Biden o Sanders: los dilemas de los demócratas para regresar a la Casa Blanca - Razón Pública
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Biden o Sanders: los dilemas de los demócratas para regresar a la Casa Blanca

Escrito por Diana Marcela Rojas
EEUU Biden

Diana RojasLas cosas no son fáciles para el partido demócrata. La carrera por la presidencia se basa en el rechazo a Trump, pero no puede olvidar los nuevos retos de la sociedad norteamericana.

Diana Marcela Rojas*

En qué vamos

La competencia por ganar la designación como candidato del partido demócrata se vuelve una disyuntiva. Por un lado Bernie Sanders, senador independiente del estado de Vermont. Por el otro Joe Biden, veterano congresista y vicepresidente de la administración Obama.

¿Qué representan estas dos alternativas?, ¿cuáles son las expectativas de los electores demócratas? Y, sobre todo, ¿a qué está dispuesto el partido demócrata para regresar a la Casa Blanca?

Hoy por hoy, los resultados de las elecciones primarias y las asambleas muestran una tendencia favorable a Biden, quien ha obtenido 881 delegados, esto es el 38% de la votación, mientras que Sanders cuenta con 725 delegados, es decir el 31% de los votos.

Uno y otro, sin embargo, se encuentran lejos todavía de los 1991 delegados necesarios para ganar la nominación en la convención demócrata de julio.

Fuerzas divididas

El partido demócrata está hoy dividido entre dos campos, lo cual refuerza su carácter de agrupación que mezcla tendencias diversas en lugar de un proyecto ideológico homogéneo.

De un lado, la figura de Bernie Sanders y su sostenida filiación como socialista (a la que suma el adjetivo de democrático), es apoyada por la bancada progresista en el Congreso y por los movimientos sociales respectivos.

Desde su participación como precandidato en las primarias de 2016, Sanders ha insistido en asuntos como la redistribución del ingreso, la adopción de un sistema universal de salud, la cancelación de la deuda estudiantil, la matrícula gratuita en las universidades públicas, el aumento del salario mínimo, y la adopción de medidas contundentes frente al cambio climático.

Una agenda que atrae a aquellos que en su momento respaldaron movimientos sociales como Occupy Wall Street (La toma de Wall Street) y Black lives matter (Las vidas negras importan). Se trata de los sectores jóvenes, de minorías y de blancos liberales urbanos, que exigen políticas más audaces y transformadoras. En vez de promover una “revolución socialista” como lo señalan sus críticos, Sanders busca revertir los efectos del neoliberalismo.

EEUU Sanders

Foto: Wikipedia
El partido está dividido entre dos fuerzas con sus propias agendas.

El asunto es que la contienda por la nominación en las filas demócratas se ha vuelto la cuadratura del círculo: el logro de ambos objetivos resulta incompatible.

De otro lado, Joe Biden representa el ala más moderada del partido y el corazón del establishment demócrata. Es su tercera tentativa de convertirse en el candidato demócrata (las anteriores fueron en 1988 y 2008), Biden se presenta como la continuación del legado de Obama. Su plataforma incluye la reforma del sistema de salud, la promesa de una política migratoria integral, y un sistema tributario más equilibrado.

Biden quiere superar la aguda polarización que ha caracterizado la escena política de los últimos años. No promete una trasformación radical, su propuesta es más bien la del bipartidismo tradicional; la vuelta a los tiempos cuando el predominio del centro hacía posible la convivencia y la negociación entre republicanos y demócratas.

Esta apuesta por el apaciguamiento parece no responder al momento político ni despertar el entusiasmo en muchos electores. No obstante, la bancada demócrata ha cerrado filas para favorecer la campaña de Biden: tanto por el rechazo al radicalismo de Sanders, como por el cálculo estratégico de que el exvicepresidente obtendrá el respaldo suficiente para vencer a Trump.

Puede leer: Elecciones en Estados Unidos: el regreso de los demócratas

El dilema

Este panorama muestra que el partido demócrata se enfrenta hoy a dos desafíos.

El primero es responder a las expectativas de un electorado heterogéneo, tanto en términos identitarios como ideológicos, que expresan una desconfianza generalizada ante la clase política. Ese descreimiento ha surgido tanto de la corrupción que favorece a los intereses de los más ricos, como del incumplimiento de las promesas de inclusión social, justicia y bienestar, de los gobiernos demócratas anteriores.

El segundo desafío es ganarle la presidencia a Donald Trump, y manifestar, a través del voto, el rechazo a la visión de Estados Unidos que el magnate representa: la América conservadora, racista, anti-migrantes, nacionalista, proteccionista y machista.

El asunto es que la contienda por la nominación en las filas demócratas se ha vuelto la cuadratura del círculo: el logro de ambos objetivos resulta incompatible. Así, la ejecución de una agenda progresista e incluyente podría tener posibilidades si Sanders llegara a la presidencia; sin embargo, las probabilidades de que le gane a Trump son mucho menores, lo cual inclina la balanza en favor de Biden.

EEUU Trump

Foto: Wikipedia
¿Podrán ganarle la presidencia a Trump?

En cualquiera de los dos escenarios habrá costos y ganancias: lo que se gane en uno puede perderse en el otro.

Si Sanders llegara a ser el candidato, la agenda reformista se impondrá y el partido demócrata se desplazará hacia la izquierda siguiendo el ritmo de sus adeptos; pero esto tendrá el costo de perder la Casa Blanca.

Si Biden es el nominado, es presumible que logre cohesionar momentáneamente las facciones para impedir la reelección de Trump. Pero la propuesta moderada del exvicepresidente no responde a las expectativas de los electores demócratas, lo cual a la larga puede profundizar las divisiones y la desconfianza no solo en el partido, sino en el sistema político mismo.

El efecto Trump

Este panorama confirma que la presidencia de Donald Trump ha significado un verdadero tsunami en la vida política estadounidense.

Trump no ha gobernado para el conjunto de la nación, como se espera de un presidente, sino para cumplirle las promesas a sus seguidores.

El estilo populista de Trump y su desprecio por los valores democráticos fundamentales, ha llevado hasta un nivel crítico la polarización, ahondando la división entre la población a nivel político, social y cultural. Algunos analistas han llegado a caracterizar está confrontación como una “segunda guerra civil americana”.

Esta misma lógica divisionista ha sacudido los cimientos de las dos bancadas tradicionales. Así, mientras el partido republicado cierra filas detrás del magnate y se deja cooptar por la extrema derecha, el demócrata se fragmenta a la par que sus seguidores se desplazan en dirección contraria a la de sus líderes.

Si bien el rechazo a Trump ha servido para conformar un frente común -lo cual es bastante probable que convierta a Biden en el candidato del partido-, se trata de un efecto coyuntural.

Ya sea que logre derrotar al magnate neoyorquino, o que pierda las elecciones, lo cierto es que la perpleja bancada demócrata seguirá enfrentando los desafíos de una sociedad en plena mutación y las demandas por una orientación más progresista.

Le recomendamos: La absolución de Trump: ¿fin de la democracia en Estados Unidos?

Aplazar esta renovación ideológica y -además-, organizacional, puede hacer que un eventual regreso a la Casa Blanca acabe siendo una victoria pírrica para los demócratas.

Resulta entonces que lo importante no es apenas ganar, cuenta también cómo se gana, y, sobre todo, para qué se gana.

  • Docente e investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia.

 

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1 Comentario

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Mario García marzo 26, 2020 - 3:46 am

¿Por qué le resulta tan difícil al colombiano hacer comentarios sobre política internacional? Por lo general leo la copia de una narrativa oficial y el salto a conclusiones normalizadoras en aquellas partes donde dicha narrativa no funciona.

Diana Marcela desconsidera el hecho de que Black Lives Matter no es un movimiento del todo unificado y que se ha «vendido» en las dos últimas elecciones al igual que algunos movimientos obreros estadounidenses que sólo adhirieron al final a la campaña Sanders; que el DNC (en representación de los grandes magnates y no de las clases trabajadoras como reza su eslogan) ha usado las peores estratagemas para impedir la elección de Bernie Sanders desde 2016 (de hecho, todo el esquema de financiación era de Hillary Clinton para ese año); y otro largo número de etcéteras como el estado senil de Joe Biden (el candidato de los demócratas corporativos) que terminarán en la inminente reelección de Donald Trump (bastante fuerte en las encuestas) a menos que aparezca un revés extremo en el camino.

Trump, aprovechando la crisis actual para acercarse a la banca con varios trillones de por medio busca las simpatías de una clase que se ve bastante beneficiada por él pero lo detesta: Donald Trump los pone en evidencia y los expone al ridículo, él no se mide al decir que necesitan una relación servil por parte de estos países («huecos de mierda» o «cagaderos», shitholes, en sus propios discursos públicos) ni que las guerras actuales se tratan de robar petroleo y de asumir control estratégico.

Habría que escribir toda una serie de artículos para explicar por qué la reestructuración del partido demócrata estadounidense resulta imposible. Que llevan cuatro años críticos alienando a su propia base electoral y asumiendo las banderas del partido contrario. Y que más allá de reformarse, el DNC está produciendo la implosión inminente del partido cuando aparecen en el horizonte versiones muy distintas de las tendencias republicana y demócrata (ambas críticas de sus versiones anteriores) y una gruesa parte de la población clama por un tercer partido: sueño estadounidense que completa más de un siglo.

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