El intelectual orgánico de la utópica revolución americana - Razón Pública
El escritor, periodista y ensayista Óscar Collazos.

El intelectual orgánico de la utópica revolución americana

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El escritor, periodista y ensayista Óscar Collazos.

Jeronimo CarranzaÓscar Collazos no solo fue uno de los más importantes cuentistas y novelistas de Colombia. También fue un intelectual partícipe del boom latinoamericano, que se preguntó hasta el final por los temas fundamentales de su país y de su continente. 

Jerónimo Carranza*

Una muerte anunciada

Su fallecimiento fue anunciado por una serie de mensajes públicos.

  • Primero leímos su correspondencia con el médico Rodolfo Llinás, que dejó al descubierto su enfermedad neurológica: la esclerosis lateral amiotrófica. Ante la angustia buscó el auxilio de la ciencia, pero no fue posible remontar ese abismo.
  • Hace unos días, la muerte presurosa trinó los malos augurios, que se contestaron con una firme respuesta del maestro, quien desmintió los prematuros anuncios de su fallecimiento.
  • Sin embargo, finalmente, con dramatismo, se cerró con él el ciclo vital del boom de la literatura colombiana, al menos el de una generación de escritores modernos, creativos y, sobre todo, críticos de la realidad y de la sociedad política: Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Héctor Rojas Herazo, Marvel Moreno, Germán Espinosa, Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez y, ahora, Óscar Collazos (1942-2015).

El novelista

En las novelas de Collazos tienen voz las alcohólicas, las prostitutas, los tramposos, los delincuentes y los matarifes. Las fuerzas paramilitares que brotan del poder político gracias a su organización mafiosa están vivas en Señor Sombra (2009), antepenúltima de sus 17 novelas, una saga empezada en 1975 con Crónica de un tiempo muerto.

En De putas y virtuosas, publicada en 1984, Amalia no trabaja jueves, viernes, ni sábado santo, metida entre procesiones y rezos. El tedio de Semana Santa se toma el puerto de Buenaventura, por él deambulan los gringos buscando el lupanar, y Amalia vacila sobre su noviazgo con un cliente casado, quien la busca con vehemencia. En las páginas de Collazos, las vísceras y la podredumbre se esparcen en el espacio de las calles del primer puerto de Colombia en el Pacífico.  

Se cerró con el él el ciclo vital del boom de la literatura colombiana, al menos el de una generación de escritores modernos, creativos y, sobre todo, críticos de la realidad

Pero si ni siquiera la Aracataca de García Márquez se ha salvado de la realidad, menos se puede soñar que la mezcla de lodo, basuras y sangre que retrató en su literatura este hombre afable, como dicen que fue Óscar, haya cambiado de olor en las calles evocadas de su Buenaventura o de su Cartagena, donde también vivió durante muchos años.

Playa de Bahía Solano en el Chocó.
Playa de Bahía Solano en el Chocó.
Foto: Mauricio Gómez Correa

El biógrafo

Collazos fue también amigo de García Márquez, sobre quien compuso una novela biográfica llamada La soledad y la gloria, aparecida poco después de que su protagonista ganara el Premio Nobel de Literatura en 1982, y donde hace una merecida ilustración de la acción política del padre de Macondo.

Para acentuar el nivel del personaje y la distancia con respecto a su autor, esta biografía se permite un diapasón de motivos y escenarios literarios con los eventos de la vida de Gabriel, el terco hombre de izquierda.

El intelectual

Pero aparte de su trabajo literario, tal vez sea su trabajo como intelectual lo más importante para reseñar en este breve obituario en homenaje a Óscar Collazos.

Collazos no fue un intelectual solo porque hubiese asumido el reemplazo del uruguayo Mario Benedetti a la cabeza del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, el centro de pensamiento oficial de La Habana. Tampoco lo fue por su origen humilde en el contexto de la postración del Pacífico colombiano. Y menos por devengar unos denarios del diario oficialista, El Tiempo, donde fue columnista y donde fustigó a la clase dirigente y empresarial.

Las características del talento, la perseverancia y el triunfo le abrieron cada semana las páginas del poder para desnudar el mundo que se proyectaba también en su obra: las llagas de la política, las lágrimas del progreso, los problemas históricos que formaron al intelectual que merece a su persona tanto más respeto.

Panorámica de Cartagena de Indias, ciudad donde residía el autor.
Panorámica de Cartagena de Indias, ciudad donde residía el autor.
Foto: descubriendoelmundo

El polemista

Desde muy joven Collazos se ganó el ambiguo cargo de intelectual, y a los 26 años tuvo la oportunidad de responderle (como el Fedro que responde a Sócrates sobre el amor) a Julio Cortázar en un famoso debate sobre la “literatura en la revolución y la revolución en la literatura”. Esta fue una discusión entre quienes buscaban la expresión de otra realidad, distinta de la estética delirante, y se afirmaban en el contrapeso del fecundo trabajo revolucionario del intelectual. Y hasta morir, a los 72 años, Collazos siguió siendo firme en su búsqueda del bien de América Latina.

Hoy por hoy vemos una respuesta clara al viejo debate entre Cortázar y Collazos: la propuesta de la revolución de la cultura que comulgaba la inexperiencia del colombiano con la sabiduría del argentino. La revolución política y económica no provendría de la violencia, lo que en sí mismo sería sin duda una gran revolución.  

Al revés de lo dicho por Cortázar, hoy sí hacen falta literatos de la revolución, más que revolucionarios de la literatura, si vemos que los medios digitales se han encargado de llenar el mundo de la información de las formas.

La literatura aún no ha tocado la realidad del cambio político de América en el momento de estos abruptos cambios generacionales, ni ha escrutado la simbología de un orden represor que permite la presencia de un presidente negro en Estados Unidos, al tiempo que campea una policía brutal junto con otras representaciones grotescas de la vida afroamericana.

En estos días en que se han asesinado tantos colombianos por la violencia que se desnuda en la palabra de la democracia, es el momento de recordar y esperar cuánto se remontará la vida y la obra de Óscar Collazos en la historia y en el futuro.

Nota de Razón Pública. También queremos recordar en este espacio al ensayista y político honesto (!) Otto Morales Benítez, quien falleció el sábado 23 de mayo.
 

* Historiador de la Universidad Nacional de Colombia.

 

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