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Geopolítica de los conflictos: una mirada panorámica

Escrito por Oscar Andrés Castaño

Caricatura de las aspiraciones expansionistas estadounidenses luego de la guerra con España en 1898.

Osacr Andres CastañoEl equilibrio mundial es cada vez más sensible a los conflictos locales y al colapso de  Estados que perecían marginales. Por eso en vez de las simplificaciones habituales, necesitamos más saber y más reconocimiento de la complejidad del mundo.*   

Oscar Andrés Castaño**

Universidad de Ibagué

Del siglo XIX al siglo XXI

La lucha por la defensa, el control y la apropiación económica y social del suelo (entendido como la superficie terrestre y marítima delimitada por las fronteras de cada Estado) es una tarea básica de las autoridades de todos los países, y de su buen o mal desempeño dependen tanto la estabilidad sociopolítica de los Estados como su influencia en el concierto geopolítico regional y global.

Las grandes contiendas mundiales durante gran parte del siglo XX  tuvieron como protagonistas a los Estados-Nación europeos. Los conflictos durante este siglo fueron en realidad el punto culminante de tensiones y conflictos provenientes del Siglo XIX (no se entiende, por ejemplo, la Primera Guerra Mundial sin la guerra Franco-Prusiana de 1870).  La expansión territorial de las potencias europeas se libró en el propio continente así como en otros espacios geográficos en una etapa que historiadores como Eric Hobsbawm han denominado “el imperialismo”.  

Por su parte las tensiones y conflictos del siglo XXI van a dar paso al yihadismo musulmán como un actor poderoso, con una notable capacidad bélica y de desestabilización global a través del uso del terrorismo como arma contra las potencias occidentales. Así mismo, el control y la influencia sobre la región de medio oriente serán neurálgicos para los intereses de Washington y su pretensión de conducir el orden geopolítico global y conservar su posición como Estado hegemónico. 

La intervención de las potencias occidentales – y particularmente de Estados Unidos tras su invasión a Iraq en 2003 y su partida del país en 2011- ha intensificado el conflicto territorial entre sunitas y chiitas (las dos grandes ramas del Islam), pues el interés de Washington era asegurar el control sobre la región de oriente medio y norte de África.

La contención o la estabilización de los conflictos internos del Islam no parecía ser una prioridad para Occidente hasta la firma de los acuerdos de Lausana en 2015 entre Washington y el nuevo gobierno Iraní, lo cual hace parte de una nueva estrategia norteamericana por ganar aliados y contener el avance de Rusia en la región tras las transformaciones geopolíticas de la primavera árabe.

Estados fallidos

La geopolítica global contemporánea es altamente sensible a los niveles de riesgo que presentan determinados países en virtud de sus niveles de conflictividad e inestabilidad político-económica. Los ejemplos de la ex Yugoeslavia durante el decenio de 1990, de Líbano o Somalia durante la primera década del siglo XXI, y por supuesto los de Irak, Afganistán y ahora Siria son pruebas más que suficientes de esta sensibilidad mundial a situaciones de caos local.       

La contención o la estabilización de los conflictos internos del Islam no parecía ser una prioridad para Occidente.

Ricardo Méndez explica bien la nueva condición: “En este escenario, la nueva fisonomía de la guerra, la multiplicación de actores implicados en la misma, el desplaza­miento de las regiones más afectadas por la violencia armada, o la aparición de nuevas causas de conflicto bélico que se suman a otras de larga tradición justifican la necesaria renovación de una de las temáticas clásicas de los estudios geopolíticos”.

Carreras armamentistas

Hay que mencionar la importancia de la economía de la guerra en este complejo ajedrez geopolítico. Con la globalización económica también se intensifica la puja entre los Estados hegemónicos por controlar el mercado de armamento y de los servicios de seguridad y defensa.

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo la oferta mundial de armas  ha aumentado en un 14 por ciento durante  los últimos cuatro años, conservando la tendencia al alza que se venía registrando desde el año 2002. Vale la pena observar el comportamiento del mercado mundial de armamento para el período 2011-2015, y precisar la participación de los diferentes países productores y compradores:

20 largest importers 2011-15

Fuente: www.sipri.org

Top 10 arms importers_2011-15

Fuente: www.sipri.org

India y Arabia Saudí se ubican como los principales importadores. El caso de la India es llamativo y se le ha atribuido al hecho de no contar con una industria armamentística propia y sofisticada, lo cual implica niveles de calidad e innovación inferiores a los de China, uno de sus rivales más obvios en el continente asiático. 

Por el lado de la oferta, Estados Unidos se mantiene a la cabeza de las exportaciones:  “Con el 33% del total de las exportaciones de armas, Estados Unidos fue el mayor exportador de armas en el periodo 2011–15. Sus exportaciones de grandes armas crecieron un 27% en comparación con el periodo 2006–10. Las exportaciones de grandes armas de Rusia crecieron un 28% entre 2006–10 y 2011–15, y el país contabilizó el 25% del total de exportaciones en el último periodo de cinco años. Sin embargo, en 2014 y en 2015, las exportaciones rusas volvieron a los niveles anuales más bajos observados en el periodo 2006–10”.

China, por su parte, desplazó a Francia y aumentó en un 88 por ciento su gasto militar (la producción y exportación), mientras que Alemania, uno de los líderes tradicionales del mercado, redujo su participación a la mitad.

La situación de China contrasta con la de India. Estos países aumentaron  su participación como importadores y exportadores, respectivamente, en gran parte debido a su ascenso como potencias globales; a la amenaza de inestabilidad proveniente de Afganistán y Pakistán; y a las disputas de China en el mar meridional.

Los conflictos y tensiones regionales se mantienen, y esto impulsa a los países a buscar una mejor posición para enfrentar, ya sea por la vía militar o política, las amenazas que se ciernen a diario sobre la seguridad estatal y global.

Áreas de tensión  global

Ministros de Relaciones Exteriores del P5+1 e Irán y el Secretario de Estado John Kerry, durante las negociaciones del acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos.
Ministros de Relaciones Exteriores del P5+1 e Irán y el Secretario de Estado John
Kerry, durante las negociaciones del acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos.
Foto: Wikimedia Commons

En los conflictos actuales es más difícil identificar patrones o tendencias que permitan discernir o anticipar los mecanismos de resolución que podrían conducir a soluciones.  

Por citar un ejemplo, la conflictividad de la región de Transnistria en Moldavia ha disminuido debido al debilitamiento de la hegemonía rusa, provocada por la caída de los precios del petróleo. Este hecho provocó un replanteamiento de las pretensiones expansionistas de Vladimir Putin, que ya se habían plasmado en la anexión de Crimea. 

La baja intensidad de los conflictos en algunas regiones, principalmente del mundo islámico en el norte de África y oriente próximo, se suma a este panorama complejo. El que se trate de casos de “baja intensidad” ha hecho que Occidente y aún Naciones Unidas no hayan promovido estrategias de cooperación entre los Estados de la región para estabilizar política y socialmente dichos territorios.

Se intensifica la puja entre los Estados hegemónicos por controlar el mercado de armamento.

Este grave descuido afecta principalmente a Europa a partir de los atentados de ISIS en el corazón de la civilización occidental.  La OTAN, por su parte, se ha convertido en un apéndice del ejército norteamericano, quien a partir de la descolonización ha favorecido el mantenimiento de conflictos de baja intensidad en el mundo islámico. Esto enrarece la posibilidad de una intervención conjunta, dado que los intereses de Europa occidental por el momento parecen estar más cercanos a Moscú que a Washington, dos actores hegemónicos que han manifestado discrepancias en torno al manejo de la delicada situación en Siria, por ejemplo.

Por el lado de América Latina se espera que la firma del acuerdo entre el gobierno colombiano y las FARC incida sobre la reconfiguración de la geopolítica regional. Adicionalmente, los recientes acercamientos entre Washington y  La Habana son una muestra del cambio en la estrategia de relacionamiento entre el imperio y el régimen de los Castro. Por otra parte la construcción del canal interoceánico en Nicaragua con capital chino es un precedente que seguramente afectará de manera negativa la influencia de Estados Unidos en la región.  

En el caso particular de Colombia queda por establecer cuál será el efecto real en términos geoeconómicos que el fin del conflicto con las FARC pueda representar.  Hay que ser prudentes al respecto.

Conviene promover la importancia de la geopolítica como herramienta de análisis para abordar los problemas derivados de las decisiones de los Estados sobre el espacio geográfico, profundizar en el tema y plantear aportes que contribuyan a enriquecer el estudio y la discusión de los conflictos y cambios geopolíticos que ocupan hoy y a futuro la agenda de los gobiernos y los expertos en la materia.

 

* Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

** Geógrafo MSc., profesor de Geopolítica de la Universidad de Ibagué.

 

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