La crisis europea: ¿en qué consiste y cómo hacerle frente? - Razón Pública
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La crisis europea: ¿en qué consiste y cómo hacerle frente?

Escrito por Germán Forero
German Forero Laverde

German Forero LaverdeUn largo sueño se está transformando en pesadilla: la construcción de los Estados Unidos de Europa. Las causas: falta de disciplina y mala fe de los gobiernos, falta de regulación de los mercados financieros. La solución para la crisis del euro pasa por más unión y no menos.

Germán Forero Laverde *

Un largo sueño

La Unión Europea (UE) es el resultado de un proceso lleno de dificultades y marcado por etapas intermedias en la búsqueda del sueño compartido desde mediados del siglo XX por Winston Churchill, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Jean Monnet, Jacques Delors y Giscard D´Estaing, entre muchos otros: los Estados Unidos de Europa.

  • La Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), creada en 1957, fue una primera asociación estratégica de seis países para garantizar la provisión del carbón y del acero requeridos para la reconstrucción de Europa, devastada tras la Segunda Guerra Mundial.
  • La Comunidad Económica Europea (CEE) de los años 70 conformó un mercado único con libre tránsito de bienes y servicios, que profundizó las relaciones comerciales entre los 15 países miembros.
  • Tras la caída de la convención de la convertibilidad del dólar en oro bajo Nixon –un default monetario que nadie castigó– la CEE buscó crear sistemas de estabilización monetaria entre sus miembros. Así se desarrolló el Mecanismo de Tipo de Cambio Europeo –la llamada “serpiente en el túnel”– que mantenía las monedas de los países miembros dentro de un rango de variación (túnel) en torno al curso de una canasta de monedas (la serpiente). Esta canasta de monedas, llamada European Currency Unit (ECU), fue el origen del plan Delors que se consolidó en la década de 1990.
  • Sólo hace veinte años comenzó a discutirse la Unión Económica y Monetaria, concretada en el Tratado de Maastricht (1992). Esta Unión permitió que 12 de los 15 países adoptaran una moneda común que fungió como unidad de medida y reserva de valor a partir de 1999, y como medio de cambio a partir de 2001. Países como Dinamarca, Reino Unido y Suecia han optado por mantener sus monedas y no adoptar el euro, a causa de la fuerte oposición por parte de sus habitantes, que en varios referéndums han rechazado la adopción de la moneda única.
  • Finalmente, durante la primera década del siglo XXI la UE de los 15 pasó por dos procesos de ampliación:
    • el primero y más importante sucedió en 2004, cuando ingresaron 10 países de Europa central. 
    • el segundo en 2007, cuando entraron otros dos países, para formar la Europa de los 27.

De estos países sólo 17 han adoptado el euro como moneda única; los 10 restantes conservan sus monedas nacionales bajo el compromiso de mantener sus tipos de cambio atados a una banda de fluctuación alrededor del Euro. Esta medida busca mantener constantes los términos de intercambio, para facilitar las relaciones comerciales entre la eurozona y los demás países de la UE.

Del sueño a la pesadilla

El proceso de unión continúa hasta ahora. Si bien la UE es ya un mercado único en cuanto a tráfico de bienes, servicios y personas, aun faltan políticas unificadas en muchos otros aspectos:

  • Un verdadero federalismo, similar al que Estados Unidos ha desarrollado durante los últimos dos siglos, exigiría borrar las fronteras dentro de la unión.
  • Las economías de los estados miembros deberían converger en términos de crecimiento, inflación, desempleo y balance fiscal, pues de lo contrario la solidez de la moneda común queda amenazada por los mercados financieros.

A mi parecer, esa es la debilidad más profunda de la UE actual y en ella radica la principal amenaza al euro como moneda única.  

En el Tratado de Maastricht, que por su importancia ha sido llamado el Tratado de la Unión Europea, se consignó un conjunto criterios o condiciones básicas para el acceso de un país a la zona euro:

  • Que su tasa de inflación no excediera en más de 1,5 por ciento el promedio de las tres inflaciones más bajas de la zona;
  • Que la deuda pública no superara el 60 por ciento del producto interno bruto, y
  • Que el déficit fiscal no fuera más del 3 por ciento de su PIB.

Aunque estas recomendaciones cumplen con los más básicos criterios de “salubridad económica”, no son de obligatorio cumplimiento para ninguno de los países miembros. De hecho, hoy en día no hay un solo país de la zona euro que cumpla simultáneamente con los tres criterios de convergencia.  

Griegos tramposos y poca disciplina

Si lo anterior ya era preocupante, lo es más el hecho de que Grecia falseara su información económica para ser admitido a la zona euro en 2001 (esta falsedad se conocería apenas en 2010):

  • Con ayuda de la banca de inversión Goldman Sachs, el gobierno helénico falseó sus cifras económicas,
  • ocultó un monstruoso déficit fiscal (cercano al 10 por ciento) y
  • un nivel de endeudamiento peligroso (100 por ciento del PIB).

Mientras tanto otros países de la eurozona incumplían los criterios del pacto. Alemania y Francia dejaron de cumplir con el criterio de déficit fiscal en 2003 y cuando la Comisión de la UE (su órgano ejecutivo) trató de disciplinarlos mediante el Mecanismo de Déficits Excesivos, estos países boicotearon el proceso -lo cual demostró de facto que el pacto de estabilidad y crecimiento era letra muerta.  

¿Efecto pobreza en Europa?

2008 fue un año crítico para Estados Unidos y para Europa. La crisis financiera resultó en una caída masiva del empleo en Estados Unidos, en destrucción de valor del mercado inmobiliario y en una contracción sistemática y profunda de los mecanismos de crédito. Esto redundó en reducir la demanda agregada, lo que afectó no sólo a la industria nacional, sino a la industria global, pues uno de los principales mercados del mundo no tenía dinero para comprar.

Se produjo entonces un efecto pobreza, traducido en la desaceleración económica que hoy enfrenta el planeta entero y de la cual Europa no salió indemne. De hecho, hoy en día la participación europea en el mercado internacional es menor a la que tenía antes de que surgiera la unión económica y monetaria. Europa perdió mercados por dos motivos:

  • En primer lugar, la contracción de la demanda en Estados Unidos redujo el turismo y el comercio internacional;
  • En segundo lugar, el debilitamiento del dólar desde que comenzó la crisis ha hecho fortalecer el euro en términos relativos –no por virtud europea si por defecto norteamericano– lo cual implica pérdidas de competitividad para los productores europeos.

De esta manera los ingresos fiscales comenzaron a deteriorarse, profundizando los déficits.  

El efecto pobreza se trasladó a Europa a causa del aumento en la aversión al riesgo de los inversionistas. Las profundas caídas en los mercados bursátiles y en los precios de la vivienda hicieron caer también el consumo privado, principal motor del crecimiento económico. Esto llevó a que los gobiernos aumentarán el gasto para evitar la recesión, y a financiar dicho gasto con emisiones de deuda.

La solución: más unión y no menos

En marzo de 2010 el gobierno griego anunció que si la economía y el gasto seguían como venían, sería incapaz de honrar sus obligaciones. Le siguieron Irlanda y Portugal, pero hoy en día los mercados dudan de que incluso economías más sólidas, como España e Italia, puedan mantener el balance fiscal mucho tiempo más.

Tras dos años y 844 millardos de euros, los rescates y las medidas de austeridad no han servido para mucho. Grecia ya ha recibido desembolsos por 219 millardos de euros, sin que los mercados cesen de especular en su contra.

Pero la historia indica que la solución del problema europeo pasa por más unión desde el punto de vista económico, tanto fiscal como de gobernanza, al revés de lo que piensan muchos euroscépticos.

Así como Estados Unidos tuvo que sufrir la Guerra de Secesión y otros varios avatares económicos antes de consolidar una única moneda y una banca central, Europa debe aprovechar la coyuntura para crear un único mercado de deuda, incluir en la zona euro a los diez países que están fuera de ella y adoptar serias políticas de convergencia que –esta vez sí de carácter obligatorio– den mayor solidez tanto a la moneda común, como a los presupuestos nacionales.

* Profesor e Investigador de la Universidad Externado de Colombia – Observatorio de Economía y Operaciones Numéricas ODEON. Master of Science en Finanzas del Barcelona Graduate School of Economics.

twitter@GermanForeroL

 

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