La inmigración a Estados Unidos: “No odies al jugador, odia el juego” - Razón Pública

La inmigración a Estados Unidos: “No odies al jugador, odia el juego”

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Camilo JiménezLa discusión en Colombia se ha reducido a la pugna entre demócratas y republicanos. Pero detrás de eso hay matices. Y hay realidades complejas y cambiantes de la economía y de la sociedad estadounidense.

Camilo Jiménez*

Inmigración en tiempos globalizados

Como sucede en casi todos los países, en  Estados Unidos el tema de la inmigración siempre ha sido sensible. Con más razón lo es en estos tiempos de globalización y cuando la economía nacional está débil.

dentro de los conservadores nativistas es posible encontrar algunos con  actitud  favorable hacia la inmigración, si esta resulta conveniente para los intereses de Estados Unidos.

Las reservas frente a la inmigración se mantienen a pesar de la actitud favorable de muchos  americanos al respecto, de que aun entre los republicanos se encuentran políticos pro inmigración y de que el gobierno necesita reformar el sistema migratorio porque a largo plazo puede resultar insostenible.

La mayoría de la población de Estados Unidos tiene una actitud abierta hacia los inmigrantes – y esto se extiende hasta a los indocumentados-. En una encuesta Gallup del 2013 (Immigration Reform Proposals Garner Broad Support in U.S), el 87 por ciento de la gente aceptó que el gobierno les ofrezca a los indocumentados la oportunidad de volverse ciudadanos americanos, siempre y cuando: (1) cumplan con un período de espera largo, (2) paguen impuestos y algún tipo sanción, (3) se sometan a una revisión de su pasado judicial y (4) hablen inglés.


El sistema de visas impide que los científicos
extranjeros que estudiaron en EE.UU.
se queden en el país.
Foto: vanhookc

Competitividad científica

Incluso dentro los republicanos la discusión sobre inmigración tiene matices. Dentro de las filas conservadoras hay personas que se autodenominan “nativas” y que ven en la inmigración una amenaza. Sin embargo, dentro de los conservadores nativistas es posible encontrar algunos con  actitud  favorable hacia la inmigración, si esta resulta conveniente para los intereses de Estados Unidos.

Por ejemplo, el republicano Jeb Bush esboza lo que sería una reforma integral al sistema migratorio[1]. Bush reconoce que la inmigración es esencial para el país, especialmente en el periodo actual, cuando importa atraer científicos y personas dispuestas a crear empresas para mantener la competitivad de Estados Unidos. Pero el sistema migratorio vigente no lo permite;  conservadores como Bush sostienen que el sistema de visas impide que los científicos extranjeros, formados en universidades americanas, se queden, puesto que al acabar sus estudios deben regresar a sus países de origen o encontrar una empresa que patrocine su visa.

En este punto, Bush coincide con muchos empresarios, especialmente con los que están en el campo de la tecnología. Por esta razón personas como Mark Zuckerberg o Bill Gates están a favor de reformar el sistema de inmigración (10 Business Leaders Who Support Immigration Reform).

Costos sociales, económicos y administrativos

Dado que el actual sistema no controla adecuadamente la llegada de mano de obra no calificada, es inconveniente para los trabajadores rasos norteamericanos. En efecto: aunque quienes llegan al país empiezan a desempeñar labores que los americanos no están dispuestos a hacer, en el fondo entran a competir con la mano de obra americana no calificada.

Según cifras de la agencia de inmigración norteamericana, entre 2000 y 2010 el gobierno  invirtió 90 mil millones de dólares tan solo en asegurar la frontera entre México y Estados Unidos. Aun así se estima que en el país residen unos 11 millones de indocumentados –de los cuales el 80 por ciento son latinoamericanos–, y todos los días siguen cruzando la frontera más personas que aspiran a quedarse en Estados Unidos.

Con tales costos económicos y administrativos es casi imposible deportar a once millones de personas indocumentadas.

Por otra parte el actual sistema migratorio puede resultar insostenible en lo presupuestal y lo administrativo:

· El artículo “Americas Deportation Machine: The Great Expulsion”, publicado por  The Economist, señala que durante la administración Obama han sido deportadas casi dos millones de personas. Según el artículo, hacer funcionar la “máquina de deportar” cuesta más que la suma de los presupuestos de las demás agencias federales para hacer cumplir la ley.

· Administrativamente también es insostenible. Según  esa revista,   más de la mitad de los casos federales están relacionados con asuntos de inmigración. En este momento hay 1,1 millones de personas en proceso de ser deportadas, lo que significa que cada juez debe atender, en promedio, unos 5.000 casos.

 

Con tales costos económicos y administrativos es casi imposible deportar a once millones de personas indocumentadas.


Protesta en contra de la deportación de inmigrantes
en Minneapolis, Minnesota.
Foto: Fibonacci Blue

¿Y la gente?

Por otro lado, el americano común y corriente ve con preocupación las cifras referentes a la inmigración.

El número de personas que admite Estados Unidos es enorme, aun teniendo en cuenta la población total del país. Según el Migration Policy Institute, entre 1986 y 2008, Estados Unidos aceptó legalmente un promedio de 415.000 personas nuevas cada año. Y según los datos del censo, en 2010 había unos cuarenta millones de ciudadanos americanos nacidos fuera del país, lo cual equivale al 12,9 por ciento  de  la población.

Este porcentaje es bastante alto si se compara con otros periodos; por ejemplo, en 1920, cuando los europeos estaban migrando debido a la Segunda Guerra Mundial, la tasa era de 13,2 por ciento. Estas cifras en un contexto de crisis económica ofrecen nuevos datos para viejas discusiones.

Temas en discusión

Las viejas discusiones sobre la inmigración estaban basadas en aspectos culturales, presupuestales y laborales; los atentados del 11 de septiembre dieron relieve al tema de la  seguridad.

· En lo cultural está el hecho de que la población que llega se integre –o no- a la cultura norteamericana, especialmente en su lengua

· En lo presupuestal, está ver si las finanzas federales y estatales pueden seguir garantizando servicios como educación y salud a los nuevos inmigrantes;

· En lo laboral está el reto de que la economía pueda ofrecerles empleo a los nuevos residentes,

· Y en seguridad el proteger a sus habitantes del terrorismo.

 

El trabajo es lo que importa

De todos estos puntos, vale la pena centrarse en el laboral, que parece preocupar más al americano del común. Ni el gobierno ni la gente tienen problema en abrir las puertas a los inmigrantes cuando se necesita mano de obra. Este fue el caso del Programa Braceros, instituido en 1942, y gracias al cual muchos campesinos mexicanos llegaron a trabajar a Estados Unidos. Pero hoy la ola de migración ocurre en un contexto económico muy distinto del de las anteriores.

Las posibilidades laborales en Estados Unidos se están reduciendo y esto fomenta un sentimiento de incertidumbre económica y laboral entre los americanos del común. 

La economía norteamericana no se ha recuperado totalmente de la crisis que vivió entre 2008 y 2009. Por ejemplo, si bien es cierto que la tasa de desempleo ha bajado, en diciembre de 2013 se  estimaba que, pese a los seis millones de empleos creados en los tres años que siguieron a la crisis, aún se necesitaban 1,3 millones más de trabajos para volver a los niveles de empleo previos; y, para que el número de empleos se ajuste al crecimiento de la población es preciso crear unos ocho millones de empleos nuevos.

El problema es el sistema

Estas cifras deben enmarcarse en una economía que está cambiando muy rápidamente y donde reina la incertidumbre. Por una parte, varias empresas manufactureras se han ido del país. Por otra parte, las nuevas empresas de servicios y tecnología necesitan pocos trabajadores en comparación con las industrias manufactureras. Y, además, hay quienes argumentan que el sector de la tecnología está acabando con más empleos de los que puede crear.

Todos estos cambios apuntan en una dirección: las posibilidades laborales en Estados Unidos se están reduciendo y esto fomenta un sentimiento de incertidumbre económica y laboral entre los americanos del común.

En Estados Unidos existe la expresión: “no odies al jugador, odia el juego”. En el caso de la migración, el problema no son los inmigrantes; sino el sistema actual y los retos que la migración les presenta a los ciudadanos americanos en este contexto económico. Tradicionalmente Estados Unidos ha dependido de los inmigrantes para su desarrollo económico –en lo fundamental como mano de obra barata–.

Sin embargo, en el contexto de la economía nacional y en un mundo globalizado, no sólo surge la necesidad de atraer otro tipo de inmigrante –científicos–, sino también se abren interrogantes sobre cómo diseñar una política de inmigración que se ajuste a la nueva estructura económica del país y a una realidad que no pareciera recobrarse totalmente de la crisis económica de 2008.

 

*Filólogo con estudios de Maestría en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional, miembro del Comité de Redacción de la Revista Nueva Gaceta.

 


[1] Immigration Wars Forging And American Solution (2013).

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