Enrique Ferrer Corredor, autor en Razón Pública
Foto: Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte

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Hay que tomar en serio la idea de que la educación sirve para desarrollar las capacidades del ser humano. Y esta sencilla idea implicaría cambios concretos y profundos dentro y fuera de las aulas escolares.

Enrique Ferrer Corredor*

“Un hecho (real por definición) presupone que una o varias posibilidades se han realizado. Esto a su vez no es concebible a menos que nos sea posible aprehender estas potencialidades independientemente de su realización. En otras palabras, no podemos afirmar un hecho cualquiera salvo si tenemos acceso a una reserva de posibilidades que aprehendemos mentalmente”.

  1. Wittgenstein

Para qué la educación

El problema de la educación colombiana pasa por la carencia de recursos financieros, por las fallas en la preparación profesional de los docentes y, muy especialmente, por la falta de rigor en debate acerca de cómo funcionan el aula y de los procesos educativos de los estudiantes. 

Para empezar, la productividad cognitiva consiste en optimizar insumos y cualificar resultados en el proceso de desarrollar competencias y habilidades de los seres humanos.

La teoría económica de hoy, concentrada en flujos de precios, ha abandonado temas de teoría de valor cuando enfrenta el problema educativo, para concentrar sus esfuerzos en el diseño de presupuestos financieros o de manera traslapada en el reparto del poder. Esto hace que descuidemos lo que debería ser la base de la educación: el desarrollo de capacidades, sujeto a criterios universales de formación humana.

En la esfera económica esas capacidades deben dialogar de modo riguroso con las posibilidades reales de construcción de capital humano, y de sus reales posibilidades de incursionar en cada uno de los sistemas de la sociedad, como el económico. 

Este artículo quiere mostrar una mirada sobre cómo el debate sobre la educación en Colombia ha descuidado el tema cognitivo sujeto al presupuesto. También quiere mostrar que el problema pasa por la necesidad de actualizar las prácticas didácticas,  aplicables a la luz de la neurociencia. 

Debemos revisar si los docentes tienen consciencia del modo como construyen las competencias cognitivas, para poder desarrollar escenarios de aprendizaje acordes con los ambientes y las necesidades de hoy.

Responsabilidad del docente

Esta perspectiva implica optimizar los mecanismos de construcción cognitiva, tanto en cuanto a los insumos como en la vida emocional de quien aprende. Lo cual a su vez implica que el docente asuma la responsabilidad por los resultados del proceso.   

Debemos revisar si los docentes tienen consciencia del modo como construyen las competencias cognitivas,  para poder desarrollar escenarios de aprendizaje acordes con los ambientes y las necesidades de hoy. 

El docente debe enfocarse en el desarrollo de las habilidades cognitivas básicas, desde percibir, abstraer y hallar diferencias, hasta la construcción de memoria y la elaboración de actividades. De este modo fomentará la consciencia necesaria por parte de los estudiantes frente al desarrollo y uso del lenguaje.

Este enfoque educativo, sin embargo, está atravesado por la tecnología, en la medida en la que el uso tecnológico ha ocupado un lugar crucial en el mundo, especialmente frente a la memoria y los sentidos. 

Las debilidades del sistema en torno a la productividad cognitiva implican que no se valoren. Pero este problema puede acotarse a través de evaluaciones que reflejen el nivel de formación de los estudiantes, mediante pruebas nacionales e internacionales.

Por supuesto, en el análisis de los resultados no debe primar el estudio de los aciertos en las respuestas dadas sino que se deben estudiar la instancia previa, es decir, las circunstancias que afectan la formación educativa. 

Entender el entorno e indagar sobre los saberes prácticos y mentales y analizar el modo en el que el estudiante es capaz de establecer, incluso sin ser muy consciente de ello, estrategias metacognitivas —saberes dentro de los saberes. 

Entonces, el sistema educativo debe establecer los momentos en que cada instancia del proceso educativo entra en crisis, debe sopesar responsabilidades y posibilidades de reconstrucción sujetas a los entornos y limitaciones, y saber implementar políticas que sean capaces de hacer diagnósticos de las dificultades de los entornos socioeconómicos y de las limitaciones de las estrategias teóricas.

Reevaluar métodos pedagógicos

Siguiendo esta línea de pensamiento, la carencia de despliegues didácticos empeora a nivel universitario porque prima más la información que la formación, con pocos debates sobre los procesos pedagógicos. 

Foto: Ministerio de educación - La lectoescritura se enseña sin fundamentación científica de sus componentes sintácticos, con un marcado énfasis en elementos semántico-comunicativos.

El modo como se imparte la formación de los estudiantes y la responsabilidad pedagógica de los docentes deberían ocupar un lugar central en el diseño de programas de asignaturas y, por ende, en la evaluación y calificación de estudiantes y docentes.

Se asume que por la adultez el estudiante resuelve por sí mismo la apuesta pedagógica y los requerimientos didácticos. Esta situación frente a métodos didácticos útiles empeora en la medida que se escalan más grados de formación como el posgrado. 

El modo como se imparte la formación de los estudiantes y la responsabilidad pedagógica de los docentes deberían ocupar un lugar central en el diseño de programas de asignaturas y, por ende, en la evaluación y calificación de estudiantes y docentes. 

El docente debe saber construir insumos didáctico-disciplinares orientadores en aras de la construcción de habilidades. El acompañamiento docente juega un papel vital que va más allá de la mera evaluación y mucho menos que solo una calificación. 

De hecho, se debería establecer un correlato entre la capacidad didáctica expuesta y el acompañamiento del proceso de aprendizaje en relación con los resultados de las evaluaciones de los estudiantes. En últimas, reevaluar la calidad y los métodos de los docentes. 

La evaluación de los estudiantes también evalúa al docente, en primera instancia, y posteriormente al colegio o a la universidad en cuestión. Al final estos resultados serán los que se tendrán en cuenta para analizar el sistema educativo en general. 

Esta mediación y este acompañamiento se deben concentrar en la reconstrucción conceptual y sus implicaciones comunicativas para poder entender hechos concretos, inteligibles y razonables, y dar cuenta técnica de discursos que indaguen problemas del mundo.

Cabe resaltar que una buena mediación presupone el dominio disciplinar del docente. No obstante, el dominio disciplinar no presupone la implementación de una buena mediación. 

Apropiación docente

Desde ese horizonte se puede apreciar que el mayor problema de la educación es la falta de atención al modo como concebimos y diseñamos la actividad en el aula en sus procedimientos de construcción cognitiva.

Primero, no se parte de un conocimiento básico sobre el aprendizaje humano. Se observan programas y currículos pero se descuidan las didácticas aplicadas y los medios entorno a la comprensión de conceptos. Tercero, los mecanismos de evaluación tanto de estudiantes como de docentes deben ser reevaluados, especialmente en relación con toda la información que pueden llegar a proporcionar. 

También, el espectáculo de los escalafones debería ofrecer estadísticas en torno al aporte, tanto de estudiantes como de docentes, en cada institución. Por último, el salario de los profesores debe revisarse. Su inestabilidad laboral no siempre es la más deseable y, en muchos casos, el salario es precario. 

Pero no puede ser aliciente para no poder pensar, incluso desde esos recursos, en que se pueden hacer mejor las cosas con los recursos que se tengan en cada caso.

El estudio y análisis de los resultados, esa información detallada por niveles, por aula, por institución y distritos educativos es una necesidad apremiante para un mejor diseño de políticas en la educación. 

Si se analizan los resultados históricos de las pruebas Saber 11 y Saber PRO en Colombia, se encuentra que no siempre los municipios más ricos, ni siquiera con mayor aglomeración económica y poblacional, necesariamente obtienen las mejores calificaciones. 

Un profesor apropiado de un concepto, si realmente se lo ha apropiado, si realmente asume su papel de docente como mediador de construcción de conocimiento, encontrará los instrumentos materiales y mentales apropiados, con secuencias argumentativas encadenadas, para poder enseñar de maneras más óptimas a los estudiantes.  

Un ejemplo: al enseñar la ecuación de la línea recta no puede reducir la exposición a compartir la fórmula y pasar inmediatamente a la aplicación de ejercicios, en un acto mecánico de réplica de símbolos.

Se trata de reconstruir la naturaleza del problema, de su génesis para llegar a ser ecuación, tanto desde la pregunta sobre necesidad de tener una ecuación de la línea recta, como desde la génesis matemática de la ecuación.

Este recorrido presupone no solo una buena formación académica conceptual del profesor, sino también fundamentos filosóficos, éticos y didácticos, y así poder enseñárselos a los estudiantes. 

Finalmente, los desarrollos de la neurociencia hoy, en particular, la neurolingüística, arrojan nuevas luces desde el funcionamiento del cerebro y de la reevaluación del discurso pedagógico y didáctico. 

Aprendemos mediante relaciones complejas de redes que realizan recorridos preferentes, pero también estas rutas pueden ser incentivadas desde insumos, en particular, emocionales. 

Es urgente la construcción de un Observatorio Nacional de Lectoescritura, con liderazgo desde el Ministerio de Educación y el ICFES, pero con una alta cooperación con las instituciones educativas públicas y privadas. 

**Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones son responsabilidad de los autores.

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Enrique Ferrer Corredor

Escrito por:

Enrique Ferrer Corredor

*Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

Foto: Facebook: DNP

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Durante su corto paso por la jefatura del Departamento Nacional de Planeación, Jorge Iván deja un vacío humano y filosófico difícil de llenar.

Enrique Ferrer Corredor*

“…los economistas somos como los novelistas. Inventamos cuentos. El literato recurre a la palabra. Los economistas disponemos de otros instrumentos (el dato, la econometría, la matemática, etc.) para contar historias. Reconstruimos el mundo a nuestra manera. […] con los instrumentos de la economía nunca sabremos si la historia es verdadera a falsa, al final solo importa una buena narración”.

Jorge Iván González

La figura del economista

En la historia moderna de la teoría económica, desde Smith y sus contemporáneos europeos hasta el presente — pero en particular en las últimas décadas—, el concepto que tenemos de un economista ha experimentado cambios sustanciales.

Estos cambios conciernen tanto a las concepciones epistemológicas de la disciplina, como a las perspectivas éticas y a los instrumentos metodológicos para abordar las grandes preguntas sobre la economía.

Los cambios anteriores se producen en el intento de dar cuenta de las actividades económicas en una sociedad contemporánea que funciona bajo reglas del mercado, aunque con fuertes bases institucionales, presencia del Estado y mediaciones frente a las injusticias de una sociedad cada vez más fragmentada.

El economista clásico se ocupaba de una teoría del valor que diera cuenta de la producción, distribución y consumo de mercancías en ámbitos institucionales y en contraste con el comercio exterior.

No es fácil encontrar un economista con el talante de Jorge Iván González. Su pensamiento es un balance cuidadoso entre la bondad humana, el rigor técnico-científico y el filósofo, capaz de proponer caminos para la cohesión social.

El economista de hoy se concentra en producir y analizar datos para el mercado, de optimizar la asignación de los recursos disponibles, de las tendencias de los flujos monetarios y reales, todo esto sin mayor énfasis sobre la génesis del valor y las implicaciones de estas últimas teorías sobre qué o quiénes son los creadores de riqueza.
Foto: Facebook: DNP - Jorge Iván González escuchó las voces de diversas comunidades con el propósito de incluirlas en el Plan Nacional de Desarrollo.

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Quién es Jorge Iván González

Jorge Iván González tiene la excepcional cualidad de ser al mismo tiempo un economista clásico y moderno, de conjugar la valoración del trabajo y la justicia con la maximización de la eficiencia.

Sobre la base de una racionalidad que optimice el uso de los recursos bajo criterios de justicia, Jorge Iván es capaz de hilar diálogos con las diversas orillas de la sociedad moderna. De esta manera en sus escritos y en sus decisiones como director de Planeación Nacional articula los fragmentos de un pasado injusto con un presente que se debate entre el conflicto y la ineficiencia, para tejer un futuro más razonable y confiable para todos.

La apuesta de González siempre ha sido el respeto de las instituciones y el Estado de derecho, aunque con una crítica muy seria a los excesos de la propiedad y una conciencia clara sobre los graves problemas de desigualdad que hay en Colombia y, en particular, sobre la necesidad de grandes proyectos económicos o de la economía de las aglomeraciones para lograr el aumento de la productividad: esta es la base de su visión sobre los desequilibrios del desarrollo  regional y sobre la estrategia de mega proyectos que inspiran el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del gobierno actual.

Su mirada de economista nunca abandona la reflexión filosófica. La humanidad, la vida buena para la mayoría y el tejido con el otro en aras del bien común, son temas que se anteponen a las consideraciones de eficiencia.  La justicia debe ser el fundamento de toda optimización. Su quehacer como economista guarda fidelidad a su postura filosófica: la economía nace de un debate moral sobre los hechos económicos y, por ende, hace parte de una narrativa llena de historia, de poderes y conflictos.

No es fácil encontrar un economista con el talante de Jorge Iván González. Su pensamiento es un balance cuidadoso entre la bondad humana, el rigor técnico-científico y el filósofo, capaz de proponer caminos para la cohesión social.

Su mirada apuesta por los “consensos sobrepuestos” de Rawls, bajo una racionalidad democrática, para lograr la justicia. No llega al debate con el prejuicio de la afiliación ideológica, comparte los argumentos del otro en búsqueda de un encuentro que se resuelva en mundos posibles de bienestar económico y político.

El paso por planeación

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) tuvo el privilegio de tener a un filósofo-economista capaz de tejer un discurso polifónico moderno, escuchó a los subdirectores y a los técnicos desde los seminarios y espacios como el de Planeación y Desarrollo (la revista del Departamento) siempre desde la apuesta de gobierno, interpretó la ruta posible para tender el puente entre lo imaginado y lo posible.

El Plan Nacional de Desarrollo fue una obra de ingeniería de voces, de equilibrio en el gasto y justicia social.

Su presencia en los municipios de Colombia, a ritmo de galope, en jornadas extenuantes, escuchando las voces de cada vereda, de cada comunidad para incorporar todos los ecos del país en el PND, como nadie en la historia lo había hecho, y su mirada transversal de los problemas sumó a todos los sectores económicos, sin importar la orilla de las concepciones o de los poderes.

Llamó a sumarse a cada uno, desde las categorías posibles del diálogo, aunque ya amarrado por la historia de los intereses de los participantes. El diálogo iba por buen camino, décadas de fragmentación política y económica exigían procesos institucionales que se demoran en su formación y por ende en su reconstrucción. En este contexto dijo: “se requiere potenciar las capacidades de las ciudades y trabajar armónicamente en la convergencia regional para hacer las grandes trasformaciones”.

El Plan Nacional de Desarrollo fue una obra de ingeniería de voces, de equilibrio en el gasto y justicia social. Su diseño recoge la filosofía del cambio social del actual gobierno, incorpora la geografía (en particular el agua como eje de dignificación humana), plantea transiciones de corto y mediano plazo, señala la necesidad de las aglomeraciones y de los grandes proyectos para garantizar la productividad y la sostenibilidad.

El director del DNP señaló la necesidad de la concurrencia de todos, de la empresa privada, de los gremios y los sindicatos, para hacer un frente común para el cambio. Necesidades apremiantes como la generación de valor agregado para la competitividad se señalaron como un imperativo para poner la economía colombiana en consonancia con las nuevas rutas del sector.

Y, de un modo más riguroso para el cambio social, un hecho crucial como la redistribución del ingreso de la propiedad y de la tierra requiere de proyectos bandera del DNP: el catastro multipropósito y el registro único de ingreso. Este tejido complejo como fundamento de un cambio justo y sostenible estuvo siempre en el substrato de Jorge Iván.

No obstante, su palabra moderada y el trato respetuoso de las instituciones, invitó a poner en marcha estas apuestas desde la moderación de un uso responsable de la propiedad, salarios altos con productividad mediante la superación de estructuras feudales de la economía y de la política en general.

Muy pocos se han percatado de la gran pérdida que representa la renuncia de González para Colombia. Cada uno de nosotros ha lamentado alguna vez en su vida el no haberse subido “al tren que era el suyo”, ya fuera un amor, una profesión o un negocio.

Con la partida de Jorge Iván González nos estaremos lamentando en un futuro mientras nos preguntamos ¿dejamos pasar al mejor director de la historia en el DNP?

Puede Leer: ¿Cómo medir los avances del Plan de Desarrollo?

* Por transparencia debemos advertir que Razón Publica se honra en tener al doctor Jorge Iván González entre sus miembros fundadores y entre sus más activos colaboradores.

**Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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Enrique Ferrer Corredor

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Enrique Ferrer Corredor

*Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

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