Midiendo la sostenibilidad en los territorios | Razón Pública 2025
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Midiendo la sostenibilidad en los territorios

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Los ODS no pueden seguir siendo un requisito formal en los documentos oficiales, en cambio deben convertirse en la brújula que guíe la acción de los gobiernos departamentales. La sostenibilidad no es un tema accesorio, sino una decisión política que define el futuro de los territorios y las condiciones de vida de sus habitantes.

En la última semana, en el marco de la Semana de la Biodiversidad celebrada en Cali, escuchamos nuevamente a ministros, gobernadores y alcaldes hablar con fuerza de la importancia de la sostenibilidad y la biodiversidad. No es extraño: hoy el término se ha vuelto parte del discurso público y casi ningún dirigente se atrevería a dejarlo por fuera. Pero una cosa es hablar de sostenibilidad y otra muy distinta es integrarla de manera real y coherente en la planificación del territorio.

Desde el Observatorio de Sostenibilidad de la Universidad Autónoma de Occidente (UAO) nos propusimos justamente dar ese paso: pasar de lo declarativo a lo medible. ¿Qué tanto integran nuestros mandatarios los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en sus Planes de Desarrollo Territorial (PDT)? ¿Cuáles son las apuestas más fuertes? Este estudio buscó responder esas preguntas analizando de manera rigurosa los PDT y sus productos —es decir, que son los bienes y servicios concretos que los gobiernos se comprometen a entregar— de los 32 departamentos de Colombia. 

En este estudio, estudiantes y profesores de la UAO desarrollamos una solución basada en inteligencia artificial que permitió relacionar automáticamente cada producto de los planes con las metas específicas de los ODS. Este enfoque marcó una diferencia clave, ya que muchos análisis suelen quedarse en el nivel del ODS global, lo cual resulta engañoso debido a que un mismo ODS puede tener varias metas muy distintas entre sí. Por ejemplo, el ODS 7 sobre energía asequible y no contaminante incluye cinco metas que van desde garantizar acceso a electricidad en zonas rurales hasta aumentar la participación de energías renovables o mejorar la eficiencia energética. Si un departamento dice que trabaja en el ODS 7 porque incluyó un solo producto relacionado con ampliar la cobertura eléctrica, en las estadísticas aparece como si estuviera cumpliendo todo el objetivo. Sin embargo, deja de lado aspectos igual de importantes como energías renovables y eficiencia. Al trabajar en el nivel de metas, logramos una radiografía mucho más precisa que muestra qué tanto se cubre realmente cada objetivo y qué vacíos permanecen ocultos detrás de las cifras globales.

Lo que revelan los planes de desarrollo

El primer gran hallazgo es la visión fragmentada del desarrollo sostenible. La mayoría de los departamentos concentra sus esfuerzos en los ODS sociales, como pobreza, salud y educación; en segundo lugar se ubican los ODS económicos, como trabajo decente e innovación; y en el último, muy rezagados, los ODS ambientales. Esta distribución refleja una concepción equivocada del desarrollo que da prioridad a lo inmediato y lo visible, pero se descuida la base que sostiene todo lo demás. De nada sirve ampliar hospitales o generar empleo si al mismo tiempo agotamos los ecosistemas que permiten la vida.

Las Naciones Unidas han insistido en que la sostenibilidad no puede entenderse de manera sectorial ni fragmentada porque todos son interdependientes. La sostenibilidad es, en esencia, una condición transversal que integra lo social, lo económico y lo ambiental al mismo tiempo. Sin embargo, este mensaje no ha llegado con claridad a los territorios ya que, en la práctica, muchos departamentos siguen reduciendo la agenda a pedazos inconexos que no logran reflejar su verdadero sentido.

A este problema se suma el en la integración de la biodiversidad en los PDT. A pesar de que Colombia es uno de los países más megadiversos del planeta, la gráfica muestra que en la mayoría de departamentos, los productos asociados a la biodiversidad no superan el 3% del total. Solo Santander supera el 4%, mientras que territorios con enorme riqueza biológica como Chocó, Guaviare y La Guajira muestran una participación mínima. El caso de Chocó resulta especialmente paradójico ya que al ser uno de los territorios más biodiversos del país, tiene una planificación que prácticamente ignora ese potencial. Estos datos muestran que la biodiversidad continúa tratándose como un asunto ambiental periférico y no como un eje estructural del desarrollo territorial.

Gráfica 1. Integración de la biodiversidad en los PDT departamentales

La misma tendencia se repite a nivel municipal. En los doce municipios analizados del Valle del Cauca geográfico —entre ellos Cali, Buenaventura, Santander de Quilichao y Yumbo—, los productos asociados a la biodiversidad apenas alcanzan entre el 2% y el 4% del total. Aunque Yumbo registra los porcentajes más altos, la cifra sigue siendo baja para territorios ubicados en una de las regiones más biodiversas del planeta. Parte del problema radica en que la biodiversidad se percibe todavía como un asunto rural o ambiental, y rara vez como un componente del desarrollo urbano con un enorme potencial de articulación con sectores de alto valor agregado en la bioeconomía —como los cosméticos naturales, los alimentos funcionales, la farmacéutica verde y el ecoturismo—, capaces de generar empleo, innovación y bienestar local. Los mandatarios locales deberían entender que planificar para la biodiversidad no significa organizar eventos o frenar el crecimiento urbano, sino hacerlo más equilibrado, resiliente y justo.

La ciudadanía, la gran ausente

El panorama se complica aún más cuando miramos a la ciudadanía. Una encuesta realizada por WWF en 2024, durante la COP16, mostró que apenas el 23% de los colombianos ha oído hablar de los ODS, mientras que el 75% no los conoce. Resultados similares se repiten en otros temas clave en donde solo el 27% ha oído sobre la COP16 y apenas el 11% sobre el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal. Estas cifras confirman que la sostenibilidad sigue siendo un concepto lejano para la mayoría de la población, que genera un círculo vicioso: si la gente no conoce los ODS, no los exige; si no hay presión social, los gobernadores los incluyen poco en sus planes y de ahí que los proyectos que se ejecutan no muestran resultados visibles; y al final la sostenibilidad se percibe como un discurso distante o, en el mejor de los casos, como un asunto exclusivamente ambiental.

Romper ese círculo exige a los que trabajamos en los ODS construir instrumentos de pedagogía ciudadana. Necesitamos que los ODS dejen de verse como una agenda internacional lejana y se traduzcan en cambios concretos que la gente pueda sentir en su vida diaria. Cuando hablamos de aire limpio, hablamos de menos enfermedades respiratorias y más parques en los barrios; cuando decimos agua limpia, hablamos de acueductos que realmente lleguen a las veredas; cuando hablamos de acción climática, hablamos de árboles sembrados en los sectores más vulnerables, no solo de estrategias financieras para compensar emisiones. En últimas, se trata de acercar el lenguaje de los ODS a la vida común, mostrar que detrás de cada meta hay un cambio concreto y posible. Solo así podremos construir un círculo virtuoso: una ciudadanía que entiende cómo la sostenibilidad mejora su calidad de vida presiona a sus gobernantes para actuar, y esa presión se convierte en planes más ambiciosos y proyectos con resultados tangibles y medibles.

Desde el Observatorio de Sostenibilidad somos firmes creyentes en esa pedagogía. Por eso hemos elaborado cartillas, infografías y materiales visuales que traducen los datos en mensajes simples y comprensibles. También hemos producido pódcast, activado campañas en redes sociales y visitado distintos departamentos del país para dialogar con comunidades, autoridades y organizaciones locales, con el fin generar debates públicos sobre cómo integrar los ODS en la planificación territorial. En este esfuerzo han sido protagonistas los estudiantes, quienes, además de participar en el desarrollo del modelo de inteligencia artificial, se han convertido en los principales multiplicadores del mensaje tanto en sus territorios como en la universidad. De esta manera, buscamos que los ODS dejen de ser compromisos abstractos y empiecen a consolidarse como herramientas reales que orientan decisiones con impacto directo en la vida cotidiana de la población.

De la retórica a la acción

Hoy el país enfrenta una disyuntiva clara. Más que discursos y retórica sobre la sostenibilidad y la biodiversidad, necesitamos planes e instrumentos de planificación que orienten de verdad la ejecución pública y la asignación de recursos. Los ODS no pueden seguir siendo un requisito formal en los documentos oficiales, en cambio deben convertirse en la brújula que guíe la acción de los gobiernos departamentales. Eso implica fortalecer sus capacidades técnicas, establecer mecanismos de rendición de cuentas y, sobre todo, reconocer que la sostenibilidad no es un tema accesorio, sino una decisión política que define el futuro de los territorios y las condiciones de vida de sus habitantes.

Le recomendamos: Una evaluación crítica de los programas de disminución de la pobreza y su focalización

Acerca del autor

Efraim del Campo Parra Munoz
ecampo@razonpublica.org | + posts

* Politólogo de la universidad de Los Andes. Maestría en Política de la universidad de Sheffield (Reino Unido), maestría en ciencia política y relaciones internacionales de la Universidad Ginebra (Suiza) y doctorado en geografía humana en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido). He sido consultor en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Suiza, Ministerio de Relaciones Internacionales de Colombia y la Cámara de Comercio Hispanoamericana de Carolina del Norte (Estados Unidos). Actualmente soy Director del Observatorio de Sostenibilidad de la Universidad Autónoma de Occidente.

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Efraim del Campo Parra Munoz

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Efraim del Campo Parra Munoz

* Politólogo de la universidad de Los Andes. Maestría en Política de la universidad de Sheffield (Reino Unido), maestría en ciencia política y relaciones internacionales de la Universidad Ginebra (Suiza) y doctorado en geografía humana en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido). He sido consultor en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Suiza, Ministerio de Relaciones Internacionales de Colombia y la Cámara de Comercio Hispanoamericana de Carolina del Norte (Estados Unidos). Actualmente soy Director del Observatorio de Sostenibilidad de la Universidad Autónoma de Occidente.

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