
La guerra por la frontera
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El ELN y el Frente 33 están en guerra a muerte por el control de los corredores fronterizos entre Colombia y Venezuela, una ventaja vital para la supervivencia del ELN. Por eso, en vez de mejorar, la situación tiende a agravarse.
Una guerra que no cede
Tras tres meses de conmoción interior, la situación en el Catatumbo sigue igual —o aún peor— que después de la ofensiva del ELN del 16 de enero.
Las confrontaciones diarias entre el ELN y el Frente 33 (una disidencia de las FARC adscrita al Estado Mayor de los Bloques, EMB) mantienen a miles de personas desplazadas. Hay asesinatos selectivos a plena luz del día y el reclutamiento de jóvenes se ha generalizado.
La incapacidad del Estado para contener la crisis no se debe a sus limitaciones, sino a una desventaja decisiva: el ELN controla los 467 kilómetros de frontera entre Colombia y Venezuela en Norte de Santander. “Aun si mandan 2 mil soldados más, no se puede controlar”, me dijo un oficial de la fuerza pública.
Una retaguardia vital
El ELN controla actualmente el corredor fronterizo desde el mar Atlántico hasta Vichada.
Esa franja constituye una amplia retaguardia desde la cual puede huir de operaciones, organizar logística, establecer comunicaciones y abastecerse. También facilita el acceso a rutas de tráfico poco vigiladas y el reclutamiento de jóvenes, muchos de ellos venezolanos. Esta ventaja es tan decisiva, que la supervivencia del grupo depende de ella.
La reciente oleada de violencia —a fines de 2024 y comienzos de este año— responde al intento del ELN de conservar ese monopolio fronterizo, amenazado por la expansión del Frente 33.
La línea roja: la frontera
La ofensiva de enero se explica por la importancia que el ELN otorga a la frontera. Para defenderla, el grupo rompió la tregua local en el Catatumbo, se apartó del proceso de paz y se arriesgó a la respuesta militar del Estado.
La expansión del Frente 33 hacia el perímetro fronterizo convirtió el enfrentamiento en algo inevitable. Esta disidencia se fortaleció en Tibú, cercada en todas direcciones por el ELN. Aunque durante las negociaciones con el gobierno ambos grupos mantuvieron una tregua y compartieron las rentas ilegales, el control de la frontera otorgaba al ELN una ventaja clara: imponía reglas sobre la economía cocalera, decidía qué compradores podían operar y dominaba el flujo hacia Venezuela. El Frente 33, sin acceso a rutas propias, dependía de terceros.
Desde comienzos del 2024, cuando la mesa con el ELN empezó a estancarse, el Frente 33 se expandió rápidamente, según líderes comunales de Tibú. Lo hizo mediante una combinación de miedo y seducción: impuso cuotas y controles, pero también ofreció servicios, kits escolares y promesas de desarrollo.
El punto de quiebre
La disidencia logró abrirse paso hasta el río Catatumbo, construyendo vías y puentes cerca de La Gabarra. Esta ruta directa a Maracaibo rompió la hegemonía del ELN en el tráfico fronterizo. La competencia reactivó la economía local de la coca, permitió mejores precios de compra y les dio legitimidad ante algunas comunidades.
Después de acceder a La Gabarra, la presencia del Frente 33 creció hasta tocar los límites con Venezuela, vía Tibú, sobrepasando el perímetro del control del ELN. Esto le dio al Frente 33 más corredores, pero también una zona de resguardo en caso de experimentar presiones por parte del ELN – algo que no tenían hasta ese momento.
El acceso al río y al límite con Venezuela supuso una línea roja para el ELN. Su ofensiva del 16 de enero no buscaba advertir, sino expulsar. En pocos días, recuperó el dominio exclusivo de la zona.
Por qué la frontera lo es todo
El control fronterizo da al ELN una ventaja que no posee ningún otro grupo armado —ni siquiera el Estado colombiano—. Más que un simple paso, es una zona de repliegue blindada donde pueden reorganizarse, escapar y planear operaciones sin riesgo.
Frente a la fuerza pública, que opera en unidades de 30 hombres, el ELN se mueve en grupos pequeños y móviles. Pueden atacar desde distintos puntos, mezclarse con la población civil y volver a cruzar la frontera, imposibilitando una persecución efectiva.
Desde Venezuela hasta el Chocó, pasando por el Catatumbo, el ELN controla un corredor clave para el tráfico de bienes ilícitos. Allí opera el «Frente Revolucionario Económico» (FER), encargado del transporte de droga al Caribe venezolano y del control sobre insumos, vacunas y logística.
El hurto de combustible también es rentable. El ELN tiene el monopolio sobre el oleoducto de Caño Limón y el Campo Tibú. El crudo extraído allí, por su calidad, no necesita refinación. La mitad se usa para producir cocaína; la otra mitad se comercializa, incluso cruzando la frontera.
El flujo también va de Venezuela hacia Colombia: oro de minas ilegales, ganado más barato y armas. Y, sobre todo, migrantes jóvenes en situación de vulnerabilidad, blanco ideal del reclutamiento.
“El niño más vulnerable es el venezolano”, me contó una lideresa comunitaria. Muchas niñas también han sido traficadas y sometidas a explotación.

Control territorial, control social
La actual estrategia del ELN combina tres elementos: control territorial, control social y control económico. Tras su ofensiva, se apropió de fincas abandonadas, desplazó a antiguos miembros de las Juntas de Acción Comunal y colocó aliados en su lugar.
Las comunidades indígenas denuncian restricciones al tránsito fluvial hacia la frontera. Al mismo tiempo, el ELN se expande hacia municipios como Lourdes, Villa Caro, Cáchira y Toledo, donde se han multiplicado las extorsiones y los reclutamientos.
La entrada a estas zonas sigue un patrón: un pequeño grupo armado arriba primero, impone cobros y luego comienza el reclutamiento de niños. “Cuando empiezan a coger niños, ya es un sector muy difícil de recuperar”, me explicó un oficial.
El regreso del Frente 33
Mientras el ELN se consolida, el Frente 33 ha comenzado su contraofensiva. Pese al acuerdo con el gobierno para establecer zonas de ubicación, la disidencia intenta recuperar su acceso a la frontera.
Las confrontaciones se concentran ahora en el corredor entre el sur de Bolívar y Venezuela, atravesando el bajo Catatumbo. Con apoyo de otros frentes del EMB, el Frente 33 combate para retomar el eje entre El Tarra y Tibú y reabrir su acceso al río Catatumbo y a Maracaibo.
¿Qué hacer ahora?
Mientras el ELN siga cruzando la frontera para replegarse, las opciones del Estado son limitadas. La fuerza pública debe reforzar su presencia en cabeceras municipales y carreteras principales, donde ambos grupos han instalado retenes.
También debe proteger a la población civil. Se han documentado casos de “pesca milagrosa”, en los que el ELN revisa celulares de pasajeros para identificar supuestos enemigos.
Una vez se abran espacios seguros, el resto del Estado debe llegar con servicios. El Pacto Catatumbo solo funcionará si los ministerios actúan de forma concertada y sostenida.
Pero el tiempo apremia. El cese al fuego con el Frente 33 vence el 18 de mayo, y hay pocas esperanzas de renovación. Si ambos grupos quedan fuera de acuerdos, el riesgo es claro: una nueva escalada.
Como dijo un líder campesino: “Tenemos que insistir en una solución política, pero estamos lejos de eso.”
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Acerca del autor
Elizabeth Dickinson
*Analista senior para Colombia de International Crisis Group, donde se enfoca en el seguimiento del conflicto y la puesta en marcha del Acuerdo de Paz.
3 comentarios






Mientras el tirano, Maduro, y su combo de milicos criminales y narcotraficantes, estén apoderados de Venezuela: ni en Colombia ni mucho menos en Venezuela, habrá paz. Hay mucho dinero por el medio como para dejarle ese lucrativo negocio solo a los grupos irregulares que, además, le otorgan soporte militar a la tiranía venezolana, al mantener atemorizada (y calladitos) a toda la población, so pena de perder su libertad o la vida. Así se vive en Venezuela, donde hechos como este no son exclusivos de la provincia, sino en todo el país. Lamentablemente.
Excelente Elizabeth. Felicitaciones.
Interesante análisis de Elizabeth Dickinson. Triste es, que en Colombia se haya deteriorado tanto la situación interna de organizaciones político-militares que lucharon, en otros tiempos, por hacer comunidad y establecer principios de Soberanía Nacional y también de Internacionalismo, Amistad y Amor con los Pueblos del Mundo para Construir un Mundo mejor. El imperialismo estadounidense y sus aliados británicos utilizaron de manera perversa al Narco para desestabilizar no solo a Colombia, sino a Nuestra América. Lo mejor sería ahora un Proyecto de Paz Total en la Patria Grande. Muchas personas simpatizamos con esa idea, pero los dueños del capital, de los grandes medios, de las armas y de los cultivos ilícitos, así como sus principales Amos y Clientes (EU y Reino Unido), seguirán empeñados en la guerra y en los genocidios como el que llevan adelante contra Palestina. Atentamente, Fernando Acosta Riveros, Simpatizante del Gobierno del Cambio en Colombia y de la Autoridad Mexicana, presidida por Claudia Sheimbaun Pardo.