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El regreso de Batman y la nostalgia del poder

Escrito por Guillermo Vanegas
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Guillermo_Vanegas_RazonPublicaLa saga del defensor privado de Ciudad Gótica puede tener extrañas conexiones con la realidad colombiana: ¿el paramilitarismo, la búsqueda patológica del poder, las grietas en el edificio moral y el estirarse de los resortes éticos?

Guillermo Vanegas*

Portada de la edición mexicana de Dark Knight Returns.

Renace un caudillo

Entre los puntos de contacto que se encuentran al comparar la edición de El Regreso del Caballero Nocturno (Frank Miller, 1986) y la película Batman, the Dark Knight Rises (Christopher Nolan, 2012), se destaca su conclusión: el héroe busca redimirse fingiendo su sacrificio.

Guillermo_Vanegas_batmanNo queda la menor duda sobre el carácter del líder: estamos ante un caudillo.
Foto: themoviemash.com

Sin embargo, hay diferencias. Mientras la versión de Hollywood apuesta por reforzar los valores de la familia nuclear uniendo al vigilante con la ladrona; “la mejor historia de Batman jamás contada”, apuesta por la movilización: Bruce Wayne acaba en una cueva, acompañado por un Robin adolescente, varios miembros de las pandillas de Los Mutantes y Los Hijos de Batman, dando indicaciones para reorganizar un ejército que imponga el orden en Ciudad Gótica.

Miller describe mucho mejor la escena en el Acto IV del guión, incluido en la parte final del segundo tomo de la edición mexicana: “Alumbrado por las antorchas, en un trono de roble vivo, está posado Batman. Robin está parado junto a él. Tras ellos, en formación militar y cargando antorchas, están los Hijos de Batman.”[1] No queda la menor duda sobre el carácter del líder: estamos ante un caudillo.

De hecho, aquí es donde habría que localizar el núcleo de la novela gráfica de Miller: no se trata tanto de una versión de la vejez de un vigilante retirado y ansioso por participar de nuevo en la acción, sino del escalamiento de la violencia en una ciudad y del clamor de una parte de la ciudadanía porque se haga justicia.

En este sentido, Miller explora la radicalización de cada una de las posturas que exigen una mayor contundencia de la acción de las autoridades, tanto como el reclamo explícito a que cada quien se defienda a su manera. Y termina por darle la razón al segundo grupo.

De hecho, abunda en razones. En un breve relato que dedica a una camarera que regresa del trabajo llevando en su bolso una caja de colores para su hijo, muestra cómo dos Mutantes le quitan su bolso para poner dentro de él una granada que explota inmediatamente.

Las grietas en el edificio moral

Y Batman reaparece. Obsesionado por el recuerdo de la muerte de sus padres y de Robin, abandona su alcoholismo y opta por desintoxicarse capturando maleantes. La Policía lo acusa de múltiples delitos, mientras él trata de ayudar, cometiendo más delitos (“uno debe violar las reglas para defender al sistema”, Zizek dixit).

Guillermo_Vanegas_guason¿Qué acción Batman definitivamente no haría jamás? Asesinar a alguno de sus enemigos. Sin embargo, en esta novela gráfica sucede. Por su mano mueren un Mutante y el Joker. 
Foto: midwestsportsfans.com

Así mismo, se convierte en uno de los trend topics de los noticieros de Gótica, dando pie a varios debates, entre los que se destaca el que sostiene Lana Lang con un colega, donde defiende cerradamente la intervención del vigilante. En algún momento Lang dice: “…creo que es un error pensar esto en términos exclusivamente políticos. Más bien yo lo veo como un resurgir simbólico del deseo de resistencia del hombre corriente, un renacimiento del espíritu de lucha americano”, para rematar afirmando que “quizá Batman es peligroso, pero ni la mitad de peligroso que sus enemigos…” [2]

Ahora bien, ¿qué acción Batman definitivamente no haría jamás? Asesinar a alguno de sus enemigos. Sin embargo, en esta novela gráfica sucede. Por su mano mueren un Mutante y el Joker. Se comienza a resquebrajar su edificio moral.

La nostalgia del poder

La complejidad ética de este relato tiene que ver sobre todo con la mirada del autor estadounidense sobre el monopolio en el uso de la violencia. Nunca sobra volver a Max Weber y recordarlo cuando explica cómo el Estado es “aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio […] reclama […] para sí el monopolio de la violencia física legítima”[3],

En Colombia tenemos incontables ejemplos sobre las consecuencias de desconocer esa afirmación. Incluso a pesar de que el actual presidente nos recuerde que no vivimos en Gótica. Que estamos bien y parece que no hay asesinatos en cuatrocientos municipios.

El semblante de Batman, el hecho de que trate de reconstruir el tejido social asumiendo la acción directa e inconsulta, no deja de resultar atractivo en medio de un clima de inseguridad.

Nuestro país ofrece suficientes ejemplos de esa tendencia. Y de personas de bien asintiendo frente a acciones reprobables en un contexto distinto. Es decir que, ante acciones violentas cercanas a la psicopatía, es corriente notar el afán porque aparezca alguien que ponga las cosas en orden.

No obstante, habría que concentrarse en observar qué sucedería cuando el justiciero empiece a apuntarle a quienes lo eligieron.

Cuando decida romperle el cuello a las normas para permanecer en el poder durante más tiempo del esperado.

Cuando considere que los cánones éticos sólo son interpretables desde su perspectiva.

Cuando empiece a ver (nuevos) enemigos entre quienes critiquen sus actuaciones.

Cuando viole sus propios principios morales.

Cuando organice alianzas con grupos al margen de la ley.

Estatus de Facebook. Publicado el 31 de agosto de 2012

¿Los mismos resortes éticos de los paramilitares?

Volviendo a Batman, hay que detenerse en el cierre del segundo libro de la serie, cuando derrota de manera teatral al líder de los Mutantes en un vertedero de Gótica. Este sujeto venía de asesinar al alcalde de la ciudad, básicamente, comiendo su garganta.

Una vez vencido, los mismos adolescentes que cometían actos criminales bajo su inspiración, se tatúan el logo del murciélago en la cara y empiezan a ejecutar actos de limpieza social. Lana Lang opina, “o sea que un montón de psicópatas dejan de ir por los inocentes y van por los criminales ¿Y quieren culpar a Batman?”[4].

De hecho, en ese episodio el vigilante no rompe su relación con la pandilla. Solo lo hace tras la explosión de una bomba atómica en el desierto de una isla “cerca de Latinoamérica”, que produce un tremendo daño al clima mundial durante meses, y que causa una reacción de pánico entre la ciudadanía de Gótica.

La ironía no falta. Batman los convoca “apelando a su espíritu de comunidad”. Luego se enfrenta con Superman y “muere” de un paro cardiaco.

En este punto habría que imaginar el giro que tendría la historia, al empezar a examinar las acciones del ejército privado de Batman dirigido desde las sombras. En realidad, Miller deja abierta la posibilidad, al poner un monólogo del vigilante, donde señala que organizará una agrupación “para traer sentido común a un mundo plagado de cosas peores que ladrones y asesinos.”

La cuestión reside en el modo como alcanzará su objetivo. Si la búsqueda de ese “sentido común” le llevará a la intervención explícita de sus integrantes o si organizará facciones con intenciones de movilización política. ¿Se dedicará a planear procedimientos de participación ciudadana (a la que, al parecer mira con algo de displicencia)? ¿Cómo leer de otra manera su intención de rearmarse tras haber “desaparecido”?

No hay que olvidar que la ficción de Batman es producto de la industria cultural liberal, que la ingente cantidad de cómics y películas producidas en torno a este personaje contienen en realidad preocupaciones propias del trabajador promedio. Que pueden ser vistos como la traducción del “predicamento ideológico de nuestras sociedades”[5] Y, por lo mismo, merecen una lectura mucho más cuidadosa que la de servir de entretenimiento. Puede que contengan referencias a su propia retórica.

Pero también puede que nos sirvan para observar a esos justicieros que le rompen el cuello a las normas, nos miran con displicencia, ven (nuevos) enemigos entre quienes cuestionan sus actuaciones…

 


[1] Miller, Frank: El Regreso del Caballero Nocturno, Mexico, Ediciones VID, 1996, p. 1103  
[2] Ibíd. p. 42.  
[3] Weber, Max: “El político y el científico”. Madrid. Alianza Editorial, p. 82.  
[4] Miller, Frank, Op. Cit. p. 102.  
[5] Zizek, Slavoj: “ Dictatorship of the Proletariat in Gotham City”. Disponible en: http://boitempoeditorial.wordpress.com/2012/08/08/dictatorship-of-the-proletariat-in-gotham-city-slavoj-zizek-on-the-dark-knight-rises/

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