El video sobre Mahoma, o la inocencia de los musulmanes - Razón Pública
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El video sobre Mahoma, o la inocencia de los musulmanes

Escrito por Guillermo Vanegas
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Guillermo_Vanegas_RazonPublicaEl episodio de hordas fanatizadas por líderes religiosos para vengar ofensas imperdonables no es nuevo: lo nuevo fue que un pésimo video de catorce minutos haya servido como detonante.

Guillermo Vanegas

“Si arde, es que es verdadera”
Rainer Maria Rilke
Embajador, video y oportunismo

 

La traducción al árabe de un mediocre video y su difusión precipitó una serie de manifestaciones y de protestas, cuyo punto culminante tuvo lugar en la ciudad de Benghazi (Libia), donde una multitud asaltó el consulado estadounidense el 11 de septiembre de 2012. Tras los ataques apareció muerto el embajador Christopher Stevens, junto con algunos soldados y otros funcionarios de la representación diplomática.

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El 27 de septiembre de 2012 fue capturado en Los Ángeles el presunto productor de ese material por no cumplir rigurosamente con su libertad condicional.
Foto: aljazeera.com

De otro lado, las movilizaciones inducidas por la emisión de ese material están vinculadas con la lucha por el poder entre partidos moderados y salafistas ultraortodoxos en varios países de Oriente.

Para algunos analistas, los grupos radicales han tratado de capitalizar la estupidez narrativa de la grabación con la idea de “sacar ventaja de la desilusión de la ‘primavera árabe’ y el inevitable desorden de la transición.” Es decir, de ubicarse en una posición que les permita ejercer una mayor presión en la disputa por los beneficios de la explotación del petróleo y el liderazgo de los países islámicos.

Imagen tomada del video La Inocencia de los Musulmanes, donde el personaje principal alega su derecho a seducir varias mujeres.

http://www.youtube.com/watch?v=MAiOEV0v2RM

Un video absurdo y recortado

Y la causa de ello no es más que una secuencia audiovisual terriblemente mal articulada: se inicia con un oficial que expresa en voz alta su deseo de casarse con una joven.

La escena siguiente representa a un grupo de personajes ataviados con túnicas, armados con hachas y garrotes — entre quienes también se encuentra una mujer que porta una lanza — y que atacan una clínica, mientras un grupo de oficiales se abstiene de intervenir. Un anciano da la orden de incendiar varios lugares. Una mujer es asesinada y sobre su cadáver se alcanza a ver un crucifijo…

La secuencia siguiente narra la historia de un hombre joven que roe un hueso, atiende sorprendido el llamado de su esposa, le pregunta a un burro si le gustan las mujeres, le dice a dos hombres que ha perdido la inspiración, pero se convierte en su líder, aprovecha ese rol para seducir a una mujer, rechaza el diálogo con un mensajero de barba blanca, no niega los rumores sobre su homosexualidad, seduce a otra mujer, se ve perseguido por otras dos mujeres y acaba por presenciar el asesinato de un hombre.

El 27 de septiembre de 2012 fue capturado en Los Ángeles el presunto productor de ese material por no cumplir rigurosamente con su libertad condicional. Tenía el rostro cubierto.

Manipulando multitudes

Hasta aquí, todo parece el resultado de una conspiración para dominar el mundo. En los análisis periodísticos se prefiere un enfoque sobre el conflicto actual mediante la suposición de la existencia de ciertos intereses a los que responde irracionalmente toda una población. Al mismo tiempo las noticias respecto a las movilizaciones en contra de estos ataques han sido visiblemente menores.

En realidad se trata de juegos de interpretación que dejan varios vacíos. Por ejemplo, grupos de analistas y think tanks no han insistido tanto en el hecho de que una monarquía como la saudí esté empeñada desde hace tiempo en financiar campañas de propaganda, cadenas televisivas o, en este caso, difundir en el significativo mes de septiembre un video lanzado meses atrás sin mayor trascendencia.

Muchos expertos han olvidado mencionar la ausencia de blancos israelíes en los disturbios o el hecho de que la violencia se hubiera dirigido hacia las representaciones diplomáticas estadounidenses y no contra el canal de televisión que emitió el video que supuestamente desató el caos.

Guillermo_Vanegas_fundamentalismo_consenso El caso de este video resulta interesante por el consenso instantáneo que generó y por el enorme vacío sobre el que está presentado.
Foto: muslim-academy.com

La relación con las imágenes y su trámite frente los asuntos religiosos jamás ha dejado de ser un tema vital para la institucionalidad religiosa y estatal. La posibilidad de controlar su difusión o su interpretación es un asunto que ha implicado la introducción de regulaciones, ejercicios de control y punición. Sin embargo, no siempre resultan transparentes la razones de este interés y en muchísimas ocasiones, sólo es posible encontrar bastante de lo último: castigo para todos.

El caso de este video resulta interesante por el consenso instantáneo que generó y por el enorme vacío sobre el que está presentado. En otras palabras, porque apela a la creencia de que ES. Por una parte, el audiovisual habría entrado en circulación en junio de este año, pero fue relanzado en una cadena televisiva, con una traducción al árabe.

De otro lado es una pieza de sólo catorce minutos, por lo que se especula sobre la existencia de una película de mayor duración. Finalmente, su realizador no tiene rostro, es un cuerpo erguido, que camina escoltado y no sabe combinar la ropa. Sólo hay vestigios. Y muertos.

Teoría conspirativa

En una conversación con la historiadora del arte Nuria Enguita, el artista español Pedro Romero comentaba respecto de su proyecto de recolección de expresiones iconoclastas que “en una cultura dominada, por un lado por la idolatría popular de los espectáculos de masas, las exposiciones universales, la televisión o Internet, y por el otro, por la iconoclasia culta de los connaisseurs, el genius loci, el conceptualismo o el ciberespacio, habrá que detenerse a mirar qué pasa cuando esas esferas paralelas, y aparentemente con los mismos objetivos aunque a distintas escalas, entran en conflicto.”

En otras palabras, ¿a quién le sirve la relación con las imágenes y cómo maneja esa utilidad en cada momento? Si bien las reacciones de ira no deberían darse por descontadas, en este caso existe un claro interés por parte de un grupo de connaisseurs por tratar de sacar el mejor partido de la situación, optando por una de varias opciones: o la exacerbación de los ánimos, o la interpretación en clave Samuel Huftington — siempre cuestionada, siempre tan a la mano — o la amenaza de que hay que esperar lo peor.

Hay una clara tendencia a adorar una imagen si de hecho se cree que en ella reside una verdad incuestionable. En este sentido los manifestantes que se declaran abiertamente ofendidos por la desgraciada caricatura de Mahoma podrían ser vistos como idólatras de las escenas que se les presentaron, maniatados por la imposibilidad de ponerlas en entredicho o de entenderlas como el resultado de un ejercicio de la más burda ficción. Es decir, estarían controvirtiendo su propio dogma.

Y, en realidad, por esa vía, el consenso sobre aquello que se ha dado en llamar “el video de la ira” queda bastante debilitado. Resulta imposible suponer que la amplia mayoría de seguidores de una profesión de fe sea tan fácil de convencer con argumentos tan estúpidos.

A pesar de todo el fanatismo que se pueda incorporar al cliché de la dignidad ofendida de un fiel religioso, resulta una argumentación impensable imaginar el grado de reduccionismo necesario para entender que una grabación de un cuarto de hora bastaría para asesinar a un embajador, que de paso había expresado su admiración por los “rebeldes” libios que derrocaron a Gadaffi.

En realidad, parecen más sujetos interpretados por el lente de un director de arte supremamente ignorante, apegado juiciosamente a los clichés políticos en los que ha sido formado e incapaz de superar la consonancia visual que establece entre el personaje que pretende minimizar y la procedencia iconográfica del líder de una religión que en Occidente se supone opuesta. Su Mahoma es una deplorable copia del Jesús de Zeffirelli.

Iconoclastas de baja estofa

Una imagen no causa daño por sí sola. Depende del entorno donde sea presentada y la lectura a que se vea sometida. En su libro La imagen prohibida, Alain Besançon comentaba, “Dios es para el musulmán lo que el propio islam es para el no creyente: una fortaleza sin puertas ni ventanas. Por lo tanto no hay necesidad de mandamientos: la sumisión a Dios descarta cualquier veleidad de reproducir, mediante la mano humana, su calcinante trascendencia” [i].

Desde este punto de vista, la manera como se instrumentaliza la caricaturización de un alto representante de esa fe resulta tan cuestionable como las reacciones que dicen estar inspiradas por ella. Es tan imbécil el gesto de burla como la destrucción desaforada que incitó, según dicen. Ni uno ni otra son ciertos. Básicamente por la sobreactuación de sus protagonistas. ¿La indignación de quienes dicen estar muy enojados es sincera, o es otra actuación, esta vez para las cámaras de los noticieros en formato occidental?

En el siglo VIII se produjo una terrible erupción en la isla de Thera. El emperador bizantino León III (680 – 741 d.C.) interpretó el hecho como una manifestación de la cólera divina, causada por el uso que los fieles cristianos hacían de sus imágenes. En realidad entendió que prohibir el culto a través de objetos y representaciones era más un intento por conjurar su temor a una invasión musulmana. Como recuerda el investigador Alfonso Hernández Rodríguez, siguiendo a Marie-France Auzépy, si el pueblo cristiano se decantaba por la idolatría podría repetirse la historia de las clases altas judías en Babilonia: “el objetivo de los emperadores iconoclastas era calmar la ira de Dios.” Años después, con un cisma de por medio, un concilio declaró herética a la iconoclasia.

En este punto, valdría la pena pensar en el objetivo de los realizadores del video. Si deseaban calmar la furia de un Dios para desencadenar otra o si estaban trabajando en atención a otro interés superior.

Como, por ejemplo, el de la publicidad, o el de la reactivación de una campaña política desprestigiada por su propia estolidez, o el de mandatos publicitarios reticentes a la racionalidad. Nunca se sabe, o se sabe a medias.

   

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