo sustituidos por inversiones más pequeñas y enfocadas en energías renovables, tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y otras industrias emergentes.
La deuda
Esta nueva relación entre China y América Latina ha impulsado proyectos de desarrollo en la región. Pero también ha elevado la deuda con China, que se ha convertido en “el segundo proveedor de deuda para la región, superando incluso a otros organismos combinados”. Según The Dialogue, esta es la deuda de los países en América Latina y el Caribe:

El análisis que hace Defelipe citado en Salazar (2023) es que dichos procesos de endeudamiento podrían derivar en una “reforma de la arquitectura de la financiación de los organismos multilaterales ante la competencia china” y con ello un esfuerzo por parte de EEUU por financiar países latinoamericanos que están endeudados con el país asiático.
Conclusión
Se puede decir que, a pesar que inversión extranjera china por medio de proyectos de infraestructura son una verdad conocida, a más de una década de haberse formalizado la Iniciativa de la Franja y la Ruta, se deja entrever las consecuencias que dicha IED ha tenido en los países latinoamericanos y caribeños, específicamente de cómo, a pesar de que la diversificación de su economía por fuera de Estados Unidos representa una gran oportunidad para abrirse a otros mercados, los acuerdos que se han establecido con China siguen significando relaciones desiguales y de dominación. Así mismo, profundizar en los impactos de las megaobras chinas en ALC permite demostrar cómo los intereses chinos, que se venden bajo la idea ser tratados económicos impactan en la transmisión de conocimientos, culturas, visiones del mundo, y por supuesto las relaciones políticas y estratégicas logrando así cambios en las relaciones geopolíticas. Es menester entonces, profundizar en los impactos que dichos megaproyectos han producido en términos sociales, laborales y ambientales en los territorios latinoamericanos.
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Acerca del autor

Valentina Cataño Sepulveda
*Estudiante de octavo semestre de Ciencia Política de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.
2 comentarios






Saludos desde Guadalajara, México y felicidades a Valentina Cataño Sepúlveda por su brillante artículo sobre la República Popular China y la intensificación de sus relaciones económicas con los países de Nuestra América. Recordé, mientras leía, cuando iba a revisar mi casilla postal en el edificio de Avianca en Bogotá y recibía las revistas: Pekín Informa, China Ilustrada, China Reconstruye, así como libros del pensamiento del presidente y líder comunista Mao Tsetung. También recibía desde Cuba: Casa de las Américas, revista; Bohemia, Resumen Semanal Granma, Juventud Rebelde y Tricontinental. Años de sueños y lecturas. De la prensa colombiana, siempre: VOZ Proletaria, Alternativa, la de García Márquez y la de Fals Borda, así como los diarios El Espectador y El Siglo. En la casa me decían que era importante leer El Siglo, para saber como opinaban los adversarios de la derecha. ¡Vivan las lecturas y relecturas!, ¡Viva el Periodismo!. ¡Viva la Amistad entre China Popular y Nuestra América!, ¡Que se acabe el genocidio contra Palestina!, ¡Que concluya el bloqueo criminal contra Cuba!, ¡Amor y Paz!, como en los bellos tiempos del hippismo. ¡Que Dios, El Grande, bendiga y proteja a las y los Colombianos y a todos los Países de la Tierra!. Atentamente, Fernando Acosta Riveros, Colombiano-Mexicano, lector de los diarios: La Jornada (mexicano) y Página/12 (argentino).
A diferencia del imperialismo estadounidense, más fordista; el imperialismo chino posfordista, es infinitamente menos soberbio, más prudente… y más sabio. No necesitan oprimir o dominar a los pueblos explícitamente, la vinculación estará en la balanza comercial.
Sin embargo, las concesiones que han logrado los chinos en América Latina, como el litio en Chile, son mal augurio para nosotros… pero hay que irse con quienes van ganando y pensar estratégicamente cómo sacarle ventaja para el país.