
Razones para seguir leyendo a Pasolini a los cincuenta años de su asesinato
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En este tiempo volvemos a encontrarnos con los antiguos monstruos del autoritarismo que pensábamos extintos, y necesitamos la visión de quienes ya los padecieron para contrarrestarlos.
Desde hace cuarenta años, en noviembre, la memoria colectiva colombiana se sumerge en los dolorosos recuerdos de la Toma del Palacio de Justicia, ocurrida entre el 6 y el 13 de noviembre de 1985. Seguirán copando nuestros noviembres las preguntas sin resolver, mientras no encontremos como Nación respuesta a tantas preguntas sobre el dolor infligido y las ausencias sin explicación.
Hoy les propongo una reflexión alrededor de otro hecho doloroso. La noche entre el 1.º y el 2 de noviembre, la misma en la que escribo estas líneas, pero hace cincuenta años, en el puerto de Ostia, cerca de Roma, fue asesinado Pier Paolo Pasolini.
En este artículo quiero volver sobre la obra de este intelectual italiano cuyo trabajo todavía nos da herramientas de análisis de nuestra sociedad, como lo hizo hace medio siglo. Hablaré de su cinematografía, la pertinencia de seguir leyéndolo, analizando su cine y su influencia en nuestro país.
Su obra fue tan extensa e interdisciplinaria que es difícil de abarcar. Varias personas han dedicado libros, análisis y documentales para explicar tan solo algo de su amplio legado. Son famosos sus textos de lingüística, antropología y sociología publicados en diferentes medios. Sus célebres cartas a personajes famosos como Allen Ginsberg y a varios de sus amantes. Su poesía contenida en varios textos, pero en especial en Pasiones Heréticas. Correspondencia de 1940 a 1975 y La religión de mi tiempo.
Nació el 5 de marzo de 1922 en Bolonia, Italia, y murió asesinado el 2 de noviembre de 1975. Al igual que León Zuleta Ruiz, el activista e intelectual colombiano, Pasolini fue expulsado del Partido Comunista italiano en el año 1949 acusado de “indignidad moral” por ser homosexual, lo cual era considerado una degeneración burguesa. A pesar de la expulsión, Pasolini continuó identificándose como comunista homosexual hasta su muerte, igual que Zuleta.
Mi primer encuentro con su obra fue en el tradicional Cine Club El Muro de Bogotá, donde una tarde, tal vez del año 1997, fui a ver la última película que realizó Pasolini, de la que no llegó a ver su estreno: Saló o los 120 días de Sodoma.
Después de casi treinta años sus imágenes siguen siendo impactantes y perturbadoras. Ver esta película exige estudiar su contexto y a su autor para comprender el mensaje que Pasolini quería transmitir a través de ella, su significado y su certera crítica hacia la sociedad capitalista y al fascismo en Italia.
Mi segundo acercamiento fue a través de los Escritos Corsarios, que recoge los textos escritos por Pasolini entre 1973 y el momento de su asesinato, publicados en Il Corriere della Sera.
Cada película de Pasolini hace una crítica a un aspecto fundamental de la sociedad. Teorema (1968), recientemente presentada en la Cinemateca de Bogotá, hace un análisis de la familia burguesa, pero también del deseo como un poder potencialmente destructivo; Edipo, el hijo de la fortuna (1967), Medea (1969) están llenas de símbolos y metáforas poderosas dentro del realismo. El ritmo de sus películas, su velocidad es difícil de seguir hoy. A pesar de ser un adelantado para su tiempo, muchas escenas pueden resultar ofensivas. Es importante no olvidar el contexto.
Pero la película que muestra hasta dónde era capaz de llegar Pasolini para denunciar las bajezas del autoritarismo fue Saló o los 120 días de Sodoma.
En 1971 Pasolini estrenó su Trilogía de la vida, que incluye películas basadas en obras de la literatura medieval: El Decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury (1972) y Las mil y una noches (1974). Saló o los 120 días de Sodoma fue la primera y única película que se alcanzó a filmar de la Trilogía de la muerte. Paradójicamente, su propia muerte le impidió terminarla.
En el año 1943 Benito Mussolini, ya arrinconado por los Aliados que se encontraban en Roma y en el norte de Italia, y después de ser rescatado por los nazis cuando se encontraba preso, fundó lo que se conoció como la República Social Italiana, conocida también como la República de Saló, a orillas del lago Garda, uno de los últimos reductos dominados por las tropas alemanas en Italia. Un proyecto de país a la medida del nazismo.
En la Italia fascista, entre septiembre de 1943 y el final de la Segunda Guerra Mundial, fueron detenidos alrededor de 7.000 judíos italianos y varios sospechosos de colaborar con la resistencia partisana. Muchos de ellos fueron llevados a la República de Saló, donde sufrieron torturas y ejecuciones extrajudiciales.
Pasolini recrea en los 120 días de Sodoma a través de fuertes metáforas, las vejaciones de las que fueron víctimas los jóvenes secuestrados allí. Mostró al público la visión que el fascismo tenía sobre los cuerpos de judíos, homosexuales o discapacitados: objetos útiles a sus fines y placeres. Inferiores y desprovistos de humanidad.
Sus cuatro protagonistas: un cura, un juez, un banquero y un duque, representaban las respectivas instituciones del régimen y mostraban la violencia que subyace detrás del poder, pero también el papel de un público que se limita a ser observador de esta orgía de sangre. El duque que toma distancia para observar sin cuestionarse.
Sobre el papel del espectador puede resultar interesante su texto de 1973 Sfida ai dirigente della televisione, donde Pasolini señalaba a la televisión como responsable en parte de la indolencia e indiferencia de la sociedad. Aplicable hoy en día a la información que consumimos desaforadamente por redes sociales y plataformas virtuales.
A este contexto fascista, Pasolini incluyó elementos de la novela del Marqués de Sade Los 120 días de Sodoma, escrita en 1785 durante su encierro en la cárcel de La Bastilla.
Nuestro presente geopolítico, marcado por líderes mundiales que consideran inferiores a migrantes, personas diversas, racializadas, y que tienen un delirio de superioridad, se parece cada vez más al escenario político que desencadenó la Segunda Guerra Mundial y al mundo que quería construir el fascismo magistralmente retratado por Pasolini.
Existe un parecido entre las escenas de Saló y las imágenes de las grandes fiestas de Jeffrey Epstein junto al hoy presidente de Estados Unidos, negociando cuerpos jóvenes, traficados en medio de la opulencia absoluta.
En Saló los escenarios palaciegos se convierten en el espacio de ejecución, tortura y degradación. Salones de baile se construyen en los grandes centros de poder mientras afuera de la opulencia se siembra el terror.

Películas como Saló y la más reciente Zona de Interés (2023) del director Jonathan Glazer nos revelan cómo los crímenes más atroces pueden tener de fondo una pista de baile y una decoración Art Deco.
Ser abiertamente homosexual, comunista y leer la vida desde el lugar del oprimido le dio a Pasolini una mirada única sobre la sociedad de su tiempo, y proyectaba esa mirada sobre los hilos invisibles del capitalismo incrustados incluso en los movimientos más libertarios. Su crítica a las revueltas estudiantiles en la universidad italiana en 1968, donde mostró que los policías eran, al fin de cuentas, los hijos del pueblo asesinados por burgueses con acceso a la educación, le hizo ganar varios enemigos porque él fue crítico no solo del sistema, también de los movimientos que buscan cambiar el sistema: No era tarea fácil espetar a los jóvenes que participaron en las revueltas de la universidad italiana de aquellos años que esos policías, hijos del pueblo, en el contexto de las legítimas protestas convocadas por los estudiantes, no merecían palos y piedras, sino flores, debido al hecho de que quienes pertenecían a la burguesía culta y eran hijos del poder eran los propios estudiantes y no los policías, profesión despreciada y reservada a las clases sociales más modestas, muchas veces consumado su traslado del campo a la ciudad.
Saló o los 120 días de Sodoma fue estrenada el 22 de noviembre en el Festival de Cine de París y desde ese momento comenzó el largo camino de censuras y prohibiciones; incluso Alberto Grimaldi, su productor, fue sometido a juicios por corrupción de menores y obscenidad de los que fue absuelto después. Sobre ella se pronunciaron intelectuales de su época como Ítalo Calvino y Roland Barthes y criticaron, entre otras cosas, cómo se hizo el acercamiento entre el sadismo y fascismo.
Algunos dicen que su atroz asesinato se debió a Saló, un espejo de la vida fascista que a muchos llegó a incomodar. Otros dicen que su homosexualidad lo condujo a la muerte. Puede ser porque su asesinato tuvo todas las características de los crímenes de odio donde se ensañan de manera particular contra el cuerpo de un hombre homosexual. Tal vez fueron las dos cosas.
Murió con tan solo 53 años y dejando obra, como diría Andrés Caicedo, quien analizó el cine del director italiano es su revista Ojo Al Cine y en apartes de su correspondencia donde hace referencias a películas como Los cuentos de Canterbury y Teorema. Es famoso su análisis Pasolini/Caicedo que se publicó en el suplemento dominical del diario El Pueblo de Cali y en la revista Ojo Al Cine (números 3-4) en el año 1976. Este artículo fue escrito por Caicedo el 22 de septiembre de 1975, pocas semanas antes del asesinato de Pasolini. Algunos lo consideran un texto premonitorio.
Andrés Caicedo no llegó a ver Saló, que se estrenó en Colombia en el Festival de Cine de Cartagena el día 5 de marzo de 1977, un día después de su suicidio. Pero tanto la obra de Pasolini como la de Andrés están más vigentes que nunca.
Reciente homenaje en Colombia
En el año 2022, la Cinemateca de Bogotá inauguró la exposición Lucíferas (homenaje indirecto a Pasolini) para conmemorar los cien años de su nacimiento. Con la curaduría de Érika Martínez Cuervo y Alessandra Merlo y la participación de artistas como Ximena Díaz, Camilo Falla, Laura Jiménez, Camilo Londoño, Santiago Lozano, Paul Sebastián Mesa, Laura y Pablo Mora, Sebastián Múnera, Federico Ríos, Santiago Lozano y Miguel Ángel Rojas, fue un homenaje que nos devolvió su presencia y su mirada artística. Estamos a la espera de un merecido homenaje al cumplirse cincuenta años de su asesinato.
En 2023, con la presentación de la exposición Correspondences, de Patti Smith, en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata, la artista incluyó un homenaje visual, sonoro y la exposición de fragmentos de las cartas de Pasolini.
En este tiempo que más que lineal parece en espiral, volvemos a encontrarnos con los antiguos monstruos del autoritarismo que pensábamos extintos, y necesitamos la visión de quienes ya los padecieron para contrarrestarlos. Por ese motivo, debemos seguir leyendo y recordando a Pasolini.
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Acerca del autor

Cristina Rojas Tello
*Antropóloga. magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional, autora en Editorial Planeta.
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