El des-escalamiento del conflicto y el aumento de los cultivos de coca - Razón Pública
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El des-escalamiento del conflicto y el aumento de los cultivos de coca

Escrito por Jorge Restrepo

Jorge A. Restrepo¿Cómo se relaciona el aumento de los cultivos de coca con las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC? ¿Qué puede esperarse con respecto a los cultivos ilícitos y el narcotráfico en Colombia después de firmar los acuerdos?

Jorge A. Restrepo*
 

Policía Nacional destruye de un laboratorio de coca en Tumaco, Nariño.

La “nueva política” antinarcóticos

El último informe del Sistema de Monitoreo de Cultivos de uso Ilícito de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC) registró un aumento del 39 por ciento en las hectáreas de coca sembradas en 2015 con respecto al año anterior. En 2015 había 96.000 hectáreas frente a las 69.000 de 2014. Si bien la tendencia al aumento lleva tres años, se aceleró en 2015.

Varios han atribuido este aumento a un relajamiento en la “lucha antinarcóticos”, y a otros a factores exógenos, como la devaluación del peso colombiano.

Aunque es imposible conocer con precisión la influencia de cada factor, es poco probable que este crecimiento sea producto del cambio en una política que no se ha diseñado. Menos aún se puede atribuir el aumento de cultivos de uso ilícito a un supuesto efecto determinante de la tasa de cambio: esta es la única mercancía de exportación colombiana que ha sido más elástica ante la devaluación.

La hipótesis más común para explicar el aumento de los cultivos de coca es la suspensión de la fumigación aérea con glifosato. Daniel Rico ha señalado la existencia de un vínculo causal positivo entre tal suspensión y el número de hectáreas de coca. Dado que la suspensión de las aspersiones aéreas comenzó en octubre de 2015, es erróneo atribuir el aumento a una decisión posterior a él. Incluso la UNODC, interesada en mantener el statu quo de la política antinarcóticos, reconoce que la “incidencia [de la suspensión] sobre el censo resulta reducida”.

Los factores exógenos

Incautación de base de coca en Popayán.
Incautación de base de coca en Popayán.
Foto: Policía Nacional de los Colombianos

También se ha afirmado en Razón Pública que la devaluación del peso colombiano frente al dólar estadounidense, el aumento del precio del oro, y la demanda interna y externa, han incentivado el aumento de los cultivos de coca.

Estos factores tendrían también un vínculo causal positivo con las hectáreas de coca. Daniel Rico coincide con Julián Wilches y Juan Carlos Garzón en la hipótesis del efecto decisivo del oro, argumentando que “la coca y el oro tienen una profunda simbiosis como economías criminales, dado que están integradas en redes de insumos químicos, mano de obra, línea de mando y mecanismos de control territorial”.

Los beneficios anticipados de la paz ya llegaron a las economías ilegales.

El argumento de la devaluación que presentó recientemente Mauricio Cabrera supone que el aumento del precio final -en pesos- de la cocaína puesta en el puerto de destino, se reproduce a lo largo de toda la cadena de producción hasta la hoja de coca. Según la UNODC, en 2015 el aumento en los precios de la hoja de coca fue del 32 por ciento.

El mismo Cabrera señala cómo la producción de cocaína parece ser bastante flexible y responder de maravilla a este incentivo cambiario, considerando la gran facilidad que tienen las organizaciones de narcotraficantes para traer las divisas y financiar toda la cadena. Incluso predice un efecto revaluacionista futuro sobre la tasa de cambio gracias a esas grandes exportaciones y entradas de capital. Este efecto requeriría que no funcionara bien la lucha contra el lavado de activos y contra la financiación del terrorismo, y que existiera un poco probable vaso comunicante entre el mercado cambiario y el mercado libre de divisas.

Otras hipótesis

Es bastante difícil probar o descartar estas hipótesis: hay pocos datos y recursos de investigación para estudiar la economía de las drogas ilícitas en Colombia. Pero desde el terreno de lo especulativo contribuimos a la explicación.

El aumento de cultivos ilícitos se presentó en las zonas donde han existido históricamente, sin que se haya dado una expansión a otras zonas. Según UNODC, el 81 por ciento de los cultivos de coca se encuentran en el sur del país y el resto está en otros departamentos, así:

  • Nariño, con 29.755 hectáreas,
  • Putumayo, con 20.068 hectáreas,
  • Cauca, con 8.660 hectáreas,  
  • Caquetá, con 7.712 hectáreas,
  • Norte de Santander, con 11.527 hectáreas.

Nariño, Putumayo y Norte de Santander tienen el 64 por ciento de los cultivos. Esta concentración y aumento puede deberse a un cambio en los costos que contribuyó a aumentar la rentabilidad de la producción de coca y cocaína. Es posible que la estabilización reciente de todos los grupos armados organizados en el país esté detrás de este cambio estructural en la economía de la coca. Durante los últimos años se han reducido las disputas entre grupos armados involucrados en la producción de cocaína, heroína y marihuana en Colombia.

El ELN ya no tiene la disputa que le ofrecía las FARC, principalmente en el Chocó y el Catatumbo. Por otra parte, la evolución del Clan del Golfo (antes Úsuga y Urabeños) ha seguido la usual y segura trayectoria de consolidación e integración vertical y horizontal de una organización criminal exitosa. Las mismas FARC han dejado de gastar recursos en disputas violentas con el Estado o con otros grupos armados.

Tal vez la excepción es la reciente intensificación de las acciones de la Fuerza Pública contra el Clan Úsuga y algunas organizaciones criminales, como “los puntilleros”, en el oriente del país. Aun así, el control de los grupos armados sobre los cultivos y laboratorios de producción se ha consolidado, pues las disputas se han reducido y esto ofrece mejores condiciones de seguridad a los cultivadores.

Geográficamente, sin embargo, esta consolidación no ha sido uniforme. En departamentos como Cauca, Putumayo, Vichada, Caquetá, Meta, Nariño y la costa Pacífica, la consolidación es evidente en la reducción de la violencia letal y de las acciones ofensivas. El Catatumbo, Chocó, Risaralda, Arauca y el Bajo Cauca antioqueño son, por el contrario, zonas donde la disputa y la violencia se han intensificado.

En el listado de departamentos mencionados primero es donde más aumentaron los cultivos, mientras que en las zonas de disputa, aunque hubo crecimiento, este fue menor. Menos enfrentamientos entre grupos armados implican menos pérdidas y reducidos costos de seguridad.

En este contexto de menores riesgos, la producción se puede realizar con mayor densidad -de allí la concentración-, y hasta con una mayor productividad de los cultivos, dada su menor dispersión. Esas economías de escala suponen mayor productividad en toda la cadena.

También es probable que las medidas de des-escalamiento bilateral pactadas en La Habana hayan incidido positivamente sobre la economía de narcóticos de las FARC. Que las Fuerzas Militares hayan reducido sus acciones ofensivas implica menor riesgo para este grupo armado. Este es el costo mediato del des-escalamiento, cuyos beneficios en términos de vidas humanas han sido ampliamente documentados.

La seguridad que ha traído la aún inconclusa negociación con las FARC ha sido un gran incentivo para la economía cocalera y del narcotráfico, expuesta siempre a los riesgos que conllevan las disputas violentas. Se puede decir que los beneficios anticipados de la paz ya llegaron a las economías ilegales.

¿Y la cocaína?

Líneas de cocaína.
Líneas de cocaína.
Foto: Christopher E. Hamrick

Aun cuando el área cultivada de coca aumentó un 39 por ciento, las incautaciones de cocaína aumentaron un 71 por ciento, pues pasaron de 148 toneladas métricas en 2014 a 252 en 2015.

Este aumento en las incautaciones es producto de la mayor interdicción, un logro no reconocido de la Fuerza Pública y la política antinarcóticos. Sin embargo, también puede suponerse que se debe a una mayor oferta derivada del aumento de la productividad por hectárea y por el aumento de la rentabilidad de la producción de cocaína gracias a los factores mencionados.

Tampoco debe descartarse que el aumento de las hectáreas de coca se deba a las expectativas de las comunidades de futuras prebendas resultantes del proceso de paz y de los programas de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, como subsidios por participación en estos programas o en programas de desarrollo alternativo.

¿Qué debemos esperar?

Dado que en el corto plazo casi todos los factores mencionados seguirán operando, es probable que los cultivos sigan en aumento.

En el mediano plazo es probable que el crecimiento de la economía de la coca se revierta: al cerrarse el acuerdo con las FARC, la enorme capacidad de la Fuerza Pública debería dirigirse a la lucha contra toda la cadena del narcotráfico. Esta reconversión militar y policiva puede reducir el área cultivada.

Es probable que los cultivos sigan en aumento. 

En términos de violencia, es casi seguro que la desmovilización de las FARC será un incentivo para la expansión de otros grupos criminales, que traerá violencia principalmente en las zonas de disputa entre grupos, como Arauca y el Catatumbo. La muy esperada contribución de las FARC a la erradicación en la fase de ejecución de los acuerdos puede verse afectada por tales disputas.

La política de drogas del posconflicto debe considerar como objetivo principal la reducción de la violencia: focalizar su acción en los eslabones de la cadena más violentos -los grupos armados- puede contribuir a reducir tal violencia.

Finalmente, estamos ante una oportunidad única de debilitar al narcotráfico:

  • Por la concentración, que facilitará la erradicación y los programas de sustitución y desarrollo rural.
  • Por la desaparición de las FARC, el grupo con mayor presencia geográfica que incentivaba la coca al ofrecer seguridad a los cultivadores.

Habrá coca y cocaína para rato, pero con menos violencia y sin financiar la guerra, solo si la política se reorienta hacia la interdicción, se concentra en la cocaína y en los grupos violentos en disputa, y no en el campesino cocalero.

 

* Profesor asociado de la Universidad Javeriana y director del CERAC.
twitter1-1@JorgeARestrepo

 

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