
India y Pakistán: rivalidad histórica en un nuevo punto de ebullición
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La rivalidad entre India y Pakistán es una de las más prolongadas y complejas del escenario internacional contemporáneo. Su historia, marcada por conflictos armados, disputas territoriales y profundas diferencias ideológicas, ha mantenido a la región del sur de Asia en un constante estado de tensión.
En las últimas semanas, el sur de Asia ha captado la atención internacional por la escalada de tensiones entre India y Pakistán. El reciente ataque terrorista en la región de Cachemira bajo control indio, que dejó víctimas mortales, provocó una rápida y contundente respuesta del gobierno indio, bajo la operación Sindoor. Las Fuerzas Armadas de India atacaron nueve objetivos que servirían a los intereses de grupos terroristas en territorio pakistaní, una acción que reaviva los temores de una espiral de violencia entre dos potencias nucleares.
La enemistad entre India y Pakistán tiene raíces profundas que se remontan a la partición del Imperio británico en 1947. En ese momento, la creación de un Estado musulmán (Pakistán) y otro de mayoría hindú (India) dio lugar a uno de los procesos migratorios más violentos y convulsionados de la historia. Desde entonces, ambos países han estado en confrontación directa en al menos tres ocasiones (1947, 1965 y 1971) y han tenido innumerables escaramuzas fronterizas.
El punto central de esta rivalidad es el territorio de Cachemira, una región montañosa de mayoría musulmana que India administra parcialmente, pero que Pakistán también reclama. La situación se agravó en 2019, cuando el gobierno del primer ministro indio Narendra Modi revocó el estatus especial de Jammu y Cachemira, lo que consolidó aún más el control central de Nueva Delhi sobre la región y fue percibido en Pakistán como una provocación directa.
¿Qué está pasando hoy?
El detonante más reciente fue el ataque armado en la ciudad de Pahalgam el pasado 22 de abril, atribuido al Frente de Resistencia TRF, grupo extremista con base en Pakistán. Esta no es una acusación nueva: India ha sostenido durante años que Pakistán alberga y respalda organizaciones yihadistas que operan en Cachemira. La respuesta de India fue rápida. Bajo el nombre de Operación Sindoor, el Ejército llevó a cabo ataques que denominaron “infraestructura terrorista” en Pakistán, lo cual calificaron como una respuesta justa. Islamabad negó las acusaciones y, a su vez, condenó lo que calificó como una violación a su soberanía, y prometió acciones proporcionales.
Este patrón de acción-reacción ya ha ocurrido antes. Uno de los episodios más recordados fue en 2019, cuando tras un atentado suicida en Pulwama, India lanzó ataques aéreos que fueron respondidos con el derribamiento un avión de combate indio y la captura del piloto, que luego fue liberado como gesto de desescalada. Una de las preguntas más preocupantes ante estos episodios es la posibilidad de una guerra abierta o incluso un conflicto nuclear, en teoría probables.
Se estima que India posee 180 ojivas nucleares, mientras Pakistán tiene 170, y los dos tienen sistemas de misiles de alcance medio. Pero en la práctica, el uso de armas nucleares es altamente improbable. Esto se debe a varios factores: primero, la presencia de armas nucleares en el sistema internacional ha configurado una dinámica de destrucción mutua asegurada, por lo que no se generan incentivos reales para su uso. Segundo, India sostiene una política de “no primer uso”, lo que hace menos probable un uso impulsivo del arma nuclear, aunque Pakistán mantiene una doctrina de usarla solo si considera que su supervivencia está amenazada. Y, finalmente, la comunidad internacional suele intervenir diplomáticamente cuando la situación escala, para evitar un conflicto mayor. Aun así, el riesgo de una guerra convencional o de una escalada prolongada con alto costo humano es real. Los errores de cálculo, los ataques de grupos no estatales y la presión política interna pueden empujar a ambos gobiernos a adoptar posturas más agresivas.
En cuanto al armamento no militar, es pertinente considerar que la fuerza militar india es de más de cinco millones de hombres, tres veces más que Pakistán; además, India fue el segundo mayor importador de armas entre 2020 y 2024, con una participación del 8,3% de las importaciones mundiales.
Si bien la atención se ha concentrado en el enfrentamiento armado, otro elemento que ha intensificado las tensiones es la suspensión unilateral por parte de India del Tratado de Aguas del Indo, firmado en 1960, lo que representa una medida sin precedentes. Esta decisión no solo interrumpe la cooperación en la gestión de recursos hídricos, sino que también priva a Pakistán de información sobre el caudal de los ríos, pronósticos de inundaciones y riesgos de sequía, esencial para la agricultura y el suministro de agua, interpretado como una amenaza directa a la seguridad nacional.

Consecuencias regionales
Las tensiones entre India y Pakistán generan consecuencias que trascienden sus fronteras inmediatas, lo que afecta significativamente la estabilidad del sur de Asia. Esta rivalidad histórica ha dificultado la cooperación en foros multilaterales como la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional (SAARC) y esto obstaculiza los esfuerzos de integración regional. Además, los frecuentes enfrentamientos y amenazas bélicas desvían recursos públicos hacia el gasto militar, en detrimento de sectores clave como salud, educación e infraestructura. La constante volatilidad también mina la confianza de inversionistas internacionales, reduce el turismo y acentúa el aislamiento económico de zonas fronterizas. El impacto humanitario es especialmente grave en regiones como Cachemira, donde la militarización, las restricciones a la movilidad y los episodios de violencia afectan directamente a la población civil.
Dado que el sur de Asia, por su posición en el Indopacífico, es un corredor estratégico para rutas comerciales y energéticas globales, una escalada del conflicto podría atraer la atención –e incluso la intervención– de potencias extrarregionales. En este contexto, el discurso antiterrorista promovido por India podría adquirir resonancia internacional, al alinearse con agendas globales de seguridad y con antecedentes de lucha contra grupos extremistas en otras regiones, lo que aumenta el riesgo de que el conflicto adquiera una dimensión geopolítica más amplia.
En resumen, la rivalidad entre India y Pakistán es una de las más prolongadas y complejas del escenario internacional contemporáneo. Su historia, marcada por conflictos armados, disputas territoriales y profundas diferencias ideológicas, ha mantenido a la región del sur de Asia en un constante estado de tensión. Los recientes acontecimientos no solo han elevado el tono del enfrentamiento, sino que también han subrayado la urgencia de establecer mecanismos eficaces de prevención y gestión de crisis. En un mundo profundamente interconectado, donde los conflictos locales pueden generar repercusiones económicas, políticas y de seguridad a nivel global, es fundamental entender las raíces históricas, las dinámicas internas y los intereses geopolíticos que alimentan esta disputa.
Aunque resulta deseable imaginar un camino hacia la reconciliación y la paz duradera, lo cierto es que este conflicto ha sido frecuentemente catalogado como “irresoluble”, debido a la rigidez de las posturas, la falta de confianza mutua y la instrumentalización política del antagonismo. Por ello, un escenario de estabilidad plena parece poco realista en el corto o el mediano plazo. Sin embargo, sí es posible y necesario avanzar hacia procesos de desescalada que reduzcan los riesgos de confrontación directa, protejan a las poblaciones civiles y mantengan abierta la puerta a futuras oportunidades de diálogo.
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Acerca del autor

Kelly Arevalo
*Docente-Investigadora del Observatorio de Análisis de los Sistemas Internacionales (Oasis) de la Universidad Externado de Colombia. Es Magíster en Gerencia para el Desarrollo de la Universidad Externado y tiene un MA en Relaciones Internacionales de Central European University. Ha sido autora y coautora de publicaciones relacionadas con India y Asia del Sur.
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