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Mockusmanía

Escrito por Ricardo García

ricardo garciaExplicación razonada y sustentada de cómo, por qué y hasta dónde podría seguir creciendo el apoyo electoral al candidato del Partido Verde.

Ricardo García Duarte *

Se mueve el electorado de opinión 

La candidatura de Antanas Mockus lleva las de convertirse en el fenómeno sorpresa de estas elecciones. Hace cuatro años lo fue, desde la izquierda, Carlos Gaviria, a pesar de haber perdido; y antes lo había sido el propio Álvaro Uribe, cuya victoria en primera vuelta nadie esperaba. Es más: el de Uribe no fue el primer caso en un país acostumbrado a la cola de aspirantes de los partidos tradicionales, puesto que ya Noemí Sanín se había alzado con casi tres millones de votos como candidata independiente.

Son hechos que prueban la formación de unos sectores muy amplios de votantes "de opinión" durante las dos últimas décadas, votantes que unas veces son cooptados por las candidaturas oficiales de los partidos tradicionales, pero también pueden respaldar opciones independientes e incluso, de oposición al Establecimiento. Los dos millones ochocientos mil votos de Noemí Sanín en 1998 y, después, los dos millones seiscientos mil de Carlos Gaviria probarían esta doble posibilidad. Entre tanto, la votación de Uribe en el 2002 constataría que el electorado de opinión también puede sumarse a candidaturas más  articuladas con las redes tradicionales del poder partidista. Todo ello de acuerdo con las condiciones de la coyuntura, la personalidad de los candidatos y sus propuestas programáticas.

Es esta franja de electores la que ha encontrado una rápida sintonía con Antanas Mockus. El proceso empezó con la consulta "interna" de los Verdes, ingenioso mecanismo que cordialmente enfrentó a tres ex-alcaldes con imagen de exitosos en la transformación de Bogotá. Inesperadamente, este proceso le proporcionó al "nuevo" partido la simpatía activa de un millón ochocientos mil votos, una cifra de ensueño para los propios gestores del evento, como lo reconoció Mockus, el triunfador con más de ochocientos mil sufragios, casi la mitad de la cifra total.

Tal vez el triunfo de Mockus se debió en mucho a que era quien aparecía situado de una manera muy cómoda en la mitad de los dos socios del "concierto", el uno un poquito más a su derecha, y el otro un tris más a su izquierda.

Antanas: en el centro ideológico y con votos de opinión

La votación abierta y espontánea, sumada a la equidistancia entre los matices ideológicos que representaban sus colegas Peñalosa y Garzón, tuvo un doble efecto virtuoso para Mockus:

– En primer lugar lo instaló en el imaginado centro de un espectro ideológico ocupado hasta entonces por el uribismo, y que ya sin embargo comenzaba a moverse a causa de la desagregación de distintos segmentos dentro de este bloque.

– Y en segundo lugar la consulta vinculó de entrada a Mockus con el electorado de opinión, un resultado exactamente opuesto al que suelen tener las consultas "internas" o intra-partidistas y que "anclaron" a Pardo, a Petro y después a Noemí dentro de las fronteras de sus partidos respectivos, separándolos del electorado flotante. La vinculación de Mockus con el voto independiente quedó afianzada con el ingreso de Sergio Fajardo a la campaña Verde, puesto que sus simpatizantes pertenecen a franjas muy cercanas a las de Mockus y refuerzan la idea de un proyecto en contra de los vicios de la política tradicional.

Mockus, que carecía de Partido en términos reales, encontró un "Partido" mediante la consulta: el maleable, amorfo pero cierto, aunque flotante e inestable "Partido electoral de la franja de opinión". Una opinión que ahora parece decidida a vestirse de Verde, en un fenómeno que, si son fundados los últimos sondeos de opinión, le estaría representando a Mockus la nada despreciable suma de más de tres millones de votos.

Es un ascenso en las encuestas que corre parejo con una cierta atmósfera de Mockusmanía que se percibe en la calle, y que -si la tendencia se sostiene- estaría llevando al candidato a competir en la segunda vuelta. Es más, si Mockus acentúa su sintonía con el voto de opinión, podría empezar a desprender votantes que hoy simpatizan con cada uno de los demás candidatos. 

Por lo pronto es evidente la descolgada de Vargas Lleras, quien en lugar de "conectar" con  el votante centrista donde tal vez podía haber crecido, optó por desplazarse más a la derecha en la disputa por una zona electoral ya controlada. Ni Pardo ni Petro logran salir de sus umbrales lánguidos, lo cual sugiere que el anti-uribismo militante no arroja resultados. Y mientras tanto Santos y Sanín, no sólo no parecen aumentar sus electores sino que incluso los estarían viendo disminuir, de acuerdo con las encuestas más recientes.

Antanas, por su parte, parece haber dado un salto impresionante, del 9% al 22% o más, lo cual da pie para pensar que el candidato Verde podría recoger aún más votantes de opinión venidos de diversos horizontes ideológicos, a expensas de candidaturas que ya se revelan impotentes para encarnar una opción creíble. Este sería el caso de Vargas Lleras, el de Petro y el Pardo, aunque importa advertir que la primera vuelta favorece la afirmación de identidad por parte de cada partido, y por esta razón habrá siempre un núcleo de electores leales e incapaces de abandonar del todo a sus correspondientes candidatos.

El imaginario en la opinión y el potencial electoral

Un fenómeno como el de Mockus -si se sostiene- debe expresarse en dos planos diferentes: en el plano de la opinión y en el plano electoral. Estos dos planos se acercan pero no necesariamente son iguales, porque puede ocurrir que alguien sea de opinión sin que la simpatía se traduzca en apoyo electoral, o por lo menos, no en una misma proporción.

Tanto el fenómeno de opinión como el respaldo electoral están sellados por un efecto de representación. En la opinión, la representación es imaginada; en la elección, la representación tiene un carácter más material y aritmético; es cuantitativa.

Si Antanas se consolida como fenómeno político, será porque su figura llega a ser la encarnación de un imaginario colectivo, porque pase a colmar las expectativas de un conglomerado social, en un proceso donde la masa acaba por reinventar al propio candidato. Se trata entonces de una fabricación de identidad en doble dirección: del candidato hacia los votantes y de éstos hacia aquel.

La identidad Mockusiana gira probablemente alrededor de la "legalidad democrática" (por contraposición a la "seguridad democrática"). En tanto esa legalidad democrática es una forma imaginada de construir pulcramente un Estado, al mismo tiempo es una propuesta  positiva y es una forma de oposición frente a la crisis ética que con todas sus lacras ha puesto de presente la gestión de la política durante los últimos años.

Si tal idea pegara (ligada con la figura del candidato), ella pasaría a ser el sello de identidad, que le daría sentido a un proyecto alternativo y a una real polaridad de carácter democrático frente al uribismo; el cual por su lado se concentraría en la figura de Juan Manuel Santos, esperanzado en asegurarse la Presidencia con la sola herencia de la Seguridad Democrática, el otro sello de identidad.

En tal perspectiva, surge la posibilidad (algo que parece estar tomando forma) de que la candidatura de Antanas termine por ganarse el puesto simbólico de polo de atracción frente a un uribismo que antes parecía imbatible en su control del centro electoral.

La otra representación -la propiamente electoral- comporta una decisión -la de los votantes- y se traduce en una cuantificación aritmética -la de los votos-; de donde emerge un vínculo más definido, el que une a los electores con el candidato.

En el caso Mockus, el fenómeno de la representación es, por lo pronto, de carácter doble: es fenómeno de opinión, en el sentido de convertirse en el depositario de un imaginario ético, asociado con la legalidad, la confianza y la severa delicadeza en el manejo de lo público; además, recoge un potencial político, en el sentido de conectarse con un electorado que, siendo de opinión, puede desplazarse hacia el respaldo de una opción independiente. Es movilizable en esa dirección; aunque no se sepa en cuál proporción.

Las fronteras flexibles de su crecimiento

Por el momento, su crecimiento en las encuestas estaría indicando la capacidad del fenómeno Mockus para provocar desprendimientos entre los adherentes de otros candidatos.

Hasta ahora las encuestas sugieren que las candidaturas más fuertes -Santos y Noemí- podrían estancarse y no logran captar a plenitud el potencial de sus fuerzas políticas, ni el del uribismo por un lado, ni el del conservatismo por el otro. Al mismo tiempo es evidente que el candidato del Partido Liberal no despegó, el del Polo va en descenso y la candidatura de Cambio Radical parece desinflarse.   

En tales condiciones cabe esperar que las cotas en la intención de voto por Mockus y Fajardo por lo menos se sostengan en sus niveles actuales, puesto que sus competidores más cercanos -quienes no están en el uribismo reeleccionista- no muestran capacidad de disputarles ese potencial.

Las posibilidades de seguir creciendo consisten, por una parte, en el posible descenso relativo de sus competidores mayores, Santos y Sanín, y de otra parte en la posible atracción sobre la franja de indecisos y del voto en blanco, las que sumadas representan un 18%, de acuerdo con algunos sondeos electorales.

En caso de crecer por el influjo sobre los indecisos o sobre franjas de opinión ubicadas hoy en el uribismo y en el conservatismo, que además lo colocaría en un tête à tête con Juan Manuel Santos desde la primera vuelta, el país estaría asistiendo a una recomposición drástica del paisaje electoral. Más electores estarían convirtiéndose en votantes de opinión sin disciplina partidista, en las elecciones presidenciales; aún en la primera vuelta.

Significaría también que tales votantes -no apegados a una lealtad primaria de partido- no vacilarían en unirse a una opción independiente; a una especie de "outsider" que no tiene origen en los bloques tradicionales de poder. Por último, que este desprendimiento de votantes de opinión, sin lealtades estrechas con un partido, afectaría en distinta proporción a todos los partidos y apuntaría también hacia una rápida aunque parcial des-uribización en el terreno de las actitudes y las conductas electorales.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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