Colombia y China: ¿qué firmó Petro y qué significa?
Foto: Flickr: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

Colombia y China: ¿qué firmó Petro y qué significa?

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Colombia firmó un acuerdo con China en el marco de la Iniciativa de la Franja y de la Ruta, pero el significado de ese paso sigue siendo incierto. El gobierno no supo explicar qué firmó ni para qué. Esta es la explicación.

Una decisión esperada y una polémica inesperada

La idea de adherir a la a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) o Nueva Ruta de la Seda se venía examinando desde antes del comienzo del gobierno de Gustavo Petro.  

En seguimiento de esa iniciativa, esta semana el presidente Petro viajó a China junto a la canciller y varios ministros para participar en la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, celebrada en Pekín. 

Además de encuentros con funcionarios de alto nivel —como el alcalde de Shanghái— y visitas a empresas tecnológicas como Huawei, la visita ofrecía la oportunidad de resolver una pregunta pendiente desde los gobiernos de Iván Duque y del propio Petro: ¿debía Colombia adherirse a la IFR?

Bajo el gobierno de Duque, Colombia propuso una “Iniciativa China-Colombia” como alternativa a la IFR. Petro, por su parte, había firmado en octubre de 2023 una «asociación estratégica» con China sin formalizar la adhesión. 

Esta vez, sin embargo, la coyuntura era distinta: por un lado, Colombia presidía por primera vez el principal espacio de diálogo político entre China y América Latina; por otro lado, las relaciones con Estados Unidos pasaban por uno de sus peores momentos tras la amenaza de imponer aranceles. 

Bajo esa doble presión, el gobierno decidió vincular al país con la IFR.

La decisión produjo reacciones inmediatas. La controversia se centró en dos aspectos: el desconocimiento general sobre qué es exactamente la IFR, y el temor a un enfriamiento de las relaciones con Estados Unidos. 

La confusión fue tal, que la noticia más importante sobre las relaciones con China acabó siendo una muestra de descoordinación política y de errores de comunicación por parte del gobierno colombiano. 

¿Qué es —y qué no es— la Iniciativa de la Franja y la Ruta?

A pesar de su nombre, la IFR no es un acuerdo comercial, ni un tratado internacional, ni una alianza política o militar. 

Es, en términos formales, apenas un “memorando de entendimiento”, y en términos prácticos, un marco de cooperación general. Desde lo teórico, se trata de un proceso de “ensamblaje” de proyectos, normas e inversiones que buscan construir una arquitectura paralela para la provisión de bienes públicos globales. En ese sentido, la IFR se parece a lo que en derecho internacional se llama “ley blanda”: un conjunto de principios y propuestas que no obligan legalmente, pero pueden orientar las decisiones políticas e institucionales. 

La diplomacia china la promueve como una alternativa no confrontativa al orden global liderado por Occidente, y como una vía para que países del Sur global, como Colombia, participen en el diseño de un nuevo marco de relaciones internacionales.

Sin embargo, la ambigüedad de sus términos ha dificultado su comprensión fuera de China. Medios oficiales como China Global Television Network han admitido que la IFR se asimila con el tiempo y exige “leer las hojas de té”, es decir, interpretar señales sutiles y proyectar escenarios sobre su desarrollo.

Expectativas mal gestionadas

La firma del memorando por parte del gobierno colombiano desató inquietudes en el sector privado, donde muchos interpretaron el gesto como una decisión que podía comprometer la relación con Estados Unidos, o como una puerta abierta a inversiones chinas sin control. 

Otros, en cambio, vieron en la IFR una panacea para la balanza comercial negativa con China o una vía de escape frente a la dependencia de Washington.

La falta de una política clara y de una comunicación coherente agravó la confusión. Hubo incluso diferencias dentro del propio gobierno. Mientras Petro defendía públicamente la firma del acuerdo en nombre de la soberanía nacional, la canciller Laura Sarabia insistió en matizar el lenguaje: el documento final, titulado “Plan de Cooperación para la adhesión de Colombia a la IFR”, evitó hablar de “adhesión” como tal, y en la página oficial de la Cancillería se publicó un “Abecé del Plan de Cooperación” donde la palabra “adhesión” desaparece por completo.

Foto: Flickr: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

La reacción de Estados Unidos

Washington no se tomó el anuncio a la ligera.

La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado advirtió que se opondrá a que el BID financie proyectos de empresas estatales chinas en Colombia o en países que hayan suscrito acuerdos similares con China. Esto equivale a un golpe directo a la principal promesa de la IFR: el financiamiento de infraestructura como bien público global.

Aunque el gobierno colombiano aseguró que el Metro de Bogotá —proyecto que involucra capital chino y cuenta con respaldo del BID— no se vería afectado, la señal fue clara. Como respuesta, Colombia solicitó el 15 de mayo su ingreso al New Development Bank (Banco de los BRICS), lo cual no hace más que escalar las tensiones geopolíticas.

Lo que sí puede —y debe— hacer Colombia

El error del gobierno no consistió en firmar o en no firmar el acuerdo, sino en no explicar con claridad lo que Colombia puede hacer con la IFR. 

Este tipo de instrumentos son lo que cada país decide hacer de ellos. En lugar de depender del clima político con Estados Unidos o de mensajes improvisados, el país el gobierno debió articular previamente una posición técnica y consensuada con el sector empresarial y académico.

Colombia necesita traducir este memorando en proyectos concretos, viables y alineados con su estrategia de desarrollo. Eso implica robustecer su presencia diplomática y comercial en Asia, definir prioridades sectoriales (como transferencia tecnológica), diseñar propuestas para atraer inversión extranjera útil, y formular una política de cooperación económica con China que no dependa del gobierno de turno.

Más aún, Colombia necesita diseñar políticas productivas que le permitan participar de forma competitiva en los mercados asiáticos. También es necesario gestionar con China la facilitación de los trámites para el ingreso de productos colombianos.

El verdadero desafío comienza ahora 

Firmar el memorando fue lo más sencillo. 

Lo difícil —y lo verdaderamente importante— es convertir esa firma en una estrategia coherente, con proyectos concretos, responsables y sostenibles. 

La Iniciativa de la Franja y la Ruta no es ni una amenaza ni una panacea: es una plataforma abierta, cuyo valor dependerá de lo que Colombia haga con ella. Si no hay visión productiva, capacidad técnica y voluntad política sostenida, este acuerdo quedará como un gesto vacío. 

Pero si el país logra articular su inserción internacional con sus necesidades internas de transformación, podrá aprovechar la ocasión para avanzar en su desarrollo. Como dicen los chinos, no basta con firmar: hay que saber leer las hojas de té.

Le recomendamos: La sombra de Trump en las elecciones en Canadá y Australia: el papel del “enemigo externo” y sus implicaciones para las narrativas políticas

Acerca del autor

Camilo Defelipe
cdefelipe@razonpublica.org | + posts

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia. Es PhD de la East China Normal University, magíster en comercio internacional de la Universidad de Barcelona y magister en política internacional contemporánea con énfasis en China por la Universidad de Jilin, en China. Su investigación se centra en la construcción discursiva de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en América Latina y el papel de China en la transición energética de Colombia.

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Camilo Defelipe

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia. Es PhD de la East China Normal University, magíster en comercio internacional de la Universidad de Barcelona y magister en política internacional contemporánea con énfasis en China por la Universidad de Jilin, en China. Su investigación se centra en la construcción discursiva de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en América Latina y el papel de China en la transición energética de Colombia.

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