26 años de la muerte del filósofo nómade | Razón Pública 2025
Foto: Archivo personal de Consuelo Pabón

26 años de la muerte del filósofo nómade

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Édgar Garavito propuso una filosofía que desarmaba la identidad, desafiaba las normas y abría caminos para vivir desde la transformación. Hoy, a 26 años de su muerte, su obra sigue esperando ser rescatada.

Un filósofo múltiple y fiel a su misión

Hoy 1 de junio, el filósofo colombiano Édgar Garavito Pardo cumpliría 77 años. 

Hermano menor del periodista Fernando Garavito —editor emérito de Razón Pública—, Édgar nació bajo el signo de Géminis y encarnó en su vida la multiplicidad propia de ese arquetipo. 

Su siembra filosófica ha sobrevivido gracias a sus estudiantes y a quienes hemos estudiado y aplicado su obra en distintos campos del conocimiento. Pero sobre todo ha perdurado gracias a su esposa, Consuelo Pabón, también filósofa y autora de una obra tan vigorosa como la de Édgar, todavía en espera de la difusión que merece.

Contra la dictadura de las identidades

Fiel a la misión del filósofo, Édgar formuló el concepto de transcursividad como una herramienta para pensar —desde una mirada nómada— la sociedad y la cultura actuales, marcadas por la obsesión con la definición, la fijación y la identidad. 

Frente a esta dictadura de las identidades, el “filósofo nómade” —como lo llamó su hermano Fernando— lanzó su grito filosófico: la transcursividad. Este concepto define la posibilidad de que el ser humano se transforme más allá de las imposiciones de la biología, el derecho o la sociedad. Permite pensar el franqueamiento de la identidad, la emergencia de nuevos yoes en constante devenir, sin que ello se lea desde lo médico o lo patológico.

Una filosofía que no cabe en bibliotecas

Hoy, el pensamiento de Édgar Garavito circula apenas en algunas bibliotecas o en fotocopias que pasan de mano en mano, como ocurrió hace algunos años con la obra de Fernando Molano. 

Sus libros no volvieron a ser reeditados por las universidades que los publicaron en los años noventa. Entre ellos se cuentan: La risa heterogénea o los peligros de la homogénesis (1990), El tiempo y el discurso de Michel Foucault (1991), La transcursividad crítica de la identidad psicológica (1997) y Escritos escogidos (1999). 

La transcursividad fue su propuesta de dotar a la vida de una estética propia —lo que Foucault llamó la “estética de la existencia”—: una vida filosófica que se despliega como línea de fuga entre el texto y la vida cotidiana.

Más allá del canon, antes de las teorías

Garavito fue uno de los pocos filósofos colombianos —junto con su esposa— que tuvo la oportunidad de ser alumno de Gilles Deleuze y beber directamente de su legado. 

De las quince tesis doctorales que dirigió Deleuze en su vida, una fue la de Édgar Garavito. Su obra fue adelantada a su tiempo: antes de la teoría queer y de muchas otras formulaciones del norte global, ya ponía en tela de juicio la identidad como una tecnología del saber-poder, en los términos de Foucault.

Pensar la vida como filosofía

La transcursividad invita al ser humano a experimentarse, a reinventarse, a aceptar la multiplicidad. 

En mi trabajo investigativo, este concepto me permitió comprender la experiencia de vida trans no como una enfermedad o un “problema” médico, sino como una vivencia filosófica: el acto de decir la verdad (parresía) y de gobernarse a sí mismo (enkrateia).

Garavito fue un crítico lúcido de su época, un hombre que vivió sus propios transcursos. Aunque nunca se definió desde las categorías actuales de la diversidad sexual ni se identificó como persona LGBTI, fue alguien que desarmó el género como construcción y nos dejó una herramienta poderosa para pensar fenómenos sociales como la diversidad sexual y de género desde la fluidez, la multiplicidad y la trashumancia.

Foto: Archivo personal de Consuelo Pabón. Édgar con Gilles Deleuze

Una filosofía por recuperar

En 2017, la ya desaparecida revista Arcadia le dedicó un perfil en su separata DIEZ: Édgar Garavito: una poética de la transformación. 

Desde entonces, varios hemos tocado puertas para lograr que su obra vuelva a estar disponible en las aulas y en las librerías. La necesidad de rescatar su pensamiento es parte de una tarea más amplia: recuperar los símbolos culturales que desaparecen en un país sin memoria.

Volver la vista hacia nuestros autores, autoras e intelectuales enterrados y traerlos de nuevo a la vida —a través de la luz de sus obras— es también una forma de narrar la historia desde otros lugares. 

En tiempos recientes, hemos visto con alegría cómo se han recuperado obras de Arnoldo Palacios, José Eustasio Rivera, Dora Castellanos y Jorge Gaitán Durán. En este 2025, cuando se cumplen 26 años de la muerte de Édgar Garavito, reeditar su obra sería una gran noticia para la filosofía y para el país.

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Acerca del autor

Cristina Rojas Tello
crojas@razonpublica.org | + posts

*Antropóloga. magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional, autora en Editorial Planeta.

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Cristina Rojas Tello

*Antropóloga. magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional, autora en Editorial Planeta.

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