El “Fifagate”: crónica de un escándalo anunciado - Razón Pública
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El “Fifagate”: crónica de un escándalo anunciado

Escrito por Andrés Uribe
Sede oficial de la FIFA en Zurich, Suiza.

Sede oficial de la FIFA en Zurich, Suiza.

Andres UribeLa investigación abierta contra dirigentes y ejecutivos de la FIFA es la crisis más grande del balompié en su historia. Sin embargo, la enorme pasión de los aficionados y el tamaño del negocio mundial del fútbol harán que la pelota siga rodando.

Andrés Uribe*

Fin de un reinado

1998 podría ser recordado en Colombia por distintas razones: la Selección Nacional de fútbol jugaba el Mundial de Francia, Andrés Pastrana había sido elegido presidente, y comenzaban a percibirse las señales de lo que pocos meses después sería una muy grave crisis económica.

Por su parte, en la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA), entidad que organiza y controla los principales torneos mundiales de balompié, tanto de clubes como de selecciones nacionales, ese año será recordado como el momento cuando Joseph Blatter fue nombrado presidente.

Por otra parte el 2015 será recordado como el año en que se destapó el escándalo de corrupción que llevó a la caída de Blatter, después de 17 años como “rey” de la FIFA. En tan solo una semana han salido a la luz pública tantas y tan graves irregularidades que pusieron en jaque al señor Blatter y a todos sus peones.

Las noticias de esta semana bastan para decir que este ha sido el escándalo mayor en la historia mundial del deporte.  

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos por corrupción contra nueve dirigentes y cinco ejecutivos de la FIFA (número que ha ido aumentando con el paso de los días) por pagos ilegales de más de 150 millones de dólares, fraude fiscal y lavado de dinero. Estos pagos parecen haberse hecho para concretar arreglos de partidos en el Mundial de Corea y Japón en 2002, en la compra de votos para los Mundiales de Rusia, en 2018, y Catar, en 2022, y para llevar a cabo la sospechosa Copa América del Centenario, que se jugará el año entrante en Estados Unidos.

También se conoció que Jerome Valcke, mano derecha de Blatter y actual secretario general de la FIFA, habría transferido 10 millones de dólares a Jack Warner, expresidente de la Confederación de América del Norte, Central y el Caribe (CONCACAF), para asegurar que el Mundial de 2010 se hiciera en Sudáfrica.

Ante estos escándalos y con la notificación de que el FBI le está pisando los talones, Blatter  decidió abandonar la presidencia de la FIFA apenas cuatro días después de ser reelegido, lo cual resultó ser un paso muy extraño -y comprometedor- ante la crisis que enfrenta.

La renuncia de Blatter puede verse como el triunfo de la justicia o como la derrota de un falso rey, pero sin duda abre la puerta para el cambio en la entidad regente del fútbol mundial. Esperemos que el cambio sea positivo, ya que urge limpiar el nombre de esta importante institución. Pero el camino no será fácil.

El ex-presidente de la FIFA Joseph Blatter.
El ex-presidente de la FIFA Joseph Blatter.
Foto: Abhisit Vejjajiva

La FIFA se desmorona

En este escándalo parecen estar implicados desde el más alto rango hasta el último cargo decisorio dentro de la FIFA, en todos los continentes y a lo largo de más de 20 años. Hay que esperar para conocer la real dimensión del problema, pero las noticias de esta semana bastan para decir que este ha sido el escándalo mayor en la historia mundial del deporte.  

Aunque será la justicia quien decida la suerte de las personas implicadas en las investigaciones (pues ya se anuncian otras varias en diversos países), desde ya pueden verse las consecuencias del escándalo:   

  • Los principales patrocinadores comerciales de la FIFA están amenazando con irse,
  • Las federaciones de todos los países están debilitadas,
  • La credibilidad del deporte está muy duramente  quebrantada, y
  • Muy seguramente seguirán años de investigaciones.

Dentro de este escenario no es muy clara la viabilidad del Mundial de Rusia en 2018, y más aún, la del de Catar en 2022. Ya Rusia se dio cuenta del dolor de cabeza que significa hacer un mundial y esta misma semana anunció un gran recorte en el presupuesto para el evento del 2018, advirtiendo  que no alcanzará a cumplir parte importante de su plan original para rediseñar estadios, construir hoteles y remodelar los aeropuertos.

Los Mundiales de Rusia y Catar serán recordados como los mas corruptos de la historia, pero seguramente serán los más rentables

El de Catar, por su parte, es un mundial sin sentido, en un país que jamás ha vivido el fútbol y donde hace tanto calor que el encuentro tuvo que programarse para noviembre y diciembre. La escogencia de esta sede validó las críticas de muchos que desde hace tiempo veían con sospecha que la FIFA hubiera preferido el potencial económico por encima de la tradición futbolística.

¿La pelota no se mancha?

Puede que para los fanáticos no sea tan importante el escandalo de la FIFA, ya que la fuerza del deporte hace que sea capaz de sostenerse por encima de la crisis. Por ejemplo,

  • El año pasado los Juegos Olímpicos de Invierno tuvieron lugar en Sochi (Rusia) bajo la lupa de las autoridades mundiales y al parecer a nadie le importaron las supuestas irregularidades durante el evento. Por ese entonces abundaron las denuncias contra Rusia por violación de los derechos humanos, pero lo único que preocupó al  presidente Putin fue asegurarse de que no hubiese atentados terroristas y de que tuvieran éxitos sus propios deportistas.
  • Durante el Mundial de Fútbol Brasil 2014 se registraron protestas masivas. Los manifestantes reclamaban por el gasto innecesario de la Nación en los grandes  estadios y en las complejas remodelaciones mientras ellos se morían de hambre. Un año después del certamen, hay estadios que no han sido utilizados para nada después del Mundial y que sin duda no justificaban la enorme inversión que se hizo en ellos.

En resumen, parece claro que aún los grandes escándalos no empañan el brillo de los eventos deportivos, puesto que los fanáticos solo están interesados en la acción y en la victoria de su equipo o deportista.

Los representantes rusos celebran la elección de Rusia como sede del Mundial de Fútbol del 2018.
Los representantes rusos celebran la elección de Rusia como sede del Mundial de
Fútbol del 2018.
Foto: Wikimedia Commons

La lección

Sin embargo lo ocurrido en la FIFA es una advertencia muy importante para la sociedad en su conjunto: el gran peligro que implica aceptar una entidad que maneja dinero sin transparencia ni balances entre sus órganos internos.

El año pasado en el Mundial de Brasil se produjeron más de 2,6 billones de dólares en ganancias, que fueron exclusivamente para la FIFA. Pero la FIFA se parece más a un club privado o a una organización mafiosa que a una institución internacional que trabaja por el desarrollo del deporte.

Las federaciones de fútbol de cada país deberían sacar las lecciones necesarias de este escándalo, para no caer en el círculo vicioso de intereses particulares y corrupción. El mundo del deporte está creciendo en forma acelerada, y por esta razón necesitamos  instituciones transparentes, con controles, pesos y contrapesos, que reduzcan los riesgos de corrupción y garanticen su sostenibilidad.

Es posible que el deporte no se vea afectado, que los fanáticos sigan viviendo el fútbol igual que siempre, y que las ganancias de los organismos deportivos sigan aumentando sostenidamente.

Los Mundiales de Rusia y Catar serán recordados como los mas corruptos de la historia, pero seguramente serán los más rentables, porque lo intereses que hay detrás de ellos son enormes. El Mundial de Rusia aumentará el número de fanáticos futboleros en ese país, y el  de Catar cosechará el interés de nuevos aficionados en Medio Oriente. Sin embargo, nunca se olvidará la corrupción que hubo detrás de estos eventos.
 

* Economista – Universidad de los Andes. Analista de la información económica en el programa Supérate Intercolegiados – Coldeportes.

 

 

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