
Votos y derechos de los colombianos en el exterior
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Colombia fue uno de los primeros países del mundo en otorgar el derecho a elegir presidente, en el exterior. Igualmente, en los colombianos residentes en el exterior lograron incluir en la Constituyente su derecho al voto en las elecciones del Congreso y su representación en el Congreso Nacional.
Colombia ha sido pionera en la extensión de los derechos políticos a quienes no residen en el país. Como sucede en general con la inclusión de nuevos sectores en la comunidad política de una nación, esta extensión se produjo en momentos de cambio importantes en el país. Así, el final de la dictadura de Rojas Pinilla y el comienzo del Frente Nacional fue el escenario político en el que los colombianos residentes en el exterior adquirieron el derecho a elegir presidente, en 1961. Colombia fue uno de los primeros países del mundo en otorgar estos derechos. Igualmente, fue en el contexto de la Constituyente cuando los colombianos residentes en el exterior lograron incluir en ella su derecho al voto en las elecciones del Congreso y también su representación en el Congreso Nacional. De nuevo, Colombia logró estos cambios con anterioridad a muchos otros países y sirvió de ejemplo a varios de América Latina.
Con motivo de las elecciones, vale la pena recordar lo que ha significado, en la práctica, el ejercicio de estos derechos electorales y de representación. Poder ejercer el derecho al voto no ha sido fácil y continúa siendo imposible para un gran número de colombianos en el exterior, debido a la presencia física requerida, ya sea en los consulados o en lugares habilitados para votar, y a que los consulados pueden abarcar y servir a una población dispersa en grandes territorios.
El trabajo para los consulados tampoco es cosa fácil, sobre todo en regiones de alta concentración de población colombiana, ya que generalmente deben atender las elecciones con un número reducido de empleados, lo que implica, además del trabajo de organización interna, la coordinación con personas y organizaciones de la comunidad. Muchas veces es con la ayuda de la comunidad que el consulado consigue y entrena jurados, encuentra y reserva lugares (escuelas, iglesias, etc.) para habilitarlos como puestos de votación adicionales su sede el día de las elecciones, y difunde las fechas y los lugares de elección dentro de esa comunidad. La nueva plataforma en línea (2026) para seleccionar y entrenar jurados es una gran ayuda, dado el reto que supone para algunos consulados que atienden a un alto número de colombianos conseguir y entrenar a tantos voluntarios.
Se han dado grandes avances para facilitar la participación electoral, como la apertura de los consulados por una semana entera previa al domingo de elecciones desde 2014, así como el registro en línea de votantes en algunos consulados para estas elecciones de 2026. El registro había sido un gran impedimento para la votación, ya que se requería no solo ir al consulado el día de las elecciones, sino también hacerlo en días hábiles para la inscripción.
La lucha por una representación proporcional
En términos de representación, el número de curules en el Congreso reservadas a los colombianos en el exterior ha sido considerado por ellos insuficiente. Se arguye principalmente el tamaño de la diáspora, estimado en alrededor de cinco millones (3% del potencial electoral en 2026), y la contribución económica a la economía nacional de estos colombianos residentes en el exterior con las remesas, que ascendieron en 2025 a US$11.848 millones (2,3% del PIB). También se deben añadir las inversiones, incluidas las de quienes esperan retirarse a Colombia, y la contribución de estos emigrados colombianos al turismo, un renglón creciente de la economía (1,8 millones de los 6,7 millones que entraron a Colombia en 2024-2025 fueron colombianos que viven en el exterior).
Fueron liberales como Galán y Samper quienes inicialmente consideraron necesario otorgar representación en el Congreso a los colombianos en el exterior, al crear una jurisdicción territorial externa. Esta iniciativa fue inmediatamente recogida por grupos de colombianos organizados que trabajaban por obtener la doble nacionalidad durante la década de los años 1980 y quienes llevaron estas propuestas a la Constituyente de 1991.
Sin embargo, por falta de más apoyo y de presencia directa en la Constituyente, los colombianos en el exterior no lograron acceder a las cuatro curules en el Congreso a las que aspiraban. Lograron quedar únicamente incluidos en la circunscripción especial de minorías étnicas y de colombianos en el exterior de la Cámara de Representantes.
Aunque la representación en la Cámara se consideró un logro, la inconformidad y la búsqueda de una mayor representación han sido constantes. Uno de los representantes a la Cámara elegidos por colombianos en el exterior logró (2013) cambios en la distribución interna de las curules de la jurisdicción especial, para dar dos de ellas a los colombianos en el exterior. En 2014, los colombianos eligieron dos representantes a la Cámara. Sin embargo, después de la coyuntura creada por el fallo de la Corte Internacional de La Haya en la disputa con Nicaragua, en la que Colombia perdió derechos marítimos, el presidente Santos ofreció la nueva curul a los raizales del archipiélago de San Andrés, y los colombianos en el exterior volvieron a quedar con una sola.
El último esfuerzo —fallido— por ampliar esta representación tuvo lugar en 2024, cuando se presentó al Congreso un proyecto para incrementar la representación de los colombianos en el exterior a dos curules en el Senado y a una en la Cámara, para un total de cuatro. La necesidad de representación del gran número de colombianos en el exterior siguió siendo el argumento principal en su favor, así como el hecho de que muchos de ellos se encuentran fuera de Colombia debido a dificultades políticas o económicas que los empujaron a migrar. Las razones ofrecidas en el Senado por quienes no apoyaron el proyecto incluyeron su desacuerdo con el aumento del número de congresistas y el consiguiente incremento fiscal. Otro de los argumentos en contra del proyecto fue la alta abstención que, se dijo, existe en el exterior. Defensores de este proyecto se preguntan si se le daría igual trato a cualquier otro ente territorial, así implicara mayores costos y hubiera allí alta abstención.

Entre la polarización y las nuevas tendencias del voto migrante
Sin duda, la abstención en el exterior ha sido alta. Sin embargo, esta no es solamente patrimonio del electorado en el exterior, sino, por el contrario, una constante en Colombia, donde el voto no es obligatorio y donde, por muchos años, el conflicto armado ha dificultado la participación en algunas regiones del país.
Por supuesto, la abstención es más alta en el exterior no solo por las dificultades ya mencionadas, sino también por el mayor esfuerzo que conlleva votar allí, en términos de desplazamiento, información, etc. Pero esto ha cambiado de manera significativa. Más del 80% de los colombianos en el exterior no participaron en las elecciones presidenciales (primera vuelta) de 2014 (60% de los colombianos en Colombia hicieron lo mismo). Pero esta abstención bajó al 68,5 % en las elecciones presidenciales (primera vuelta) de 2022 (en Colombia la abstención en estas elecciones fue del 45%). En el primer caso (2014) 100.000 colombianos votaron en el exterior, mientras que en 2022 el número se triplicó.
Varios factores pueden estar incidiendo en la mayor participación electoral de los colombianos en el exterior. Primero están las facilidades para el registro, la habilitación de nuevos lugares de votación, etc. Un segundo factor que influye en la mayor participación, como lo ha sido en Colombia, es seguramente la polarización y el amplio uso de las redes sociales tanto para atraer votantes y aumentar el entusiasmo como para convencerlos de las “aterradoras” consecuencias de su abstención.
Un tercer factor, no menos importante en la reducción de la abstención, es la mayor participación de personas de izquierda que anteriormente se marginaban de estos eventos, pero que han entrado a participar, sobre todo a partir de las elecciones de 2022. En nuestro estudio sobre intenciones de voto en las elecciones de 2010 en Europa y en Estados Unidos, observamos una mayor propensión a la abstención entre quienes se consideraban de izquierda.
Y esto nos lleva al último tema por tratar aquí: ¿por quién votan los colombianos en el exterior? En algunos países, los emigrados se constituyen, en algunos momentos, en bloques políticos más o menos homogéneos, a favor o en contra de los partidos en el poder del país de origen, y ejercen una importante influencia en los resultados finales. En Colombia, este no ha sido el caso. Aun si la participación siguiera en aumento, el voto en el exterior difícilmente dejaría de reflejar las divisiones del electorado en Colombia, aunque las proporciones puedan cambiar un poco de una elección a otra.
Estados Unidos, que tiene el mayor potencial y número de votantes, ha sido más conservador que varios otros países de Europa y América Latina, donde exilados políticos y estudiantes, más de izquierda, son proporcionalmente más numerosos. La mayoría en Estados Unidos (62,4%) apoyó el NO en el plebiscito, pero el SÍ obtuvo más votos en total en el exterior, incluidos los de Venezuela y España, que son los países con los electorados más numerosos después de Estados Unidos.
Estas diferencias se notaron igualmente durante las elecciones de 2022, cuando Federico Gutiérrez, y no Gustavo Petro, ganó las elecciones en el exterior y donde el primero ganó muchos votos en Estados Unidos y el segundo en Europa.
Para las elecciones de 2026 es posible esperar entonces que las tendencias conservadoras prevalezcan en Estados Unidos y parte de América Latina, y las más de izquierda en Europa y los otros países de América Latina. Será bien importante ver si el entusiasmo por votar continúa aumentando y si la participación y la injerencia de este sector de la población en los destinos del país pueden traducirse en una mayor representación en los cuerpos legislativos del país.
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Acerca del autor

Cristina Escobar
*PhD en la Universidad de California, San Diego. Enseña en el Programa de Estudios Globales del Departamento de Lenguas y Culturas del Mundo de la Universidad de Rutgers-Camden.
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