
Eduardo Galeano y Las venas abiertas de América Latina: debates y lecciones
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Criticado por unos y alabado por otros, Eduardo Galeano fue uno de los intelectuales más reconocidos de finales del siglo XX. Su libro Las venas abiertas de América Latina estará por mucho tiempo entre las obras más representativas del continente.
Frank Molano Camargo*
Una vida de izquierda
Eduardo Galeano fue uno de los intelectuales latinoamericanos ante quienes difícilmente se puede ser neutral. Desde distintas orillas ideológicas, se lo ubicó siempre en el campo de las izquierdas.
Y sin embargo su pensamiento antiimperialista y anticapitalista no permaneció estático, sino que fue cambiando en relación con sus formas de actuación política y su prolífica creación narrativa.
El 3 de septiembre de 1940 nació Eduardo Germán María Hughes Galeano en una familia de clase media en Montevideo, capital de la “Suiza de América” (un mito similar al de “Colombia, la democracia más antigua del continente”). Sin embargo, él y otros intelectuales de la generación de 1960 se cansaron de esa “Suiza” y giraron a la izquierda.
Como lo relató en Días y noches de amor y guerra (1978), Galeano tuvo una primera crisis en 1959, a sus 19 años. Hasta ese momento colaboraba como caricaturista del periódico Marcha del Partido Socialista, donde tenía una cómoda actividad de militante. Sin embargo necesitaba expresar su opinión por escrito para sacar los demonios que lo habitaban, criticar con la pluma la sociedad que lo rodeaba.
Las venas abiertas se convirtió en un éxito editorial gracias a la prohibición y a las quemas del libro que realizaron las dictaduras del Cono Sur en la década de 1970.
Galeano intentó suicidarse. Su relato sobre esta experiencia es estremecedor. Sobrevivió y desde entonces empezó a firmar como Eduardo Galeano, usando el apellido materno, más latinoamericano, y no el paterno Hughes, de origen alemán.
Los integrantes del semanario Marcha transitaron por la misma senda. Esta generación intelectual rompió con la anterior, la de 1945 (de Juan Carlos Onetti), caracterizada por su distancia del Estado y de la política de izquierdas.
Bajo la dirección de Carlos Quijano, Marcha atrajo a las plumas críticas de Uruguay y del continente: Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, María Ester Giglio, Manuel Maldonado Denis, Roberto Fernández Retamar, Raúl Sendic (por entonces miembro del Partido Socialista y más adelante líder de la guerrilla tupamara). En 1966 Galeano y Sendic fundaron el periódico Época, que fue una especie de vocero abierto de la guerrilla, hasta que fue clausurado en 1968.
Tanto Marcha como Época se distanciaron del parlamentarismo del Partido Socialista y de su adhesión al discurso del desarrollo capitalista que defendían teóricos como Walter Rostow. Para romper con estas corrientes, los intelectuales bebieron de nuevas fuentes: el marxismo, la teoría de la dependencia, el nacionalismo popular. La actitud política y literaria de Galeano, Mario Benedetti y María Esther Giglio los llevó a la militancia y a diferentes grados de compromiso con la guerrilla tupamara.
En 1973 y tras el golpe militar en Uruguay, Galeano tuvo que exiliarse en Argentina y, tras el golpe de 1976 en Argentina tuvo que huir a España (Cataluña). Las listas negras difundidas por las dictaduras, tanto de personas como de obras (incluida Las venas abiertas), marcaron el exilio, la desaparición o el silenciamiento de toda una generación.
Galeano retornó a Uruguay en 1985, continuó con su actividad literaria, editorial y política, y fundó el semanario Brecha, uno de los medios de difusión teórica claves para la izquierda.
![]() El escritor, poeta y dramaturgo uruguayo Mario Benedetti. Foto: Nicolás Demarchi |
El escritor crítico
Galeano fue un escritor brillante, agudo y punzante. Desde sus primeras crónicas sobre la China de Mao Tsetung o sobre el golpe contra Jacobo Arbenz en Guatemala, hasta sus ensayos más elaborados, mantuvo una línea de continuidad: desnudar las opresiones y burlarse de los opresores.
De su prolífica obra destacan textos como Las venas abiertas de América Latina (1971), Días y noches de amor y de guerra (1978), Memoria del fuego (1982-1986), El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos (1986), El libro de los abrazos (1989), Úselo y tírelo (1992), Ser como ellos y otros artículos (1994), El fútbol en sol y sombra (1995), Patas arriba: Escuela del mundo al revés (1998), Espejos (2008), Los hijos de los días (2011) y estaba preparando una antología llamada Mujeres, que próximamente publicará la editorial Siglo XXI.
Como intelectual de izquierda Galeano tuvo una compleja relación con los gobiernos del Frente Amplio, en el poder en Uruguay desde 2004, a los cuales apoyó pero también criticó. Fueron dos los principales blancos de sus críticas:
- La política de abrir el campo uruguayo a la inversión del capital para hacer de Uruguay una gran plantación de celulosa.
- Las trabas que el gobierno del Frente Amplio le puso al cumplimiento de la ley que garantiza los derechos sexuales y reproductivos de las uruguayas.
Los movimientos ambientalistas y las organizaciones de mujeres y feministas encontraron en Galeano una voz informada, legítima y confiable para denunciar las inconsistencias del proyecto político del Frente Amplio.
![]() Algunos títulos de la bibliografía de Eduardo Galeano. Foto: Silvina Carraud |
Las venas abiertas y el eterno retorno
Las venas abiertas de América Latina es sin duda la obra más leída y criticada de Galeano. Fue escrita entre 1966 y 1970, dentro del marco explicativo de la teoría de la dependencia. De hecho, Galeano reconoció su deuda conceptual con André Gunder Frank (1929-2005) y con Sergio Bagú (1911-2002), quienes inspiraron las tesis de Las venas abiertas, además de ser los revisores del texto antes de su publicación en 1971.
Inicialmente esta obra no tuvo el reconocimiento que después alcanzaría. Galeano presentó su escrito al premio Casa de las Américas en 1971, pero no ganó. Un año antes la uruguaya María Esther Gilio había ganado el premio con su trabajo testimonial: La Guerrilla Tupamara. Según el mismo Galeano, Las venas abiertas se convirtió en un éxito editorial gracias a la prohibición y a las quemas del libro que realizaron las dictaduras del Cono Sur en la década de 1970.
Las venas abiertas cuenta la historia latinoamericana desde la perspectiva de la dominación extranjera. Este análisis muestra cómo a mayor dependencia internacional hay una mayor profundización del subdesarrollo; sin embargo, no logra develar cómo en medio de esa dominación imperialista emergió un tipo de capitalismo local, una gran burguesía criolla, e incluso unas clases medias que buscan acomodarse al sistema.
Como ante cualquier obra literaria o histórica, la única actitud sensata es la de la lectura crítica; ni la beatificación ni la condena.
Esto no lo podía ver Galeano en 1970, porque era prisionero del modelo explicativo de Gunder Frank. No obstante, hay que reconocer que Las venas abiertas y la propia teoría de la dependencia situaron nuestra historia en el marco de lo que hoy se conoce como “economía mundo” o “historias conectadas”, aunque de manera unilateral.
Las venas abiertas ha recibido otros dos tipos de críticas. Por un lado las muchas correcciones y precisiones que tuvo que hacer Galeano después de su publicación. Por otro lado la derecha la calificó como la “biblia” de los “idiotas útiles latinoamericanos”.
En octubre de 2005 Galeano tuvo que hacer una rectificación pública durante su visita a Honduras. Académicos de ese país le recriminaron su afirmación de la estatua que existe en Tegucigalpa no era la del general Morazán, sino una del mariscal francés Ney. Según Las venas abiertas, la corrupta clase política hondureña había malgastado en parrandas el dinero destinado al monumento del héroe nacional y tuvieron que comprar de afán cualquier estatua. Sin embargo, la estatua mencionada sí es la de Morazán, así que Galeano se retractó y reconoció la falta de fuentes confiables.
Este tipo de rectificaciones ha sido usual entre escritores, historiadores, sociólogos, y esto no invalida sus obras o sus tesis centrales. Con toda seguridad, más allá de la estatua, la corrupción, el despilfarro y la improvisación han acompañado la historia de nuestras clases dominantes.
También muchos sectores celebraron en 2014 el supuesto arrepentimiento de Galeano por haber escrito Las venas abiertas. Para hacerlo citaron las palabras del escritor en la Segunda Bienal del Libro y la Lectura en Brasilia, cuando se refirió a su obra como a una “pesada prosa izquierdista”.
Con esto querían enterrar y desprestigiar como inútil el gesto de Hugo Chávez cuando le regaló a Obama una copia del libro como recordatorio de lo que Estados Unidos había hecho en América Latina, pues se supone que lo políticamente correcto hoy en la academia es el desprestigio de las teorías del imperialismo.
Sin embargo es común olvidar lo que el mismo Galeano dijo en 2011 en una entrevista para el diario argentino Clarín sobre su obra más famosa: “Es que uno siempre tiene orgullo de sus hijos pero a veces los querés agarrar del cuello. Es decir, para mí es una satisfacción enorme haber escrito un libro que sobrevivió a más de una generación y que sigue estando vigente, pero a la vez me genera una enorme tristeza porque el mundo no ha cambiado en nada. Para mí sería mejor que ese libro estuviera en un museo de arqueología junto a las momias egipcias, pero no es así”.
Como ante cualquier obra literaria o histórica, la única actitud sensata es la de la lectura crítica; ni la beatificación ni la condena. Las venas abiertas de América Latina es un valioso artefacto literario y político, con una rica prosa de denuncia, como El Tungsteno de César Vallejo, Cien Años de Soledad de García Márquez o Canto General de Pablo Neruda. En obras como estas encontramos parte de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser.
* Profesor de la Universidad Distrital "Francisco José de Caldas", historiador y vocero del MODEP. Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional. Magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante del Doctorado en Historia de la Universidad de Los Andes.
@MolanoFrank
Acerca del autor
Frank Molano
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Criticado por unos y alabado por otros, Eduardo Galeano fue uno de los intelectuales más reconocidos de finales del siglo XX. Su libro Las venas abiertas de América Latina estará por mucho tiempo entre las obras más representativas del continente.





