
La visita de Petro a Caracas
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El encuentro entre Petro y Rodríguez en Caracas revela las tensiones de un bloque regional que busca blindarse. Más allá de los acuerdos energéticos, la cita apunta a la supervivencia y el financiamiento político.
Debió ser difícil para Delcy Rodríguez recibir en un mismo día a un aliado ideológico muy cercano, Gustavo Petro, y luego, unos minutos después, a John Barrett (encargado de negocios de los Estados Unidos), el representante de la nación que bombardeó su país y secuestró a su presidente; pero se trata, ni qué decir, de los dilemas de la política. Reunirse para sonreír y atender cordialmente a quien te declaró la guerra no debe ser una posición cómoda y mucho menos recibir a este tipo de personajes con la música emblemática de tu país (el joropo venezolano), como ocurrió con la saliente encargada de negocios, Laura Dogu. Para que esto suceda, debe haber, por el medio, una derrota militar y la sumisión de la nación vencida.
La ideología como filtro de la realidad
El poder sigue reglas propias, entre ellas la separación entre representantes y representados (Duverger). Suele actuar en beneficio de quienes lo ejercen (Maquiavelo) y se apoya en ideologías para justificar sus acciones (LaPierre), mientras que la percepción siempre filtra la realidad y compite con otras visiones (Toffler).
Los socialistas y los movimientos de izquierda sienten que esto no los afecta y que se trata de problemáticas que sólo tienen que ver con la burguesía y el capitalismo, pero este es el peor filtro. Los socialismos, comenzando por aquel que se hizo llamar “Socialismo del Siglo XXI”, forman parte de los movimientos que se sienten herederos de una verdad revelada a mediados del siglo XIX en Alemania y que les permite ver, por todas partes, los engaños de la ideología liberal y del capitalismo, mientras el resto de la población vive en la falsa consciencia.
La visita de Gustavo Petro a Caracas no se puede entender sino en el contexto general de unas relaciones entre presidentes de un bloque ideológico que se apoya, aunque tengan que guardar las apariencias porque se trata de un país rendido y vigilado por una potencia extranjera; podría ser incluso que haya que decir que se trata de un contexto en el cual la izquierda ahora hispanoamericana lucha por reposicionarse ante la guerra declarada de la derecha.
Y es que esta se ha encontrado visiblemente activa en estos días: se movilizó con el “Escudo de las Américas” con Donald Trump a la cabeza como algo muy visible para América Latina, se encuentra librando guerras verdaderas (militares) por todos lados en contra de regímenes de izquierda y, lo impensable, quiere reducir a la legendaria Cuba.
El bloque progresista y el asedio externo
Así las cosas, Petro ha reiterado por todas partes la necesidad de unirse, como antes lo había hecho Bolívar, lo ha secundado Claudia Sheinbaum Pardo en México, y se tenía que celebrar una cumbre, que esta vez se dio en Barcelona, España, con Pedro Sánchez a la cabeza, un representante inadvertido de esa forma de socialismo latinoamericano. No podía ser de otro modo, y en esa cumbre se hizo notar la ausencia de los herederos del legado chavista, que no asistieron por una razón enojosa, a saber, su representante máximo se encuentra detenido en una cárcel de Estados Unidos. Hay que imaginar lo que esto significa para un socialista: una razón ofensiva, porque el agresor es el imperio norteamericano, cuna del capitalismo.
Y si no pudo ir Nicolás Maduro, tampoco lo podía hacerlo Delcy Rodríguez, ya que desde 2018 fue sancionada por la Unión europea por “minar la democracia”, prohibición que le fue extendida hasta 2027, lo cual incluye la prohibición de transitar o tener algún tipo de movilidad por los países firmantes del acuerdo Schengen. La sanción llega hasta el congelamiento de activos en entidades financieras europeas, toda una situación que la presidenta encargada de Venezuela se encargó de agravar en 2020 con una operación, un tanto inusual, que llevó a cabo en el aeropuerto de Barajas, cuando aterrizó para ver al ministro de Transporte de entonces, José Luis Ávalos, y entregar un cargamento de oro de contrabando. Hay que imaginar este hecho que se convirtió en un escándalo monumental en España, que todavía hoy discute, hasta el punto de que se le consiguió una asociación con el Watergate norteamericano, lo llamó el “Delcygate”. Era difícil, pues, que la actual presidenta de Venezuela pudiese viajar a la Cumbre sin que ello significase un gran costo político para el mismo Pedro Sánchez.
Ahora bien, algo que parece bastante evidente es que el encuentro de Caracas se realiza a destiempo, al menos para Petro, si se miran los motivos, a saber: firmar acuerdos de largo plazo de cooperación entre ambos países en los campos de seguridad fronteriza (en primer lugar), integración energética (cambiar gas por electricidad), migración, comercio, ambiente, incluido turismo.
No tiene mucho sentido, y menos aún cuando se advierte que se trata de la continuación de acuerdos ya conversados en 2022, poco después de la toma de posesión de este, ratificados en 2023 y 2024, para lo mismo: integración energética, seguridad fronteriza, comercio y turismo. El año pasado, además, se habló de la creación de la Zona Económica Especial Binacional (ZEEB) bajo la premisa de contar con una zona conjunta de desarrollo, “unión y paz”, que alejase los problemas de seguridad.

Las razones
Las elecciones presidenciales en Colombia se realizarán en apenas días, Petro debe entregar la Presidencia en pocos meses, y sobre Delcy Rodríguez las perspectivas no pueden ser peores, por el carácter volátil de las decisiones de la Casa blanca y el plan de Marco Rubio sobre la transición, por eso la pregunta es: ¿Qué fue a hacer Petro a Venezuela?
Es aquí dónde nos ayuda mirar las lógicas del poder: Nos confundimos si vemos solamente los aspectos formales de la visita, pero no si nos concentramos en otros aspectos, por ejemplo, el hecho de que Petro pudiera estar pensando en el triunfo de Iván Cepeda (en cuyo caso tiene derecho a pensar en el largo plazo), o del lado de Delcy planeando extender el tiempo de permanencia del chavismo en el poder (por lo cual están complaciendo a los norteamericanos en todo lo que se pueda).
Se debe entender, en primer lugar, que se trata de un acto de solidaridad de un aliado ideológico para con otro que se encuentra en problemas, alguien que no pudo asistir al encuentro del “progresismo”.
En segundo lugar, por la necesidad de hablar de seguridad y labores de inteligencia, y probablemente de financiamiento; pero no desde la perspectiva del combate al narcotráfico o a la guerrilla, esos serían distractores.
La cooperación y el financiamiento de los países de izquierda de procesos electorales ya ha ocurrido en múltiples ocasiones, como ha sido de dominio público, sobre todo de Venezuela hacia otros países, y la solidaridad entre gobiernos de izquierda ha incluido a México, que no ha ocultado sus esfuerzos por ayudar a Cuba, a pesar de las advertencias norteamericanas, y ya el mismo Diosdado Cabello ha admitido públicamente el apoyo que brindó Caracas, en su momento, al actual presidente colombiano. Se trata de los reales temas que se tenían que conversar y hay un factor tecnológico de por medio, a saber, no se podían conversar por teléfono por el espionaje tan férreo que tiene Venezuela, había que ir personalmente a Caracas.
Otra forma de decirlo es que, con el viaje, la política colombiana de estos días reafirma su vocación de formar parte de un bloque político-ideológico. La visita, de hecho, se retrasó tras los acontecimientos del 3 de enero, pero había que esperar a que todo se calmara un poco.
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Acerca del autor
Lewis Pereira
*Profesor de la Corporación Universitaria del Caribe (Sincelejo); Ph. D. en antropología/sociología, Universidad de los Andes (Mérida).
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